La carretera (II)

La carretera, de Cormac McCarthy


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Gris, negro, dolor y muerte. Y soledad y desesperación. El mundo se ha convertido en cementerio de la civilización hasta ahora conocida. El cielo ha sucumbido a la oscuridad y ha dejado de aliarse con el sol, ahora pura quimera. Lloran las nubes con intensidad, día sí día también, plañideras de la miseria que tienen ante ellas. Y cuando no es lluvia o nieve, se expande en el terreno una niebla densa y mortuoria; pero lo peor es el frío eterno, inmisericorde, capaz de arrebatar el último aliento. Las ciudades son escenario de la masacre y recuerdo cruel de vidas felices. Ya no hay casas habitadas, no se escuchan risas en los parques ni en ningún otro sitio, los supermercados se marchitan desprovistos de contenido: todo son ruinas sin valor y cadáveres macabros, presas de la hecatombe. Tampoco hay vida en animales o vegetación. Y la ceniza. Como si ya no fuese suficiente oscuro este nuevo mundo, una ceniza tóxica y negra reina por doquier, contaminando el ambiente.

Así es el camino que siguen los protagonistas de esta historia, un hombre y su hijo, de unos diez o doce años, de los pocos supervivientes que quedan en la Tierra. Están en  algún punto de Estados Unidos y caminan hacia el sur en busca de calor, si es que aún existe. También tienen la vaga esperanza de encontrar a los que ellos llaman los “buenos”, personas que aún conserven sus principios y que, a diferencia de aquellos con los que se cruzan, no intenten cazarlos y comérselos sin reparos. Gente, en definitiva, con quien compartir sus míseras vidas.

Desde las primeras páginas uno siente tremendo interés por el devenir de estos desdichados, por descubrir cómo se las apañarán en su camino hacia ninguna parte y por saber si, como sospechamos, morirán de hambre o frío en cualquier momento. Pero no sólo eso, la incertidumbre de lo ocurrido años atrás, esa gran catástrofe que los ha puesto en esta situación y que en ningún momento nos es desvelada, también nos invita a leer, buscando y descifrando pistas que nos ayuden a entender. Aunque, en realidad, no hay nada que entender: sólo está la necesidad de que el hombre y su hijo sobrevivan.

 

 

La situación es desesperada y desesperante. Andrajosos y sucios, tanto el padre como el chico están hambrientos, razón de su precaria delgadez, y tienen mucho, mucho frío. El miedo a ser encontrados y el cansancio no los dejan avanzar demasiado, aunque lo intentan hasta el límite de sus fuerzas. Una lona, unas pocas mantas y una pistola (con una sola bala) es todo cuanto tienen por equipaje, aunque cuando pueden y encuentran algo importante que llevar, arrastran también un carrito de supermercado.  Éste es sin duda un libro que llega hasta el fondo del alma y que deslumbra, sobre todo por la relación que tiene la pareja, entrañable a más no poder, y el tenaz esfuerzo del padre por salir adelante, pase lo que pase. A cada página, tus sentimientos son los mismos que los del hombre o el chico, porque al leer no puedes evitar ponerte en su lugar y compartir sus desgracias y puntuales alegrías. Tanto se mete uno en libro que a veces se hace necesario parar y respirar de tu propio aire para, después de un rato, seguir leyendo. Sobrecogedor, en todos los sentidos.

Los protagonistas, que no tienen nombre y que poco importa, quedan retratados como en una fotografía, y no sólo físicamente. El hombre, como no podía ser de otra manera, está marcado por su pasado, por su niñez y por la época en que vivió con la mujer que amaba. Su actitud respecto al porvenir es más negativa de lo que aparenta, y bien se dejaría llevar por la pesadumbre si no fuese por la promesa que hizo de cuidar del pequeño. Por eso, y porque no se ve capaz de matarlo y evitarle el sufrimiento.

El chico, a pesar de la esperanza y el ánimo que intenta insuflarle su padre, no entiende a dónde va encaminado tanto sufrimiento. Sin embargo, tal es la fe que tiene en su progenitor que procura siempre ser optimista y seguir sus indicaciones. Es, además, la perfecta representación de la bondad. Su compasión y ganas de ayudar a los demás, aunque éstos les hayan atacado o robado, es sorprendente, más si tenemos en cuenta que el niño sólo conoce este mundo apocalíptico.

No sé en sus demás obras, porque no las he leído, pero en “La carretera” el estilo único de McCarthy encaja a la perfección. Dice sólo lo necesario para hacerte entender, dándote incluso la libertad de imaginarte ciertas cosas. Sus frases están carentes de recargos o florituras; son claras, sencillas y directas. El escritor sólo utiliza los puntos, las comas y los interrogantes como signos de puntuación; no emplea ni siquiera los guiones de diálogo para mostrar las conversaciones. Pero, curiosamente, no es necesario: todo se entiende a la perfección; o mejor, me atrevería a decir. Eso sí, al principio cuesta un poco, hasta que te habitúas.

