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La sociedad de los dragones de té, de Katie O’Neill

La sociedad de los dragones de té

La sociedad de los dragones de téHubo un tiempo en España en que pedías un té y el camarero, rezongando, calentaba agua con la máquina del café, metía dentro la bolsita de la sempiterna marca y una rodaja de limón, y te servía todo ello en un vaso de leche y tapado con un platito. Afortunadamente, los tiempos han cambiado, se ha desterrado el limón y el platito, y ya no es tan difícil encontrar un sitio donde puedas preguntar qué tipos de tés tienen sin que el camarero se te quede mirando estupefacto. Cuentan algunos que incluso existen lugares donde uno puede entregarse a la experiencia de saborear un té elaborado con hojas de dragón de té. Y cuentan que la experiencia va más allá del mero saboreo.

Los dragones de té son unos animalillos pequeños y mimosos en cuya cornamenta crecen esas hojas de té tan apreciadas y difíciles de encontrar. Al igual que servidor y ustedes mismos, Greta, la protagonista de La Sociedad de los Dragones de Té, nunca había oído hablar de ellos, hasta que un buen día rescata a uno de las fauces de unos perrazos negros de diabólicos ojos. Lo lleva a casa, donde vive con su padre y su madre, una señora con sangre de trasgo e impresionante musculatura. Su padre le dice que el dragón pertenece al señor Hesekiel, un señor con aspecto de llama y sibarita del té que vive a las afueras del pueblo.

Quizá esperáis que diga que a partir de ese momento, Greta va a vivir increíbles aventuras, pero lo cierto es que no. A la primavera que abre el libro le sigue un plácido verano, y a este, un manso otoño… Todo transcurre de una manera sosegada en este precioso libro, y la única tragedia, que marca la vida de Hesekiel y Erik, está en el recuerdo. Ese es, aparte de su sabor, el gran poder del té de hojas de dragón. Como dice Hesekiel, “si despejas tu mente y te concentras, experimentarás algunos de los recuerdos que los dragones han compartido con nosotros”.

La Sociedad de los Dragones de , obra galardonada con el premio más prestigioso de la industria del cómic en las categorías de webcomic y de cómic infantil, es algo más que un libro para niños. Es posible que el lector adulto se adentre en ella con algo de recelo y suspicacia, pensando que le espera una historia ñoña y dulzona. Bien pronto, sin embargo, el ritmo pausado, la belleza de las ilustraciones, los toques enigmáticos que la autora, Katie O’Neill, deja caer aquí y allá, y la naturalidad con la que se presentan a los niños las diferentes relaciones entre personas, acaban por atraparnos, eso sí, de una manera, como todo en este libro, tímida y suave. El carácter cíclico de la historia, combinado con la ausencia de clímax o de grandes acontecimientos, hace que sea posible abrir el libro por cualquier página para disfrutar de esta hermosa historia. Un canto a la tradición y la memoria, y, sobre todo, a los valores que hacen que la vida valga la pena: la familia, la amistad y la aceptación de las estaciones del año tal y como nos vienen dadas.

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