La lluvia antes de caer

La lluvia antes de caer, de Jonathan Coe

la lluvia antes de caerRecuerdo que, hace un tiempo, cuando todavía una de las redes sociales más importantes de la época era el Fotolog, yo hice una entrada porque un título había conseguido captar, con un par de frases, aquello que yo estaba viviendo en aquellos instantes. Viajando en el tiempo – y, por extensión, en los recuerdos – llego a una edad en la que las turbulencias hacían acto de presencia y ciertas tormentas intentaban contenerse en un pequeño vaso que, como era lógico, se rompió y me hizo comprender que la madurez había llegado, de improviso, casi sin haberlo previsto por mucho que me lo dijeran todos a mi alrededor. Pero no se trata de mí, sino de ese libro, de La lluvia antes de caer que contribuyó a aumentar mi pasión por la literatura y que me hizo comprender que aquello que yo quería ser, aquello que yo necesitaba vivir, podía encontrarse en las páginas de un libro, escrito con tanta delicadeza y tanta pasión que era imposible que yo no quedara marcado de alguna manera. Son esas pequeñas cicatrices las que traigo hoy porque, como es evidente, hablar de un libro así vuelve a abrir algunos momentos y los recuerdos se convierten en esa espada que pende sobre nuestra cabeza y nos enseña que, en un solo instante, es posible volver a caer, como la lluvia que espera ese momento, ese instante antes de mojar las cabezas de las personas que, sin pensarlo, han salido a casa sin el paraguas y acaban empapadas, rotas por dentro, y ateridas de frío en un mundo lo suficientemente violento como para que no sean capaces de sobrevivir a un nuevo temporal.

La vida de una generación de mujeres repartidas en veinte fotografías que, con la voz de Rosamund, nos encierra la perfecta imagen de unas vidas marcadas por la culpa y el remordimiento, en un mundo cambiante y que agoniza, a pesar de todos nosotros.

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Entrevista con el vampiro

Entrevista con el vampiro, de Anne Rice

entrevista con el vampiroQue el mundo de los vampiros ya no es lo que era, es un hecho que a muchos nos escandaliza, a otros les da exactamente igual, y otros lo veneran como si no hubiera un mañana en este tipo de publicaciones. Que, además, las vivencias en este tipo de libros ya no se visten con la misma pátina de ambiente gótico u oscuro, también es una obviedad demasiado grande como para no prestarle la debida atención, teniendo en cuenta que, de toda la vida, los vampiros han tenido una alergia irrefrenable al sol y no se vestían, precisamente, con ropa de marca. Pero si hubo un antes y un después para todos los amantes de este tipo de literatura, sin duda alguna fue la llegada a nuestro país de la serie Crónicas vampíricas de una autora que, en estos momentos, al leer o escuchar su nombre, nos lleva de inmediato a recordar a la familia de vampiros que es protagonista del libro y que convirtieron a Entrevista con el vampiro en un clásico del género de terror donde los haya – por mucho que a algunos les pareciera, como sucede en la actualidad, un ataque flagrante hacia aquel otro clásico, Dracula, que nos enseñó a los vampiros clásicos en todo su esplendor. Quizá esto del cambio de visión sea una cosa generacional. Los públicos necesitan historias con las que puedan conectar y para alguien iniciado en este tipo de literatura, la serie creada por Anne Rice no es, lo que se dice, fácil de tragar al primer mordisco, pero lo que sí tengo claro es que, cuando yo empecé esta novela, tuve que seguir leyendo, tuve que coger las partes siguientes, metiéndome de lleno en un mundo que, por aquel entonces, nadie había conseguido que yo me viera reflejado y contribuyó – aunque muchos años después lo dejara un poco aparcado para retomarlo en la actualidad – a acercarme al género de terror en general, y al mundo de los vampiros en particular, sin saber muy bien por qué, simplemente que estaba, en cierta forma, hipnotizado por aquello que me estaban contando.

