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Videorreseña: Bajo nuestros pies, de Francisco Javier Olmedo Vázquez

Las novelas de terror tienen algo que no termina de convencerme. Será por lo mal que lo paso leyéndolas o porque después no puedo quitarme de la cabeza esa historia durante días. Y mira que sé que se trata de ficción, pero cuando una historia me cala hondo, después no hay forma de olvidarme de ella. Cuando empecé Bajo nuestros pies, libro escrito por Francisco Javier Olmedo Vázquez y editado por ExLibric, no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme. Lo que en un principio parecía una historia normal, con el trascurso de las páginas fue adquiriendo unos tintes sobrenaturales y de ciencia ficción que nada tienen que ver con lo que yo entiendo por “normalidad”.

Este libro tiene algo muy peculiar, y es que está contado usando la técnica epistolar. A través de una serie de cartas conoceremos al profesor Kleinman, una persona cuya ambición puede llevarle a la desgracia. Esas cartas, dirigidas a su pupilo más brillante, serán el medio que nosotros utilizaremos para adentrarnos como un protagonista más en esta historia de terror y angustia.

Además, con este vídeo estamos estrenando sección, que se va a llamar “Nuevos autores”, donde daré a conocer obras de autores que están empezando, así que no dudes en echar un vistazo y suscribirte para enterarte de más contenido.

 

 

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Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina

Un andar solitario entre la gente

Un andar solitario entre la genteHoy voy con uno de esos libros que me da cierto recelo reseñar, básicamente porque sé que mis palabras nunca podrían llegar a expresar su grandeza, su majestuosidad, la calidad de unas palabras que si se encontrasen con las mías lo máximo que les ofrecerían sería una palmadita en el hombro. Hace un rato pensaba que este libro es algo así como aquellas bolas mágicas de color negro que hace ya varios años se hicieron famosas y todo niño tenía y que ofrecían respuesta a cualquier preguntaba que tú hicieras. Solo tenías que agitarla y ya está, en una pequeña pantalla aparecía la respuesta. Pensaba en eso porque algo así sucede con este libro, que solo tienes que cogerlo, abrirlo, leerlo y esperar a que tus preguntas, incluso algunas que todavía nunca te has hecho, queden respondidas. ¿Para siempre? Eso ya yo no lo sé. Hoy hablo de Un andar solitario entre la gente, del gran Antonio Muñoz Molina.

Primero de todo debo decir que todavía no entiendo por qué este libro se vende como novela. O quizás sí lo entienda pero no quiera hacerlo. Un andar solitario entre la gente, para que nos entendamos, es el resultado de unos meses en la vida de Muñoz Molina en los que este estuvo (y ha estado y está y estará) recogiendo fragmentos de anuncios, de revistas, de propaganda, de conversaciones para uso personal y público, porque han acabado en este libro. Encabezados siempre por un título que es un lema comercial, los textos de este libro van desde la reproducción exacta de, por ejemplo, la noticia de un asesinato múltiple a la confesión más personal e íntima de un Muñoz Molina que mira desde arriba un pozo que lleva tatuado en la roca su nombre. Todo ello hilado por el caminar del propio autor. La caminata como punto de unión, como nudo de ramajes, como epicentro desde el cual nacen todas las historias de una mente brillante que, probablemente, haya pasado por encima de nuestro tiempo.

Leyendo este deambular pesaroso de Muñoz Molina por las calles de lugares como Madrid o Nueva York, me he acordado de tantos otros que leí y que nunca llegarán al nivel (en cantidad) de todos los que él ha leído y que menciona en este libro al estilo, o casi, hiperreferencial de Borges. Me ha recordado a Annie Dillard, recuerdo que me ha llevado a Thoreau. Me ha recordado por supuesto a Vila-Matas, recuerdo que me ha llevado a Walser. Me ha recordado a Cirlot, a Ortega y Gasset, a Umbral e incluso a Nietzsche; todos ellos caminantes sabedores de que los pies en el camino son el encendido de la mecha del pensamiento. Habla Muñoz Molina aquí de la Deambulología como ciencia, como arte y práctica de tantos que han decidido pensar y crear caminando. Caminantes, paseantes, flâneurs. Habla de tantos él…: Poe, de Quincey, Benjamin, Woolf, Beaudelaire, Wilde, Dickinson, Pessoa, Melville, Joyce, Whitman, Dickens, Proust, etc. Ojalá poder habitar por un día o por un rato o por un instante la cabeza de Muñoz Molina.

Es cierto que hay en el libro pasajes, recortes casi de la realidad, que pueden pasar desapercibidos ante otros de tal grandeza como los que dedica a su pareja (¿para qué nombrarla si ya todos sabemos quién es?) o como los que dedica a esa sombra que siempre persigue a quien alguna vez se ha encontrado cara a cara con ella, la sombra del pesar, de la tristeza, del nunca llenarse de algo sin función de llenado que es la vida. Hay momentos de gran asombro, de genialidad total que hace inevitable el subrayado sobre el papel.

