American Royals 2: Majestad

Reseña del libro “American Royals 2: Majestad”, de Katharine McGee

American Royals 2: Majestad

Beatrice, Samantha, Nina y Daphne. ¡Qué ganas tenía de reencontrarme con estas cuatro! Cuando disfrutas con un libro y empatizas tanto con sus personajes a pesar de las diferencias que pueda haber entre ellas —y digo ellas porque en este caso son mujeres—, deseas poder volver a tomarte un café con las cuatro, que te cuenten qué están haciendo con sus vidas, cómo lo llevan, sus intereses, sus metas actuales, sus proyectos, sus objetivos… 

American Royals, el primer libro, fue una lectura fácil y necesaria que me vino genial en pleno confinamiento. Gracias a ella pude viajar a esos Estados Unidos ficticios donde la monarquía existe y su princesa heredera, Beatrice, junto a sus hermanos mellizos, intentan ser lo que el destino ha marcado que sean aunque sus sueños así no lo quieran. 

La pluma de esta autora me hizo desconectar completamente de la realidad para colarme en las vidas de estos jóvenes y así vivir y sufrir con ellos. Porque no dejan de ser unos adolescentes con demasiadas responsabilidades y demasiadas obligaciones. Jóvenes manejados por un titiritero que les hace prescindir de sus deseos por el bien de la nación. 

Ese primer tomo me encantó, porque no solo pude experimentar en la piel de Beatrice sus dudas, sus miedos y su relación imposible con otro personaje, sino que también pude ponerme en el lugar de su hermana Samantha y sentirme desplazada por no ser tan perfecta como la heredera. Pude incluso vivir su amor secreto con el menos indicado. Y ahí no queda la cosa, ya que también tuve la oportunidad de ver las dos caras de la misma moneda en Nina y Daphne. 

Por todo eso y por ese final tan caótico e inesperado, debía leer Majestad, que continúa casi en el mismo punto donde terminó el anterior. Esto hace que la lectura sea extremadamente sencilla permitiendo que rápidamente cojamos el hilo de nuevo y conectemos en un santiamén con las protagonistas. 

Además, la autora repite el mismo formato del primer libro: capítulos alternos que ofrecen el punto de vista de cada una de las chicas. Eso sumado a una prosa sencilla, clara, directa y ligera hacen de esta segunda novela una delicia que me ha ayudado a desconectar de lecturas más densas. 

En esta continuación no solo encontramos una nueva Beatrice a la que la corona le viene algo grande, sino que también seremos testigos de lo que se cuece en las vidas de las otras tres jóvenes. Con esto, Katharine McGee nos propone un ejercicio de reflexión intenso y profundo a lo largo de la novela. 

Por eso he sentido que esta es una continuación más madura. Incluso he experimentado la tristeza que emana de sus páginas como consecuencia del duelo que deben afrontar los personajes. Un duelo que no se limita solo a llorar la repentina pérdida de un ser querido, sino que ese hecho conlleva cambios radicales para toda una nación. Cambios que unos adolescentes deben aceptar de golpe. Cambios injustos pero necesarios e inevitables que van a marcar sus caminos de por vida. Cambios que les convertirán en desdichados si no luchan contra su destino. 

La verdad es que esta novela es un conjunto de sentimientos, de sensaciones, de buenas y malas decisiones que unos adolescentes rozando la edad adulta deben tomar para dar el gran paso y crecer. 

Ya no hablamos de príncipes ni princesas, sino de personas. Dudas, inseguridades… Todos hemos tenido esa edad, hemos sufrido por amor y por nuestros amigos. Todos hemos querido pasar desapercibidos en algún momento, pero todos también hemos sido ambiciosos en algún otro. 

Katharine McGee nos mezcla todos estos recuerdos en Majestad para mostrarnos las diferentes caras de la juventud en Beatrice, Samantha, Nina y Daphne. Cada una diferente, con distintos objetivos y necesidades. 

Nina era y es mi favorita. Su evolución, su comprensión y su amistad fuerte y consistente con Samantha nos dice mucho de ella. Todo lo contrario a Daphne, que continúa su descenso al abismo de su obsesión buscando un falso sueño y una  falsa felicidad que cada vez le asfixia más aunque no quiera verlo. 

Además, la aparición de nuevos personajes como Lord Marshall Davis o el protagonismo que empiezan a cobrar otros como Ethan, junto con las nuevas relaciones que por circunstancias de la vida empiezan a aflorar, hacen de esta novela una delicia muy interesante. 

En fin, que yo he quedado muy enganchada a esta historia y me ha dado mucha pena terminarla, porque sí, amigos lectores, esta bilogía acaba aquí. Aun así, la autora ha dicho que no se cierra a rescatar a alguno de los personajes para una historia próxima. Así que espero que el destino sea benévolo y me permita volver a tomarme un café con alguna de las cuatro. 


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