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La canción pop, de Raúl Portero

La canción pop

La canción popLlevaba días con este libro entre mi pila de pendientes, siendo muy consciente de que estaba ahí, pero sabiendo que tenía que esperar el momento adecuado para leerlo. Hay libros que te eligen a ti, eso es indudable. También hay épocas y momentos en tu vida que te llevan de una forma u otra a una lectura determinada. Y está bien eso de dejarse llevar.

La canción pop me ha venido a buscar esta mañana, casi como una melodía que sonara desde la estantería de mi dormitorio y que me incitara a bailar al ritmo de sus páginas. Hoy, que estoy de vacaciones, me he levantado temprano y he desayunado sola en el salón. Y cuando me he levantado a prepararme otro café y he pasado por el cuarto, he oído la canción y he sabido que ese era el momento, que el libro me estaba llamando. Así que yo, dócilmente, lo he cogido y lo he llevado conmigo a la paz del sofá, de las primeras luces del día y de la casa en calma. Y me he puesto a leer. Y he leído tanto que cuando me he querido dar cuenta la canción había dejado de sonar y yo cerraba la última página de libro. Así de fácil, ¿veis? Tan fácil como dejarse llevar por una canción, por un libro que te está llamando.

Justo cuando he acabado de leerlo me ha venido una intensa sensación de tristeza que extrañamente se ha ido disipando durante el día dando lugar a una mezcla de nostalgia y gratitud. Increíble la de sentimientos que un libro puede provocar en nosotros.

Pero mejor os cuento, ¿no? La canción pop habla de un grupo de amigos treintañeros que, tras el suicidio de uno de ellos, vuelven a juntarse tras pasar varios años sin saber demasiados los unos de los otros. Algunos viven fuera, como es el caso de Simón, el protagonista; y otros aún siguen viviendo en la Barcelona que los vio crecer, como es el caso de María o de Úrsula.

El reencuentro de todos ellos, en un momento tan delicado de sus vidas, le sirve como excusa a Raúl Portero para trazar las conexiones entre sus vidas pasadas y el presente. Y es entonces cuando esta generación, nacida en los ochenta, comienzan a diseccionar sin darse cuenta su pasado, con sus miedos y esperanzas que aún tienen la misma cabida en este presente que ha vuelto a unirles.

Ilusiones, amor, drogas, música, sexo y frustración, los mismos temas de ayer que hoy vuelven a atrapar al grupo, que vuelven a aparecer en sus vidas para recordarles que nada ha cambiado o que quizá todo haya cambiado.

Lo cierto es que al pertenecer yo también a aquella generación de nacidos en los ochenta, creo que ahora entiendo mejor esa sensación de tristeza que en un principio me ha dejado el libro. Es imposible no sentirse identificado con este grupo, con sus preocupaciones y deseos.

Raúl Portero ha escrito un libro directo, hiriente y muy pegadizo. Un libro que acaba resonando en nuestras cabezas durante mucho tiempo, como una buena melodía. Creo que os gustará, lectores.

 

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Mil mamíferos ciegos, de Isabel González

Mil mamíferos ciegos

Mil mamíferos ciegosEmpezar una reseña tratando de buscar las palabras es algo extraño, lo sé, pero es que aún estoy tratando de digerir el libro que acabo de leer. No sé muy bien por dónde empezar con Mil mamíferos ciegos, porque todavía no sé bien qué siento sobre él. Es lo que tiene escribir la reseña en caliente, supongo. Quizá debería irme a dar una vuelta, dejar que la lluvia me aclare un poco las ideas. ¿No os encanta el poder liberador de la lluvia? Ese torrente que nos aclara por dentro y por fuera. O quizá debería irme al bosque. Esa sí que sería una buena manera de entender este libro, porque sería un poco adentrarme en él.

Como no voy a moverme de este sofá, voy a luchar con lo que tengo a mano: este libro que acabo de terminar y mis sensaciones. Vamos a ver qué sale de todo esto.