Escrito en el final de un verano, Un andar solitario entre la gente es el zapato que siempre encaja para aquel que se haya sentido alguna vez escritor mientras pensaba caminado o mientras caminaba pensando. Es la certeza de que siendo un caminante se puede crear una vida, de que existe la posibilidad de ser tu propia oficina itinerante. Dice Muñoz Molina en alguna parte del libro, a modo de asceta o filósofo cínico que «Mi oficina, vaya donde vaya, es el cuaderno, el lápiz, la pluma, el tintero, el sacapuntas, las tijeras, la barra de pegamento, una carpeta con recortes, tres o cuatro libros, todos ellos livianos». Podemos hablar de recortes, de fragmentos aleatorios, de grabaciones encontradas; o podemos hablar de parches, de remedos, de suturas perfectas. Yo me quedo con lo segundo. Yo decido coger la mano auxiliadora que ofrece el libro. ¿Y tú?

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84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

84 charing cross road

84 charing cross road

Dicen que ver a alguien leyendo un libro que nos gusta es ver un libro recomendándonos a esa persona. Y supongo que todos vosotros, lectores asiduos de Libros y Literatura, habéis sentido alguna vez esa complicidad inmediata que surge entre dos apasionados de los libros, cuando una conversación casual desemboca en un sinfín de recomendaciones literarias.

Algo así le pasó a Helene Hanff, la autora de 84, Charing Cross Road. Allá por el año 1949, Helene Hanff era una escritora pobre y una lectora que sentía predilección por los libros antiguos. Pero en Nueva York no encontraba ediciones que su bolsillo se pudiera permitir y, en las librerías de segunda mano, el estado de los ejemplares dejaba mucho que desear. Así que acabó escribiendo una carta a Marks & Co., una librería londinense especializada en libros agotados, ubicada en el número 84 de Charing Cross Road, de Londres. El solícito servicio de Frank Doel, el empleado que se encargaba de contestar las cartas de Marks & Co., hizo que esa misiva puntual llegara a ser una correspondencia ininterrumpida durante más de veinte años, y el desparpajo de ella la convirtió, sin ninguna duda, en la clienta favorita de todos sus libreros.

84, Charing Cross Road no es ninguna novela, solo una recopilación de las cartas que Helene Hanff se envió con los dependientes de la librería de Londres. Pero es considerado un libro de culto, incluso adaptado al cine y al teatro, porque es una maravilla que ningún lector debería perderse. ¿Cómo no conectar con sus protagonistas? las divertidas pullas de Helene a Frank para poner a prueba su reserva británica; las cartas inesperadas de Cecil Farr, otra de las empleadas de la librería, que quiere saber más sobre esa selecta clienta a distancia; las contestaciones de la mujer de Frank y hasta de la vecina de arriba, que también han cogido cariño a esa neoyorquina que les envía conservas en esos momentos en los que sufren el racionamiento derivado de la Segunda Guerra Mundial… Y es que, como si nada, la solicitud de libros da paso a la vida, a compartir esas pequeñas confidencias y novedades diarias. Y los lectores nos alegramos con cada progreso laboral de Helen Hanff, porque deseamos tanto como ella que por fin pueda viajar para conocer a esos amigos que viven al otro lado del océano.

Esta historia real de pasión por los libros y de amistad que supera las barreras de la distancia y del tiempo es tan sencilla como entrañable, y se gana el corazón de los lectores por derecho propio, sin necesidad de rellenar con ficción ni de recurrir a artificios. Por eso, aunque en estos tiempos sea posible comprar cualquier libro con un solo golpe de clic y saber cómo les va a nuestros amigos casi en directo, a cualquiera de nosotros nos gustaría vivir esas emocionantes esperas de Helene Hanff.

Qué suerte tuvieron estas personas de que su vidas se unieran a pesar de la distancia. Y todo gracias a los libros, capaces de crear las amistades más insólitas e imperecederas.

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Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen

Cartas de amor de músicos

Cartas de amor de músicosEl enorme talento de músicos de la talla de Mozart, Beethoven, Haydn, Puccini y un largo etcétera, y todo cuanto nos han legado, parece obra de hombres que no pueden ser sino de otro mundo. Casi divinidades. Una suerte de mitos modernos que, desde finales del siglo XVIII y hasta el siglo XX, han dejado su huella en la historia universal de la música a través de unas composiciones geniales. Pero todas estas obras, en realidad, pertenecen a hombres profanos, hombres con miedos, alegrías, inseguridades, caprichos. Hombres terrenales que, tras las puertas de sus dormitorios, se desnudaron en cuerpo y alma hacia un sentimiento, este sí, divino: el amor.

