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Mateo y la bruja Gina, de Áurea Poncelet

Mateo y la bruja GinaEn el patio de mi colegio había un lugar con cuatro paredes blancas y una puerta. No era el colegio, pero estaba en el patio. Y a mí me daba miedo, mucho miedo. A mí y a mis amigos. Un buen día se nos ocurrió ponerle nombre: La casita de la bruja. 

Imaginábamos todo tipo de cosas que podían ocurrir en su interior, cosas raras y tenebrosas. Y sobre todo imaginábamos que allí vivía una bruja que en cualquier momento abriría la puerta y nos atraparía.

La realidad es que nunca descubrimos quién vivía allí —si es que vivía alguien—. Lo único que sé es que habríamos temido a cualquier persona o cosa que hubiera salido de esa guarida. El miedo era superior a todo y nosotros mismos ya nos habíamos hecho una idea, terrible y llena de pánico, que nos obligaría a escapar, rechazar y temer a cualquiera que pudiera esconderse tras aquella puerta.

Os cuento esto porque cuando leí la sinopsis de Mateo y la bruja Gina, de Áurea Poncelet, me vinieron esos recuerdos a la mente. Tal vez porque creo que la protagonista de este cuento podría haber vivido en la casita del patio de mi colegio. Y yo, como Mateo, si la hubiera visto, habría huido de ella sin pensarlo. Por culpa de ese miedo implantado tontamente. Por culpa de los prejuicios y del temor a lo diferente.

Pero permitidme que os hable a fondo de este hermoso cuento. Nuestro personaje principal se llama Mateo y es un niño normal y corriente que vive justo enfrente de la temible y espantosa casa de la bruja Gina, una niña con el pelo blanco violáceo y la piel verde. Además, la mascota de Gina es una dragona. Espeluznante, ¿verdad?

Mateo se esconde cada vez que ve a Gina, es que es tan distinta a las demás niñas… Hasta que un día ocurre algo que le une a ella y juntos deberán emprender una pequeña aventura. Así, Mateo se dará cuenta de que, en realidad, Gina no tiene nada de bruja malvada, al contrario, lo tiene todo de amiga solidaria y bondadosa.

En mi opinión, la lectura de este libro infantil es algo necesario e imprescindible, tanto para los adultos como para los más pequeños de la casa —sobre todo para ellos—, ya que a través de esta preciosa historia se nos muestra que debemos ser abiertos de mente y tolerantes ante todo aquello que sea distinto a lo que se nos ha acostumbrado.

Y yo estoy completamente de acuerdo, pues siempre he encontrado la belleza en lo distinto al resto. Ser diferente es mágico, es especial, es maravilloso, y debemos aceptar esas diferencias con los brazos abiertos. Porque, ¿sería bonito un mundo en el que todos tuviéramos el mismo aspecto y los mismos intereses? Todos como clones.

No, ¿verdad? Entonces, ¿por qué educar a nuestros hijos en algo vacío, ilógico, que no parece sostenerse por ningún lado? Seguramente por miedo, en la mayoría de los casos. Ese miedo estancado desde nuestra infancia a que lo diferente es dañino y perjudicial.

En el caso de Gina, no solo su aspecto es distinto al de los demás, sino también sus costumbres: hacer magia, hechizos o hablar con animales feos como los cuervos y los murciélagos. Pero, ¿quién dice que esas costumbres no merezcan respeto o sean malas solo porque son distintas a las nuestras?

De este modo, Mateo y la bruja Gina es un cuento para que los mayores lo leamos en silencio y reflexionemos disfrutando a su vez de las detalladas descripciones de la casa de Gina y de todo lo que la rodea. Pero también es un cuento para que los mayores lo leamos en voz alta mientras nuestros renacuajos se lo pasan en grande y aprenden.

Es una historia que irradia belleza y fuerza gracias a las coloridas ilustraciones de Alexis Barrio, que nos lo dicen todo con esos ojos tan grandes y tan vivos.

En definitiva, Áurea Poncelet hace hincapié en la diversidad cultural, en la paz y en la tolerancia que debemos alcanzar si todos nos aceptamos, porque de esta forma viviremos sin miedo, de manera más feliz y relajada.

Ella rompe por fin con todas esas barreras y nos explica de forma sencilla y cercana que tener amigos diferentes a nosotros es lo mejor que nos puede pasar, pues esas amistades enriquecerán nuestras vidas desde pequeños, ahora y siempre.

 

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