Di su nombre

Di su nombre, de Francisco Goldman

Di su nombreSe abusa de expresiones como “dolorosamente bello” hasta dejarlas vacías de significado, pero si una obra merece ser llamada así es este relato acerca del amor, la pérdida y la culpa.

―Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

―Buenos días, agente.  Vengo a hacer una declaración.

―Disculpe, ¿una declaración?

―Sí, una declaración, un testimonio, una confesión… no sé, no domino la jerga judicial, vengo a dejar constancia de mi versión, a contarles mi versión de los hechos.

―Hmmm… bien.  Tome asiento, si es tan amable.  ¿Su nombre?

―Me llamo Francisco Goldman, norteamericano con domicilio en Nueva York, escritor y periodista, cincuenta y cinco años.

―¿Y acerca de qué suceso desea usted hacer una… una confesión, me dijo?

―Una declaración, más bien.  Sobre la muerte de Aura Estrada.

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Mátalos suavemente

Mátalos suavemente, de George V. Higgins

Mátalos suavementeA partir de una vertiginosa cadena de intensos diálogos Higgins retrata de modo magistral los bajos fondos del Boston de los años setenta.

 

Si Tolstói hubiera escrito novela negra, en lugar de desdeñar las familias felices por aburridas y poco originales y expresar su preferencia por las desgraciadas, habría afirmado que todos los atracos perfectos se parecen y no pueden competir, al menos en literatura, con un golpe chapucero y descuidado de esos que, inevitablemente, parecen destinados a terminar en un baño de sangre.

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Huellas

Huellas, de Ida Fink

HuellasVeinte relatos construidos a base de detalles cotidianos.  Veinte huellas dejadas por el Holocausto en personajes tan cercanos, a pesar de la distancia y el tiempo, que es difícil no identificarse con ellos.

 

Todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos miran hipnotizados
son durísimos golpes, son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte,
demasiado suplicio para que se me borre.

Pablo Milanés
“Hombre preso que mira a su hijo”

Una huella ―una pisada en la arena de la playa, la hierba húmeda del prado suavemente aplastada― es algo sugerente y lleno de misterio.  El pie, que no es precisamente la parte más bonita del cuerpo humano, deja unas hermosas impresiones allá por donde pisa, un rastro que uno siempre está tentado de seguir.

Sin embargo, cuando hablamos de las huellas que dejan en nosotros los acontecimientos del pasado casi siempre nos referimos a sucesos dramáticos; los recuerdos agradables acarician la memoria, los traumáticos dejan huellas en ella.

Huellas como cicatrices.

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Hablar solos

Hablar solos, de Andrés Neuman

Hablar solosEsta valiente confesión a tres voces nos adentra en los recovecos menos frecuentados de la enfermedad, la sexualidad, el amor y la memoria.

 

Amanece otra vez.  No empieza nada.

No me siento del todo cómodo recomendando un libro por el mero hecho de que me haya gustado.  Es decir, si lo recomiendo es porque me gustó, eso está claro, y tampoco voy a pretender que mis opiniones no aparezcan en el comentario; eso es inevitable e incluso deseable.  Sin embargo, siempre he pensado que hace falta algo más que una opinión para prescribir una lectura; son necesarios criterios objetivos que ofrezcan una imagen lo más fiel posible del libro del que se habla.

Pero hay casos, y este es uno de ellos, en los que por mucho que me esfuerce no voy a lograr ser objetivo.  Sé, desde ya antes de comenzar, que diga lo que diga sobre esta novela nunca le haré justicia.  Les hablaré de su estructura coral y me dirán que eso ya lo han visto otras veces.  Les diré que la historia posee una tensión y un ritmo que hace imposible soltar el libro y reconocerán que eso está muy bien, pero que se puede decir de muchos otros textos.  Me temo que al final tendré que reconocer que si quiero destacar Hablar solos de entre tantas otras novelas es porque me ha gustado y, sobre todo, me ha emocionado como pocas han conseguido hacerlo.

Antigua luz

Antigua luz, de John Banville

Antigua luzUna novela sorprendente que demuestra que la sensualidad y el humor no están reñidos con la lucidez y el talento.