Cartas de amor de músicos, editada por el musicólogo Kurt Pahlen, recoge entre sus páginas la correspondencia que mantuvieron estos músicos con sus amadas, muchas de ellas, inspiradoras de sus enormes creaciones musicales. Un elaboradísimo trabajo de documentación en la que el autor nos transporta a la época de cada uno de los músicos y nos abre esas puertas de sus dormitorios para encontrar al hombre temeroso, enamoradizo o lleno de celos que se esconde tras las notas de los pentagramas. En cada una de las cartas o fragmentos de diarios personales descubrimos la personalidad de cada uno de ellos y el tipo de relación que mantenían con su correspondiente amada. Así, en Mozart se aprecia la ingenuidad y la siempre buena actitud, aun en momentos de enfermedad, que demostraba hacia su querida Konstanze. Entre su correspondencia nunca faltaban palabras llenas de cariño infantil, reflejo de su amabilísima personalidad, con ingenuos juegos léxicos que entre ellos inventaban:

«Pesca por el aire… vuelan 2.999 besitos y medio míos que esperan ser cazados. […] y abrimos y cerramos los morros, cada vez más y más para acabar diciendo: es por Plumpi-Strumpi».

Frente a las críticas siempre escrutadas hacia la joven Konstanze por muchos historiadores, Kurt Pahlen defiende su persona por ser, en gran medida, la causante del buen estado de ánimo de Mozart y aquella que le propició crear sus grandes obras como Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.

En este repaso epistolar por la historia de la música, el autor nos presenta la situación personal de cada músico y de este modo contextualiza tanto el tiempo que viven como la relación mantenida con la amada. Con una amena introducción para ponernos en situación, Kurt Pahlen nos da las claves de cada músico y nos hace conocer su biografía y la época que les tocó vivir. Nos menciona el modo en cómo llegaron a conocerse las felices parejas y nos acompaña, casi a hurtadillas, hacia los rincones íntimos donde el músico escribía bajo la luz de una lámpara. A través de sus escritos podemos apreciar la impronta que dejó en ellos el Romanticismo, de ahí que sus cartas llegaran a poseer un carácter literario muy elevado y exaltado en figuras como la de Carl María von Weber, en las que en sus primeras misivas queda patente su profundo amor juvenil hacia su querida Karoline, mientras que en las últimas se refleja la tragedia y la desesperación del músico por regresar junto a los suyos.

Mención aparte merece la correspondencia de Beethoven. Es, sin duda, el relato del amor más elevado y distinguido entre sus homólogos. De una profunda emoción, sus palabras están llenas de sentimiento. Se desconoce la identidad de la destinataria, aunque Kurt Pahlen intenta esbozar, contrastando datos, fechas y localizaciones, la persona a quien el genial músico de Bonn dedicó las más emotivas palabras de amor recogidas en esta antología. Ella, su amada, recibe la sonora denominación de «amante inmortal», un noble título que no puede más que engrandecerse aún más con el arranque de tan romántica carta: «Mi ángel, mi todo, mi yo…».

Se trata de una carta triple, o tres cartas simultáneas, en las que el músico declara su leal amor por ella y, siendo un hombre tumultuoso de carácter, su creciente temor y desazón que le provoca el sentir que pueda perderla. Una suerte de Goethe se adivina en sus palabras. Tras la lectura de esta carta, uno se pregunta si todavía existe alguien que, llevado por la emoción del amor, escribe así. Me encantaría pensar que la respuesta es un sí rotundo, si no, ¿qué sentido tiene enamorarse?

«Solo puedo vivir o enteramente contigo o por completo sin ti. ¡Ninguna otra poseerá nunca mi corazón, nunca, nunca! ¡Oh, Dios, por qué hay que alejarse de lo que tanto se ama?

Si en Beethoven se refleja el influjo romántico de Goethe, en Héctor Berlioz destaca la figura del primer amor platónico que sintiera Dante hacia Beatrice. En el caso del músico, su pasión le conduce siempre hacia su primer amor, Stella Montis. Otras mujeres pasaron por su vida, pero siempre en sus pensamientos y su corazón late la esencia del regreso a ella. Es en su vejez donde consiguen reencontrarse y a través de la correspondencia mantenida. Otra de los grandes capítulos de este libro es el que recoge las cartas del músico español Enrique Granados, siempre dirigidas a su mujer y madre de sus seis hijos. El tono infantil recuerda a Mozart y en algunas de sus cortas temporadas de separación es donde el músico le escribe con enamoradizo fervor:

«Recibirás la carta el martes y el miércoles en vez de carta tendrás a tu Quique al ladito para decirte cosas ricas».

Cartas de amor de músicos es un romántico repaso por la historia musical de los más grandes compositores que sirve para conocer su psique, sus profundos anhelos y donde, al margen de estar dedicado en exclusiva a las cartas de ellos, también se aprecia el poder y fuerza de algunas mujeres que se convirtieron en reflejo de modernidad ante su época —léanse los capítulos dedicados a las amadas de Chopin o Franz Liszt— y que, en definitiva, el amor hacia ellas inspiraron sus grandes piezas musicales.