Además, me ha gustado mucho esta obra porque, ante tal situación, no entra en temas filosóficos ni religiosos, sino que el conflicto radica en la mera supervivencia, sin atender a orígenes o consecuencias. El amor y la lucha por los principios, eso es lo más importante y lo que, a fin de cuentas, derrocha “La carretera”.

Así que, ¿qué más puedo decir para convenceros de que ésta es una genial lectura? No os lo penséis demasiado.


“Y puede que llueva.
¿Cómo lo sabes?
Lo huelo.
¿Cómo huele la lluvia?
A ceniza mojada. Vamos.”

Judit Rodríguez ( judit@librosyliteratura.es )

9 comentarios en «La carretera (II)»

  1. Lo cierto es que tenía mis dudas sobre este libro tan alabado. Dudaba si la fama se debía simplemente a lo mediático que se ha convertido su autor o a una verdadera calidad literaria.

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  2. Desde que leí “La carretera” se ha convertido para mi en un libro de culto, que no paro de recomendar, a pesar de que las obras anteriores de Cormac McCarthy no me llamaban demasiado la atención.

    Me ha sorprendido que con una historia, aparentemente, tan sencilla y un lenguaje minimalista se pueda hacer alta literatura.

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  3. Me lo apunto para leerlo, ¡gracias! Hace muchos años leí un libro de temática parecida y orientado a lectores juveniles, “Los últimos niños”, de Gudrun Pausewang, que lo recomiendo para lectores de cualquier edad. Desde entonces no leí nada parecido (en cuanto a la exploración de las reacciones humanas en situaciones desesperadas de hecatombes universales), hasta que llegó “Ensayo sobre la ceguera”, de Saramago.
    Enhorabuena por el blog y por la detallada reseña, que desde luego anima a leer el libro. Un saludo, Susana.

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  4. Rafa, la primera vez que escuché hablar de esta novela fue hace tiempo en una librería: un hombre le recomendaba a otro leerla. Ahora, con el estreno de la película, se ha armado mucho revuelo y parece que “lo mediático” prevalece sobre las verdaderas recomendaciones. Te aconsejo que dejes de lado las repercursiones de la adaptación y le hagas caso a las personas en cuyos gustos literarios confías ;). Yo, por mi parte, te la recomiendo.

    Noemí, he estado buscando dónde comprar La carretera en versión digital, pero no he obtenido resultados (¡sólo encuentro versiones piratas!). Seguiré buscando y si lo encuentro volveré a dejar un post aquí.

    Coco, ¡totalmente de acuerdo contigo! Es sorprendente como consigue llegar hasta tan hondo (y tan lejos, literariamente hablando) con una prosa tan sencilla y escueta…

    Susana R., la verdad es que el tema de la catástrofe universal no es muy original. Si buscamos un poco seguro que encontraremos varios libros con la misma temática. Para mí, lo que hace diferente a La carretera es la manera de narrar y de transmitir tanto amor en una historia tan “negra”. No creo que te decepcione ;).

    Por cierto, Rafa y Susana, muy interesantes vuestros blogs… ¡mucha suerte con ellos!

    Gracias a todos por vuestros comentarios.
    Un saludo,

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  5. Hace ya algún tiempo que leí “La carretera” y esta reseña me ha traído de nuevo a la memoria todas aquellas sensaciones tan vívidas: el frío, la oscuridad…
    No deja de sorprender como con una tema que se presta tanto al dramatismo y la truculencia, McCarthy haya sido capaz de escrbir un texto tan sobrio y humano. Es un libro extraordinario, uno de los mejores que he leído.
    Un saludo,
    Javier

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  6. Es posible que la adaptación capte la esencia de la novela, ya que esta última no abunda en diálogos interiores ni reflexiones. Todo lo que transmite lo hace a base de silencios y descripciones más bien lacónicas. En ese sentido es bastante cinematográfica, algo que no es ajeno al resto de la obra de McCarthy, de hecho esta es, si no me equivoco, la tercera película basada en un libro suyo.

    De todas formas el literario y el cinematográfico son lenguajes muy distintos y las adaptaciones, en ambos sentidos, no suelen ser muy afrotunadas.

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  7. Desde las primeras páginas uno siente tremendo interés por el devenir de estos desdichados, por descubrir cómo se las apañarán en su camino hacia ninguna parte y por saber si, como sospechamos, morirán de hambre o frío en cualquier momento. Pero no sólo eso, la incertidumbre de lo ocurrido años atrás, esa gran catástrofe que los ha puesto en esta situación y que en ningún momento nos es desvelada, también nos invita a leer, buscando y descifrando pistas que nos ayuden a entender. Aunque, en realidad, no hay nada que entender: sólo está la necesidad de que el hombre y su hijo sobrevivan.

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