Moscoviada (II)

Moscoviada, Yuri Andrujovich

Moscoviada

Una crónica del hundimiento de un mundo ya en franca desintegración es lo que escribió Yuri Andrujovich con esta Moscoviada que constituye una despedida de una época, el retrato de la decadencia de una sociedad que a duras penas puede disimular la amargura. Describe el autor de modo original, hiperbólico y en ocasiones grotesco el fin de la era soviética, ese ambiguo momento en el que la esperanza de libertad se comienza a intuir pero el día a día sigue girando en torno al gris, y todo ello desde la perspectiva de un autor ucraniano y la problemática de las nacionalidades, de la diferencia en el reino de la homogeneidad.

 

Utiliza el autor un tono deliberadamente ácido, un humor amargo y cáustico muy cercano al cinismo y una capacidad para la metáfora muy dignas de mención. Son muchas las virtudes de este libro y muy pocas las concesiones del autor a la comercialidad, a la realidad y, si me apuran, al lector, lo que redunda tanto en su brillantez como en la incomodidad del lector que no puede asomarse a ella como un simple pasatiempo, porque atrapa tanto como obliga al cuestionamiento, a la reflexión. El estilo es muy original en el sentido de que se establece un diálogo entre la conciencia de Otto von F., el protagonista, y él mismo, salpicado con el diálogo que éste establece con el “rey de Ucrania” acerca de su futuro como poeta. Este planteamiento conlleva algo infrecuente de ver: una gran parte de la narración: la que corresponde a la conciencia, está redactada en segunda persona, y si a eso le sumamos que se dirige al protagonista a menudo como Von F., pero también muchas veces como “cretino” o “borracho”, sin que por benevolente que sea la mirada lectora pueda objetarse ni un tanto a ninguno de los dos calificativos, el resultado es el de un texto bastante impactante y algo agresivo. Como además no hay muchos respiros, capítulos o interrupciones, este libro se lee con escaso resuello.

 

Por eso valía la pena pasar por todos los círculos infernales de las provincias de mierda. Intrigar. Llamar. Obsequiar. Dormir con impotentes.

¡Tras años de fracasos y desilusiones, su sueño se ha hecho realidad! Ambas han llegado casi al mismo tiempo, cada una por su lado, tras atravesar un buen pedazo de las vastas llanuras rusas. Se conocen sin sombra de malicia y se alegran sinceramente de compartir un mismo destino. […]Así hemos llegado a la culminación. ¿Y el desenlace? Cuanto más tiempo pase, más se darán cuenta ambas de que han cometido una auténtica estupidez. La “bota” resulta ser una trampa. Una trampa para dos estúpida vacas de las que no se sabe a qué han venido a esta casa de locos. Su mayor error es que todavía no estaban preparadas para hacer el amor en grupo. Por eso, no consiguen seducir al general, ni tan sólo al daguestano. Y, de este modo, limitada la una por la otra, pasan su existencia monjil entre peleas y discusiones, y su amistad avanza irremediablemente hacia un apenas disimulado y cada día más evidente odio oscuro y profundo.

La primera parte, más realista, describe una sociedad muy gris a través de la experiencia, de tintes autobiográficos, de un grupo de escritores de diferentes nacionalidades soviéticas que conviven en un instituto de Moscú. Un grupo de escritores cuya principal ocupación es ahogar su talento en alcohol y cultivar su frustración con dedicación y esmero.

Por ser unos fieles súbditos de Su Señoría el Alcohol (¡Dios me libre de querer decir nada con esto!), no conseguíamos ser unos súbditos fieles también del Sexo. Normalmente, nos dormíamos en medio de un montón de botellas vacías, abrazados de cualquier manera, pero sin llegar a concretar nada más importante en este terreno. En ocasiones, trepábamos uno por encima del otro y confundíamos nuestro propio pelo con el de las alfombras, y los pies de las mesas con los de los camareros. A veces, vomitábamos. Una vez intentamos bañarnos juntos, pero la madrugada me pilló en la bañera a mí solo, vestido; en cambio, ella, absolutamente desnuda, estaba tumbada en el suelo, con los azulejos grabados sobre su piel. Todo esto nos divertía muchísimo. Astrid no dejaba de repetir que de este modo, gracias a su intermediación, este Occidente hediondo, maldito, injusto, saciado y burgués compartiría su riqueza de mierda (mediante mi intermediación) con el Oriente Medio hambriento y mutilado. Así pues, nos ocupábamos de un gran asunto internacional.

Es especialmente amarga en esta primera parte la narración de su intento de captación por parte del KGB. La novela avanza y a menudo que el humor negro se hace más desaforado se va abandonando la realidad para entrar en la metáfora, en el descenso a los infiernos, en las ratas, y es cierto que la historia se hace difícil de seguir, pero también tiene algo de trepidante, de vértigo y atracción por el abismo y, sobre todo, de desasosiego. Porque no es una novela con final feliz, ni siquiera es una novela con final, es decir, desde el punto de vista de la trama sí que termina, pero el alma de la novela busca su final en el futuro y será entonces cuando la historia nos diga si esta novela es pesimista o, como todo parece indicar, sencillamente clarividente.

Andrés Barrero
andresbarrero@vodafone.es

 

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