Que hable Casandra

Reseña del libro “Que hable Casandra”, de Elizabeth Lesser

A lo largo de la historia, y eso es una obviedad, el relato ha sido contado desde la visión masculina, la que tenía el poder. Es algo que hace mucho tiempo que sé; en la escuela, en la universidad, en la calle, todo lo que he aprendido, todo lo que me han enseñado, estaba teñido de la perspectiva de los hombres.

Por eso, hace tiempo que empecé a investigar, a leer, a documentarme, sobre esa otra mitad, de la que yo formo parte, y que ha sido silenciada reiteradamente a lo largo de los siglos: las mujeres.

Elizabeth Lesser, en Que hable Casandra, publicada por Maeva, coge el mito de Casandra como punto de partida para repasar la historia Occidental que conocemos. Para hacerlo, empieza a reversionarla desde Eva, pasando por Pandora, hasta nuestros días.

Estas páginas ponen de manifiesto algo evidente, pero que conviene recordar sobre todo por el hecho de su evidencia misma. Desde la más temprana cuna de la civilización, eso es, los griegos y los romanos, en los mitos presentes en todos los colegios, en los bachilleratos enfocados a las letras, los poderosos son los dioses, los masculinos, quedando las diosas a merced de ellos, siendo las culpables de los males de la civilización y centrándose, solamente, en su papel como madres, el único valorado por el hecho de crear descendencia.

Así, a lo largo de las páginas del libro, se forma un reclamo para que las mujeres tengan el reconocimiento necesario, para que seamos contadas como merecemos. Para ello, ejemplifica vidas de mujeres que no se han tenido en cuenta y que han pasado desapercibidas, las gestas de las cuales han sido, muchas veces, más impresionantes, por su humanidad y valor, que aquellas de sus homólogos masculinos, y que son las que nos conocemos al dedillo.

Las cifras, en Que hable Casandra, también conforman una parte relevante del relato. Desde que soy consciente de esta problemática, he razonado, en todas las conversaciones acerca de la diferencia de presencia en nuestra sociedad entre hombres y mujeres, con el simple argumento de observar los premios. Los números son espeluznantes. En los Premios Nobel, la diferencia, a veces, es mayor de cien, entre aquellos galardones otorgados a hombres y aquellos donados a mujeres. Las figuras femeninas siempre han estado allí, pero en silencio, detrás de los muros.

En la segunda y tercera parte del libro, la autora se centra en aquellos mitos entorno al comportamiento de hombres y de mujeres que han marcado, y lo siguen haciendo, la sociedad. Mitos de personalidad, de sentimientos, de emociones, de virilidad, de lenguaje bélico, que de manera tan fuerte impregna nuestro día a día. Además, una parte de la narración la enfoca a la maternidad y a la paternidad y a cómo, después de años, parece que el cauce que está tomando la crianza puede ser el correcto, el de compartir.

Leed este libro para saber. Para saber de qué manera la historia de la cultura occidental, que es la tratada en esta crónica de Casandra, se ha cimentado siempre en una base masculina. Leed para informaros y construir argumentos. Pero, en especial, leed este libro para enfadaros, que es lo que me ha sucedido a mí. Dejad que la rabia por esa invisibilidad os impacte y, a partir de aquí, edificad.

Deja un comentario