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El libro de las cosas perdidas, de John Connolly

El libro de las cosas perdidas

El libro de las cosas perdidasUna de mis películas favoritas cuando era pequeña era El guardián de las palabras. Trataba sobre un niño que descubría una biblioteca donde se sumergía en una aventura acompañado por unos libros que hablaban y que le llevaban por mundos increíbles repletos de magia. Esa película me gustaba tantísimo porque me demostraba, una vez más, que los libros podían ser unos buenos compañeros de viaje (los mejores) y que junto a ellos podría vivir mil aventuras si yo estaba dispuesta. 

Al leer la sinopsis de El libro de las cosas perdidas me vino a la mente aquella película de los noventa, ya que tenían una cosa en común: los libros iban a ser la salvación de sendos protagonistas. En esta obra de John Connolly encontramos a David, un niño que tiene que afrontar la muerte de su madre y el hecho de que su padre rehaga su vida con otra mujer. Cuando se tiene que mudar de casa para ir a vivir con su nueva madrastra, David cae en un estado de angustia y desasosiego que solo puede calmar leyendo. Pero en esa casa empiezan a ocurrir cosas: voces que hablan por las noches, susurros misteriosos… y todo ello lleva a David a traspasar la frontera entre su imaginación y la realidad, haciéndole vivir cientos de aventuras de las que nosotros seremos cómplices. 

Hay muchas cosas que debemos destacar de este libro. La primera sería la ambientación: se desarrolla en plena Segunda Guerra Mundial, por lo que nos encontramos en un ambiente oscuro y apático. Pero a pesar de que detrás de las paredes uno de los peores holocaustos se está llevando a cabo, los niños no dejan de ser niños. Necesitan jugar, divertirse, dejar volar la imaginación. Por eso David se convierte enseguida en un personaje entrañable y al que comprendemos de inmediato. Si estuviéramos en su situación, estoy segura de que todos nosotros acabaríamos también en ese desván rodeados de libros. 

También hay que destacar la narración: John Connolly se centra mucho en darnos un principio descriptivo. Se toma su tiempo en presentarnos la situación del pequeño David, pero esto es muy importante, a pesar de que los lectores inquietos e impacientes lo vean como un handicap, ya que es imprescindible para conocer y entender lo que queda de historia. Ese comienzo tiene también algo mágico, ya que es la antesala de lo que el lector se imagina que viene después. Y no está equivocado. Porque después la historia se torna mágica de verdad, llena de aventuras y de desventuras que el pequeño David correrá junto al lector. 

Y, esta es la última cosa que quiero destacar y que está muy relacionada con la anterior, me parece fascinante la habilidad del autor de darnos una historia cruda y real y mezclarla con el género fantástico y de aventuras, pero sin llegar a rozar el género juvenil que tan de moda está ahora mismo. La calidad literaria es exquisita, no hay una sola palabra puesta al azar. Está todo muy medido y estudiado y eso da como resultado una novela muy trabajada y perfecta donde todo tiene un sentido y una razón de ser. Incluso las historias de terror (que lo hay) y que están repletas de detalles sanguinolentos han sido puestas por algún motivo. 

Y, aunque pueda parecer que lo importante de esta historia son las aventuras de David y su pasión por los libros, lo verdaderamente esencial de El libro de las cosas perdidas es algo que va más allá: es la madurez de su protagonista y la forma en la que este afronta sus problemas. Por eso no es de extrañar que casi todos los personajes malvados que salen en esta obra sean femeninos, consecuencia indiscutible de su animadversión hacia su madrastra. Ese paso de la infancia a la madurez, esa etapa tan complicada para todos, es lo verdaderamente importante. Es ver cómo crece David, cómo afronta sus problemas, cómo decide coger a sus monstruos para mirarlos directamente a los ojos. 

Este libro ha sido toda una sorpresa, aunque como os imaginaréis, ya desde el primer momento supe que nos íbamos a llevar genial. En ciertos momentos me ha transmitido esa sensación que en su día hacía la película de la que hablaba al principio. Pero al final ha sido la forma tan especial de transformar la magia en realidad y viceversa lo que ha hecho que terminara recomendado hoy este libro.

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