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Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie

Querida Iljeawele cómo educar en el feminismo

Querida Iljeawele cómo educar en el feminismo—¿Tú eres feminista? —le pregunto.
Ella cambia el gesto y me contesta con rotundidad:
—No.
Yo sonrío, porque sé lo que me va a decir, y vuelvo a preguntar:
—¿Y eso por qué?
—Porque las mujeres tampoco son más que los hombres. Todos somos iguales.
—Entonces, tú no eres hembrista, pero sí feminista (o eso espero).
—¿Qué es eso de hembrista?
—Considerar que las mujeres son mejores que los hombres; igual que el machismo, pero a la inversa.
Me lo niega. Con la cabeza y con la palabra. «No, no, no… Eso es el feminismo, no me líes». Y me limito a decirle:
—Míralo en el diccionario.

Esto no es la primera vez que me pasa. Es asombroso que a estas alturas aún se desconozca el significado de la palabra y, sobre todo, que esté tan denostada que hasta las mujeres se apresuren a desmarcarse. Por eso, Querida Iljeawele. Cómo educar en el feminismo ha sido un soplo de aire fresco para mí. La próxima vez que tenga una conversación tan absurda como la anterior, ofreceré el libro de Chimamanda Ngozi Adichie, que lo explica mucho mejor que yo y con más conocimiento de causa.

Esta escritora nigeriana es conocida por sus charlas sobre el feminismo, quizá por eso una amiga que acababa de dar a luz le preguntó cómo educar a su hija para que fuera feminista. No era una explicación sencilla, ni criar a una feminista ni educar en sí lo es, pero Chimamanda Ngozi Adichie aceptó el encargo y le escribió una carta con quince sugerencias directas y prácticas, que derrochan sinceridad y cariño.

Chimamanda Ngozi Adichie huye de enfrentamientos y de polémicas para hacer oír su voz. Sus palabras calan porque son puro sentido común, aunque a veces este sea el menos común de los sentidos. Pone sobre la mesa ejemplos diarios de los errores que cometemos y que van construyendo poco a poco, y sin apenas darnos cuenta, la desigualdad entre hombres y mujeres: las frases hechas que inciden en la forma de ver la vida y aspiraciones de unos y otros, las diferencias de colores y juguetes, los roles de género sin ningún fundamento racional…

Rechaza los dogmas, pues considera que el feminismo depende del contexto y no de verdades absolutas. Tira abajo esas ideas que, pretendiendo ser feministas, pecan de hembristas (las mujeres no son moralmente mejores por el simple hecho de ser mujeres) o incluso de machistas (ser feminista y femenina no son características excluyentes). Y, en definitiva, traza lo que ella denomina mapa del feminismo, pero que a mí me parece un mapa para la vida. Directrices sensatas para educar en el respeto, hacia uno mismo y hacia los demás, hacia los orígenes y cultura propios y hacia los ajenos. Una tarea complicada de conseguir, visto cómo está el panorama, pero que siempre merecerá la pena intentar. Al fin y al cabo, solo busca un mundo más justo para hombres y mujeres. Con semejante recompensa, ¿quién no quiere ser feminista?

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Amor y Amistad, de Jane Austen

amor y amistad

amor y amistad¿Alguna vez os habéis preguntado con qué escritor o escritora os iríais a tomar una cerveza? No tengáis en cuenta si sigue vivo o hace años —siglos— que murió, dejad volar vuestra imaginación.

¿Ya lo sabéis?

Puede que hayáis optado por un autor que sepa de todo y que seguramente os dé mucho tema de conversación. Quizá, a vuestro escritor favorito, para decirle cuánto lo admiráis. O tal vez a ese que os cae muy bien por lo que deja traslucir de su personalidad en los libros que escribe o escribió, al que incluso os hubiera gustado conocer en la juventud y ser amigos de farra. Yo no me había hecho esa pregunta hasta ahora, pero tras leer Amor y Amistad pienso que me hubiera gustado conocer a Jane Austen y, en concreto, a la Jane Austen adolescente.

Jane Austen me conquistó con su célebre obra Orgullo y prejuicio, sobre todo por el grandísimo matrimonio de los Bennet —lo que me pude reír con ese adorable padre y esa insoportable madre—, me supo a poco en La abadía de Northanger y Persuasión, y en Amor y Amistad, que recoge tres cuadernos escritos durante su adolescencia, ha vuelto a sorprenderme. Si algo me gusta de esta autora, por encima de las historias que cuenta, es cómo las cuenta, con ese derroche de sentido del humor y de crítica inteligente a la forma de vida y costumbres de su época (por eso, pese a las pequeñas decepciones, siempre vuelvo a ella). Y en Amor y amistad, estos elementos que tanto disfruto están multiplicados por cien. En este conjunto de relatos y esbozos de novelas escritos entre 1791 y 1793, la jovencísima Jane Austen dio rienda suelta a su ingenio y su desenfado. Diálogos ocurrentes y sátira social sin filtro destinados a los lectores de su entorno; hermanos, primos, amigos o sobrinos, a los que una chica de quince años les dedicaba sus textos sin saber que algún día, varios siglos después, serían leídos por millones de personas. Jane Austen en estado puro, demostrando que el talento es algo innato, pero también que hace falta mucho trabajo para encarrilarlo. Porque algunos de estos escritos tienen tramas forzadas, inconexas o inacabadas, pero ya destilan la impronta de la autora: esa elegancia para hablarnos de lo absurdo del comportamiento humano, esa retranca con la que se ríe de sus personajes.