 

Donde antes había habido chicas y madres,
ahora había algo que no era ni una cosa ni otra,
y no sabía cómo tomármelo.

 Dicen que el amor es ciego, y no es necesario indagar mucho para constatar que al menos un poco miope sí que es.  Una de las pruebas más evidentes de la falta de agudeza visual de Cupido es lo poco que se fija en las edades de aquéllos a los que ensarta con sus flechas.  No es nada infrecuente que un adolescente se enamore de un adulto, ¿quién, cuando apenas se le comenzaban a despertar ciertos sentimientos, no ha caído rendido ante los encantos de un profesor o una maestra?  Bueno, en realidad yo mismo: será debido a mi poca imaginación o a mi escasa memoria, pero no recuerdo que me pasara nada parecido.

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Filtro de amor

Filtro de amor, de Louise Erdrich

Filtro de amor

 

 

Una novela coral que describe, con una autenticidad y una sensibilidad deslumbrantes, la vida de los indios americanos en las reservas y el modo en que su cultura se ha ido diluyendo poco a poco.

En principio, este no era el tipo de libro que suele llamarme la atención.  Ya sé que no se puede juzgar un libro por su portada, su título o el contenido de la sinopsis, pero a falta de otra referencia, todo parecía indicar que se trataba de una saga romántica, una de esas novelas en las que varias generaciones de mujeres, a ser posible en un ambiente exótico, luchan por su independencia.  Y no es que tenga nada contra ese género, tan respetable como cualquier otro, pero no me atrae.

Si Filtro de amor llegó a mis manos fue principalmente por la entusiasta recomendación que de él hace Philip Roth en la contraportada.  Roth es uno de mis autores favoritos, pero basta leer unas páginas de Filtro de amor para darse cuenta de que este es el libro que Roth jamás escribiría.  ¿Nos engaña entonces cuando habla de la “deslumbrante autenticidad” de esta novela?

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Siempre hemos vivido en el castillo

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson

Siempre hemos vivido en el castillo

Tengan cuidado, este relato de apariencia gótica y lectura ligera cuenta más de lo que dice.

 

Lo mejor de los cuentos de hadas es que en ellos todo está claro desde el principio: la malvada madrastra tiene una enorme verruga en la punta de su nariz ganchuda y la heroína es guapa y rubia y a pesar de sus orígenes humildes tiene muy buenos modales.  Está claro; con todas estas pistas no hay manera de perderse y el lector sabe bien a qué atenerse en todo momento.

Siempre hemos vivido en el castillo es, en cierto sentido, un cuento de hadas moderno y posee esa atmósfera densa y viciada que embota los sentidos y propicia que el lector no se asombre cuando aparezcan las brujas y los fantasmas.  Pero al contrario de lo que sucede en los relatos clásicos, aquí Shirley Jackson se permite escamotear las certezas e invertir todos los términos: ahora resulta que las personas normales ―aquéllas que harían el papel de los buenos aldeanos― son absolutamente odiosas y, sin embargo, los extraños y sospechosos habitantes de la casa Blackwood (el castillo del título) son encantadores.  De una forma un tanto siniestra, es cierto, pero encantadores.  Allí, en la elegante y bucólica mansión, todo tiene un sentido y un equilibrio; la vida es feliz.  Mientras, en contraste, en el pueblo todo es feo y vulgar y la existencia de sus groseros habitantes está dominada por la envidia y la murmuración.

Y esto, querido lector, no es lo peor; no contenta con trastocar las convenciones del género, Jackson se mueve durante todo el relato en una ambigüedad tan desconcertante como atractiva, cautivando de tal modo al lector que se diría que es la autora la auténtica bruja de esta historia.

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El proyecto Lázaro

El proyecto Lázaro, de Aleksandar Hemon

El proyecto Lázaro

 

Diluyendo la frontera entre la realidad y la narración, entre la investigación periodística y la creación literaria, Hemon compone una magnífica novela alrededor de la figura del inmigrante.

