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Los combatientes, de Cristina Morales

Los combatientesPara empezar, quiero advertirle de algo: llevo ya varios días (¿o son meses?) confinado en casa. No salgo para nada; supongo (espero) que igual que usted. Me paso las horas conectado, o chillándole a mis hijos sin descanso (y sin necesidad ninguna), y solo como papel higiénico. Por lo tanto, le pido a usted que me entienda, que me perdone si desbarro más de lo normal al hablarle de esta novela, de un libro tan breve e incendiario que bien podría utilizarse, (una vez leído, por supuesto, y según la coherencia con la que cada uno viva), para lanzárselo a la cara a algún elegante facineroso o tirarlo directamente a la basura.

Bien. Varias cosas que decir y todas muy claras sobre Los combatientes. La one. Pues que está confirmadísimo: hay que escribir con el cuchillo entre los dientes o, lo que viene a ser lo mismo, bien clavadito en las tripas de uno. Si no se escribe así, es mejor cortarse las manos (o el cuello, si es preciso) antes de provocar que nos muramos todos de asco.

Segunda cosa a tener en cuenta: si alguien de treinta o de menos de treinta deja escapar esta bomba de Cristina Morales (la primera que decidió fabricar y que fue Premio Injuve 2012), entonces es gilipollas. Que quede bien claro, ¿eh?, por si ocurre lo de siempre, que alguien se cree muy guay solo porque come hamburguesas veganas, porque estuvo acampado en el 15M o porque ahora vota a PACMA o mierdas de esas super cool.  Luego estamos nosotros, las y los de más de treinta, que no es que seamos gilipollas sólo por permitirnos dejar escapar un libro así, sino que también lo somos por no habernos muerto a los veintipocos, tersos, duras todavía, lúcidas y divinos todos, con el órgano reproductor en carne viva, la mente como ollas a presión y la coherencia de la que le hablaba a usted antes, aún intacta. Pero eso, ya no tiene remedio. (¿O quizá sí?).

El argumento que le sirve a la autora de vehículo para lanzarnos la juventud a la cara nos muestra a una serie de jóvenes que son miembros de un grupo de teatro de la Universidad de Granada, y del que ella misma -o una narradora ficticia que se inventa y que también se llama Cristina Morales-también forma parte.

Los miembros del UGR ponen sobre el escenario, (siguiendo los apuntes que desde abajo les marca la irreverente escritura de Cristina Morales) todos los temas que aún están sin resolver cuando de los jóvenes se trata: la precariedad laboral y social, la violencia machista, el autoritarismo, la diatriba de apropiarse de la política y de la economía y de cómo hacerlo y para qué, la incoherencia de la izquierda tradicional y de la no tan tradicional,…pero también se vislumbran, relucientes, aquellos temas que nos hace añorarla cuando ya no la tenemos: la honestidad del que no tiene nada que perder y mucho que ganar, el inconformismo y la rebeldía innata, la irreverente actitud ante el poder y ante la incoherencia (otra vez) de los discursos y las actitudes de los que dicen entenderles, el placer por el conocimiento y el saber, así como el compromiso y la esperanza de cambio o el apetito y la potencia sexual (y con esto último no quiero mirar a nadie).

Por supuesto, Los combatientes de Cristina Morales no llevan casco. Ellos saben, además, que no sirven para nada. Tampoco usan fusil, porque no les va a hacer falta. Porque no se trata de matar, sino de golpear (o de saltar a la comba). Los combatientes de Cristina Morales cuentan con otras armas. La provocación, el escándalo. Y la catarsis del teatro. El cambio y la nueva realidad que se representa. La juventud actuando(se), y otra vez la catarsis. Con estas armas nos interpelan desde las tablas y desde la primera escena (¡y qué primera escena!), porque este es un libro que le grita enfurecido al lector, al público, que le coge de la pechera como hizo Faulkner conmigo y le abofetea, pero que también le provoca y se ríe de él. Cristina Morales, provocativa como nadie, nos cuela un Discurso a la juventud española de Ramiro Ledezma Ramos, fundador de las JONS e ideólogo de Falange Española, y nos pone, de esta forma, un ejemplo vergonzante de la incoherencia y la inconsistencia ética que desprende la actitud de muchos de los que se autodefinen como comprometidos con la juventud de este país, esos que suelen  llevar la hoz o el martillo guardados en la caja de herramientas del coche nuevo americano, al lado de la bolsa de Massimo Dutti. En Los combatientes se nos deja claro que las problemáticas y las reivindicaciones de los jóvenes son históricas y universales, claro que sí, pero no son propiedad de nadie, pues ya vemos que muchas de las cosas que se cantaban el 15M salieron antes de la boca de un fascista como Ledezma Ramos. Pero ¿quién es aquí el incoherente?

En Los combatientes, y a pesar de que fue su primera novela, ya está muy presente la característica principal que define, a mi parecer, la particular forma de escribir de Cristina Morales (más allá de su estilo fresco, provocador y controvertido), y es la originalidad de sus estructuras narrativas. Si bien en Lectura Fácil se sirve de la introducción de un fanzine que ocupa más de cien páginas, en Los Combatientes nos narra la historia como una obra de teatro y todo ello, se entremezcla con elementos intertextuales en inglés o francés (que he descubierto ahora que son trozos de canciones de Franz Ferdinand). Además de enmascarar las soflamas de un fascista entre los discursos teatrales de sus jóvenes personajes, a la novela le caben magistralmente algunos relatos breves, críticas indirectas al mundillo literario o a las feministas de pose o de clase, así como menciones a otros personajes de la vida cultural de ahora y de siempre y todo ello, y para rematar, nos lo mete la Morales en formato de columna periodística (aunque otras muchas veces no), y por eso no te queda más que reconocer que Cristina Morales controla como nadie el lenguaje y los usos que de él se pueden hacer, y que ésta, (¡por fin!), no es como las demás.

En definitiva, un meneo interesante de una escritora joven con mucho talento y más mala leche a la insulsa literatura española de hace unos años que hoy se sigue confirmando. Yo solo espero que no sea usted de esas o esos gilipollas que se van a perder este pedazo de libro en estos días de encierro a menos que decida, entonces sí le entendería, que va a poner su órgano reproductor a funcionar a toda máquina hasta que el coronavirus venga a llamar a su puerta.

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