Confío en la editorial Dos bigotes porque, por lo general, suele gustarme su catálogo. Así que, enganchada a ese título tan perfecto y su carta de presentación, me entró la irresistible curiosidad de leer este libro. No conocía a Isabel González. Os la presento: su primer libro publicado se llama Casi tan salvaje y es una recopilación de relatos. Ha colaborado en libros más experimentales (escritos a ocho manos) como La Aldea de F. o Pelos. También ha creado dos libros ilustrados: El caballo del malo y El mismo. Dicen de ella que tiene un ritmo trepidante, elaborado y visceral al mismo tiempo. Cátedra la consideró como una de las autoras más representativas del relato breve contemporáneo en Cuento español actual. Hasta aquí su currículo literario, que no está nada mal. Ya se adivina en él que Isabel González no es la típica escritora (si es que eso existe).

Y ahora, el libro: Mil mamíferos ciegos. Dicen que es una suerte de fábula. Yo voy a definirlo como un libro raro de narices, si me lo permitís. Entendiendo raro, claro está, desde el punto de vista de que se aleja de lo normal, de lo establecido. ¿Es eso malo? Ni mucho menos. Pero a veces es difícil definir lo que nos es extraño, lo que nos saca de nuestro mundo y nos zarandea. Aún más raro explicaros que, a pesar de la complejidad, este libro me atrapa y no sé bien por qué.

Tenemos a Yago, un chico que se escapa al bosque a buscarse la vida, a vivir su vida. También están Eva y Santi, en la ciudad. Una pareja que sobrevive entre fetichismo, soledad y un amor insostenible, edificado sobre unos pilares que se agrietan, que no son capaces de cargar con el peso del vacío. Se trata de un triángulo amoroso que no se concibe como tal. Un triángulo que va surgiendo, que va desvelando su pasado y que llega al presente a través de unas cartas, unos mensajes lanzados a la nada y al olvido que Santi recoge, asimila y hace suyos.

No es necesario contaros más, porque el resto es todo puro simbolismo. Un simbolismo desgarrado y vertiginoso que encuentra su esplendor en la forma de escribir de la autora, alguien que es capaz de dar vida a lo inerte, de dejarnos a ciegas, de arrancarnos del sofá y arroparnos en la insostenible calma del bosque. Os lo he dicho. Os he avisado. Mil mamíferos ciegos es un libro complejo, sí. Pero qué dulce resulta la complejidad cuando nos hacen partícipes de ella de esta forma.

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El amante alemán, de Julián Martínez Gómez

El amante alemán

El amante alemánCada vez me gusta más la editorial Dos bigotes. Me encantó que publicasen la genial novela A Virginia le gustaba Vita. La disfruté mucho y fue una de mis mejores lecturas del pasado año. Así que ahora siempre estoy pendiente de sus nuevas publicaciones. Me parece que hacen una muy buena selección y que son atrevidos y valientes con lo que publican, algo que es muy necesario en este mundillo literario.

Cuando vi que publicaban El amante alemán me atrajo desde el primer momento. Debe ser el título y esa portada tan sugerente. Así pues, con tan buenos referentes y presagios me lancé a leerla.

El autor, Julián Martínez Gómez, nació en La Habana en 1985 (de mi edad, un dato que seguro os interesa mucho). Es autor de varios libros y también poeta. Y esto último se nota a leguas en esta novela, ese lado más lírico, más subjetivo y experimental se cuelan entre las líneas de este libro con total naturalidad. Me gustan los poetas que no pueden evitar ser poetas, no sé si me entendéis.

Ante todo, El amante alemán es un libro de amor, de eso no hay duda. Un amor coral, divido entre el tiempo y los amantes, entre lo oculto y la, ah bendita, libertad.

En 2014, Julio regresa a Cuba tras pasar cinco años fuera de su tierra. En el vuelo de vuelta a Madrid, conoce a un atractivo joven alemán llamado Sebastián. Y aquí comienza y renace todo, su historia y las historias que llevaban años escondidas. Otra historia de amor paralela, la de 1981 se entremezcla con la historia actual. Es entonces, en aquellos años ochenta, cuando Fernando viaja a Berlín desde La Habana y empieza a anotar en su diario amarillo todo lo que acontece. Un diario que más tarde encontrará Julio y que mucho más tarde, podrá leer también Sebastián.

Un poco antes de que eso ocurra, en 1989, un avión que viaja hacia Alemania se estrella cerca del aeropuerto de La Habana. No hay supervivientes, pero este trágico accidente influirá en las dos historias de amor de una manera profunda e inevitable.

