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Las constelaciones oscuras, de Pola Oloixarac

Vivimos eLas constelaciones oscurasn una época tan poseída por los demonios que sólo podemos practicar la bondad y la justicia en la más profunda clandestinidad, dice uno de los personajes de Las constelaciones oscuras (Literatura Random House) cerca del final de la novela. Cuando llega ese momento, hasta un firme defensor de la bondad humana como yo asiente, convencido por las casi doscientas páginas anteriores de que aquello no puede ser de otra manera. Tal es el poder envolvente de esta obra de Pola Oloixarac, uno de los más originales de la narrativa del último año, pero también uno de los más difíciles de clasificar.

Las constelaciones oscuras se construye en torno a Cassio, un argentino-brasileño nacido en 1983 que demuestra desde una edad temprana unas dotes extraordinarias y mucho interés por la computación. De carácter un tanto antisocial, se concentra en las máquinas y termina siendo un hacker de alto nivel, cuya maestría le lleva eventualmente a formar parte de un proyecto (gubernamental pero clandestino) que busca dar un paso radical en el control de la conducta de los individuos. Ese es uno de los fuertes de Las constelaciones oscuras: durante toda la novela se nosplantea si más allá de sondear patrones de comportamiento y obtener datos de consumo (¿les suenan las cookies?), se podría llegar a tener la información suficiente como para, directamente, controlar a los individuos. En el completo mundo creado por Pola Oloixarac, el proyecto entronca con la biología y la botánica, y de ellas emergen las dos ramificaciones de la historia principal, que nos llevan a 1882 y a 2024 nada menos.

La autora sitúa la trama principal en un entorno temporal ligeramente posterior al nuestro, y traza con todo detalle (histórico, político y económico) una historia posible de la ciencia sudamericana, en un registro que entremezcla lo que fue y lo que es con lo que pudo ser o haber sido. Me ha recordado en ese sentido a El hombre en el castillo de P.K. Dick (será también por los nazis que hay de fondo). Precisamente a la hora de buscar referencias, podemos decir que esta novela se acerca de manera muy natural al ciberpunk de William Gibson (al que cita explícitamente), y se pueden rastrear en ella al Coupland de J-Pod y al Werber de Las hormigas. Del primero parece tomar prestada la descripción del ambiente de trabajo nerdy que despliega en la parte central de la obra: un submundo con presencia masiva de hombres en el que paradójicamente, la masculinidad brilla por su ausencia (los grupos de testosterona concentrada terminaban disolviendo los rasgos exteriores de hombría, dice un personaje). Y del segundo, la inclinación por la biología y la botánica como motores de la vida y como poseedores últimos del destino del ser humano. Para alguien que ha leído a los tres y se ha deleitado con ellos, Las constelaciones oscuras es reiterativo pero disfrutable.

Aparte del acceso a la información personal de los individuos y del manejo de esos datos, Pola se extiende también en interesantes reflexiones sobre el papel del Estado en el desarrollo tecnológico y en la necesidad (o no) de control sobre los avances en el conocimiento. Todo ello engarzado mediante una prosa prolija, llena de americanismos que en general enriquecen el relato, más que hacerlo extraño a los ojos de un lector que no esté familiarizado. Por último, demuestra un dominio completo de los términos científicos, tecnológicos y biológicos, y es una delicia ver cómo todo ese lenguaje empapa la novela de principio a fin, hasta dar la sensación de que ninguna línea, casi se diría ninguna palabra, está escogida al azar. En lo que sería un efecto negativo de este despliegue, Las constelaciones oscuras me ha resultado a ratos un libro denso, en el que es difícil ver el bosque detrás de los árboles.

Como punto final no me resisto a comentar la cuarta de cubierta de la edición española, en la que Pola Oloixarac es definida por su editorial como la autora más singular y talentosa de la narrativa argentina. No se puede negar su singularidad, y el libro que nos traemos entre manos los demuestra. ¿La más talentosa? Depende de gustos, como casi todo. Los que busquen una narrativa de vanguardia, llena de referencias tecnológicas y con un toque de ciencia ficción, estarán encantados con ella. Para el inmenso resto siempre quedarán, entre las que conozco, , a las que no situaría por debajo de Pola Oloixarac. Una autora a seguir en todo caso, tanto si es la mejor como si, al menos, es la más decidida a transitar caminos bastante poco trillados.

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