Qué suerte haber tenido una pariente así en la estirada época victoriana. Lo que debieron de disfrutar sus conocidos con sus pequeñas historias y con sus comentarios cotidianos. O quizá les sacaba los colores y no le hacían ni caso, quién sabe. Incluso hoy, en el siglo XXI, dejaría sin palabras a más de uno con sus irreverentes observaciones. Y es que Austen es mucha Austen, se ponga en la época que se ponga y con los años que sean. Por eso, a mí me hubiera encantado conocerla y tomarme algo con ella. Si leéis Amor y Amistad puede que penséis lo mismo. Tal vez, si somos muchos, nos dé para pagar el viaje en el tiempo: de nosotros hacia el pasado o de ella hacia el presente. Un té con pastas a las cinco o una caña en cualquier bar, da lo mismo. Si es en compañía de la joven Jane Austen, el buen rato está asegurado.

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A Virginia le gustaba Vita, de Pilar Bellver

A Virginia le gustaba Vita

A Virginia le gustaba VitaLo mío con este libro ha sido un flechazo. Desde que me enteré de su publicación estaba deseando tenerlo en mis manos. Y ahora, justo ahora que acabo de terminar de leerlo, todavía estoy bajo el efecto de ese amor platónico y necesito contároslo. Quiero a este libro (¿se puede querer a un libro?) porque adoro a Virginia Woolf y si a Virginia le gustaba Vita, a mí me gusta Virginia. Ahora además también me gusta Vita. Y me gusta Pilar Bellver, la autora, porque en cada línea de esta novela se respira la pasión que siente por Virginia Woolf. Así que, lectores, aquí me tenéis: completamente desarmada.

La Woolf (sí, con su “la” delante, marcando con fuerza su personalidad) me ha gustado desde que leí hace ya unos años Una habitación propia. Si no lo habéis leído estaréis un poquito más vacíos. Es imprescindible su lectura, mujeres. Es indispensable su comprensión, hombres. Es esencial que todos leamos Una habitación propia, lectores. Y aunque no he leído toda su bibliografía (estoy en ello), Virginia Woolf es, y será siempre, una de mis escritoras favoritas. Creo que es una de las mujeres más interesantes e inteligentes de siempre. Lo creo yo y, afortunadamente, mucha gente. ¡Viva la Woolf, carajo!

A Virginia le gustaba Vita, publicada por la editorial Dos Bigotes, no es una novela convencional y ahí reside la magia de este libro. Pilar Bellver ha hecho un trabajo literario excelente. El libro cuenta la historia de amor entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West, una historia que ha llegado hasta nosotros a través de las cartas que ellas se escribían. Con ese material, Pilar ha elaborado una novela que mezcla la ficción con la realidad. Se trata de una suerte de correspondencia entre ambas mujeres ideada a través de las cartas reales, con algunos fragmentos literales de ellas y la imaginación de la autora. Un ejercicio de fantasía maravilloso. ¿El resultado? Esta novela tan real que duele, tan ficticia que desgarra y conmueve.

La historia de amor, la real, esa que asoma entre las líneas de esta novela es extraordinaria. De hecho, todo el grupo de Bloomsbury era tan genial que darían para horas y horas de conversación. Y es que las historias y rencillas de este grupo son alucinantes. Hay mucho material escrito sobre ellos y en las biografías de Virginia y Vita encontramos muchos anécdotas realmente interesantes.  También la autora del libro nos develas muchas de ellas en las notas a pie de página. A Virginia le gustaba Vita tiene muchas anotaciones a pie de página, algo que podría ser pesado si no estuviera bien hecho. Pero las anotaciones de Pilar Bellver son necesarias, inteligentes y están escritas con la misma pasión que la escritora pone en toda la novela. Me han encantado porque ayudan no sólo a esclarecer parte de la realidad y la ficción, sino que también aportan datos curiosos e información que no es tan fácil de encontrar. Además, el libro cuenta al final con una bibliografía y unas notas sobre ésta en la que Pilar Bellver, muy lúcida ella, nos explica cuáles son los libros que a ella le han resultado más interesantes. Ese valioso dato que como lectores esperamos encontrar al leer una bibliografía. Por cierto, ya tengo un par de libros nuevos en mi lista de pendientes.