¿Creéis en el destino? ¿Pensáis que todo está escrito y que nuestro camino está ya inevitablemente marcado?, ¿creéis que estamos predestinados a vivir la vida que llevamos, las cosas que nos suceden? Yo no sabría responderos. Por una parte me niego a creer en él, pero por otra, más de una vez me he sorprendido con las coincidencias y casualidades que me han ocurrido. Así que, bueno, siempre dejo esa puerta abierta por si acaso, ya sabéis.

En cualquier caso, El amante alemán es una novela llena de casualidades y de un destino, que de existir, se atreve a jugar con los personajes y a entrar en sus vidas sin explicaciones, pero con muchos motivos.

Una novela muy sensual, repleta de verdad y, sobre todo, de amor. Un amor dulce, un amor loco, un amor imposible y un amor que se sostiene más allá del tiempo y que encuentra su eco en el presente.

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El milagro, de Ariel Kenig

El milagro

El milagroRecuerdo la primera vez que entré en Internet. Como en casi todo en la vida, no fui de los primeros de mi cuadrilla; una tarde, animado por uno de mis amigos, fui a una ciberteca, una sala habilitada por el Ayuntamiento en la que te permitían conectarte durante una hora a la red. Siendo sinceros, creo que empleé ese tiempo en su totalidad en jugar a minijuegos en el navegador —algo que en aquellos tiempos me parecían lo máximo— y a hacerme una cuenta de Hotmail para poder acceder a ese invento que estaba substituyendo a las llamadas al teléfono fijo a la hora de hacer planes con los amigos: el Messenger. Qué tiempos aquellos (y qué rápido nos hacemos los viejos algunos).

Hoy en día todos tenemos tan interiorizada nuestra conexión continua a la red que resulta complicado imaginar cómo era el mundo sin YouTube, sin WhatsApp, sin smartphone… Y esta revolución tecnológica es precisamente el punto de partida sobre el que Ariel Kenig construye El milagro, una pequeña novela que saca a relucir algunos de los inconvenientes de este proceso a partir de una jugosa anécdota. El propio Kenig, protagonista y narrador en primera persona, es contactado por una antigua compañera de instituto para ofrecerle unas fotografías. En ellas aparece Pierre Sarkozy, el hijo menor del por entonces presidente de Francia, disfrutando de unas vacaciones ostentosas junto a unos amigos en Brasil; nada inesperado, desde luego. Sin embargo, el interés de esas imágenes radica en que días antes se había informado oficialmente de que el joven había sobrevivido a una avalancha de lodo en ese país, por lo que las fotografías podrían hacer mucho daño a la campaña del padre, algo que a Kenig, un firme opositor de éste, le atrae bastante.

A medida que inicia su peregrinaje por los distintos medios de comunicación franceses para comprobar el interés por las imágenes, el protagonista muestra dudas acerca de su legitimidad para entrometerse en este asunto, lo que le lleva a cuestionarse también su propio estatus. ¿Tiene derecho a criticar con dureza a las clases acomodadas una persona cuya situación económica es más cercana a la de éstos que a la de los más desfavorecidos? A través de los pensamientos del protagonista Kenig nos acerca este y otros problemas habituales de nuestros tiempos, como la lucha de clases, la soledad camuflada en la conexión continua, la crisis de la prensa…

El autor mezcla realidad y ficción en su relato, lo que hace que aquellos que, como yo, no estén muy puestos en la vida social francesa, no sabrán a ciencia cierta en algunos pasajes si los datos y personajes que se nos describen son reales o sólo existen en la mente de Kenig. También se intercala en este texto la narración puramente novelesca y el ensayo, lo que da lugar a un híbrido tan original como, en ocasiones, caótico. En contraposición a esto, uno de los aspectos más atractivos para mí de este trabajo es la forma tan cruda y directa con la que el escritor describe a la sociedad de su tiempo, que me ha traído a la mente a otros autores compatriotas suyos, como Houellebecq o Beigbeder.

En definitiva, esta es una novela que ayuda a visibilizar cómo nuestros usos y costumbres, en especial todo lo relacionado con nuestra privacidad, se han visto afectados por nuestra continua exposición a la red de redes. El milagro no es sino el relato de un treintañero que echa la vista atrás para reflexionar sobre la forma en la que ha evolucionado el mundo que conocemos en un corto periodo de tiempo. Y es que, tomando prestada una frase de la recomendable serie Californication, Kenig, al igual que el protagonista de esta ficción televisiva, es un hombre analógico atrapado en un mundo digital.

