Departamento de especulaciones, de Jenny Offill

departamento-de-especulacionesQuizá alguien lo vea como un insulto -a cuál de los dos autores, lo dejo al arbitrio de cada uno-, pero las primeras páginas de Departamento de especulaciones me retrotrajeron a mis lecturas de aquellas obras de Ray Loriga cuando Ray Loriga era un escritor joven, muy pop y muy fragmentario y sus libros eran como caleidoscopios o como viajes en montañas rusas. Aquellos libros eran como puzzles de colores en diversos grados de ensamblaje o desensamblaje. Es un tipo de literatura que algunos tachan de fácil (o facilona) y sin mérito, pero es innegable que tiene su encanto.

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Estrómboli

“Estrómboli”, de Jon Bilbao

estrómboliEs curiosa la manera en la que uno acaba por encontrarse con determinados libros o, como diría Rajoy I el Iluminado, “dicho de otra forma”, la manera en la que algunos libros lo encuentran a uno.

Supe de Estrómboli justo después de devorar una tras otra las siete temporadas de Hijos de la Anarquía, una serie de moteros a la que muchos –yo no– valoran por encima de Breaking Bad.

El libro me llamó por ser un libro de cuentos y por estar precisamente uno de ellos protagonizado por una banda de motoristas que acosa a una pareja que viaja por Estados Unidos.  Razones más tontas he tenido para leer un libro, aunque también he de decir que si no hubiera visto la serie este libro hubiera caído igualmente.

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El show de Gary, de Nell Leyshon

el-show-de-gary¿Cuántas veces hacemos balance de nuestra vida? ¿De qué manera somos capaces de establecer el inicio y el final de toda una existencia? Y, poniéndonos más metafísicos, ¿cómo podemos resumir aquello que parece inabarcable? Las personas, los seres humanos, aquellos que caminamos por la vida observando a los demás y a nosotros mismos, analizamos la vida, la desintegramos en pequeñas partículas, y después, cuando cada eslabón de la cadena está donde debiera estar, creamos un esquema general de aquello que hemos vivido. En nuestra mano está pensar si ha sido todo un camino de rosas o una auténtica mierda. No hay medias tintas. Y además, ninguno de nosotros quiere pasar sin pena ni gloria, atravesando todo lo que sucede como si estuviéramos en un punto intermedio, en una zona gris donde nada nos toca. Queremos sentir, ese es el resumen. Las biografías, sean ficticias o reales, nos enseñan que toda una vida puede ser absurda, pero importantes para quien las ha vivido. Así que ahora os va a tocar conocer a Gary de la mano de Nell Leyshon, un hombre que lo pudo tener todo, que se aferró a los bolsillos de los demás para robarles, y que decidió, en un momento determinado, que vivir era casi lo mismo que esa imagen borrosa que deja el alcohol. Y es que las vidas nunca son fáciles, pero nadie dijo que no pudieran ser, al menos, interesantes.

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Desterro, de Manuel Barea reseñado por Diego Palacios Marxuach

desterro

¡Se caga la perra! ¡Vaya que si se caga! ¡Con 26 años y ya ha parido una obra, la segunda, digna de Jim Thompson! ¡Y la primera, –aún más joven, hay que destacarlo–  ya fue I Premio Valencia de Novela Negra y finalista de unos cuantos más!

¡Joder! Me muevo otra vez más entre la envidia y la admiración más profunda. En serio.

Y para rematar, editado por Alrevés, de la que en poco tiempo he leído este y el no menos genial Te quiero porque me das de comer y reseñado por nuestro compa César Malagón. (Nota mental: Hay que tener en cuenta a esta editorial).

¿Pero qué es esto de Desterro, a qué tanta algarabía, qué es esta magna obra?

