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Conan el asesino (integral), de Cullen Bunn y Sergio Dávila

conan el asesino

conan el asesinoAntes de todo, he de reconocer algo: de chaval, Conan nunca fue santo de mi devoción. A pesar de que mi género favorito era la fantasía, los relatos de Robert E. Howard jamás llegaron a captar mi atención. La adaptación a la gran pantalla de las primeras andanzas del cimmerio, y que catapultarían a Arnold Schwarzenegger a la fama, aunque no me desagradaron, tampoco me apasionaron. Fue a través de otro medio, a través del cómic, que empecé a cogerle el gustillo a ese personaje de larga melena, músculos descomunales y modales toscos, aunque honesto como pocos, que lo solucionaba todo a golpe de mandoble.

Llevaba guardando cama unos diez días, debido a una afección que sobre todo me llevaría al más letal de los aburrimientos, cuando mi padre apareció por la puerta con un tebeo en la mano. Toma, para que no te aburras, dijo dejando sobre mi regazo el susodicho. Comics Forum, la mítica y ya extinta editorial, había sido la encargada de reunir en aquel volumen los diez primeros grapas del Conan que crearon Roy Thomas y Barry Windsor-Smith. Bah, Conan el bárbaro, ¿no podía haberme traído algo de superhéroes?, pensé, desagradecido de mí, mientras empezaba a leer las primeras páginas. Y entonces, viñeta a viñeta, página a página, irrevocablemente, fui quedando atrapado, como hacía tiempo que no me ocurría, en La Era Hiboria, el universo de ficción donde Conan llevaba a cabo sus hazañas.

Ha llovido mucho desde mi primer y fascinante encuentro con el Conan del noveno arte y muchos son los autores que han guiado el destino del cimmerio desde entonces. Ahora, ya sin los prejuicios que solo se curan con el paso del tiempo y la experimentación, me lanzo a relataros qué tal está lo último, lo más nuevo del bárbaro de ficción más célebre.

En Conan el asesino, el bárbaro, junto a su ejército de zuagires, masacró y robó todo lo que pudo consiguiéndose enemigos muy peligrosos por el camino. Entre ellos los turanios que ahora buscan venganza. El primer golpe de sus huestes ha sido eliminar a todo el ejército de zuagires que tenía a Conan como a su principal caudillo. Ahora la caza continúa por el desierto. Y como si de un perro sarnoso se tratara, Conan huye, malherido, para salvar su pellejo. Su huida lo llevará al campamento de los kozaks: saqueadores que no tienen buenas relaciones con los turanios. Y, como si las palabras del refrán que dice que los enemigos de mis enemigos son mis amigos se convirtieran en hechos, Conan es bien acogido entre los kozaks. O eso cree él, pues, mientras se las tiene que ver con brujas, piratas y seres del abismo, deberá hacer frente a una conjura que no solo pondrá en peligro su vida, sino también la propia existencia de todos los kozaks.

En Conan el asesino los encargados de llevar al lector por los parajes más exóticos, bellos, tenebrosos y horribles de La Era Hiboria son Cullen Bunn y Sergio Dávila. Bunn crea un arco argumental a lo largo de doce números en los que toma como referencia las aventuras narradas por Rober E. Howard en Conan el vagabundo. El tono es épico a la par que hace hincapié en el lado más brutal del protagonista sin dejar de lado el más clásico, ese que lo convirtió en un referente del género de espada y brujería. No son pocas las referencias más directas a la obra de Howard (Conan y la reina de la costa negra, por ejemplo) que harán las delicias de aquellos fans que se saben al dedillo la cronología del bárbaro. La adaptación del relato Conan y el diablo de hierro nos llevará a encontrarnos cara a cara con el cimmerio más sanguinario, despiadado y vengativo. Poco después, y antes de que alcancemos la catarsis final con una historia de antropófagos, descubriremos que Conan también posee sentimientos; a pesar de que en ocasiones los escude tras una pose de terquedad que lo ayuda a sobrevivir en un mundo donde no todo sale a pedir de boca y donde amigos y enemigos mueren por igual.

A los lápices encontramos al dibujante natural de Viladecans Sergio Dávila. Su amor por el personaje de Conan queda reflejado en multitud de viñetas, con un dibujo detallista y muy cercano al realismo. Venas, cicatrices, incluso arrugas, Dávila no teme incluir esto en los personajes para hacerlos más temibles. En el momento de las batallas, y haciendo honor al título del cómic, los decapitamientos y las mutilaciones dan un alegrón a todos aquellos que pensamos que una espada bien afilada debe hacer surgir sangre a borbotones cuando es utilizada. El color añadido por Michael Atiyeh, sin ser una maravilla y en ocasiones algo plano, es notable a la hora de dotar vida a seres míticos y de ultratumba, incluso en ese último número en el que el dibujante Dheeraj Verma muestra un estilo más desaliñado y burdo que Dávila.

Conan el asesino, publicado por Planeta Cómic, resulta una obra ideal tanto para las nuevas generaciones de lectores que quieran descubrir al bárbaro más famoso de la fantasía épica como para aquellos fieles al personaje.

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