A pesar de que el grupo de intelectuales de Bloomsbury era un grupo bastante avanzado para su época y que el amor libre era practicado por casi todos ellos, no podemos olvidar que estamos hablando del primer tercio del siglo XX y que, a pesar de la aparente modernidad, la homosexualidad, socialmente, era todavía prácticamente tabú. Por ello, aunque tanto el marido de Virginia como el de Vita (extraños matrimonios de conveniencia) sabían de la relación entre ambas, el suyo era un amor casi prohibido y secreto. De ahí la importancia de la correspondencia entre ellas y sobre todo, de los diarios, pues es en ellos donde realmente se plasma el verdadero y hermoso romance.

La historia que se cuenta en este libro es la real, sin duda. Aunque muchos fragmentos provengan de la imaginación de la autora, en ocasiones podemos sentir que estamos en las mentes de Virginia y Vita. Y sobre todo, en sus corazones. Porque es amor lo que desprende esta novela. Una maravillosa relación de amor y amistad entre dos mujeres extraordinarias que duró durante toda sus vidas. ¿No es precioso? También lo es esta novela, os lo prometo.

 

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El café celestial, de Stuart Murdoch

El café celestial

El café celestialA finales de los noventa, cuando no habíamos alcanzado la veintena, nos escribíamos todavía bastantes cartas. Muchas postales también, de nuestros primeros viajes sin padres, pero sobre todo cartas. Nuestra correspondencia era caótica, desordenada y naíf, y en el mejor de los casos recogía un catálogo extenso y voluble de lecturas, referencias bibliográficas y poemas fallidos. En el resto de ocasiones era el testimonio fehaciente de nuestra inconsistencia, un desafío a cualquier antropólogo que quisiera descifrar a través de ella las claves de nuestra existencia como grupo social. Porque entre medias de aquellas cartas, muchas veces dirigidas a personas de la misma ciudad o incluso de la misma clase, pasaban semanas enteras; semanas con sus viernes y sus sábados, que eran los días fundamentales en los que se barajaba la vida, hablando de cartas. A veces comentábamos los
en las nuestras, a veces no. A veces nos enviábamos las letras mal traducidas de una canción maravillosa que habíamos descubierto y, en muchas de esas ocasiones, se trataba de Belle and Sebastian.

El café celestial me ha traído de vuelta aquella correspondencia. Porque este diario de Stuart Murdoch, el vocalista-líder-compositor de la banda no es, precisamente, un diario. Me ha resultado más bien una recopilación de cartas perdidas, como si hubieran sido encontradas en un trastero polvoriento años después de haber sido escritas por el propio Stuart. Es un trapo deshilachado que se extiende de un lado a otro del tiempo que recorre (de 2002 a 2006) con la misma precisión histórica, casi nula, que nuestras misivas. Pero por momentos con la misma intensidad también, y solamente por eso merece la pena.

Para los fans de Belle and Sebastian (yo lo soy), El café celestial es un libro delicioso que descubre muchos más secretos de Stuart Murdoch que de la banda. Hay pocas ocasiones de acercarse de una manera tan sincera, descubierta y directa, a una “estrella del rock”, aunque él mismo reniegue del término. Sus paseos por Glasgow, sus partidos de fútbol, su pereza y sus problemas con Hacienda son solamente cuatro ejemplos de lo que nunca nos contaría el biógrafo más aplicado. Mención especial merecen sus charlas sobre Dios y la implicación que demuestra durante todo el texto con su parroquia, que se convierte en un eje central de la obra, tal y como lo es de su propia existencia.

Además de estos detalles personales, también hay aquí material para aquellos más aficionados a tomar registro sobre el devenir de la banda. Por ejemplo, la concepción y grabación de Dear Catastrophe Waitress, uno de sus mejores discos, aparece desgranada con bastante detalle, y permite hacerse a la idea del proceso creativo el propio Stuart, además de ahondar en primera persona en los detalles que rodearon aquel LP (las fotos de portada, por ejemplo).

Todo ello convierte El café celestial en un libro bastante recomendable para los que llevan años pegados a la “mejor banda para el segundo escenario de los festivales”, como la llama Stuart. Un buen regalo, además, gracias a una edición muy bien presentada por Expediciones Polares, que no decepcionará ni al que se sorprenda tarareando The Life Pursuit sin saber exactamente qué es ni al que conozca al dedillo los bonus tracks de todos los discos.

Los que no hayan seguido tanto a B&S, hay que reconocerlo, pueden perderse un poco en el discurso de Murdoch, alocado y desestructurado. Para ellos la obra puede ser interesante como un sincero testimonio de la vida de músico detrás del escenario, además de una colección de referencias musicales extensa que se completa con una ecléctica lista de Spotify, de nuevo cortesía de la editorial. Rastreen en ella, y en el libro también, clásicos olvidados de la radio británica junto al nacimiento en bares escoceses de grupos que han alcanzado después escala planetaria, como Franz Ferdinand. Y en definitiva, si ya no pueden rescatar del trastero sus cartas perfumadas para que les traigan de vuelta un cosquilleo y una sonrisa tonta, quizá lo consigan con este volumen precioso y simpático. Yo lo he hecho, puedo dar fe de ello.

