LUX

Reseña del libro “LUX”, de Mario Cuenca Sandoval

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Resulta curioso pensar que hace apenas cuatro o cinco años hubiéramos recibido LUX como una absoluta distopía (o una ucronía más bien), una obra a rebufo de El cuento de la criada o La policía de la memoria que nos hubiera sonado a hipérbole, a advertencia severa, sí, sobre el peligro de los populismos y de la extrema derecha pero que hubiéramos tomado como algo puramente ficcional, un constructo imaginario de cabo a rabo. Sin embargo, el curso de los acontecimientos en tiempos recientes, incluida una pandemia que también tiene su sitio en la novela, la ha terminado situando en un extraño punto medio, como un ejercicio de realidad paralela que no se convierte en una crónica del presente pero no deja de tener tantos elementos ciertos que convierte su lectura en un acto muy desasosegante.
La novela se articula como una larga carta que dirige un narrador casi innombrado a la madre de David, un joven homosexual al que suponemos víctima de los partidarios de LUX, el partido de ultraderecha que ha tomado el poder en España. Digo narrador casi innombrado porque en algún momento sí se cita a sí mismo como Marcelo, para a continuación añadir que no es así como se llama en realidad. La carta funciona como apología (en el sentido de disculpa, explicación) por aquello que le ha ocurrido a David, y mientras aguardamos a que se nos revele el destino del chico se nos va contando la progresiva implicación de Marcelo con el partido, en principio accidental, el ascenso de este al gobierno de la nación y la puesta en marcha de su programa liberal en lo económico, ultraconservador en lo moral y nacionalista hasta el extremo.
Siempre merece la pena leer a Mario Cuenca Sandoval pero con LUX no sirven de gran cosa las referencias pasadas porque se adentra en un registro que no conocíamos en él. Sus novelas anteriores discurrían siempre a través de una tercera persona lejana, ya fuera el soldado de la guerra de Corea (El ladrón de morfina) o el virtuoso de la música de hace varias décadas (El don de la fiebre), por citar dos ejemplos. Pero en esta ocasión Mario/Marcelo escribe en primera persona y podría decirse que como una especie de conciencia común, de “nosotros”. Porque es nuestra sociedad, la española, la que aparece reflejada. Es España el país en el que LUX sube al poder, son nuestras estructuras, nuestros complejos y debilidades las que explota este partido fantasma, y de esta manera el texto se convierte en un espejo deformante (cuál no lo es) que nos devuelve una imagen de nosotros mismos que quizá no queremos ver pero que no podemos negar que está ahí.
Lo que sí mantiene Cuenca Sandoval es ese registro documental y riguroso que le ha caracterizado en otras ocasiones. Hay mucho de sociología, filosofía y política, un análisis completo de la situación actual. Esto, unido al lenguaje engolado y pretendidamente clasicista del narrador, resta agilidad al conjunto y lo dota de un cierto aire de ensayo que, eso sí, hará las delicias de aquellos que gusten del debate de cierto nivel. En Marcelo encontrarán en un contrincante de otra época, inteligente, siempre un paso por delante de los energúmenos que lo rodean en la comprensión del fenómeno pero al mismo tiempo incapaz de resistirse a él.
Precisamente de esa paradoja, de esa caída progresiva, al principio con la impresión de ir corriendo ladera abajo, al final dando vueltas de campana, se extrae el interés último de este libro, una obra incómoda en todo momento, que raya en lo erudito y requiere de concentración y perseverancia. Quizá cargada en exceso, y sobre todo nada apta para quienes busquen una lectura ligera y complaciente sobre el apocalipsis fascista que les dé una palmadita en la espalda de sus convicciones políticas antes de escribir el último tuit de la noche.

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