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Tan solo el fin del mundo, Jean-Luc Lagarce

Tan solo el fin del mundo

Tan solo el fin del mundoLa llegada del hijo pródigo es carne de literatura desde tiempos inmemoriales. Una prueba de madurez en forma de relato mítico que ya hemos absorbido como propio. Muchos de estos relatos nos invitan a formar parte de la revancha implícita y la alegría explícita del reencuentro. Sin embargo, son pocos aquellos que destejen el por qué de la marcha y la probabilidad de que dicho regreso sea ominoso e incluso macabro. Estamos ante un caso que rompe el molde. Si bien es cierto que presenciamos el regreso de un hijo a la casa familiar, también lo es que las alegrías y el rechazo llenan las habitaciones a partes iguales. Y es que el nuevo título publicado por Dos Bigotes, no sólo empieza a estar en boca de todo el mundo por la reciente adaptación cinematográfica de Xavier Dolan. Tiene méritos propios como para colarse en las mejores lecturas de 2017. Decir esto, empezando febrero es ser de todo menos comedido. Pero pocas veces uno encuentra una obra capaz de hacerte parar la lectura para entender qué está pasando tanto dentro de la página como dentro de ti. Tan solo el fin del mundo es una obra mínima en ejecución que acaba desbordando al lector en más de un sentido y consigue remover cimientos aparentemente sólidos.

La pieza teatral comienza cuando Louis, ante una inminente enfermedad que acabará con su vida, decide volver a la casa familiar para comunicar el terrible diagnóstico y, de paso, reconciliarse con su pasado. Poco de este plan podrá llevarse a cabo cuando entienda que aquellos que nunca se marcharon tienen tanto o más que decirle. Una madre que le extraña, un hermano que le niega, una hermana que le idolatra y una cuñada que no le conoce. Estos cinco personajes vivirán las horas más tensas de sus vidas. En el mero transcurso de un día, verán cómo todo lo que creían enterrado encuentra su camino a la superficie, dejando claro que el olvido que nos promete el tiempo tan sólo es un préstamo que tarde o temprano debemos devolver. Como si de un asesinato cometido años atrás, al reunirse todas las piezas, cada uno de estos seres infelices, entendemos la dimensión del crimen y las medias mentiras que han servido para evitar el derrumbe. Todos bajo el mismo techo y sin poder apartar la mirada. Y es tanto el rencor y es tanta la rabia que, poco a poco, la futura muerte de Louis se diluye en un sinfín detalles de una vida pasada que cada uno recuerda a su modo.

No he visto la obra representada y la adaptación cinematográfica de Dolan dista lo suficiente como para que puedan complementarse, pero no reflejarse la una en la otra. Sin embargo, no puede negarse la fuerza violenta que su autor, Jean-Luc Lagarce, ha insuflado en el texto. Cada uno de los personajes necesita decir, pero no puede. Cada uno tartamudea de un modo diferente en el intento vano de hacer llegar a los demás su dolor o su nostalgia. De hecho, el autor ha usado el monólogo en gran parte de la pieza para dejar claro esta ausencia de diálogo. La comunicación no sucede de un modo bidireccional. Los personajes sueltan las palabras y nunca sabemos si calan en el interlocutor. Siquiera si hay interlocutor en algunas de las escenas. Esto duele por potente y porque deja claro que en el fondo Tan solo el fin del mundo es una obra que nos habla del aislamiento en el sentido más letal del término, aquel que nos impide llegar a otro humano incluso cuando lo tenemos justo enfrente. Incluso cuando tiene dentro nuestra misma sangre.

La familia es la máquina del tiempo más rudimentaria que existe. Nos hace volver a un tiempo que ya fue, pero cuyo recuerdo dista mucho de la imagen distorsionada que uno recibe. No hay botones de emergencia que pulsar si uno quiere volver al presente. Ni cinturones que nos aseguren que no saldremos heridos del viaje. Te lleva atrás y te enfrenta a cosas que fueron y que te formaron. Cosas que aún duelen y que por tanto no hemos aprendido a pronunciar. Como ya nos enseñó Lorca, la muerte y la familia son dos hechos inevitables en la vida de todo ser humano. Y la reconciliación con ambas potencias hará válido nuestro paso por el mundo. Si sucede, claro. Jean-Luc Lagarce nos muestra las infinitas posibilidades de este duelo. Y es que esta hermosa pieza de orfebrería cuenta con aristas rencorosas y con silencios prolongados. Todo el equipaje que nos hace falta para viajar atrás y decir ‘He vuelto a casa’ aunque todos estén mirando a un extraño.

