Aquí

Aquí, de Richard McGuire

AquíEl amor a primera vista existe. Y Aquí, de Richard McGuire, es un flechazo de los directos. Una pequeña obra de arte (léase pequeña con moderación) que, con razón, supuso uno de mis mejores descubrimientos de 2015. Entre su lectura y esta reseña ha pasado algo de tiempo, lo suficiente como para reposar muchas de sus ideas, releer y, definitivamente, reafirmarme. O reenamorarme, según venga al caso.

No en vano, cuando en 1989, la revista Raw publicó la breve historia de Aquí que trataba sobre el paso del tiempo en una misma habitación, y cuya extensión apenas alcanzaba las seis páginas, algunos ya se aventuraron a señalar la capacidad innovadora de su autor de romper los esquemas de la narrativa establecida y revolucionar el panorama del cómic.

Ahora, que no aquí, más de 25 años después, el también bajista del grupo de música Liquid Liquid se atreve con esta novela gráfica, donde el peso recae completamente en la imagen, y que amplía y lleva hasta el extremo aquella otra. Desde los orígenes de la tierra hasta su final, un ambicioso proyecto para el que su autor se ha documento previamente, que abarca millones de años de los que somos testigos y que nos cuentan cómo el paso del tiempo puede afectar a un mismo rincón del planeta. Pero allí, un poco también como ocurre en la vida, el tiempo no es lineal sino que sucede a trompicones -de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante-, y es el espacio el encargado de marcar su continuidad.

Es así como a través de una ventana, la de su portada, uno se cuela por primera vez en este salón tan de andar por casa que inevitablemente les resultará familiar. Los rotos, los desperfectos, las risas, los insultos, las fotografías, los despistes, los abrazos, las discusiones y las peleas. Nada se escapa a la mano del autor. El tiempo como protagonista más absoluto, allí donde el artista investiga y traza el movimiento de una pelota de béisbol atravesando el espacio o el vuelo de un pájaro que irrumpe en una salón. Escenas de vidas cotidianas, todas ellas distintas, que suman al conjunto una visión completamente global de la existencia, del tiempo y del espacio y donde el individuo, como tal, se desvanece.

Aquí, que empieza precisamente en 1957 con el nacimiento de su autor, es la historia de lo que ocurre cuando no estamos. Antes de que lleguemos, durante y después de que nos hayamos marchado. Richard McGuire investiga pues las nociones de tiempo y espacio y juega con ellas, distorsionándolas, sin que le importe demasiado salirse o no del plano, al que, de hecho, a menudo atraviesa con cierto descaro. Para ello, a partir de una ventana, a veces un sofá, y una chimenea, compone sin límites, rompiendo con los márgenes establecidos y superponiendo imágenes unas con otras hasta que se solapan, como si el tiempo, en realidad, fuera capaz de coexistir consigo mismo en cualquiera de sus formas verbales. Un lugar hermoso,  de un hondo calado estético, gracias a los trazos de su creador, donde la existencia del hombre, a ratos efímera y a otros eterna, cohabita con las fuerzas de la naturaleza que van y vienen, arrasan y vuelven a empezar.

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