Los senderos del mar. Un viaje a pie, de María Belmonte

 

Los senderos del marCerrar un libro que a uno le ha gustado es un gesto que suele estar asociado a ciertas emociones, tantas como libros y lectores, y este Los senderos del mar no es diferente pero hay una que no es frecuente y que yo he sentido con no poca intensidad: la envidia. Sana, naturalmente. Aunque gracias al texto uno acompaña a la autora en su caminar por la costa y a que leer es la verdadera realidad aumentada, pese a que María Belmonte presta a todos los lectores sus ojos descubridores dignos de todo elogio, a uno realmente le encantaría estar en sus zapatos y caminar su ruta, disfrutar de sus paisajes y vivir sus mismas experiencias. El libro consigue lo más difícil, que es vivir la experiencia en la piel de la autora, pero la consecuencia lógica es la necesidad de vivirla en la propia.

Diría que es rigurosamente cierto que uno no conoce un lugar hasta que lo recorre caminando, que el esfuerzo y el disfrute guardan una relación directa y que en este mundo de velocidad hay en recorrer un sendero a pie, parándose a mirar cuando mirar es necesario, hay una suerte de conexión con una parte si no perdida si al menos olvidada para la mayoría de nosotros y nuestras vertiginosas existencias. Los senderos del mar no es sólo la descripción de una ruta por la costa del País Vasco, María Belmonte no se limita a contarnos lo que lee sino que completa la experiencia con lo que piensa y suma a sus reflexiones sus conocimientos y sus investigaciones de forma que acompañan al paisaje la biología, la geología, la filosofía y en fin, todo aquello que nace en la fértil mente de la autora gracias a la inspiración que el mar y los senderos le proporcionan.

Todas esas cosas no las tendría uno recorriendo esos senderos con su propio pie, por tanto el camino leído es más rico que el caminado y sin embargo uno tiene la sensación de que ese que marcan los pasos y no las páginas es insustituible. Pero si lo que hace grande el camino es la conexión con la naturaleza, lo que hace lo propio con el libro es la inquietud de una autora que todo lo mira con ojos nuevos y con ganas de saber. Alguien a quien no le basta descubrir o disfrutar, sino que necesita conocer y que afortunadamente tiene la generosidad de compartir con los demás su experiencia. Tengo la sensación de que si ver lo que ella ve a través de las páginas de Los senderos del mar es un privilegio, sería uno mayor poder disponer de unos ojos (y de unos pies) como los suyos y poder mirar nuestro propio mundo con ellos. Sospecho que lo veríamos diferente, más rico y diverso y sobre todo más interesante.

 

Andrés Barrero
@abarreror
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