Viernes 18 de Diciembre de 2009 00:00
Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez
Editorial: Anagrama
ISBN 978-84-339-6855-5
Nº de páginas 160
Premios de la Crítica y Nacional de Narrativa 2005
Opinión: Un libro que consigue mirar a un doloroso pasado sin rencor
Hay libros que me instruyen, otros me llevan a lugares o me mueven por la historia, pero cuando una lectura plantea nuevos interrogantes en mi vida o potencia los muchos que ya tengo, cuando es capaz de conmoverme como lo ha hecho Alberto Méndez con “Los girasoles ciegos”, suelo recordar el porqué de mi compromiso personal con la animación a la lectura.
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escrito por Bookworm , diciembre 18, 2009
Después de leerlo ya hace tiempo tenía ganas de ver la película. Me parecía que podía estar bien, los actores eran interesantes, pero fue una gran decepción, aparte de que en la película no se cuentan todas las historias del libro.
Gracias por recomendarlo, me has recordado que lo presté hace más de un año y no me lo han devuelto.
Un saludo
escrito por carmina , diciembre 19, 2009
Con la lectura de este libro he entendido porque en mis muchos años de estudio no he conseguido que ni siquiera en mi epoca universitaria un profesor se mojara y diera el tema como cualquier otro, quizas porque el dolor y el rencor sigue pesando demasiado, entre los que perdieron la guerra porque les hace sentir mal, entre los que la ganaron porque no quiere que se les asocie con el regimen ganador. Supongo que todavia falta mucho tiempo, para que este tema sea visto de otra forma pero con obras como la que describes quizás ese mañana este mas cerca. Buena reseña, en cuanto pase un tiempo de esta lectura emprendere los girasoles ciegos, de momento tengo que dejar cicatrizar la herida
escrito por Miren Lourdes , febrero 08, 2010
Hacía tiempo que no leía algo tan conmovedor, angustioso en ocasiones e incluso terriblemente triste muchas.
Cuatro cuentos, cuatro historias unidas de forma sutil por un fino hilo, apenas perceptible y por la terrible realidad de la Guerra Civil. Seguro que la guerra estuvo repleta de pequeñas historias como éstas, historias de gentes sencillas que vieron de pronto su vida truncada por un terrible absurdo.
Pese al dolor, las palabras de Méndez son suaves y hermosas, puedes ver en ellas los corazones de los personajes.
Yo invito también a leerlo, a no dejarse llevar por la idea de "no me apetece leer algo triste". De alguna forma hay historias que dejan de ser insignificantes cuando pueden ser conocidas por otros; todos los personajes de este libro merecen ese homenaje.
Es el único libro del autor, que pena.
Transcribo unos pequeños párrafos de una carta que uno de los personajes escribe a su hermano (bueno “hacia su hermano” dice él) desde donde lo tienen preso… Habla de un hermoso lenguaje inventado en sueños.
“… Sigo vivo. Han pasado varios días pero aquí todo son dificultades. Entre el lápiz, el papel y mi constante duermevela se me pasan las horas como si no me atreviera a aprovecharlas porque sé que este tiempo ya no es mío.
Sueño constantemente sin saber si estoy dormido, y me imagino sin querer un mundo casi vacío en el que todos hablan un idioma extraño que no entiendo aunque no me siento forastero. Cuando lo aprenda te hablaré del lenguaje que se habla en el mundo de mis sueños. El color del aire es como son los atardeceres del verano en Miraflores, aunque no hay montañas y el paisaje se pierde en un horizonte pequeñito que no está lejos aunque tengo la impresión de que es inalcanzable.
(…)El lenguaje de mis sueños es cada vez más asequible. Hablo de amortesía cuando quiero demostrar afecto y suavumbre es la rara cualidad de los que hablan con ternura. Colinura, desperpecho, soñaltivo, alticovar, son palabras que utilizan las gentes de mis sueños para hablarme de paisajes añorados y de lugares que están más allá de las barreras. Llaman quezbel a todo lo que tañe y lobisidio al ulular del viento. Dicen fragonantía para hablar del ruido del agua en los arroyos. Me gusta hablar en ese idioma.”
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Si me permites, añadiría que relata cuatro historias reales, que hasta hace pocos años se silenciaron por miedo.
También me parece muy acertada la introducción que hace Carlos Piera cuando dice: "Superar exige asumir, no pasar página o echar en el olvido. En el caso de una tragedia requiere, inexcusablemente, la labor de duelo. En España no se ha cumplido el duelo..."
A nivel personal, es uno de los libros que más me han impactado.