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La pertenencia

La pertenencia, de Gema Nieto

La La-pertenenciapertenencia se abre con una muerte. Muere una madre, joven, y el dolor que provoca esa muerte se extiende por la novela entera como una silenciosa mancha de petróleo en el mar. Al principio súbita, rápida, la mancha contamina todo lo que está cerca, provocando la intoxicación de los seres vivos a su alrededor y con ello las riñas, las disputas, los cambios de humor y las discusiones. Y sin embargo sus consecuencias inmediatas no son quizá las más trágicas ni las más duraderas. Una de las cosas que nos enseña este magnífico debut de Gema Nieto (Madrid, 1981) es que el dolor, inmenso, que provoca la pérdida se convierte en el golpe de viento que desencadena la caída de un débil castillo de naipes, que después cuesta años volver a poner en pie y que nunca queda como antes.

Podría resumir La pertenencia de manera simple: una niña pierde a su madre y queda al cargo de su padre, desorientado, de su débil y alcohólico tío y de su anciana abuela. Ninguno de ellos, como ninguno de nosotros, está preparado para esa muerte temprana, así que mientras lidian con ella la niña, epicentro del relato, deambula casi sin brújula por su adolescencia y su juventud. Más allá de esta reducción simplista, La pertenencia es una compleja novela de formación, que cumple con los cánones del género (un suceso muy trágico al principio, una protagonista en proceso de aprendizaje y un trayecto vital de descubrimiento que culmina en la madurez) pero que finalmente los desborda.

Una de las habilidades de Gema Nieto es su capacidad para dotar a los personajes aledaños al principal de características particulares y únicas, bien definidas y que evolucionan durante distintos pasajes del libro. El padre, el tío y la abuela, los principales roles que en la primera parte interactúan con la protagonista, tienen voz propia, toman la narración por momentos y también los vemos recorrer un camino que, como en el caso de la niña-adolescente-mujer, está transido por el dolor. La variedad en los personajes nos hace comprender también que la muerte se proyecta hacia el futuro pero de igual manera se despliega hacia el pasado; sobre todo en el caso de la abuela es notable la amarga sensación que conlleva el no encontrar un sentido a la vida pasada, consagrada a su hija muerta, y en sus pasajes observamos la destrucción como contrapunto a la construcción de la protagonista.

Cuando estos referentes van quedando atrás, o cuando la niña llega a una edad en la que dejan de serlo (cosa que ocurre justo a mitad de la novela), toman una importancia capital los libros y las lecturas como elementos definitorios de su personalidad, junto a sus propias experiencias en solitario. Vemos de esta manera pasar a la protagonista de una etapa de descubrimiento que se nutre del exterior a otra que comienza en su interior. Y entonces el sexo, las drogas y los viajes toman las páginas y el texto pierde parte de la crudeza inicial sin renunciar un punto a su calidad.

Desde el punto de vista formal, La pertenencia es intimista e hiperrealista. Gema Nieto demuestra una notable capacidad para describir en detalle, para posar la mirada sobre los objetos que rodean la trama y establecer una impronta de cada uno de ellos, sin menoscabo del ritmo del relato. A pesar de la profusión descriptiva, la narración no se resiente y las doscientas cuarenta páginas de la obra transcurren plácidamente. Aquellos que se decidan a aventurarse en este ejercicio de memoria e introspección seguramente, valga el juego de palabras, lo recordarán durante bastante tiempo después de haber cerrado su última página.

Los impunes

Los impunes, de Richard Price

los-impunesLos guionistas de The Wire son, aparte de guionistas, en su mayoría, también escritores. Richard Price es uno de ellos y Los impunes es su novela más reciente. Como es de suponer, se desarrolla enteramente en el mundo de los policías, uno de los ámbitos profesionales más fértiles en cuanto a novelas y guiones de cine y televisión se refiere. Parece que no sólo su trabajo despierta curiosidad y guarda suficientes historias de interés como para dar lugar a un sinnúmero de relatos de ficción, sino que el desempeño policial, sus inextricables burocracias internas, sus ocasionales elementos podridos, los códigos morales, legales y de autoridad que rigen en el cuerpo, etc. son una fuente todavía más productiva.

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Euforia

Euforia, de Lily King

euforiaLa antropología como ciencia vivió una etapa dorada en las primeras décadas del Siglo XX. Una de sus figuras femeninas más influyentes fue la norteamericana Margaret Mead, la protagonista indirecta de la reseña de hoy, porque Lily King se basa en un capítulo de la biografía de Mead para crear esta gran historia de amor, pasión y egos llamada Euforia.

