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Yo, satanista, de Teresa Porqueras

satanistaQue la figura del diablo, Satán, Lucifer y todos sus demoniacos compinches de juergas y correrías sin freno ha sido usada, abusada y “demonizada” para y por los muy lucrativos y eternos fines de la Iglesia y para mantener controlado el rebaño es algo que a cualquier persona medianamente inteligente no se le escapa. Si se cree en Dios es porque es lo que se nos ha enseñado, para meternos desde que nacemos, sin ser conscientes ni haber dado consentimiento, en el redil de la ciega adoración y servidumbre a un ser superior y en su secta. Y, por tanto, si se adora a un ser supremo, se deduce que los adoradores son seres inferiores.

Este libro pretende aclarar el concepto del satanismo. Esa práctica que los pseudoperiodistas no se molestan en investigar ni contrastar cuando se descubre que se ha profanado una tumba o ante la aparición de cadáveres de animales colocados de algún modo y sospechosamente acompañados de pintadas de cruces invertidas o tríos de seises…, y que en seguida, buscando un jugoso titular, califican el hecho de satánico. Con lo poquito que cuesta informarse de que los satanistas no van por ahí haciendo publicidad (ni dejando rastros), o que para ellos las vidas (las de los animales también) son sagradas y no hacen sacrificios de sangre… Pueden llamarlo actos vandálicos, gamberrismo… ¿pero para qué desperdiciar un bonito titular, verdad? Los adornos y el lazo hacen más bonito el paquete.

En fin. Tenemos el periodismo que merecemos.

Hace años leí la Biblia satánica de LaVey. (En google se pueden ver sus once mandamientos). Descubrí lo que realmente es y debe entenderse por satanista. No es comer niños, no son orgías infinitas follando sin parar todos con todos por cualquier orificio posible, no es sacrificio de mujeres desnudas y vírgenes con dagas sobre un altar, no son pactos con el diablo tal y como se ha venido entendiendo desde hace tanto (como Fausto y Mefistófeles, por ejemplo). No. No es una secta que busque propagar el mal por el mundo y los pactos satánicos, en realidad, son pactos con uno mismo.

El satanismo es la negación de Dios y, en contraposición, la veneración del ser humano, de uno mismo de tal forma que cada uno de nosotros es un dios en sí mismo. Un satanista solo se “adora” a sí mismo y no cree en ningún dios sobrenatural. Desde pequeños se nos ha inculcado el miedo, la represión y el pecado. Manda huevos que pequemos ya simplemente por haber nacido. ¿En qué cabeza cabe si, además,  en teoría al morir crucificado el prota de la Biblia, ya nos salvó? El satanismo te anima a disfrutar de la vida en plenitud, a sentirte libre sin tabús, sin miedos ni culpas, a profundizar en el autoconocimiento y da mucha más importancia al papel de la mujer que en cualquier otra religión. Satán representa no el Mal sino lo opuesto a Dios, la rebeldía contra esa cárcel oscura y oscurantista impuesta por las religiones; la libertad, el conocimiento, de igual forma que Prometeo se rebeló contra el Olimpo y llevó el fuego (conocimiento) de los dioses griegos a los mortales.

Tras Cara a cara con Satanás, Teresa Porqueras investigó y convivió durante más de dos años con el movimiento satanista pues comprobó que era la mejor forma de obtener información fiable al respecto (“La mayoría de autores y antisatanistas, tienden a copiar y pegar lo que otros dijeron con anterioridad, sin comprobar la fiabilidad de tales afirmaciones. La leyenda, la exageración, la fantasía y el odio innato hacia estos grupos han conformado un panorama inexacto y embrutecido que no se ajusta a la realidad”).

¿Imaginabais que, como en casi todas las religiones, hay variantes y ramas del satanismo? Hay tantos como experiencias personales. “Cada seguidor puede tener múltiples opiniones y creencias personales. Nuestros valores y moral son totalmente individuales y se adecuan a cada persona y cada cual decide cómo llevar este estilo de vida”. El satanismo teísta cree y adora a Satán; los satanistas espirituales van por libre y reniegan de cualquier organización; los satanistas trascendentales, los sethianos, los politeístas, los doteístas,…

En Yo, satanista se descubre la verdad del satanismo. Una creencia practicada por políticos, grandes empresarios, policías, e incluso sacerdotes católicos… Pero también gente de la calle. Y todos ellos, poderosos y famosos, anónimos y mileuristas, deben guardar secreto sobre dichas creencias pues podrían perder su reputación o puesto de trabajo…

Poco a poco nos adentramos con Teresa en un mundo tan desconocido y tergiversado que te quedas con el culo torcido al entender de qué va realmente esta peculiar filosofía y cuánto se han preocupado sus opositores en meter mierda a lo largo de tantísimo tiempo.

Orígenes, acuerdos, desacuerdos, evolución, descripción de prácticas, vampyrismo (no el que pensáis, ese es con “i”) magia (no, tampoco como la de Harry Potter), sexo, misas negras y estado actual con la reciente legalización de la primera Asociación de Satanistas de España es lo que vamos a encontrar en el interesantísimo y destrozamitos que es este libro.

Un libro muy necesario para conocer la verdad sobre un tema del que la mayoría tiene ideas falsas y preconcebidas gracias al cine, noticias e Iglesia S.A., entre otros. Un libro para abrir la mente.

Simplificando mucho, el satanismo es como un libro de autoayuda que te obliga a superar tus propios límites, a vencer los obstáculos de la vida, a creer en nosotros mismos y que merecemos lo que deseamos y a conseguirlo desde el respeto a los demás.

¡Hail, Satan! ¡Hail, Lilith!

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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