“El tiempo y el espacio son las únicas cosas de las que estoy seguro”

1908.  Chicago.

Lázaro Averbuch es un joven judío nacido en el seno de una acomodada familia de Kishinev, en lo que ahora es Moldavia.  Tras perderlo todo en el pogromo de 1903 y pasar algún tiempo en el campo de refugiados de Czernowitz, acaba de llegar a Chicago, donde desde hace algún tiempo le espera su hermana Olga.  Se desloma todo el día empaquetando huevos, estudia inglés por las noches y, de vez en cuando, acude a reuniones anarquistas.  Para Lázaro, inocente y soñador, esas tres actividades representan una promesa de un futuro más justo e igualitario.  Una mañana, con su pobre indumentaria, su rostro moreno y su acento extranjero, se presenta en la casa del temible jefe de policía George Shippy, en uno de los mejores barrios de la ciudad, y pide ser recibido.  Minutos más tarde muere brutalmente a manos de Shippy en circunstancias bastante oscuras.

Mientras la policía trata de convertirle en un peligroso terrorista internacional, los anarquistas en un mártir y los judíos, temerosos de una oleada de odio antisemita, en un traidor, la prensa alimenta la histeria colectiva haciendo hincapié en los simiescos rasgos semíticos de Lázaro y en la evidente degeneración de su raza.  Con su hermano muerto y toda la ciudad acosándola para que tome partido por un bando, Olga no cree que las cosas puedan empeorar, hasta que el cadáver de Lázaro desaparece del depósito.  ¿Se le habrá ocurrido resucitar?

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Nostalgia

Nostalgia, de Mircea Cărtărescu

Nostalgia

Nostalgia es una palabra tan evocadora como lo son los relatos incluidos en este volumen, escritos con la prosa barroca e hipnótica de Cărtărescu.

 

Este es el tercer libro de Mircea Cărtărescu que leo en un par de años.  De su estilo, tan característico, ya he hablado en dos ocasiones y de su biografía prefiero no comentar mucho, ya que su obra está llena de referencias autobiográficas.  Como tampoco quiero desvelar la trama, llego a la conclusión de que no me queda mucho por decir.

Pensaba iniciar esta reseña contándoles cómo descubrí a Cărtărescu y cómo me fui volviendo un incondicional de sus libros, pero resulta que Edmundo Paz Soldán, en el prólogo a esta edición, cuenta exactamente lo mismo que yo tenía pensado escribir: que le llamó la atención la portada de un breve volumen de un autor desconocido titulado El Ruletista, que le maravilló, que descubrió que originalmente ese relato había sido publicado en un volumen llamado Nostalgia y que, mientras esperaba que se tradujera y publicara, llegó a sus manos Lulu, una obra mucho más personal que desvelaba un mundo interior tan rico como perturbador.

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Los enamoramientos

Javier Marías gana el Premio Nacional de Narrativa

El escritor Javier Marías ha ganado el Premio Nacional de Narrativa 2012, pero decide rechazarlo en un acto de coherencia, tras haber rechazado cualquier invitación a actos organizados por gobiernos y entidades gubernamentales/estatales en los últimos 30 años. De todas formas, aprovechamos este reconocimiento público a Javier Marías para recordar aquí la reseña que hizo nuestro redactor Javier BR en su momento, y para darle la enhorabuena por su obra.

 

Los enamoramientos, de Javier Marías

los enamoramientos - javier marías

Vuelve Javier Marías con una novela íntima y reflexiva, en la línea de sus mejores títulos.

Odio a Javier Marías.  Lo siento, sé que esta no es manera de comenzar, pero necesitaba soltarlo antes de seguir.

Verán, en realidad no tengo motivos objetivos para hacerlo; es uno de mis escritores favoritos, he leído todo lo que ha escrito y su última novela, Los enamoramientos es un libro magnífico.  Pero ahora, justo después de terminarla, intento comentar algo sobre el libro y me siento incapaz.  Cualquier cosa que escribo –o que pienso, más bien– suena insulsa, torpe, balbuceante.  ¿Cómo puede alguien redactar una sola línea después de leer a Javier Marías?

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