Félix: Un hombre en la tierra

Reseña del libro “Félix: Un hombre en la tierra”, de Odile Rodríguez de la Fuente

felix un hombre en la tierra

La última vez que tuve en mente a Félix Rodríguez de la Fuente fue el pasado mes de septiembre. Una de sus tantas luchas alcanzaba un digno y justo final: el lobo ibérico abandonaba su estatus como especie cinegética y pasaba a estar protegido. El lobo ahora es patrimonio cultural. El lobo por fin puede respirar tranquilo. Me fue imposible leer esta noticia sin que la voz de Félix, como un eco capaz de viajar en las fluctuaciones del tiempo, resonara en mi mente. Aquella voz que más que explicar recitaba y que defendió a ultranza no solo al lobo, sino a cientos de especies, a la naturaleza en general e, incluso, al mismísimo humano, a ese humano que era gran parte del problema pero que Félix instó a buscar ese vínculo con la Tierra que residía en su interior.

Sin contar este preciso momento de escritura, esa fue la última vez que percibí a Félix. La primera fue a través de mis padres. Yo era poco más que un mocoso de rodillas peladas y pelo alborotado cuando me hablaron de un señor muy listo que sabía de todo sobre cualquier animal. Más tarde llegarían hasta mí las reposiciones de El hombre y la Tierra. El buitre leonado y las tribus de lugares recónditos de selvas exuberantes asaltaron la salita de mi casa así como mi imaginación. Félix me mostró como debía amarse a la naturaleza, y así es como la amo. Descubrí que jamás podría conocer en persona a Félix a esa edad en la que la muerte cobra significado. De hecho, su muerte había ocurrido antes de que yo naciera. A día de hoy todavía me sorprende la fuerza de su presencia, la capacidad casi mística de transcender la muerte y hacer que su activismo todavía remueva conciencias. El libro del que hoy os voy hablar, Félix: Un hombre en la tierra publicado por geoPlaneta, es un clarísimo ejemplo.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Si buscáis libros de Félix Rodríguez de la Fuente encontrareis unos cuantos, con alguna biografía y, por supuesto, con una enciclopedia sobre fauna en lo más alto de la lista. Pero su esencia, su voz y su pasión apenas se dilucidaban en esas publicaciones. En Félix: Un hombre en la tierra, es el propio divulgador el que nos habla, el que vuelve a relatar con prosa, casi de fábula y con mucho de poesía, lo noble que es el arte de la cetrería o lo que se siente al poner un pie en el Serengueti. La encargada de descubrirnos al Félix más auténtico es su propia hija. Odile Rodríguez de la Fuente, divulgadora de raza como su padre, bióloga, parte del elenco de National Geographic durante unos años y activista que se deja la piel para concienciar sobre los inminentes peligros del cambio climático. La verdad, no se me ocurre mejor persona para tan titánica tarea. Odile ha reunido en diez capítulos transcripciones de esos programas de radio o televisión en el que su padre fue colaborador o total protagonista. Todo ese gran puñado de cuentos, experiencias y filosofía que Félix compartía a través de las ondas, Odile las ha ordenado y englobado en materias. De esta manera, al otorgarles un hilo narrativo, es el propio Félix el que nos relata cómo fue su infancia en el pueblecito Poza de la Sal donde su contacto directo y diario con la naturaleza forjaría su carácter y su vocación. Precede cada capítulo una introducción escrita por la propia Odile en la que nos descubre algunos detalles de la personalidad de su padre, así como curiosidades sobre su paso por la radio y la televisión.

Félix: Un hombre en la tierra resulta un gran libro para revivir o descubrir algunas de las mejores historias de Félix Rodríguez de la Fuente narradas por él mismo. El tan mítico abejaruco y la forma en que las crías se reparten la comida que les trae la madre, el buitre leonado y su papel esencial en la cadena trófica y, por su supuesto, el ecologismo del que intentó concienciar a la población también forman parte de la obra. A medida que te adentras en el libro descubres que algunas de las materias expuestas han quedado desactualizadas, que no obsoletas, pero la mayoría siguen en boga cincuenta años después de haber sido pronunciadas. A pesar de que el libro también reúne algún que otro boceto dibujado por Félix, son los cuadernos de campo o el maravilloso arte creado por Christa Soriano, que acompaña a la narración, lo que hacen del libro un elemento esencial para cualquiera que creció con las enseñanzas de Félix o para aquel que ame a la naturaleza. Aunque, los que realmente deberían leer este libro son los que creen que el toreo es un arte, los cazadores que matan por puro deleite o esos ingenuos que piensan que el cambio climático es una patraña mientras los polos se derriten, las inundaciones nos ahogan, la temperatura global aumenta y las especies animales se ven abocadas a la extinción.

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