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Justine (El cuarteto de Alejandría)

Justine (El cuarteto de Alejandría), de Lawrende Durrell

JUSTINETítulo: Justine
Autor: Lawrende Durrell
Editorial: Edesa 
Páginas: 360
ISBN: 9788435009041

En esta ocasión, amigos, vengo a hablarles de un clásico modernoal que no me he acercado como relectura sino como descubrimiento.  Y tras terminar el primero de los cuatro libros de los que se compone, he decidido ir reseñándolos uno a uno con el ánimo de que aquellos que no los han leído se acerquen a esta colección escrita con tanta belleza por Lawrende Durrell; pero también está en mí ánimo que ustedes que ya se adentraron en esta obra compartan con nosotros su experiencia lectora.

Justine, es el primer volumen de este Cuarteto de Alejandría,  y fue publicada en 1957.

Mi experiencia me dice que es una lectura en la que si ustedes logran sobrepasar la página 50 ya serán incondicionales de libro y autor, pero hay que hacer ese pequeño esfuerzo. También es preciso que si la leen en castellano elijan una edición con una buena traducción ya que de lo contrario esta lectura que debería ser una delicia para la vista y el alma, se les puede hacer insufrible desde la base del estómago.

En esta tetralogía el autor nos da a conocer a una serie de personajes que durante la época de entreguerras viven, aman y sufren bajo el sol de Alejandría. Y si en el caso de La dama de blanco, Wilkie Collins, nos ofrece el HECHO desde los distintos puntos de vista de los personajes,  Durrell lo que nos ofrece es un acercamiento a los protagonistas desde la visión y reflexión de los otros personajes.

La propia Justine, al inicio de la novela exclama: “Cinco imágenes distintas del mismo sujeto. Si yo fuera escritora trataría de conseguir una presentación multidimensional de los personajes, una especie de visión prismática”.

Y esto es lo que, al parecer, nos ofrecerá el autor.

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Todo lo que hay

Todo lo que hay, de James Salter

Todo lo que hayVoy a empezar por el principio, que es por donde se deben empezar algunas cosas. Escribe James Salter en el epígrafe de Todo lo que hay:

Llega un día en que adviertes que todo es un sueño, que sólo las cosas conservadas por escrito tienen alguna posibilidad de ser reales

En el caso del propio escritor, parece que ese día llegase más de treinta años después de que escribiera su última novela, a unos pocos de cumplir los noventa, y la realidad fuera lo que le sigue.

Todo lo que hay comienza con la batalla naval de Okinawa, durante la II Guerra Mundial. Tiene sentido. Es la parte de la realidad más inestable. Un sueño turbio de aguas agitadas y escombros calcinados que puede con todo lo demás. Aunque lo demás sea esa vida a la que vuelve Philip Bowman: la universidad en Harvard primero y el trabajo en una editorial después. Una vida confortable en esencia, con un relativo éxito entre las mujeres y en el plano profesional que, a pesar de ello, no termina de llenarle. Y por medio, como siempre, el amor que, como la guerra, también lo cambia todo. Una y otra vez. Porque, como las personas, sale y entra de su vida, en un vaivén que se desliza entre las palabras de James Salter como si ese fuera el orden de las cosas y el tiempo fuera lineal en su novela. Leer más “Todo lo que hay” »

Los poseídos

Los poseídos, de Elif Batuman

los-poseídosEl título “Los poseídos” viene de la traducción original del libro “Los demonios”, de Dostoievski, que sirve como excusa a Elif Batuman para hablar de su propia posesión, la de la literatura rusa. De hecho el subtítulo es “aventuras con libros rusos y con las personas que los leen”. Hasta aquí no hay nada con lo que cualquiera no se pueda sentir identificado. Desde luego yo mismo podría. El problema es que una persona normal y corriente se apasiona por la literatura rusa y lee muchos libros, mientras que Elif Batuman se obsesiona, aprende el idioma e inicia una carrera académica en Stanford sobre ella, además de viajar a Rusia y Uzbekistán para aprender más sobre el terreno. Lo de la carrera académica, por cierto, es algo que misteriosamente siente la necesidad de justificar como si existiera un abismo entre la práctica de la literatura y su estudio, como si fueran mundos separados e inconexos. Leer más “Los poseídos” »