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A Virginia le gustaba Vita, de Pilar Bellver

A Virginia le gustaba Vita

A Virginia le gustaba VitaLo mío con este libro ha sido un flechazo. Desde que me enteré de su publicación estaba deseando tenerlo en mis manos. Y ahora, justo ahora que acabo de terminar de leerlo, todavía estoy bajo el efecto de ese amor platónico y necesito contároslo. Quiero a este libro (¿se puede querer a un libro?) porque adoro a Virginia Woolf y si a Virginia le gustaba Vita, a mí me gusta Virginia. Ahora además también me gusta Vita. Y me gusta Pilar Bellver, la autora, porque en cada línea de esta novela se respira la pasión que siente por Virginia Woolf. Así que, lectores, aquí me tenéis: completamente desarmada.

La Woolf (sí, con su “la” delante, marcando con fuerza su personalidad) me ha gustado desde que leí hace ya unos años Una habitación propia. Si no lo habéis leído estaréis un poquito más vacíos. Es imprescindible su lectura, mujeres. Es indispensable su comprensión, hombres. Es esencial que todos leamos Una habitación propia, lectores. Y aunque no he leído toda su bibliografía (estoy en ello), Virginia Woolf es, y será siempre, una de mis escritoras favoritas. Creo que es una de las mujeres más interesantes e inteligentes de siempre. Lo creo yo y, afortunadamente, mucha gente. ¡Viva la Woolf, carajo!

A Virginia le gustaba Vita, publicada por la editorial Dos Bigotes, no es una novela convencional y ahí reside la magia de este libro. Pilar Bellver ha hecho un trabajo literario excelente. El libro cuenta la historia de amor entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West, una historia que ha llegado hasta nosotros a través de las cartas que ellas se escribían. Con ese material, Pilar ha elaborado una novela que mezcla la ficción con la realidad. Se trata de una suerte de correspondencia entre ambas mujeres ideada a través de las cartas reales, con algunos fragmentos literales de ellas y la imaginación de la autora. Un ejercicio de fantasía maravilloso. ¿El resultado? Esta novela tan real que duele, tan ficticia que desgarra y conmueve.

La historia de amor, la real, esa que asoma entre las líneas de esta novela es extraordinaria. De hecho, todo el grupo de Bloomsbury era tan genial que darían para horas y horas de conversación. Y es que las historias y rencillas de este grupo son alucinantes. Hay mucho material escrito sobre ellos y en las biografías de Virginia y Vita encontramos muchos anécdotas realmente interesantes.  También la autora del libro nos develas muchas de ellas en las notas a pie de página. A Virginia le gustaba Vita tiene muchas anotaciones a pie de página, algo que podría ser pesado si no estuviera bien hecho. Pero las anotaciones de Pilar Bellver son necesarias, inteligentes y están escritas con la misma pasión que la escritora pone en toda la novela. Me han encantado porque ayudan no sólo a esclarecer parte de la realidad y la ficción, sino que también aportan datos curiosos e información que no es tan fácil de encontrar. Además, el libro cuenta al final con una bibliografía y unas notas sobre ésta en la que Pilar Bellver, muy lúcida ella, nos explica cuáles son los libros que a ella le han resultado más interesantes. Ese valioso dato que como lectores esperamos encontrar al leer una bibliografía. Por cierto, ya tengo un par de libros nuevos en mi lista de pendientes.

A pesar de que el grupo de intelectuales de Bloomsbury era un grupo bastante avanzado para su época y que el amor libre era practicado por casi todos ellos, no podemos olvidar que estamos hablando del primer tercio del siglo XX y que, a pesar de la aparente modernidad, la homosexualidad, socialmente, era todavía prácticamente tabú. Por ello, aunque tanto el marido de Virginia como el de Vita (extraños matrimonios de conveniencia) sabían de la relación entre ambas, el suyo era un amor casi prohibido y secreto. De ahí la importancia de la correspondencia entre ellas y sobre todo, de los diarios, pues es en ellos donde realmente se plasma el verdadero y hermoso romance.

