El imperio del sueño, de Laura Tárraga

El imperio del sueñoCuando iba a la E.S.O. mi mejor amiga venía a recogerme a mi portal todos los días. Aunque hacía pocas horas que nos habíamos visto, nos abrazábamos como si hiciera años que no estábamos juntas. Y siempre, siempre, lo primero que me preguntaba era: ¿qué has soñado hoy? 

Una de las cualidades que me definen es que tengo muchísima imaginación, así que en mi cabeza siempre están bullendo historias fantasiosas. Y por las noches pasa lo mismo: mi cabeza no descansa ni un solo momento y el resultado es que siempre me levanto recordando algún sueño estrambótico y sin sentido. Todas las mañanas mi amiga estaba ansiosa porque le contara las aventuras que había vivido la noche anterior y no había día en el que no nos partiéramos de risa. Después ella intentaba interpretar lo que había soñado sacando sus dotes de adivina. Cuánto la echo de menos. 

Así que yo hubiera sido una grandísima protagonista de El imperio del sueño, ya que la historia se desarrolla en un mundo en el que los sueños están muy valorados porque casi nadie tiene ya esa capacidad. En este mundo, todas esas historias vividas durante la noche son una mercancía preciadísima, tanto, que se concentran en cápsulas para después venderlas al mejor postor. Y ahí es donde entra Leiza, una chica que tiene una gran capacidad para soñar y que aporta muchísima mercancía. Y también conoceremos a Shoana que es todo lo opuesto a la otra chica: es una ladrona que esconde más de lo que aparenta y que ya no tiene nada que perder. Estas dos protagonistas, tan opuestas entre sí, verán cómo sus caminos se cruzan irremediablemente, quedando el destino de la una en manos de la otra. 

Esta novela de Laura Tárraga nos invita a dejarnos llevar por una historia en la que la ciencia ficción es la que manda. Dejamos nuestro mundo, nuestra realidad, para adentrarnos en un paraje donde los humanos han perdido la capacidad de soñar. Esto supone que tenemos ante nosotros una trama muy original y entretenida que gustará tanto al público juvenil como al adulto. 

Si tuviera que comparar esta novela con alguna otra historia, diría que me ha recordado muchísimo a la película In time, donde la mercancía era el tiempo. Esa ambientación futurista en la que la humanidad ha perdido el sentido de la vida y donde lo más importante ha dejado de ser el dinero hace mucho tiempo, hizo que a mi mente vinieran las escenas de esa película en la que Justin Timberlake tenía que decidir si vendía su tiempo o tenía una vida miserable. 

Pero volviendo al libro, diré que es autoconclusivo y que está editado por Nocturna. Tengo que mencionar la excepcional labor que está llevando a cabo esta editorial ya que está apostando por muchos escritores jóvenes que tienen mucho que decir. Me gusta que den una oportunidad a estos chicos y chicas que tienen miles de historias en la cabeza que necesitan ser plasmadas en el papel y que, además, cuiden tantísimo las ediciones. La edición de El imperio del sueño, en concreto, es alucinante. Tiene una portada preciosa, han cuidado todos los detalles. ¡Hasta me enviaron dos postales en las que salían las protagonistas! En serio, muy buen trabajo. 

Y es que hoy en día ser escritor no es nada fácil. No sé si los jóvenes lo tienen más difícil que los adultos, la verdad, pero sea cual sea la edad del aprendiz de escritor, todo se vuelve muy complicado cuando uno quiere encontrar una editorial que le edite. Por eso me alegra mucho que existan editoriales como Nocturna, que aboguen por nuevas voces y no les dé miedo editar a jóvenes autores. 

Laura Tárraga, por su parte, se esmera muchísimo en darnos una historia muy completa y cerrada. Al ser un libro tan cortito y autoconclusivo, la autora tiene que preocuparse mucho por dejar todo bien atado. Se puede caer en la tentación de contar las cosas por encima, no ambientar bien la historia o incluso pasar cosas por alto que resultan imprescindibles. Pero Laura se toma el tiempo necesario para incluir y mimar todos estos detalles, dándole al lector una historia íntegra que le dejará muy satisfecho. 

Yo no concibo un mundo sin sueños. No entendería el despertarme y no quedarme cinco minutos pensando en el sueño que he tenido esa noche. Sí es cierto que muchas veces son pesadillas las que vienen a visitarme por las noches, pero todo en esta vida tiene un lado oscuro, ¿no? 

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