Miércoles 13 de Julio de 2011 00:00
Las señoritas de escasos medios, de Muriel Spark
Título: Las señoritas de escasos medios
Autora: Muriel Spark
Editorial: Impedimenta
Páginas: 184
ISBN: 9788415130055
Si mi amigo Javier BR, al que ustedes tan bien conocen por sus estupendas reseñas, me dice que lea este libro, pues yo, que soy muy bien mandada, dejo todo lo que tengo entre manos, y lo leo.
Las señoritas de escasos medios. Una novela publicada en el año 1963, un año, en el que he querido suponer que en Cataluña se obtuvieron estupendas cosechas; y digo esto porque este ha sido otro de esos libros que apetece leer mientras degustas algún estupendo vino, pero en este caso lo he acompañado con un generoso cava catalán “brut nature”. (Sí, ya sé que debería estar bebiendo té o Cherry, pero si leo un libro del 63, bebo cava, no hay más).
184 páginas que, escritas con el mejor estilo inglés, me han hecho adentrarme en un Club residencial de señoritas en el que me he sentido como una invitada de excepción. Brindo por ellas.
Leo ahora, tras finalizarla, que esta novela está considerada como una de las mejores de Muriel Spark. No lo dudo, y tampoco dudo que tras este primer acercamiento a esta autora de origen Judio-Italiano nacida en 1918 en Edimburgo, llegarán otros libros, pues me ha llamado la atención la forma de escribir de esta mujer que desempeñó labores de contraespionaje en el departamento de propaganda antinazi del Ministerio de Asuntos Exteriores inglés, y que mantuvo una gran relación de amistad con Graham Greene. Falleció en la Toscana en Abril de 2006. Va por ella el último sorbo de mi primera copa.
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Yo nunca he estado en un internado, ni en ninguna residencia de estudiantes o “estudiantas”, y nunca pensé que a través de un grupo de mujeres como este, y sin salir (casi) de este club en el que habitan estas “señoritas de escasos medios”, podría vivir tan gráficamente, no sólo la forma de vida que ellas tenían, sino conocer y tomar el pulso a ese Londres del final de la Segunda Guerra Mundial.
La autora nos muestra cómo la guerra se mete en la vida de todas y cada una de las personas que la sufren, y por mucho que pueda parecer que estas jóvenes, algunas ya no tanto, viven de forma despreocupada esta situación, lo que encontramos de fondo es el panorama general que se vivía en ese Londres austero por necesidad, ese que intenta mantener la compostura con la seguridad de quien se siente vencedor.
Los ingleses para mí han sido siempre muy extraños en todo... menos a la hora de escribir. Y leyendo éste, como tantos otros libros relacionados con las guerras, reflexiono sobre cuanto se relaja la moral en estos periodos bélicos, cuando la necesidad apremia, pero incluso así, los ingleses nunca dejan de ser ingleses.
El estilo de esta novela es muy sintetizado, lo que unido a las ingeniosas pinceladas de humor e ironía que nos ofrece la autora, da como resultado un texto ligero en apariencia, y solo en apariencia ya que casi nada de lo que piensan o dicen las señoritas que habitan el Club May of Teck irá a saco roto, todo tiene un por qué, y no digamos ya las de esos otros personajes a los que nos acercan como el caso del poeta-anarco-pensador y aspirante a escritor, Nicholas Farringdon, que terminará convirtiéndose en parte fundamental de sus vidas, y llegado el momento… de la novela.
Pero por encima de todas las voces, quedará la de Jane Wright, una mujer que trabaja en una pequeña editorial, a quien Nicholas llevó a una fiesta para que conociera a toda esa gente joven que tanto le gustaba: “Hombres poetas con pantalones de pana y mujeres poetas con el pelo por la cintura, aunque ellas lo que hacían realmente era pasar la poesía a máquina y acostarse con los poetastros, lo que venía a ser lo mismo”. Por si no recuerdan que andaba bebiendo cava, allá va la segunda copa.
Me gusta esta mujer, Jane, que se hace reflexiones interesantes, muy interesantes. A ella le encanta la buena literatura y sabe reconocerla, es inteligente y tiene profunda conversación, pero sabía que había un error que siempre cometía con los hombres: “deducir que, como ella prefería a los hombres cultos y leídos, a ellos les sucediera lo mismo con respecto a las mujeres”, pero aquí esta la autora para apostillar, a través de su narrador la triste realidad: “Y nunca se le ocurrió que a los hombres de letras, suponiendo que les gustasen las mujeres, no preferían necesariamente a las mujeres cultas, sino a las chicas en general”. Está bien, otra copa, y en esta ocasión, de un solo trago.
No se equivoquen, no es una novela solo para señoritas de escasos medios, es una estupenda novela que no dejará indiferente a nadie que disfrute con la literatura inglesa.
Las dos últimas páginas son una exquisitez, así que con su permiso, las releeré para apurar la última copa de ese excelente cava catalán que me recuerda siempre a esa gran "cosecha del 63" que tan buenos frutos dió.
A vuestra salud, amigos!
Susana Hernández
Buscador de Libros

escrito por Margarita , julio 13, 2011
Besotes!!!
escrito por loles , julio 13, 2011
escrito por Roberto Maydana , julio 15, 2011
escrito por Javier BR , julio 15, 2011
Un abrazo.
escrito por A , julio 19, 2011
un beso,
Ale.
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Muy apetecible este libro. Yo también quiero entrar en un club de señoritas. A ver si encajo.
De verdad que me interesa el tema, y eso que dices de la relajación en momentos de querra. Me he fijado en eso. Creo que el oler la muerte tan de cerca, nos vuelve menos serios, jeje.
Y eso que cuentas de la escritora, me resultan unos buenos credenciales, desde luego ha debido vivir bastante, con sus contraespionajes que muy bien podrían haber inspirado a Graham Green.
Besicos, querida, me lo llevo también, ¿No te doy lástima? :(