Fariña, de Nacho Carretero

Fariña

Confieso que cogí este libro con mucho entusiasmo. No en vano, Fariña viene envuelto en unos precedentes sensacionales: su autor, Nacho Carretero, quien actualmente trabaja en la redacción del digital El Español, es un periodista con un gran perfil de Linkedin a sus espaldas, tras años trabajando como freelance para medios tan dispares como El Mundo, El País, Yo Dona o la revista cultural Jot Down; su editorial, Libros del K.O., es todo un ejemplo de coraje y resistencia en una de las peores décadas para lanzar una editorial independiente; su tema, por último, es morbo puro: la importancia que tuvo (y el tremendo poso que aún tiene) el narcotráfico en las costas gallegas.

Carretero inicia su relato con una narración histórica que ayuda a conocer los porqués del fenómeno. De esta manera podemos comprobar como los inicios del “producto más exportado de Galicia por encima del marisco” no se debieron meramente a motivos geográficos, sino que en las costas gallegas ya existía una trabajada infraestructura del contrabando desde mucho tiempo atrás y que la introducción de la droga en el negocio se debió fundamentalmente a la mayor rentabilidad que ofrecía cada descarga.

Pero si algo caracteriza a este libro es la búsqueda de la objetividad, tan difícil siempre de alcanzar y más a la hora de tratar un tema tan peliagudo como éste. Carretero adopta una estrategia inteligente; deja hablar a los protagonistas, a la gente de los pueblos costeros gallegos, a los investigadores, a los policías, a los jueces, a los arrepentidos, a las crónicas de periódicos de la época. Algunas insinuaciones son especialmente sangrantes, como la de un narcotraficante colombiano, que presume de haber logrado su liberación de las cárceles españolas a cambio de 20 millones de dólares (“5 de los cuales se los quedó Felipe González“).

Y es que las conexiones del contrabando con la clase política de la época fueron más que evidentes; “Todos los partidos de la época se financiaron con el narcotráfico”, sentencia un juez en el libro. Alianza Popular, predecesor del actual Partido Popular, es el más señalado, entre otros motivos porque era y sigue siendo  el partido hegemónico en Galicia. Para el recuerdo queda la foto del actual presidente de la Xunta,  Núñez Feijóo, con el narcotrafricante Marcial Dorado en el yate de este último. Una foto que, como recuerda Carretero, no tuvo consecuencias políticas.

Uno de los problemas que puede encontrarse el lector es la gran cantidad de nombres propios y de familias que aparecen en la novela y que llegan a hacer la lectura algo caótica. Pese a ello, la estructura del libro es muy acertada, ya que va de lo general a lo específico, del ambiente de impunidad, delincuencia y riqueza propiciado por la droga a la idiosincrasia de los Charlín, Oubiña, Miñanco y demás líderes mafiosos. El trabajo de documentación es magnífico; del relato se desprende la minuciosa tarea del autor para conocer a fondo los orígenes de los contrabandistas, sus primeros pasos y cómo el carácter y las costumbres de cada uno marcan su futuro y el de sus colindantes. Los hubo de todo tipo: supersticiosos, analfabetos, cultos, mujeriegos, religiosos, ostentosos, discretos, generosos, violentos…

Fueron años de un fuerte vacío legal y moral, en los que la permisividad se unió al desconocimiento y a una ley que era tan punitiva con el tráfico de estupefacientes como con el tabaco. Como explica Carretero, por desgracia, la película que mejor representa la problemática de aquella época es Airbagcon la figura de un narcotraficante gallego con tanto dinero como contactos políticos y falta de escrúpulos.

Pero afortunadamente Galicia no se convirtió en Medellín ni en Sicilia. Prueba de ello es que Carretero haya podido publicar este libro sin presiones y sin tener que temer por su vida, a diferencia de Roberto Saviano,  escritor que puso sobre papel las miserias de la mafia italiana en 2006 con Gomorra y que aún hoy tiene que vivir protegido las 24 horas del día. Su último trabajo, CeroCeroCero, trata también el tema del tráfico de cocaína aunque, como él mismo aseguró en una entrevistasu vida quedó arruinada con su primera investigación.

Buena parte de la culpa del fin de la impunidad la tuvieron un grupo de valientes mujeres, las llamadas ‘Madres contra la droga’, a quienes Carretero da la importancia que merecen en su relato. Ellas, cansadas de ver cómo sus hijos mendigaban, robaban y morían en las cunetas sin que nada pasase se organizaron, protagonizaron los primeros escraches contra los capos y sus familias y consiguieron que el foco público se posase sobre quienes habían vivido tranquilamente en las sombras.

Sin duda nos encontramos ante una lectura de lo más recomendable, que muestra una de las muchas manchas de la historia de España y de cómo Galicia pudo haber sido otra región más dominada por las mafias. Con todo, el problema del narcotráfico no ha sido borrado de las costas gallegas, como bien recuerda Carretero, si bien sus líderes no cuentan con la protección e incluso el prestigio que disfrutaron durante décadas.

Por cierto, se ha anunciado recientemente que Antena 3 emitirá una serie basada en Fariña. Sólo espero que no ocurra como con Alatriste y que, como poco, la ficción mantenga la esencia del libro: la de exponer, sin condenas morales previas ni maniqueísmos, la influencia del tráfico de drogas en las costas gallegas y de aquellos que se beneficiaron y aún se benefician de este lucrativo y pernicioso negocio.

 

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