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Harry Potter y la Orden del Fénix

Harry Potter y la Orden del Fénix

Harry Potter y la Orden del Fénix, de J.K.Rowling.

Harry Potter y la Orden del FénixLa quinta parte de la saga de Harry Potter es, para mí, la menos buena de todas; y atención, porque decir “menos buena” no es lo mismo que decir “la más mala” sino resaltar que es un libro interesante, atractivo, divertido, pero que sin embargo no llega ni de cerca al nivel de los cuatro anteriores. No obstante, como para gustos no hay nada escrito, dejo aquí mi reseña para que la debatamos juntos.

Las primeras páginas del libro ya son toda una presentación interesante del cambio en la personalidad que la autora le da a Harry Potter, porque ¿Qué hace sino Harry provocando a su primo para que pelee con él? ¿Cómo puede ser que aquél niño de once años, tímido, tonto, inocente, ahora resulte ser malo, exprese odio, insulte y muestre sentimientos de agotamiento mental e incluso ganas de no seguir viviendo?

La respuesta es clara: ya no tiene once años, sino quince, aunque por las experiencias que vivió parece haber transitado toda una vida; sin lugar a dudas, Harry Potter ocupa un puesto alto entre los personajes literarios que fueron creados para pasarla mal; cuando yo tenía quince años recién empezaba a salir y mi madre aún me acomodaba el cuello del abrigo, mientras que nuestro querido mago ya enfrentó a la muerte en varias ocasiones, vio morir a gente cercana y tuvo que crecer a gran velocidad desde aquél lejano día en que lo invitaron a ser parte de la escuela Hogwarts. Tiene quince años y está cansado de que lo traten como lo que ya no es: un niño.

El final del libro anterior, Harry Potter y El Cáliz de Fuego, nos había dejado con la boca abierta y el corazón asustado, ya que el asesino Lord Voldemort, si bien no había logrado matar a Harry, sí había conseguido volver a tener un cuerpo propio y por ende el poder completo, como aquél que tenía en sus tiempos de máximo esplendor; Lord Voldemort, para angustia de todos los que estaban al tanto de la situación, había regresado, aunque el Ministerio de Magia, con personajes tan despreciables como Cornelius Fudge o Lucius Malfoy, no creía (o no quería creer) la realidad.

El quinto libro, entonces, se basa sobre todo en la lucha por la verdad. Y resulta interesante (y otro claro ejemplo más de la ideología de la autora) que quienes ante una crisis opten por negar todo sean los pertenecientes al mundo político, el Ministerio, los altos cargos, los que deben asumir responsabilidades y tomar decisiones, mientras que los que luchan por la verdad, los “rebeldes” ante la realidad injusta sean los personajes más terrenales de la serie, los que viven día a día la vida (Dumbledore, Harry Potter, los profesores de Hogwarts) que representan claramente al pueblo e incluso a la izquierda, si es que históricamente la derecha fue la encargada, como el Ministerio, de intentar tapar todo, retener estallidos sociales y preocuparse más por el qué dirán que por solucionar los inconvenientes.

Porque si algo deja claro J.K.Rowling es cómo un problema puede ser abordado desde dos posturas totalmente antagónicas y cómo los intereses personales muchas veces superan el bien común. El Ministerio de Magia, como dijimos, optar por negar la realidad, y por eso lleva a cabo una enorme campaña de desprestigio contra Harry Potter y sobre todo contra el Director de Hogwarts, Albus Dumbledore. Y todo utilizando el enorme poder del aparato del estado: cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

En el otro extremo, entonces, aparecen los defensores de la verdad (siempre tan de extremos la autora) que se reúnen en la llamada Orden del Fénix, cuya sede se encuentra en una desvencijada mansión propiedad de la madre de Sirius Black, donde descubriremos un árbol genealógico que revelará parentescos sorprendentes y que la autora aprovechará para criticar sutilmente a las monarquías y sus herencias de sangre y apellido.

Cuando Harry se quiere dar cuenta tiene que comenzar el quinto año de la escuela, cuestión que cada vez resulta ser más secundaria y ocupa menos páginas, ya que comparado con las situaciones peligrosas que debe vivir (el libro incluso comienza con Harry siendo sometido a un juicio) las materias escolares, pese a que estén en exámenes finales, carecen de atractivo y solo actúan como puntos de oxigenación entre escenas violentas y arriesgadas. Si a esto le sumamos que Dolores Umbridge prohíbe a Harry participar en el equipo de Quidditch, estamos sonados.

¿Dolores Umbridge? ¡Ah, claro, cómo no les hablé aun de ella!

Maldad. Esa es la palabra que define perfectamente a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, designada por el Ministerio; no obstante, al poco tiempo sabremos que su función, en realidad, será un poco más general, ya que, siendo de los malos y teniendo al poder de su lado, cada día ocupará más y más cargos al punto de convertirse en la Gran Inquisidora de Hogwarts. Aunque extrema en su caracterización (e incluso exagerada y grotesca) el personaje de Umbridge es digno de destacar, ya que representa de forma clara el ideal de educación que desean las grandes dictaduras: estricta, básica, ideal para cerrar las mentes y no despertar curiosidad o espíritu de rebelión y sobre todo, aburrida.

¿Algo más debe soportar Harry Potter? Por supuesto. Nuestro querido mago, como si fuera poco con lo que tiene, comienza a sentir extrañas vibraciones mentales, conexiones cerebrales, una cierta unión con Voldemort, ya sea a través del dolor de su cicatriz como, y sobre todo, a través de los sueños, recurso excesivamente utilizado en esta edición.

Pero a ver… Entonces Voldemort, como se preveía al final del libro anterior, teniendo ya todo su poder, ¿Ataca, no?

No, y ahí radica la parte negativa general del libro ¿Otro libro más con Voldemort entre las sombras? ¿Era necesario? ¿Por qué inventar toda una teoría acerca de una profecía del destino que es necesaria leer antes de atacar? ¿Por qué proponer decenas de nuevas aventuras que hacen que al final del quinto libro nos encontremos casi igual que al terminar el cuarto?

Es verdad, Harry Potter y la Orden del Fénix aclara muchas cuestiones que fueron quedando abiertas hasta el momento, pero son en su mayoría trivialidades que los lectores ya había dilucidado sin necesitar ayuda. La impresión que da el libro, aunque suene cruel, es que podría no leerse y pasar del cuarto al sexto y no perder el hilo. Lo peor, además, es que es el libro más extenso de todos, con casi novecientas páginas, de las cuales al menos la mitad parece sobrar. Da la impresión de que este libro se disfrutaría más si fuera el primero, donde teníamos ganas de encontrarnos con decenas de aventuras secundarias. Ahora, no obstante, urgía la presentación de Voldemort y una guerra declarada, pero sin embargo se hace esperar.

Harry Potter y la Orden del Fénix, también, posee momentos interesantes, como la creación clandestina, por parte de varios alumnos, del ED (Ejército de Dumbledore), las locuras hilarantes de los hermanos Weasley, el crecimiento de la personalidad de Neville (que cada día es menos tonto) y las idas y vueltas amorosas de un Harry Potter que es genial enfrentando a la muerte, pero que sin embargo en cuestiones del corazón nos demuestra que es un simple mortal, un adolescente que adolece, un niño de quince años.

Los últimos dos libros de la saga me esperan, la Segunda Guerra Mágica está a punto de comenzar, y mirando hacia atrás y pensando en el fantástico mundo que me regaló J.K.Rowling, tengo que decirlo, ya empiezo a lamentar que el final se acerque.

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