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A pesar de todo, te pienso, de Alejandra G. Remón

“Tras el telón de las engalanadas calles rugen las verdaderas esencias de los edificios, la “cara B”: las grietas, las humedades, lo aparentemente innecesario, los apaños… Todo aquello que se pretende disfrazar u ocultar de algún modo, a pesar de estar sustentado por los mismos pilares.
Me pregunto si las personas no somos en cierta forma como esas construcciones tan consideradas en lo que se muestra, tan formales y tan pulcras para el público general y tan sumamente caóticas y remendadas en nuestras sombras. ¿Sabes? Me gusta observar los edificios desde donde nadie los mira, desde las entrañas, tras las cortinas; del mismo modo que me gusta indagar sobre las personas desde su realidad más palpitante.”
Personalmente, creo que este es uno de los fragmentos más emotivos y sinceros de A pesar de todo, te pienso. Y creo que no me equivoco al decir que es uno de los más personales que he leído de Alejandra, a la que llevo leyendo durante varios años en sus redes sociales y en sus anteriores libros. Aunque este caso es bastante diferente, ya que se compone de cartas y fotografías, en él se sigue vislumbrando la esencia y el estilo único que la caracteriza como escritora.
Me atrae demasiado, a medida que voy leyendo sus textos, esa complicidad que es capaz de generar con el lector. Pienso que es realmente difícil construir esto, y ella siempre lo consigue, pese a lo breves que suelen ser. Y si lo unes a una prosa intimista y muy personal, que refleja su búsqueda del amor y del sentido de la vida, a través de experiencias que todos podemos haber vivido o estar viviendo actualmente, se convierte en algo que va más allá de unas simples palabras escritas en unos papeles bonitos y que huelen de maravilla. Porque a los lectores nos encanta tocar y oler los libros, es una de nuestras obsesiones. Pero sabemos que lo que importa está en las palabras que contiene esa maravilla, que pueden llegar a traumatizarnos, sorprendernos, apasionarnos, sufrirnos o repelernos.
Y es increíble cómo Alejandra consigue transmitir todos estos sentimientos y emociones al mismo tiempo. A veces, incluso en solo una página o dos, intentando transmitirnos todo lo que puede haber detrás de un rostro, de una persona que apenas conocemos (o que sí conocemos), que trata de desnudarse emocionalmente para nosotros. Y creo que este es el principal motivo por el que ella y muchos de nosotros escribimos, para tratar de impulsar nuestra visión del mundo y compartirla con todos aquellos que se sientan invitados a ser partícipes.
Y ya no importa si esta historia es de amor, amistad, familia o cultura (y esta es una mezcla de todas ellas); porque lo que realmente quieres es empatizar con la otra persona a través del texto. Sentirte comprendido. ¿Acaso no es esta una de las razones por las que leemos? Aunque creamos que no, todos nos sentimos más reflejados con unas novelas, poesías, ensayos u obras de teatro que con otros. Además, cuando leemos lo hacemos portando una mochila en la que, sin ser conscientes, depositamos todos nuestros miedos, cargas, historias de amor, enfados, ilusiones, emociones y sentimientos. En definitiva, todas las experiencias y las personas que hemos conocido a lo largo de nuestros años de vida.
Esto es lo que me ha transmitido A pesar de todo, te pienso, muchas veces a causa de la sensibilidad que define a Alejandra G. Remón y que esta plasma cuando escribe. Y otras veces mediante sus fotografías e ilustraciones, tan cuidadas y de una calidad asombrosa que, alternándose entre las distintas cartas, descubres que estás ante algo tan personal y lleno de emociones que quieres volver a ellas incluso después de haber terminado. Por todo esto y mucho más, ha logrado sorprenderme a medida que avanza la historia. Y es que, por mucho que nos empeñemos, quizás nada es lo que parece. Las ilusiones que, a veces, nos hacemos sin querer, se desvanecen como la pólvora. Y dejan paso a otras. O quizás no, pero nosotros seguimos dando tumbos por la vida.
¿Cómo era esa frase de Tolkien? “No todos los que deambulan están perdidos”. Quizás solo estamos intentando navegar en ese mar agitado y lleno de incertidumbre que es la vida. Este es el mensaje que me quedo yo después de leer este libro tan especial.

Por Virginia Garza

Virginia Garza nació hace ya 28 años en Madrid y se dedica a la Comunicación y al Marketing. Adora escribir y siempre ha creído que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Hace poco descubrió el mundo de la investigación de mercados y cree que formará parte de su futuro cercano. Siempre le han encantado las series de TV y su sueño es llegar a ser editora algún día.

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