Ganarse la vida, de David Trueba

Poco tiene que ver con Trueba, ni con Anagrama, ni con el libro (bueno, con los libros sí; qué no lo tiene), pero quería contar que hace unos días tuve que entrevistar a una escritora. En cierto momento de la entrevista, ella empezó a preguntarme (en realidad, a preguntarse) qué era para mí (en realidad, para ella) ganarse la vida. Yo justo la noche anterior había empezado el libro del que hablaré aquí hoy y mi cabeza fue directamente a él. Ella me preguntaba qué era más importante hoy en día para un escritor: ganar un premio como el Cervantes o ver tu libro en un Carrefour. No sé qué contesté, es probable que nada, pero mi cabeza ya solo estaba en el libro de Trueba. Como lo está ahora. El libro en cuestión es Ganarse la vida, publicado por Anagrama dentro de sus nuevos cuadernos y escrito por el autor de la novela que ahora cumple 25 años: Abierto toda la noche.

Menciono el aniversario de Abierto toda la noche con motivo, ya que es (o eso parece) una de las razones por las que este libro ha sido escrito. Y publicado, claro. Pero añado el «eso parece» porque tampoco es que haga falta haber leído la novela, aunque también es cierto que leer cualquier novela de Trueba es una buena opción. No hace falta leerla porque aparecen pocas menciones a ella en un libro que ya de por sí tiene pocas páginas (por eso también está dentro de los nuevos cuadernos) y porque este libro es más una mirada al nacimiento y origen del autor de esa novela que al nacimiento y origen de la novela en sí. Aunque, un momento, ¿una cosa y otra se pueden separar?

En resumen, lo que tenemos en Ganarse la vida es un pequeño ensayo de David Trueba donde este repasa su infancia en el piso de Estrecho, con sus padres y sus siete hermanos (muerte, cine, unión y desunión), su crecimiento, su adolescencia, su obcecación, interés y pasión por el cine («Keaton es Kant», chapeau), por la literatura, por el arte.

Vemos aquí anécdotas propias, de hermanos, de amigos, de familiares. Vemos una parte de su pensamiento que, si ya de por sí de deja entrever en todas sus novelas (las he leído todas, sí), es aquí todavía más visible. Pero sobre todo vemos una reflexión a eso tan achacable por su padre y por el mundo en general: el respeto por ganarse la vida en (y con) algo decente. Y de ahí entroncamos con lo primero que decía, con preguntarnos qué es el éxito. ¿Publicar o simplemente escribir? ¿Estar contento con lo que uno hace aunque no haya reconocimiento? ¿Ser feliz porque sí? ¿A pesar de todo?

Por suerte hay libros donde buscar las respuestas, pero siempre he pensado que los mejores son los que plantean todavía más preguntas. Y este, aunque chiquitito, lo hace. Entonces, debería ser bueno. Y la verdad es que lo es. Trueba siempre lo es.

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