Todos los cuentos

Todos los cuentos, de Gabriel García Márquez

todos los cuentosEl mundo fue lágrima y nosotros los ojos que llorábamos. Así fue como viví la muerte de Gabriel García Márquez, con el poso de una especie de edad perdida, un punto y final que se secaba con las palabras de Aureliano Buendía o con la muerte anunciada del hombre que llevaba tiempo enfermo y que nos descubrió que, más allá de la literatura, todavía quedaba mucho por aprender. Forjando la batalla, la vida entre líneas, el concepto de olvidar la realidad y crear por diversión, con las ganas pegadas en los talones y en las manos, con las que escribía y, de seguro, todavía lo seguirá haciendo. Fue una muerte que dolió, que se sintió como la de alguien cercano, la desolación de perder a alguien que llenaba demasiado y que ahora, por efecto rebote, deja un espacio imposible de llenar. Pero si de algo se sirvió, si en un instante lo cambió todo, para mí fue en sus cuentos, en esos relatos breves que nos servían como anclaje a su mundo, a ese raro mundo que tantos amábamos. Todos los cuentos comparte esa especie de vivencia, mi vivencia, a la hora de rescatar en un volumen aquellas narraciones que marcaron generaciones enteras, años que se separaban por décadas, adolescentes y viejos que vivían sus historias con la necesidad de la lectura. El regalo que nos hizo fue convertirse él mismo en inmortal, en alguien a quien no se olvida, en un escritor que convirtió el arte de la novela, el arte de narrar, en un prodigio al alcance de muy pocos. Porque creímos conocerle, creímos saber lo que nos iba a deparar, pero en el fondo no lo supimos, porque cuando llegó su muerte nos cogió en calzones, con la guardia baja, sin esperarnos la noticia que días después, como yo estoy haciendo ahora, volvería a revivir como si fueran esos minutos tan negros.

 

Soy un hombre de recuerdo, de visiones que convierten parte de la realidad en un pasado que, remoto o no, vuelve al presente con toda la fuerza necesaria para hacer que me tambalee. Cuando Gabriel García Márquez entró en mi vida, porque es lo que hizo, entrar para quedarse, yo contaba en mi haber con tanta ignorancia como pocas referencias sobre aquellas lecturas que se convertirían, más tarde o más temprano, en visitas obligadas para encontrar respuestas que en mi propia vida era imposible encontrar. Por aquel entonces no existía la edición de Todos los cuentos que aquí os traigo, así que tuve que ir parando en cada estación de paso en la que encontraba alguna recopilación de los cuentos que se convertirían en imprescindibles en mi vida. Uno de ellos, sin menospreciar a todos los demás, fue la imagen, la escena, lo necesario para terminar y dejar a un lado aquellos miedos y enfrentarme a lo que vivía. La santa, que como en una especie de golpe al estómago, removió los cimientos que, aunque endebles, conservaban la cordura que poco a poco iba desapareciendo. Él, el hombre que desapareció, el que se fue sin decir adiós, casi en silencio, me devolvió a la vida en un instante, en este relato, con la fuerza de lo que ahora se llama medicación y que yo, simplemente, llamaba en su momento, puro goce. Porque eso es lo que supuso: el descubrimiento de la libertad del placer, de anidar en una página y mantenerte en ella, en las fisuras que las líneas guardan en cada página, e incluso en todo lo que dicen los signos de puntuación, callados y mudos, pero que contienen tanto significado.

No fui un niño típico. Viví los libros como quien viaja con un amigo inseparable. Amé los libros y hoy se han convertido en un amante más, al que abrazo y suspiro cuando sus palabras me abrazan fuerte, resguardándome del frío que sopla ahí afuera. Todos los cuentos existió, aunque en otro formato, allá cuando mi vida era un caos y él consiguió recomponer ciertas piezas. Porque Gabriel García Márquez era un artesano, el sastre que creaba los trajes con la medida exacta, sin patrones, sólo con la mirada y la imaginación, para que pudieran adaptarse a la vida, a la tuya, a la de las personas que compartieron un rumbo o que, simplemente, se perdieron por el camino. No fue magia, fue simplemente arte. Y en ese espacio, en ese querer hacernos vivir la satisfacción de una historia que se vive, no sólo se narra, es donde reside lo que muchos de nosotros pensamos que debe ser la literatura: que debe ser un placer que se expanda, que se comparta, que no se agote nunca, y que no muera. Porque a pesar de que nuestra vida tenga un final, habrá algo que no lo tendrá nunca: la palabra escrita. Pasarán años, quizá milenios, pero a pesar de su muerte, él, un maestro, un escritor, un autor, convirtió a este humilde chico en un hombre que no se permitió, jamás, volver a perderse.

2 comentarios en «Todos los cuentos»

  1. Sin duda Gabriel García Márquez es culpable de cambiar el tan anhelado destino que muchos seguimos esperando, con el mismo sentido de pertenencia con que el Coronel esperaba su pago, deseosos de decir un día que sólo era cuestión de tiempo, narrando por fin un día que nuestro camino en las letra era una más de las cronicas de exito anunciado.

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  2. Es una lástima que el mundo de la literatura haya perdido uno de los mas grandes escritores de este siglo. Colombia debe abrazar orgullosa el legado que les dejo su querido y recordado escritor, el “GABO” Gabriel García Márquez.

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