Libros y Novedades 204

Boletín de novedades. Agosto 2014 – 34

Galveston La comadrona los 7 habitos
Galveston,
de Nic Pizzolatto
La comadrona,
de Katja Kettu
Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva,
de Stephen R. Covey

En Libros y Literatura comenzamos el curso con fuerza y llenos de ilusión por descubrir las novedades editoriales del trimestre, como estos tres libros que hemos seleccionado para nuestro boletín semanal.

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Yonqui

Yonqui, de William S. Burroughs

yonquiHay novelas que cambian el rumbo de quien las lee, como lo puede hacer la música cuando entra en el cuerpo que, con su ritmo, cambia el compás y lleva a un ritmo vertiginoso a quien la escucha. Serán – si mi ingenuidad no me permite mentirme a mí mismo – unas cuantas novelas las que han mantenido, a pesar del paso del tiempo, esa condición y ese cambio que se augura al inmiscuirnos en sus letras, como pequeños polizones en un barco del que ya empiezan a irse las ratas, que son las primeras siempre en abandonar cuando algún peligro las acecha. William S. Burroughs, en aquel verano en el le descubrí, convirtió una pequeña lectura – por su extensión no por lo que conlleva – en esa especie de fantasma que persigue pero no agarra, en ese tipo de susurro que eriza los pelos que nacen en la nuca, recorriendo la espina dorsal y terminando con el poco alivio que nos queda, ese que se da al respirar después de muchas sensaciones, y que el cuerpo no es capaz de aguantar. Porque al fin y al cabo, la lectura es algo así como la droga máxima para alguien que ama los libros demasiado, y en esta historia de viajes, de colocones, de subidas y bajadas causadas por la droga, por la heroína, por la búsqueda de una droga milagrosa que no dañe el cuerpo y ni siquiera la mente, comprenderemos que allá por el 53, año en el que esta novela fue publicada, han pasado tantos años, pero en realidad casi todo sigue igual porque la adicción, la llamada a filas de lo que nos acerca un poco más a la muerte, sigue caminando a sus anchas por las calles y bares nocturnos, y por las vías anchas que recorren nuestro cuerpo. Ahí, en nuestras venas, es donde se encuentra la verdadera historia escondida.

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Ni siquiera los perros

Ni siquiera los perros, de Jon McGregor

Ni siquiera los perrosCómo escribir sobre el dolor de lo que no se puede ver. Podría estar ahí. En cualquier parte. En las letras de las palabras o en los signos de puntuación. O en una de esas terapias de grupo donde todos se mienten y cuentan tragedias que no existieron nunca para justificarse. Porque esto, las charlas, siempre se trata de lo mismo. De inventar razones para que los demás, los de las vidas ordenadas de ahí afuera, duerman tranquilos. Así que nadie dice que en realidad todo fue bien. Que fue solo la apatía. O una inmensa tristeza. O el desgaste. O las pocas ganas. Sí, sobre todo las pocas ganas. No hablan de manos huecas o risas enganchadas a la vía del tren. Ni del tiempo avanzando de prisa. Devorándoles. O de las malas decisiones. Solo era eso. Una tras otra. Esa incapacidad de encontrar un hueco donde encajar. Pero ellos no lo cuentan. Todos se guardan la verdad. La que tira por debajo de la piel, hueca, que no protege. Tendría que hacerlo. Tendría que volverse de hormigón y evitar que según qué cosas dolieran.