La historia que se cuenta en este libro es la real, sin duda. Aunque muchos fragmentos provengan de la imaginación de la autora, en ocasiones podemos sentir que estamos en las mentes de Virginia y Vita. Y sobre todo, en sus corazones. Porque es amor lo que desprende esta novela. Una maravillosa relación de amor y amistad entre dos mujeres extraordinarias que duró durante toda sus vidas. ¿No es precioso? También lo es esta novela, os lo prometo.

 

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El sonido de los cuerpos, de Fernando J. López

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Ruido. El roce de dos cuerpos que intentan acompasarse, seguirse, controlarse los instintos o los sentimientos, qué más da. El sonido explosivo de un disparo, o quizá el simple aire que, traspasando la garganta, los pulmones, supone el suspiro que deja el vacío de alguien que se va, que decide irse, abandonar, la vida o a alguien, lo mismo da cuando es el sentimiento el que une esos dos mismos cuerpos que hoy explotan. Y después el silencio. Y volver a buscar el ruido. Contaminar las habitaciones cerradas por elección propia, por obligación. Buscar ese ruido en cada uno de los rincones que, ahora, nos damos cuenta que han dejado una vida vacía, muchos recuerdos destruidos, y una historia contada para que alguien la escriba. Ese alguien es Fernando J. López, de nuevo, quizás siempre intentando volver a él, esperándole, con ese ansia de leer lo que sucede en nuestro interior, aunque no seamos nosotros, aunque todo sea inventado, ficción, pero no lo parezca porque hay algo dentro, en el pecho, en esa falta de respiración que atenaza a veces al pasar la página, que nos recuerde a todo lo que hemos vivido, o a lo que vivimos y no nos paramos a pensar nunca. Ruido. Y un título que nos reinventa a cada paso. El sonido de los cuerpos.

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Una barba para dos, de Lawrence Schimel

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¿Cómo vive uno el sexo? Esta pregunta, hecha así de sorpresa, puede que a más de uno le haga tartamudear. Pocos somos los que sabemos cómo vivimos el sexo, cómo lo sentimos, cómo lo disfrutamos o, al menos, somos capaces de ponerlo en palabras. Lawrence Schimel lo sabe, y a la perfección. Una mirada, un simple contacto entre dos manos, una idea, una imagen que se queda fija en la memoria, pueden ser elementos que en Una barba para dos se conjugan para conformar los microrrelatos donde dos o más cuerpos se entrecruzan, se conjugan, se respiran, para saber cómo vivir el sexo, para entender que en ese latir acelerado y respiración entrecortada existe un mundo mucho más rico que la simple eyaculación o el orgasmo. Porque el sexo se habla, se comenta, incluso se esconde, pero nada es más importante que vivirlo. ¿Es posible, por tanto, que a través de la literatura entendamos cómo se hace el amor, o cómo simplemente los cuerpos se unen para dejarse sin aliento? Se puede, y aquí lo vais a descubrir.

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Imre: una memoria íntima

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Imre: una memoria íntima, de Edward Prime – Stevenson

imreHablar. Hacerlo desde el corazón, no desde la razón. Nunca. Sacar lo que llevamos dentro y, de alguna manera, exorcizar los fantasmas, los espíritus que como invitados no deseados se fijan en nuestro cuerpo, lo llenan de surcos y anhelos, de deseos y rabia, de pasión y desesperación. El amor, que cuando tiene que ser callado, es una caja que al abrirla hará explotar el mundo. Un sentimiento, dos cuerpos, enamorarse del otro y vivirlo como si fuéramos uno, como si no estuviéramos preparados para lo que está por llegar, con las indecisiones, con el miedo, con la primera vez que conocemos algo semejante. Y el calor, en una mirada, en un gesto de caricia, en un simple abrazo que no encierra sólo camaradería, sino también obsesión. Renacer, cuando ya creíamos que nada importaba, con la vista fija en un punto determinado, en un lunar, quizás en una marca de nacimiento, puede que en todas esas imperfecciones que a nuestros ojos parecen perfectas. Será que amamos, los que creemos que cuando la chispa, el pequeño resorte, lo cambia todo. Será ese placer, el de sentirnos reconocidos, frente a lo que no se dice, frente a la invisibilidad en una sociedad marcada por las etiquetas que surcan las aceras, las carreteras, en las otras épocas en las que los diagnósticos los realizaban personas que no pensaban, que sólo escribían basados en errores, en fuegos fatuos que poco tenían de vida, pero que arruinaban las de aquellos que se veían estigmatizados. Un amor, quizá el más grande, el que se cuela entre los pliegues de la realidad y nos comunica, nos exhorta, nos vuelve valientes para gritar a un mundo que no entiende que, a pesar de todo, la igualdad, el respeto, la necesidad de sentirnos uno cuando somos dos, es algo global, y no sólo territorio de unos pocos.

