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Marvel Integral: Ojo de Halcón, de Matt Fraction y David Aja

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marvel integral ojo de halcón“Vale…”

“…esto pinta mal.”

Pinta mal porque las primeras páginas de este Marvel Integral: Ojo de Halcón son más de lo mismo: pijameo, posturas imposibles cuando llega la hora de las tortas y un dibujo, de esos bonitos pero que dejan indiferente, muy acorde con el cómic mainstream de superhéroes. Esas primeras páginas pertenecen a un número de Young Avengers que tiene una razón de ser ya que une a los dos Ojo de Halcón: la joven e impetuosa Kate Bishop y el talludito, experto, aunque algo agotado Clint Barton. La alumna y el maestro. Un número que es lo único que aporta y que suprimiéndolo de este integral, todo el conjunto, toda esta obra cargada de aventuras, drama, emoción, esas historias de supervivencia o esas que hablan de lo duro que es a veces enfrentarse a lo cotidiano (en ocasiones más jodido que hacerlo a un tío con un guantelete) hubiera resistido igualmente.

¡Splash page! Clint Burton alias Ojo de Halcón atravesando una ventana (¡Crash!), lluvia de cristales, cayendo de espaldas desde varios pisos de altura, lanzando una flecha con una cuerda atada al final para salvarse de ese vertiginoso descenso que inexorablemente lo lleva contra el asfalto por el cual circula el ruidoso tráfico de Brooklyn. Aquí empieza lo bueno. Aquí muere Ojo de Halcón. Tranquilos, que nadie se alarme, hablo de forma metafórica. Es en esta sola página, y con una única frase, donde Matt Fraction y David Aja dejan claro el tono de la historia, tanto a nivel narrativo como visual, para decidir mostrarnos a Clint Burton, al hombre, la verdadera esencia que se esconde tras el traje que viste cuando trabaja junto a dioses con martillo, tipos que escalan paredes o súper soldados incansables.

¿Por dónde empezar cuando acabas de terminar de leer una obra que te ha dejado el corazón bombeando a mil por hora? ¿Por dónde empezar cuando quieres hacer justicia a un grandísimo trabajo? Lo primero es no dejar que todos esos sentimientos se apacigüen y acabes escribiendo una reseña en la que mande más la cabeza que las mismísimas entrañas. Lo segundo es hacer lo que Fraction como guionista y Aja como dibujante (¡una pareja artística que son pura sinergia!): empezar por el principio y luego dar un salto, jugar con el dramatismo de una forma no lineal, poniendo a prueba la inteligencia del lector (¡que le den al lector medio de cómics!) y valorando la perspicacia de este hasta en los detalles más nimios (incluso aquellos que se esconden tras un autodefinido).

Lo mío es la pizza, título del capítulo que, aproximadamente, ocupa el ecuador del cómic. Empecemos por ahí. El centro. La radiante estrella de este sistema solar comiquero. Capítulo alrededor del cual orbitan casi todos los demás. Imaginad una chincheta, brillante, enganchada a un gran recuadro de corcho y unas cuerdecillas lilas saliendo de ella, enlazando con otras chinchetas, cada una de ellas un capítulo, una historia, una vida… En Lo mío es la pizza el protagonista es un perro. Su nombre: Fortu. Perro que anteriormente ya nos habrá hecho erizar la piel, producir taquicardia e incluso llorar a moco tendido. “¿Qué clase de hombre arroja a un perro al tráfico?” ¡Y todo por una sola moneda de cinco centavos! David Aja, con un trazo grueso a la par que elegante, capaz de mostrar todo el espectro emocional de una persona (enfado, desprecio, alegría, sorpresa, frustración, tristeza, incomodidad, nostalgia, compasión, excitación sexual, etcétera, etcétera, etcétera…) tan solo con lo que parecen unos pocos trazos, en este capítulo se atreve, y sale vencedor, al mostrarnos como razona un perro, a través de sus sentidos, con viñetas que en ocasiones parecen las infografías que reparten en los aviones para tener claro cómo proceder ante cualquier eventualidad. Un recurso que más adelante no dudará en volver a utilizar, esta vez con el lenguaje de signos, para poner a prueba nuestra empatía. Empatizarás. Te afectará. Y Aja volverá a salir victorioso.