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El atlas de las nubes, de David Mitchell

el atlas de las nubes

el atlas de las nubes¿Te has parado a pensar en que todo lo que haces, todas esas acciones que llevas a cabo de forma casi inconsciente, como un acto reflejo, repercuten en la vida de los demás de tal forma que es posible que sean esa minúscula chispa que con el paso de los años pueda llegar a crecer e inflamar conciencias hasta incluso llegar a cambiar el curso de la historia? Unas palabras de ánimo para aquel que su día amaneció gris. Un reproche injustificado. Un inesperado y cálido abrazo. Una sonrisa sincera. Unas palabras que rezuman bilis sin venir a cuento. Tender una mano al necesitado. Una sugerente pieza musical ejecutada con habilidad. Responder con el más flagrante desprecio al que busca refugio. La lectura de un libro inspirador en el momento adecuado. Un acto de amor o un arrebato de odio. “Todo está conectado” ¿Y si nuestra mera existencia solo fuera un insignificante pero valioso grano de arena que forma parte de una duna y esta a su vez es la pequeña porción de un inimaginable y gigantesco desierto? ¿Podría esta reseña, con este preámbulo de tintes New Age, llegar a ser el texto principal de unos panfletos propagandísticos que sembraran la semilla de una revolución? Pésima hipérbole a modo de ejemplo pero, a decir verdad, cosas más raras se han visto.

Y hablando de rarezas: ¿es raro que el Sant Jordi pasado, y sobretodo porque me atrajo la portada (¡oh sí, podéis tildarme de superficial!), me comprara Relojes de Hueso y tras terminarlo me pareciera uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo y por ello decidiera que, por todo los medios, aunque fuera de forma desordenada, tenía que leer todas las obras de aquel autor británico capaz de atrapar al lector con su metamórfica prosa? Debo confesar, querido lector, que con literatura de por medio mi obsesión compulsiva parece hasta beneficiosa; o como dice el refrán: sarna con gusto no pica. Sarnoso perdido. Pero sí que hay algo que me pica, y es la curiosidad de saber si David Mitchell padece algún tipo de desorden de personalidad múltiple. No logro encontrar otra explicación satisfactoria a esa capacidad sobrehumana que le lleva a escribir y a imaginar como si de seis personas diferentes se tratara. Porque El atlas de las nubes, la obra de la que hoy quiero hablarte querido lector, son seis libros diferentes que se entrecruzan. Seis géneros literarios. Seis viajes que te cambian. “No hay viaje que no te cambie un poco”. Seis protagonistas, separados por el tiempo, que descubrirán que sus vidas, que los gestos que llevan a cabo, son consecuencia de lo que previamente hicieron otros y que los suyos propios, y sin que ellos si quiera lleguen a sospecharlo, marcarán de alguna forma transcendental las siguientes generaciones.

¿No es magnífico pues, pagar por un libro y llevarse seis? Una historia de historias. ¡El vademécum de la ficción! No me odiéis por mi emoción algo sobreactuada, pero, y repito por si no ha quedado claro: en estos tiempos de crisis indefinida, ¿no es magnífico pagar por un libro y llevarse seis? Seis existencias que se cruzan sutilmente, pero fácil de percibir cuando llega el momento, a lo largo de eones y que comienzan con las prometedoras aventuras, en formato diario, de un notario a bordo de un navío en el siglo XIX. Seguidamente David Mitchell nos sumerge en la dura, bella y emotivamente desgarradora vida, narrada en epístolas, de un joven compositor arruinado. ¡Música maestro! Este tramo no se lee, se escucha con deleite. De aquí saltaremos a los años setenta y a un electrizante thriller político de ritmo vertiginoso, y antes de que podamos recobrar el aliento estaremos llenando el silencio de carcajadas con la divertida (humor inteligente y corrosivo) parte en la que un editor de libros, de nombre Timothy Cavendish, se las tiene que ver con un puñado de gente bastante indeseable. ¡Pero aún hay más lector! Faltan las dos historias de ciencia ficción: la que habla de un mundo distópico al más puro estilo Un mundo feliz de Aldous Huxley y la que finalmente nos lleva a un lugar post apocalíptico en el que primitivas microsociedades intentan evitar el esclavismo al que otros congéneres les quieren abocar. Y luego salto hacia atrás con tirabuzón y vuelta a empezar.

Y es que David Mitchell (¡qué envidia, qué forma magistral de narrar! No es peloteo, es admiración, ¡carajo!) lleva las seis historias de El atlas de las nubes al punto álgido, al cliffhanger que deja sin aliento, que obliga a roer uñas y que magnifica la curiosidad del lector. Luego, como una montaña rusa que ha ascendido seis cuestas a la vez, se lanza a descenderlas a toda pastilla, haciendo un estudiadísimo cambio de vías en pleno descenso, para saltar así a otra historia y dejarte asombrado y sin aliento. Y todo este recurso narrativo “condensado” en casi 700 páginas sirve para mostrarnos que la tiranía de aquel que ejerce el poder siempre pervivirá. Pero de igual forma lo hacen el amor, el coraje y la amistad, además de la insaciable búsqueda de la verdad y la sed de conocimiento, ascuas imposibles de extinguir que son el germen de las rebeliones que buscan un mundo justo, libre e igualitario.