“Creo que, por encima de todo lo demás, lo que busco con mi trabajo, en estos lugares tan remotos, es la libertad, encontrar un grupo de personas que les den a los demás el espacio necesario para ser lo que quieran ser. Y quizá nunca lo encuentre todo en una cultura, pero puede que encuentre fragmentos en diversas culturas, tal vez pueda ponerlos juntos como un mosaico y revelarlo al mundo.”

En 1933, Margaret Mead y su marido, Reo Fortune, también antropólogo, estudiaban las tribus pobladoras del rio Sepik en el territorio de Nueva Guinea. Allí coincidieron con otro antropólogo inglés, Gregory Bateson, formando un trío de mentes brillantes y muy distintas entre sí, pero dispuestos a colaborar. Rebautizándolos como Nell Stone, Schuyler Fenwick y Andrew Bankson, la autora ficciona lo que pudo ser ese triángulo amoroso en esa tierra inhóspita y casi desconocida. Leer más “Euforia” »

Las hijas de las horas

Las hijas de las horas, de Teresa Buzo Salas

las-hijas-de-las-horasEl protagonista de Las hijas de las horas, Virgilio, tiene, en principio, una única característica que hace que queramos saber más de él y que no lo abandonemos a las primeras de cambio: se le ha muerto una hija de sólo 15 años, y el hombre sigue destrozado mientras la vida continúa. Él no comprende cómo la vida puede continuar para todos los demás, incluso para esos viejecitos que siguen caminando a trancas y barrancas por la calle con sus andadores y a quienes él mira con desprecio, con odio incluso; también para su exmujer, que tiene nueva pareja y nueva familia. Para todos excepto para su hija, Celeste, y se diría que para él mismo, que no encuentra ningún asidero en la vida, no halla acomodo ni sentido, y el único motor que lo sigue manteniendo en pie y relativamente funcional es esa rabia, ese odio por el resto del mundo, el amor que ya es incapaz de sentir por nada ni por nadie salvo por el recuerdo de su hija y por su anónimo perro, que lo sigue a todas partes a pesar de ese agriado carácter.

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Maldito sea Dostoievski

Maldito sea Dostoievski, de Atiq Rahimi

maldito-seaTítulo: Maldito sea Dostoievski
Autor: Atiq Rahimi
Editorial: Siruela
Páginas: 209
ISBN: 9788498416794

“Apenas Rasul levanta el hacha para dejarla caer sobre la cabeza de la anciana, la historia de Crimen y castigo le viene a la mente…”. Así se inicia este libro de Atiq Rahimi, y al igual que a Rasul le viene a la mente esa imagen, también a mí me asalta, no solo el inicio del libro de Dostoiesvski, sino la historia completa. Rusia, Afganistán, … Qué más da. Es lo que tienen las grandes obras, que no nos cuentan historias, sino que nos hablan desde lo más profundo de la esencia humana.

Eso es lo que hace el autor, a través de esta revisión de la obra de Dostoievski, y el traslado de esta historia a su Afganistán natal.

Pero quizá es incluso más, ya que a mí me ha traído la guerra hasta mis manos, no para comprender, solo para saber del día a día de un afgano:

“El viernes pasado mientras holgazaneaba en la cama, buscando un pretexto para volver a tu casa, fui violentamente arrancado de mi letargo por la deflagración de una bomba que hizo temblar el barrio…”. Bombas y amor, escribí bajo esas líneas. No he leído este libro como si fuese una historia más. Es imposible, porque hoy allí, mientras yo leo, ellos mueren.

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Mala letra

“Mala letra”, de Sara Mesa

mala letra

Tenía ganas de pillar por banda a Sara Mesa. Tantas alabanzas a Cuatro por cuatro y, sobre todo, a Cicatriz, elegido libro de 2015 en varios medios, acabaron por calar, así que había que ver de qué iba la cosa.

Una vez leído, puedo decir que, si los libros mencionados son la mitad de buenos que el conjunto de once relatos que conforman este Mala letra, habrá que lanzarse por ellos (yo ya tengo reservadito Cicatriz para una lectura próxima).

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