Pingüino: dolor y prejuicio

Pingüino, dolor y prejuicio, de Greg Hurwitz y Szymon Kudranski

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Esta va a ser una labor de disección. Hablar de un personaje como El pingüino, conocido por todos los amantes del cómic o simplemente por la adaptación que hizo Tim Burton en su película “Batman vuelve” (1992) es todo un examen para alguien que quiere hacer justicia a un personaje que, como aparece en este tomo recopilatorio, nace, crece y se desarrolla con el juicio de los demás por ser diferente. Pero como iba diciendo, esta es una labor de disección para hablaros a todos vosotros del cómic que tengo entre manos, que he tenido durante el tiempo que he podido disfrutar con él, con sus altos y bajos, con sus aciertos y desaciertos, porque como en toda obra, hay puntos fuertes y puntos flacos que pueden hacerte saltar al vacío sin paracaídas. Y ya que la vida del protagonista, Oswald Chesterfield Cobblepot, ha sido todo lo puñetera que puede ser la realidad, rindamos un merecido homenaje.

¿Qué sucedería si uno de los mayores criminales de la ciudad de Gotham descubriera el amor? Pero no un amor cualquiera, sino un amor honesto. Eso es lo que sucede cuando Cassandra entra a formar parte de la vida de Oswald, conocido como El pingüino. Pero, como todo buen villano sabe: no hay sitio para la redención en la ciudad de la delincuencia.

ECC y el Nuevo Universo DC son todo uno para los entendidos en la materia. Yo, que soy un reciente seguidor del mismo, tuve tantas recomendaciones de un experto sobre este tomo que tuve que hacerme con él. Casi fue una necesidad. Pero, ¿qué nos podremos encontrar en él? Hay, yo creo, dos formas de mirar el mundo de los superhéroes: desde la simple diversión, o desde un análisis más pormenorizado de los personajes, la trama, y un largo etcétera. No en vano, los cómics son como una novela pero a pequeña escala. En “Pingüino: dolor y prejuicio” nos encontramos con la vida de un personaje al que, de primeras se puede odiar o amar, pero al que desde luego nadie deja indiferente. Greg Hurwitz ha conseguido llamar la atención de propios y extraños sobre la vida de uno de los personajes del mundo de Batman, y así lo demuestra en los pasajes que nos invitan a ver la infancia de Oswald, cómo su propia familia le odia por haber nacido diferente, cómo el único refugio que encuentra es la figura de su madre, y cómo la sociedad le deja de lado por ser una persona con una malformación. De ahí se podrían sacar muchos debates sobre la existencia de la poca tolerancia que hay en este mundo sobre las personas diferentes. Más adelante, podemos entender el por qué de las acciones del personaje, un enemigo ya clásico para el murciélago enmascarado. Pero el plato fuerte de esta historia es Cassandra, una chica ciega que se enamora de un hombre al que siente como honesto (siendo un villano, es muy cuestionable) pero al que no puede tocar. Y aquí es donde la historia pierde un poco de fuerza. Por momentos, simpatizas con lo que nos cuentan los autores, es más, casi diría que respiras aliviado porque parece que todo va a cambiar a mejor en la vida de los personajes, pero después todo da un giro radical y lo que parecía un final feliz, no lo va a ser.

Si pudiera achacarle un solo pero a “Pingüino, dolor y prejuicio” sería su final precipitado. En pocas páginas se nos presente un final que deja muchos cabos sueltos (¿quizá para una siguiente historia? Eso espero) y puede que empañe un poco la visión que se tiene de una historia que podía haber sido magnífica, pero que se queda a las puertas de uno de esos clásicos del mundo DC que todo el mundo debería conocer alguna vez en su vida.

Así que, ya lo saben, si quieren disfrutar con los cómics, adelante, ábranse a un mundo que suele estar inexplorado. Si quieren encontrarle más sentido, adelante también, descubrirán un universo donde encontrar a algunas de las mentes más desamuebladas de la historia de la literatura. Y si quieren combinar las dos opciones, mucho mejor: disfrutarán y a la vez podrán entender que, las acciones, siempre tienen sus consecuencias.

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