Ni siquiera los perros (Even the Dogs en el original) es el acertado título que le da Jon McGregor a esta novela, la tercera que escribe, en la que centra la atención en una serie de personajes adictos a las drogas y al alcohol, vulnerables, que buscan como sea el contacto de otra piel. En ella Robert Radcliffe desearía sentir cualquier tipo de cosas, aunque fuera el dolor. Pero es diciembre y él está muerto y no hay nadie allí. Nadie que le vea. Nadie que le escuche, aunque tampoco le lleguen las palabras para contar su verdad, encerrada en el fondo de una botella vacía de whisky. Leer más “Ni siquiera los perros” »

Amigas con hijos

Amigas con hijos, de Monica Drake

amigas con hijos“Se me está despertando el instinto materno. Veo un niño y me dan ganas de tener uno”. Esta no es una frase sin sentido – o al menos, no pretendo que lo parezca – porque esa fue mi última noche de fiesta, mientras el alcohol llenaba nuestras gargantas, algún que otro cigarro iba consumiéndose en nuestros dedos, y la gente que nos rodeaba – a mis amigas y a mí – parecía a punto de entrar en ataque epiléptico por la música. ¿Cuándo – pensé yo – habíamos pasado de hablar de los tíos a los que querían tirarse a hacerlo de los niños que tendrían, de relojes biológicos o de formar una familia? Se supone que con el tiempo uno va haciéndose mayor y es lo que toca, pero creo que yo me he perdido algo por el camino porque es oír las palabras “formar una familia” y me echo a temblar. Y pienso en destrucción. Al instante. De manera automática. Amigas con hijos es una novela, pero también un pequeño manual de cómo esa idea tan extendida de que ser madre da la felicidad eterna en realidad es una utopía cuando se tiene al niño en los brazos, cuando las ojeras ya no se disfrazan ni con el mejor de los maquillajes o cuando, válgame el cielo, los hijos se hacen mayores y llegan a la adolescencia. Ellas quieren tener hijos, yo lo único que quiero es que el reloj biológico imaginario se pare, detenga un poco ese tic tac de las agujas y sigamos como siempre. ¿Es ser anacrónico? Qué sé yo. Al fin y al cabo, de lo que he venido a hablar es de un libro, no de mis instintos dormidos.

Si tienes un hijo y crees que has perdido tu sitio en el mundo, este es tu libro. Si ves que tus hijos adolescentes están más cerca de ser una hormona con patas que una persona de carne y hueso, este es tu libro. Y si al final, a pesar de todo, miras a tu familia y crees que lo has hecho bien, también es tu libro. Porque de eso se trata, de sonreír a pesar de toda la mierda que inunda el mundo.

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Diez de diciembre

Diez de diciembre, de George Saunders

diez de diciembreLas voces en la literatura – las diferentes, se entiende – son muy difíciles de encontrar. Así que cuando, como si fuera en una especie de sobresalto, nos damos de bruces con una de ellas, es como si intentáramos capturarla para nosotros y nos olvidáramos por un instante de que existe algo más allá de lo que nos esté proponiendo ese autor. Lo importante, en estos casos, es saber disfrutar de lo que se nos ofrece y poder meternos de lleno en lo que está escrito y no dejarnos llevar por miradas extrañas o por personas que te miran de forma extraña cuando lees algo que ellos desconocen por no estar envuelto en ese aire mainstream que tantos lugares comunes visita y que, para desgracia de algunos que nos apasionamos con la literatura, tanta decepción crea. Diez de diciembre fue un encuentro fortuito con un autor del que sólo había oído hablar en contadas ocasiones, en alguna crítica literaria, o en boca de algún editor que se mueve por las redes sociales y al que respeto por sus opiniones. Así que imaginaos cuál fue mi sorpresa cuando, una vez leída la primera página, y establecidas las premisas de lo que iba a encontrarme, supe desde el primer momento que me iba a encontrar algo diferente a lo que había leído hasta ahora. ¿Se equivocaron aquellos que hablaban maravillas de este libro? No, no lo hicieron. Pero como en todo, mi opinión buscar tener una historia detrás, y aquí voy a contarla.

Diez relatos que se mueven entre la realidad y la ciencia ficción, y que destruyen todos esos mitos en los que, para escribir bien, tiene que hacerse siguiendo las normas.

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