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Autores Fernando Llor Román López-Cabrera

La confesión, de Fernando Llor y Román López Cabrera

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¡Colegialas cachondas! Estooooo… sí. Buena forma de atraer tráfico a la web y de empezar una reseña, ¿eh? Bueno, aunque en principio la portada no sugiere cachondismo así de primeras, la anotación abajo a la izquierda (“Para lectores adultos”) junto al dibujo de tres susodichas automáticamente nos lleva a pensarlo. Es un tópico e incluso un subgénero dentro del mundillo del porno pero, a pesar de que de buenas a primeras veamos a tres adolescentes con el correspondiente uniforme y la faldita de cuadros, pues… sí, ¡qué coño!… algo de erotismo y pornografía hay en este cómic, y además, vista la sinopsis eso fue lo que me llevó a querer leerlo.

Pero realmente esto no va de porno. Es algo “accesorio”, es más un medio para llegar a un fin. Un camino hacia un destino, una mera introducción. Bárbara es una adolescente a la que le va lo de ser webcamer. Se exhibe en el ordenador ante quien quiera verla y se gana un dinerillo. Aunque ella no lo hace por la pasta. Lo hace porque le encanta, no puede evitar que le excite que la miren, que se toquen viéndola y adora volver locos a los hombres desde la seguridad que le da saber que es ella la que tiene el control, la que no tolerará que la falten al respeto, la que puede expulsar de la sala a quién incumpla sus normas… Pero necesita quitarse un peso de encima, expiar una culpa, poder contar a alguien ese secreto y decide que lo mejor es hacerlo en un cuaderno sin desvelar su identidad. Un cuaderno que va a dejar en la biblioteca del insti para que todo aquel que lo desee, pueda escribir sus secretos de forma anónima, empezando por ella, claro.

Y todo va normal, gente que confiesas sus cosas, gente que cataloga a Bárbara de puta para arriba, gente que se sincera y dice haber matado a alguien…

A partir de aquí la cosa toma otros derroteros. ¿De verdad alguien ha hecho lo que decía Gila y ha matado a alguien o es solo una coña que algún gilipollas ha escrito en la libreta? Bárbara y sus dos amigas comenzarán a investigar después de que en el cuaderno comiencen a sucederse anotaciones del anónimo asesino.

La confesión es un cómic de 104 páginas en blanco y negro que va alternando acertadamente el estilo de dibujo entre el cartoon y el “normal” según lo vaya pidiendo la trama.

El ritmo es ideal, ni desenfrenado ni aburretortugas, y no dejas de interesarte por la trama, quieres saber cuál será la siguiente sorpresa, y es que esa es otra: hay unos cuantos giros de guion que te dejan todo pillado y con el culo torcido (aunque lamentablemente el último es tal vez algo decepcionante), pero sigues queriendo avanzar porque los diálogos y los personajes están muy bien montados y resultan creíbles dadas las circunstancias.

Las comidas de tarro de Bárbara, las escenas ante la webcam… te hacen ponerte muy bien en la piel de la protagonista y entender su deseo de excitar hasta los extremos a los que se atreve, pero también comprender el miedo a ser descubierta.

En general un cómic muy disfrutable, que empieza de una forma y va creciendo como una bola de nieve hasta acabar de otra forma bien distinta; un cómic que aglutina varios géneros (trama de instituto, thriller, negro, y otros que no puedo decir por no chafar la sorpresa…), que se sale de la norma de las publicaciones actuales, con una trama que engancha, bien desarrollado y que viene a criticar, en mi opinión, la dualidad que todos tenemos según nos comportemos de forma anónima o pública.

Echadle un vistazo, voyeristas, si queréis algo distinto de verdad, que rompa esquemas, que os sorprenda y que merece muy mucho la pena.

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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