Mystic River

Mystic River, de Dennis Lehane

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La verdad es que no sé si será muy arriesgado reseñar una novela como Mystic River y a un autor como Dennis Lehane, porque poco más de lo que se ha dicho, puede decirse ya de esta obra maestra del género negro. El caso es que cayó en mis manos hace relativamente poco, y me animé a releerla empujado por ese afán de descubrir cosas nuevas en una segunda y más pausada lectura. Absoluto acierto.

Dennis Lehane nos presenta a Sean Devine, Jimmy Marcus y Dave Boyle como un grupo de amigos de un barrio de clase baja de Boston, a los que les sobreviene algo que les marcará de por vida: Dave es secuestrado por dos falsos policías mientras los muchachos jugaban al beisbol en la calle. Contra todo pronóstico, Dave consigue escapar y vuelve a casa después de cuatro días, pero el chaval que se fue, ya no es el mismo que ha vuelto. Veinticinco años después, Sean trabaja en el departamento de homicidios de la policía de Boston, Jimmy -exconvicto- regenta una tienda del barrio, y Dave vive con su mujer y su hijo, los cuales no saben nada de su pasado. Sean vive alejado del barrio, pero el brutal asesinato de Katie, la hija de Jimmy, le obliga a volver a las calles en las que jugó de pequeño para averiguar qué ha pasado y volver a reencontrarse con sus antiguos amigos de la infancia, ahora unos completos desconocidos. Dave, por su parte, llega a casa la noche del crimen con la ropa ensangrentada, y eso junto a su débil coartada y su turbio pasado, le coloca en el centro de un peligroso juego de sospechas.

Denis Lehanne, a juzgar por su estilo se podría decir que pertenece a la escuela del realismo americano, con indudables influencias de escritores como Raymond Chandler o Dashiell Hammett. Como sus maestros, Lehanne es extremadamente puntilloso en la creación de escenarios, con una tremenda obsesión por no dejar huecos en la escena. Es como si pretendiese sustituir a la imaginación con la precisión descriptiva. En el caso de Mystic River, esto se traduce en la creación de una novela completamente cerrada (el mismo barrio, los mismos personajes, y una sensación de “este es tu barrio y así te ha tocado vivirlo”) de la que no entra ni sale nadie en todo su desarrollo. Esta novela es un círculo cerrado de gente apresada por el barrio, en el que los personajes que están dentro se destruyen. No importa el motivo, se destruyen.

No obstante, aún con estas premisas, la potencia de esta novela radica en sus personajes. Aunque Jimmy Marcus es el protagonista entre los protagonistas, a mí el personaje que más me ha impactado es el de Dave, personaje sobre el cual Lehane levanta toda la novela. Y es que Dave es la esencia de la inocencia, de la tristeza al perderla y de la turbación que se le queda alojada en el alma al vivir la horrible experiencia que tuvo que vivir. Respecto a Dave el lector sabe cosas pero sin saber qué sabe exactamente. Conforme se desarrolla el personaje, el lector rebaja la certeza a sospecha y la convicción a la duda.

“… levantó los ojos y vio la mirada dolorida de Jimmy. Deseaba decirle algo. Quería contarle que él también había pensado qué habría sido de ellos si hubieran subido al coche” -Sean Devine-

La historia nos llega contada a través de la voz de Sean que, paradójicamente, es el único chico que no es del barrio. Él vivía colina arriba pero conocía al resto porque sus padres trabajaban juntos. Este rasgo del personaje da a la narración un tono mucho más realista y aséptico de cómo la gente de ese barrio pobre de las afueras de Boston, va cambiando a la vez que cambia el barrio, por mor de la especulación inmobiliaria. Jimmy, sin embargo, se quedó en el barrio. Jimmy es un líder, el rey del barrio, y hará lo que tenga que hacer sin sentir lástima alguna, porque eso es lo que hace un líder. Y aunque el personaje transmite todo su dolor por la pérdida de una hija a la que adora, en ese papel de macho alfa es capaz de causar una reacción contradictoria en el lector que llega incluso a odiarlo.

“Ella le decía que se estaba volviendo muy duro, intratable, limitado en su forma de pensar, y él no le respondía, porque no había nada que discutir. Lo que realmente importaba no era si se había convertido en todo aquello, sino saber si había cambiado para bien o para mal” -Jimmy Marcus-.

La novela gira en torno a los niños maltratados, una obsesión para Lehanne en sus primeras seis novelas que, aunque después se disipa, aparece de vez en cuando, como por ejemplo en su obra “Cualquier otro día”. No hay peor crimen que el que se comete contra un niño, pero esta historia va aún más allá. Habla de cómo cambió al niño de que se subió al coche, y de cómo cambio a los niños que no lo hicieron. Podríamos decir que aquel niño subió al coche, y al hacerlo, subió a todos los demás. ¿Qué habría pasado si Jimmy y Sean hubiesen impedido que Dave subiera al coche? ¿Qué habría pasado si se hubieran subido todos? La vida no solo la marcan las cosas que nos pasan, sino que también la marcan las cosas que no nos han pasado.

Mystic River es una novela exquisita. Un libro realmente impresionante. Es una historia de suspense, de amor, de amistad, de sentimientos encontrados y de la más profunda tristeza que puede sentir un ser humano. Leer esta novela es garantía de pasar un buen rato, y acabar con un contradictorio amargor, que deja buen sabor de boca. Lehane en estado puro. Una obra imprescindible.

Gorka Rojo (@gorka_rojo)

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