El Código Da Vinci, de Dan Brown
Este es el libro que una vez que se lo empieza no se lo deja. Te embriaga. El código da Vinci te deja inconsciente en relación al tiempo e incluso le gana la batalla al sueño nocturno. Es verdad que Dan Brown no se preocupa en utilizar un lenguaje que lo catapulte entre los grandes escritores del nuevo siglo. Francamente, ¿Importa? Puede que para quienes admiramos la pluma de grandes escritores, este libro es otro más de esas epidemias anuales que se instalan en todo el mundo para crear una obsesión efímera. No podría negar que yo misma lo deje relegado todo un año y con plena abstención de la película. Pero después, si el fenómeno se instala, tengo que probarlo para entender porque todos hablan de Dan Brown
.
La historia toma un escenario común e infalible: la célebre París. No necesita introducción alguna como tampoco lo necesita el Museo del Louvre. Y las primeras hojas se dibujan aquí con el condimento justo y necesario: el asesinato de un curador. Es este hecho el que dispara el engranaje de la máquina de enigmas que van a tener al lector pendiente de la resolución (¡Querer adivinarlo, antes que los protagonistas, va a ser en vano!). Pero toda historia necesita un guía para que nos conduzca a través del laberinto y Brown coloca a dos protagonistas: el profesor de Harvard Robert Langdon y la especialista en criptología Sophie Neveau.
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