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Asalto a la educación: la reforma educativa del PP

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Asalto a la educación: la reforma educativa del PP, de Santiago Luque Guerrero y María Pilar Carrera Santafé

asalto-a-la-educacionLa educación ha sido siempre un tema de debate. Y, nos guste más o menos, ha sido convertida en un tema por el que batallar por parte de políticos que, si se me permite la licencia, no han tenido muchos escrúpulos en moverla a su antojo como si de un mueble que estorbara se tratase. Es en esos momentos cuando la ciudadanía se da cuenta de lo que realmente importa a la gente que, presumiblemente, tendría que preocuparse (si eso significa ocuparse antes de tiempo) de preservar los derechos que están siendo vulnerados. Porque sin una educación de calidad, no hay futuro que valga especialmente la pena. Sin educación, me atrevería a decir que esto se convertiría en una selva donde sólo el más fuerte es capaz de sobrevivir y donde la dentellada más fuerte es la única arma necesaria para seguir adelante. Y digo esto con el conocimiento de causa de ser un hombre que no tuvo una buena educación, que se tuvo que sacar las castañas del fuego porque el sistema educativo únicamente se fijaba en los resultados y no es la calidad de lo que se enseñaba. Un hombre de, como leí hace poco tiempo, una generación perdida que aún hoy busca encontrarse.

Por eso este texto es muy importante para mí. Porque asusta comprender cómo lo que teníamos ya empieza a no existir, diluido en burocracia sin sentido, en amiguismos sin contemplaciones, y donde los lobos guían a las ovejas que, ya hartas, empiezan a balar con verdadera indignación.

 

“Asalto a la educación” puede no ser el texto más académico que existe en materia de estudio sobre la educación en España. Pero lo que nadie puede negarle es su afán por poner sobre la mesa como el juego político de este país ha manoseado sin ningún tipo de contemplación aquello que es un derecho propio de todo ser humano. La educación. Algo tan básico, algo tan natural como la vida que nace, se ha visto masacrado por los diferentes cambios que los políticos han manejado a su antojo a través de sus legislaturas, a través de un proceso de demonización propio de otras épocas. Y es que siempre he pensado, y si me equivoco podéis contradecirme sin problema alguno, que una persona con educación (que no educada, no hay que confundir los términos) no es alguien rentable para una clase política que está más acostumbrada a mirarse al ombligo (y al bolsillo) que a observar, aunque sea una media de un milisegundo, a los ciudadanos que han confiado en ellos su voto y sus creencias. Y eso se destila, y se da como consecuencia, de leer este pequeño texto que mira al pasado y al presente, para entender cómo el futuro que nos espera es, cuando menos, descorazonador.

No conozco de nada a Santiago Luque Guerrero ni a María Pilar Carrera Santafé. Y lo digo de antemano porque puede parecer que mis ideas políticas puedan influir en mi lectura de este texto. Y en cierta forma, puede ser así. Pero lo que nadie puede rebatirme es que, una vez acabado este libro, uno se queda con la sensación de que algo se está haciendo mal, algo que no se sabe muy bien qué es, pero que está sobre la mesa y a nadie parece importarle un pimiento. Eso es lo más triste. Acosados como estamos por momentos en los que todo está en crisis, cabía suponer que la educación no sería una de esas materias a la que llegarían los recortes. Es algo tan básico que parecería absurdo pensar en otra cosa. Pero no contentos con ello, resulta que ahora, la vida nos vuelve a dar un giro (con bofetada incluida) donde el sinsentido se hace sentido común, y donde el sentido común parece haberse ido por el retrete de aquellos que nos gobiernan.

Quizá no se quiera saber lo que nos espera, quizá sea mejor, llegados a un punto, mirar para otro lado. Pero en mi vida no existen esas concesiones. Soy yo quien decide mi futuro, no ellos. Soy yo quien sabe perfectamente que mi educación empezó a convertirse en la pequeña basura en la que quieren convertirla hoy en día. Y soy yo, y no otro, quien entiende que textos como “Asalto a la educación” son necesarios para entender, de una vez por todas, aquello que nos han intentado esconder desde hace mucho tiempo: que no somos nada, y que si les dejáramos, nos convertiríamos en una nada analfabeta que no tendría la conciencia suficiente como para gritar que ¡basta ya!, cuando se trata de tocarnos lo que nos hará libres en un futuro.

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