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Orígenes secretos, de David Galán Galindo

origenes

“Va a acostarse y abre la puerta de la habitación, pensando que Jorge debe estar profundamente dormido. Pero no. Jorge está pelándosela. Pim-pam-pim-pam. David le ha pillado en pleno acto masturbatorio con un cómic…”

Pajas y cómics, frikis y pajas, siempre de la mano. En fin… El milenarismo va a llegar, que decía aquel, pero el frikerío ya ha llegado. En realidad hace tiempo que ha llegado, bastante tiempo, y lo ha hecho para quedarse definitivamente, para ir tomando posiciones en el tablero de juego que es la vida y la sociedad actual, y poder así, poco a poco, pasito a pasito, escaque a escaque, dominar el mundo y hacerse con el trono de hierro. Y por mi encantado. Frikis somos todos y los ha habido siempre, aunque no tanto o no con tanta visibilidad como en estos días a partir del boom ocurrido en algún incierto momento de un tiempo a esta parte. Y es algo que va a ir a más. Tan cierto como que Batman al principio de su existencia mataba y usaba armas de fuego. Con cada nueva peli de Marvel (DC, por favor, ponte las putas pilas de una vez), con cada libro o saga de libros que causen furor, con cada nueva serie de héroes o antihéroes… y sobre todo, con cualquier glorioso cómic de Moore, Gaiman, Bendis, Millar, Miller… o el que a ti te guste, la muchachada va a afianzarse y a crecer y crecer, a ilusionarse con nuevos escenarios, personajes y aventuras, engrosará las filas y seremos legión, por muy demoniaco que esto suene. Si ha de dominarnos alguien, mejor que sean (que seamos) los frikis antes que una chusma de putos políticos corruptos, ineptos y analfabetos la mayoría de ellos, que no saben ni hablar, como para saber cuál el sentido de lectura de un manga.

Y si ese momento llega, a Odín, padre de todos, pongo por testigo que uno de los puestos importantes del gobierno, sito en la estación espacial Atalaya, debería ser para David Galán porque ha demostrado ser ministrable tras haber parido una novela negra muy especial. Y digo muy especial por no volver a usar la palabra friki, que la voy a acabar desgastando. Ya de primeras el título es un anuncio gigante con letras de neón y una declaración de intenciones: Orígenes secretos.

–¿Sí? ¿Cuál raza es Ideáfix?

–Ninguna. Es como Krypto, que en los cómics no se deja claro de qué raza es. –Wunda

frunce el ceño.

–¿Quién es Krypto?

–Joder, el perro de Superman.

–Superman no tiene perro.

–Oooooh…–Jorge parece coger carrerilla. Wunda no lo sabe, pero ha pinchado en hueso, ahí–. SI TIENE.

Estamos en Madrid. Un Madrid que el autor demuestra conocer de pe a pa y en donde van a suceder unos crímenes bastante extraños cuyos encargados de resolver serán el recién llegado David y el policía a escasos días de jubilarse, Cosme. Al principio parecerán eso, extraños crímenes, pero cuando a Jorge, el hijo de Cosme y dueño de la tienda de cómics Planeta K (cuyo aspecto y silueta son similares a los del dependiente de la tienda de cómics de The Simpsons pero en moreno –es un cliché, pero es sabido que todos los dependientes de este tipo de comercios han de ser así para ser buenos en lo suyo–) se le muestre la fotografía de la víctima junto con algún otro detalle, se le encenderá la bombilla y todo su enciclopédico saber friki le dirá que no, que de crimen extraño nada. Que cruel y horrible sí, pero lo que es en realidad es un asesinato que recrea el origen secreto de un determinado superhéroe. Y a este asesinato le seguirá otro y otro… verdaderas atrocidades y salvajadas inhumanas que el asesino perpetra en sus víctimas. Y claro, Jorge va a formar parte del equipo para desplegar su particular sabiduría y participar como asesor externo en la resolución del caso.

El resultado es un prodigio de la frikinegrosidad, que me ha recordado en algún momento a la estupenda cinta El protegido. Una combinación tan equilibrada, tan bien desarrollada, con los puntos adecuados de humor, tacos, gore y planteamiento tan, pero tan tan de cómic y de novela negra a la vez, que parece algo fácil de conseguir, pero ya os aseguro que ni de coña. Hay en este libro, en el que cada párrafo aparece algún homenaje, chascarrillo, cita, comparación o personaje del mundillo friki (ya sea de cómic, libro, serie de televisión, peli,….) tal cantidad de trabajo y documentación que dudo que ni Tony Stark lo hubiera podido hacer mejor. Y la mejor prueba es que lo lees de carrerilla, con ilusión, con una sonrisa en la cara línea tras línea, riendo las puyas de Jorge a David y viceversa, pillando casi todas las referencias (alguna se escapó, claro, las de Harry Potter mayormente porque no me gusta esa franquicia) y aplaudiendo con las orejas todo el despliegue que David Galán ha ido repartiendo por su libro y que yo he ido recogiéndolo como un cerdo las trufas.

Pero realmente, cualquiera puede disfrutar el libro. No hace falta ser un megafriki (quitando además que todos los sois un poco y lo sois de algo). Seguro que muchos no conocíais los siete pecados capitales y gozasteis con Seven. Aquí igual, Jorge explicará los detalles de las escenas de los crímenes, así que no hay problema, y si fuera de eso se os escapa algo, tampoco importa. A ver, que tampoco es una cosa en la que os podáis perder mucho, creo yo. Lo esencial, la trama de pillar al malo, se entiende sin problemas, así que hacedme caso, seáis o no seáis frikis. ¡Leedlo, copón! A ser posible antes de ver la peli que, coronavirus mediante, se estrena este año dirigida por el propio David Galán con Antonio Resines, Brays Efe, Verónica Echegui y Leonardo Sbaraglia como miembros del reparto.

Como curiosidad, diré que esta es una nueva edición. La anterior es de 2016 y para esta de 2020 Galán nos regala un relato inédito ambientado en el mismo universo que el libro y que, de alguna forma, nos ayudará a entender qué pasó con los personajes al acabar Orígenes secretos.

En resumen, muy muy divertido, un libro sólidamente construido, que demuestra un profundo conocimiento y amor por los cómics, medios y cultura afines, con una trama perfectamente hilada y unos personajes creíbles y muy humanos. Sería una locura perdérselo y conllevaría retitada de puntos en el carné de friki. Palabrita.

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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