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Te daba por muerto

te daba por muerto

“Te daba por muerto” de Pete Nelson

te daba por muerto

 Soy muy dado a las historias con perro. No a las de aventuras tipo Colmillo blanco o Cujo (aunque a las de este tipo también, pero no es esa la clase de historia a la que me refiero ahora). Hablo de historias como las de Jiro Taniguchi en su cómic Tierra de sueños o como de la muy recomendable peli de Richard Gere Siempre a tu lado, Hachiko. Historias que sabes que te van a hacer llorar porque se centran en la especial relación que se cuece y se enriquece entre hombre y animal, desde que el animal es cachorro, viéndolo crecer, jugando con él, educándole, observando los descubrimientos que va haciendo en el mundo, cómo hace lo suyo dónde no debe… hasta que muere. Y claro, sale la lágrima.

Por eso, cuando leí la sinopsis de Te daba por muerto dónde decía que Paul era un desastre, divorciado, en deplorable forma física, penosa salud, con problemas de impotencia, con una relación inestable…, pero que tenía una perra, Stella, que le escuchaba y no sólo eso, sino que le daba su opinión, pensé que el libro iba a merecer la pena por tener a un perro y además un contrapunto humorístico.

Y lo cierto es que el libro está muy bien y merece la pena y las veces en las que Stella interviene, tienen su gracia. Pero no es el libro de perros que creía que iba a ser. Y eso no quiere decir que el libro sea malo, eh, ojo. Es simplemente que conviene avisarlo. Así pues, hecha la debida aclaración, vayamos con el libro.

El peso de Te daba por muerto recae por completo en la figura de Paul, el dueño, quien, aparte de todo el conjunto de “virtudes” anteriormente mencionadas, es algo inseguro en la relación de tres meses que mantiene actualmente con Tamsen, su novia no-novia.

Por si fuera poco su padre ha sufrido un derrame cerebral y no se sabe todavía qué secuelas le dejará.

Así iremos asistiendo a todos los frentes abiertos que tiene Paul en su vida: familia, amigos, salud, novia no-novia,… siendo este último el que más quebraderos de cabeza le dará y en el que más se va a centrar el autor, porque es que además, es lógico, dada la complejidad de la relación y del propio protagonista. Paul mantiene con Tamsen, divorciada como él, una relación “abierta”. En realidad ambos la tienen, no hay ataduras y blablablá… pero es Tamsen quién está a la vez con Stephen y con Paul, y eso es algo que reconcome a Paul. Y mucho. Porque en el fondo, a pesar de no querer comprometerse, de tener miedo a cagarla, de decir que aún no está preparado y de haber dado libertad a Tamsen para ver a otra gente, él no ve a nadie más y le gustaría que Tamsen fuera suya en exclusiva.

En el frente familiar, a Paul le gustaría estar más con su familia. Relata cómo de joven quería alejarse a toda costa de ella y en estos momentos le gustaría compartir más tiempo con ellos… Pero los billetes de avión son muy caros y para ayudar a su padre a una rápida mejora sólo puede valerse del chat. Tendrá conversaciones (monólogos, más bien, pues su padre sólo podrá clicar “sí” o “no”) en las que Paul hablará de todo, empezando por los deportes (eso que inventaron los hombres para tener algo de que hablar que no sea de sentimientos) pero poco a poco se irá internando más en el terreno personal y sentimental, y le hablará de cosas de las que nunca había hablado con él.

La historia tiene muchas aristas, pero tampoco es cuestión de hacer un análisis pormenorizado. Baste decir que Stella, la perra o su conciencia, según se mire, le recomendará el camino a seguir, a veces con lógica humana, otras con lógica canina (las más divertidas), pero siempre le escuchará y le aconsejará algo.

Y aunque hay momentos en los que me parecía estar viendo una peli romántica de esas en las que siempre hay un Hugh Grant rondando (¿este hombre sabe hacer otro papel?), o la René Zellweger de turno en una tarde lluviosa de domingo de sofá y manta no me ha parecido, como reza el subtítulo del libro “una historia de amor”. O al menos no una historia de amor al uso. Puede ser una historia de amor entre Paul y Stella, entre Paul y sus padres, entre Paul y su hermano y entre Paul y él mismo. Pero (estoy llenando esta reseña de peros) lo cierto es que al llegar al final y ver cómo acaba la historia de amor entre Paul y Tamsen (y no estoy desvelando nada, Odín me libre), me daban ganas de abofetearle a él por un motivo y a ella por otro, porque me puso de muy mala leche semejante final. (Y esto es algo muy subjetivo, puede incluso que sea yo el único que sienta eso. Estoy deseando leer comentarios al respecto).

Te daba por muerto es muy absorbente. Prácticamente en dos sentadas te lo lees, y eso que tiene 350 páginas. La prosa de Nelson, su estilo, la trama, la capacidad para los diálogos, la relación con Stella, el retrato de los personajes (sobre todo el de Paul) y el realismo palpable de todo lo que le sucede, hacen muy adictiva su lectura.

Un libro agradable, muy bien escrito y estructurado, con personajes creíbles y situaciones reales, con el que, para qué engañar a nadie, la lágrima brota en algún momento.

No me gustaría terminar la reseña sin anarrosear un párrafo del libro dedicado a los perros:

“De todos los animales del planeta, nunca ha habido otro ejemplo de dos especies que hayan decidido quererse mutuamente. La gente quiere a los gatos y los gatos ciertamente disfrutan con la gente, pero los gatos no entregan sus vidas y mueren por la gente como hacen los perros. Los gatos no se arrojan a los lagos y arrastran a los niños que se ahogan hasta la orilla, ni entran corriendo en edificios en llamas, ni se aventuran en lo oscuro cuando oyen un ruido amenazante. Y si una persona muere en una choza en los bosques y hay un gato en la choza con él, el gato se comerá el cuerpo muerto de la persona antes que morirse de inanición, pero un perro se moriría de hambre antes que traicionar su amistad. Alguna gente dice que eso convierte a los gatos en un animal más inteligente, pero yo digo que eso hace a los perros mejores.”

Un comentario en “Te daba por muerto

  1. Muy buen día desde México. Sin adornos innecesarios, déjame decirte que simple y llanamente me gusta mucho la manera que reseñas los libros. Personalmente amo la lectura (y tengo inquietudes de escritor); sin embargo, padezco de déficit de atención y -aunque trato de enfocarme en un solo libro- como cuento con un lector de libros electrónico, pues estoy (des)leyendo tres libros a la vez: Benjamin, del español Federico Axat, que es un thriller un tanto sobrevalorado (al fin y al cabo, éste en particular, fue gratuito en la tienda de Amazon); La Piel del Cielo, una bellísima historia de amor y lealtad, de la escritora nacionalizada mexicana Elena Poniatowska. El tercer libro es en inglés y, aunque lo disfruté -siendo el único que he concluído-, me pareció un tanto predecible. La historia en cuestión se llama Just As I Am, escrita por el extinto E. Lynn Harris, que cuenta acerca de las complejas relaciones de un prominente abogado afroamericano con su ex-novia, su mejor amigo y sus impulsos bisexuales hacia ambos, principalmente este último.
    Estas palabras son netamente para reconocer tu labor y comentarte que he puesto tu blog en mi lista de favoritos en el explorador.
    ¡Enhorabuena!

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