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10 libros recomendados para el Día del Libro

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10 libros recomendados para el Día del Libro

librosLibros. Una pasión. Un nexo de unión entre las personas. Un viaje a un mundo imaginario. Un deseo como regalo. Una experiencia única cada vez que abrimos la primera página. Una mirada, un recuerdo, un olor que nos devuelve a la infancia, una historia que se queda clavada en el cuerpo. Así son los libros, y así es lo que podéis ver aquí cada vez que nos miráis desde el otro lado de la pantalla. Como no podía ser de otra manera, en Libros y Literatura estamos un año más para desear un buen Día del Libro con unas recomendaciones de algunos de los libros que más nos han llamado la atención estos últimos meses. Historias diferentes, historias que llegaron en su momento al corazón de alguno de nuestros lectores, y que os ponemos en bandeja para que vayáis a una librería, a algún stand que salga a la calle, y os hagáis con un ejemplar.

¡Que vivan los libros! ¡Que viva el  Día del libro!

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Entrevista a Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo

Dos Bigotes

Entrevista a Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo, editores de Dos Bigotes

Dos BigotesSer una editorial nueva nunca es fácil. Mucho menos en estos tiempos en los que la crisis, esa palabra funesta, hace acto de presencia cada vez que alguien quiere emprender y llevar a cabo su proyecto. Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo lo han hecho, con pasión, con ilusión y con las ganas que son necesarias para que un proyecto salga adelante. Su editorial, Dos Bigotes, llena para el lector un hueco que se venía viendo desde hace unos años y es la poca cantidad de títulos de literatura LGTBI que se publicaba en España. Augurándoles todo el éxito del mundo tras su primer libro, El armario de acero, el que suscribe decidió ponerse en contacto con ellos y hacerles unas cuantas preguntas que nos den una visión más concreta de lo que estamos a punto de encontrarnos en sus libros.

Con vosotros, Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo, editores de Dos Bigotes, una editorial que, desde ya, va a dar mucho que hablar.

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El armario de acero

el armario de acero

El armario de acero: amores clandestinos en la Rusia actual, de Varios Autores

el armario de aceroLa vida no se reseña, se vive. Nos comportamos como seres que se esconden, a veces, mirando de reojo cómo el amor surge, cómo el amor se desvanece y desintegra, como el polvo del tiempo, como la suciedad tras haber pasado el trapo. La experiencia, la propia, la vivida en primera persona, nos sirve de escarmiento, de aprendizaje, en un mundo donde hay silencios que son peor que las palabras, donde una sola palabra puede hacernos sentir escalofríos, donde un sentimiento nos engloba y nos mantiene vivos. Pero también nos mata. Y así es como vamos estableciendo uniones, visiones de la realidad desde dos lados distintos, lo opuesto, la verdad frente a la mentira, percepciones distintas de una vida en común. Y allí, al fondo, como relegados al segundo plano que nadie enfoca, el amor entre iguales, entre dos personas que lo único que cometen es el beso que se regala, la caricia nocturna antes de que llegue el sueño, la lágrima ante una ruptura, en definitiva, la vida, esa que no se diferencia en absoluto del resto de los mortales. El armario de acero es una cerradura por la que mirar, por la que la curiosidad se filtra y anega la habitación que, tras la puerta, vive algunas de las historias de amor más grandes que se esconden, parapetadas por el biombo de la incomprensión, de la intolerancia, de un país que se enfría cada invierno y que no consigue que el deshielo llegue a ciertos corazones. Vidas que se unen tras las cortinas, que se besan, que se huelen, que se saborean. Vidas como la tuya, como la de todos, pero que alguien decidió no comprender.

Cuarenta relatos de amor, de realidad. Bocados de un apetito voraz por levantar la voz en una realidad donde, algunos, piensan que lo mejor es el silencio. Relatos y poemas de amor entre mujeres, entre hombres, entre el mismo sexo, que son como un puñetazo que te abre los ojos.

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