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Esta noche moriré

Esta noche moriré

Esta noche moriré, Fernando Marías

Esta noche moriré“Me suicidé hace dieciséis años…”. Con esta frase tan lapidaria empieza Esta noche moriré, una novela de Fernando Marías que ha decidido reeditar la editorial Alrevés el año en que se cumplen dos décadas de su lanzamiento.

¿Se puede planear una venganza a largo plazo? La respuesta, si has leído este libro, es rotundamente sí. Porque el protagonista de esta larga carta de casi 150 páginas, Corman, revela como todos los hechos ocurridos en los últimos dieciséis años en Delmar, el tipo que años antes le había encarcelado, no fueron fruto del azar, sino más bien de un siniestro plan trazado por el primero que llevará irremediablemente al segundo al suicidio una vez finalizada la lectura.

Con una mezcla de incredulidad y curiosidad, inicié esta lectura pensando que difícilmente se puede conseguir un suicidio programado a tantos años vista, y que todo esto sería más producto de marketing (¡cuántas veces nos hemos sentido engañados por lo que nos prometían las sinopsis o las fajas…!) que habilidad literaria. Pero no, Fernando Marías escribe un texto arriesgado, de esos que te fijan al sillón y no dejan que te levantes, una siniestra historia llena de odio, rabia y violencia. Sigue leyendo Esta noche moriré

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El buen relato

El buen relato, de J.M. Coetzee y Arabella Kurtz

el buen relatoTítulo: El buen relato. Conversaciones sobre la verdad, la ficción y la terapia psicoanalítica
Autores: J.M. Coetzee y Arabella Kurtz
Editorial: Literatura Random House
Páginas: 182
ISBN: 978843973054

Si estoy caminando a tu lado
Si conversamos
Si compartimos lecturas
Y vida
Sin duda
Soy un poquito reflejo de ti.
Eso quiere decir que mi yo
No es completo sin tu mirada
Y si tú no me piensas
Yo no existo
¿O sí?

Ya veis, esto es lo primero que me ha salido al intentar reseñar este libro, y es que reseñar a Coetzee siempre es un reto. No es un autor de masas, y es fácil que yo reseñe este libro con una gran pasión, porque realmente lo he disfrutado mucho, y que a otro lector no le diga demasiado, incluso le cause tedio o lo abandone.

Eso pasó tras aquella lectura y reseña de “Elisabet Costello” que con tanto cariño recuerdo.

Es cierto, la lectura de este autor no siempre es amena, pero es un auténtico genio en la exploración, en todos sus aspectos, del ser humano.

Sin límites.

Sin estereotipos ni en la forma ni en el fondo.

Sigue leyendo El buen relato

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La piedra lunar

La piedra lunar

La piedra lunar, de Wilkie Collins

La piedra lunarConsiderada por algunos, léase T.S. Eliot, como la primera y “la mejor novela de detectives de la literatura inglesa”, La piedra lunar cuenta la historia de un valiosísimo diamante amarillo, custodiado por tres brahmanes en un santuario hindú, sobre el que pesa una maldición. La joya, robada tiempo atrás, es legada en herencia a la joven Raquel Verinder por el día de su cumpleaños, fecha en la que habrá de volver a desaparecer, después de una cena repleta de invitados, todos ellos, junto al servicio de la casa, presuntos sospechosos.

Escrita bajo los efectos del opio, consumido en principio con fines terapéuticos, Wilkie Collins, que llegaría a experimentar ilusiones paranoicas bajo dicha influencia, nos relata además las consecuencias del consumo del láudano en su novela, de la que más tarde confesaría haber escrito partes que ni si quiera recordaba.

La piedra lunar fue publicado por primera vez por entregas en 1868 en la revista “All the year round”, fundada y dirigida por Charles Dickens, íntimo amigo de Collins, y constituye, junto a La dama de blanco, la mejor novela del escritor inglés, del que se dice también que es uno de los precursores del género policíaco.

Razones no faltan. A Collins se le nota su afán por innovar en el uso de una narrativa coral, donde las voces de sus personajes toman el relevo unas de otras recomponiendo con sus propias vivencias y recuerdos, a modo de diarios, informes y cartas -motivo por el cual a menudo se ha clasificado como literatura epistolar-, los acontecimientos en torno a la desaparición del diamante como si de un puzle se tratara. Son ellos, y no otros, los que de una manera global, aunque también prácticamente lineal, nos van aportando las piezas que necesitamos para componer una imagen final y la resolución de este rompecabezas. Sigue leyendo La piedra lunar