Pero Ojo de Halcón no va de vencedores, sino de vencidos que se niegan a tirar la toalla. De gente normal, como tú, como yo, como tus vecinos o el señor ese que siempre te encuentras en el supermercado y te saluda. De vencidos que no se rinden, que se enfrentan a ese día a día, a la tristeza, al dolor, a una muerte repentina… Como Clint Burton, siempre repleto de heridas físicas (tiritas y vendajes por todo su cuerpo) y psicológicas (cicatrices que nunca se ven, pero que duelen horriblemente) pero que decide luchar contra lo que le aflige empezando por la especulación inmobiliaria para acabar enfrentándose a la mafia que quiere desahuciar a todos los habitantes del bloque donde reside.

Domingo, 16 de diciembre. ¡Splash page! Brooklyn. Caen copos de nieve. Sopla una brisa suave (Ssssh…). Matones amenazando desde una furgoneta en marcha. Clint Burton, arco en mano, como un cowboy, cara de póker a lo Clint Eastwood en Gran Torino. Pero solo sigue siendo una persona normal. Un tipo tan normal que necesita a Tony Stark para que le eche una mano a la hora de montar la tele por cable para poder seguir su serie favorita, es tan normal que le gusta etiquetar sus flechas especiales con cinta aislante y es tan normal que en ocasiones se le caen los pantalones del chándal porque la cuerdecilla no acaba de atar en condiciones. Y como cada persona normal tiene una historia. Una trayectoria. Relaciones. En ocasiones tormentosas: como las que mantiene con las mujeres que pasan por su vida. Y un pasado. Una tragedia que acabará alcanzándole en forma de familiar inesperado. Matt Fraction nos cuenta todo esto a lo literatura pulp, mezclando géneros. El drama se torna aventuras en las que se reparten patadas de kung-fu a diestro y siniestro. Una fascinante persecución de coches, que deja sin aliento, con un estilo que recuerda a la película de The Italian Job (la de finales de los 60) puede tener momentos de humor donde parece que te hayas metido un buen chute de óxido nitroso. Del género detectivesco se ocupa Kate Bishop, dejando claro que investigar no es tan fácil como parece en las películas, pero mostrando que tiene tablas para suceder a su maestro. Clint y Kate. Choque de generaciones. Veterano inmaduro contra jovencita aparentemente sensata. Teléfono de baquelita contra teléfono móvil. Ideas tradicionales, aunque osadas, contra ocurrencias originales. El hastío del que ha sobrevivido a demasiadas mierdas contra la emoción de la que empieza a enfrentarse a muchas. Disparidades que irónicamente los hacen más compatibles. “Bueno, miradla. Es perfecta.” La pareja perfecta para que el cómic finalice, a lo western urbano, pasando del ruido más ensordecedor al silencio más elocuente.

Fraction y Aja. Pareja perfecta también. Pero resultaría injusto que todas las alabanzas se las llevaran solo los cabeza de serie de un equipo de artistas. Y es que Matt Hollingsworth colorea con un estilo minimalista que demuestra que en muchas ocasiones menos es más. Jordie Bellaire hace lo propio, a su estilo (ese estilo excelente que ya demostró en La Visión), coloreando una historia que parece un crossover entre el especial de televisión La Navidad de Charlie Brown y un tebeo de superhéroes perrunos. Javier Pulido (fan, muy fan, de cómo representa la conciencia de Kate Bishop), Annie Wu y demás artistas son coherentes con el dibujo de Aja pero sin dejar de lado su particular y fantástico estilo. “Oooh. ¡Formamos un gran equipo!”

Marvel Integral: Ojo de Halcón publicado por Panini Cómics es un cómic que lanza una idea arriesgada, que por el camino se torna ingeniosa, que a medida que avanza y toma velocidad se consolida como una obra inteligente y única para finalizar acertando en la diana, justo en el centro, justo en ese lugar donde solo las mejores creaciones tienen cabida.

“Tenso la cuerda.”

“Los músculos de la espalda se estiran y se quedan inmóviles.”

“Disminuye el ritmo de la respiración.”

“Espira…”

“…relaja la mano…”

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