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La defensa, de Vladimir Nabokov

La defensa

La defensaPasan las lecturas, y yo sigo dedicando parte de mi 2018 literario a conocer mejor la bibliografía de uno de los escritores que llevaba años y años dentro de mi lista de pendientes. Hoy os traigo la tercera reseña de Vladimir Nabokov en poco más de dos meses. Tras Risa en la oscuridad y Mashenka, toca el turno de La defensa, otra de sus novelas rusas, escrita entre 1929 y 1930. La historia está protagonizada y copada casi en exclusividad por Luzhin. El joven niño ruso encuentra en este juego milenario la forma de evadirse de su mundo y otorgarle la armonía que en su vida diaria no consigue encontrar. El matrimonio ajedrez-Luzhin lleva al joven a convertirse en un gran maestro y ser reconocido en el mundo entero. Poco a poco, la obsesión con la que el maestro concibe el juego hace poner en jaque no solo su carrera, sino también su propia vida, y, por consiguiente, la de todos (que no son muchos) los que están a su alrededor.

Aunque en los años del colegio y el instituto me aficioné mucho al ajedrez, hoy día no suelo practicarlo mucho. Sin embargo, no sé qué tiene el ajedrez que, mezclado con la literatura, produce productos sobresalientes. Si disfruté muchísimo con Novela de Ajedrez (para mí, el mejor libro de Zweig), el resultado ahora con Nabokov es igual de satisfactorio, convirtiéndose hasta la fecha en mi mejor lectura de este genial escritor.

Pero debo decir que, de todos mis libros rusos, es La defensa el que posee y difunde el mayor «calor», lo que podría parecer extraño si se tiene en cuenta cuán tremendamente abstracto se supone que es el ajedrez.

Si Mashenka y Risa en la oscuridad tenían mucho parecido argumental y estilístico, en esta ocasión encontramos una novela bastante alejada de las otras dos. Estamos ante un libro más trabajado, con mucho desarrollo interior y algo menos de humor, aunque ese toque especial y caricaturesco que suele usar Nabokov para describir escenas y personajes no desaparece del todo, por suerte. Con un comienzo algo farragoso y difuso, la historia se va centrando y creciendo desde el momento que el joven Luzhin descubre la magia que otorga el tablero ajedrezado. Desde ese momento no hay dudas que Luzhin se convierte en el rey de la partida que nos invita a jugar el autor. Una partida que no abarca una sola sala y un adversario frente a él; más bien es una partida que engulle todo, hasta el propio entendimiento de su protagonista, lo que le hace obsesionarse hasta el extremo y vivir su vida como si estuviera ante la partida definitiva, analizando cada movimiento sin advertir que el enemigo al que se enfrenta es su propia vida. Esta bajada a los infiernos convierte el ajedrez en una dicotomía irresoluble. El ajedrez se erige a la vez como el antídoto y el veneno. En ocasiones, el ritmo del libro se vuelve tan caótico como la propia mente de su protagonista, que no para de calcular posibles movimientos, escapatorias, celadas o nuevas aperturas que le lleven a conseguir el jaque mate definitivo.

Tiene La defensa varios extractos de alta literatura. Uno de ellos lo encontramos en el capítulo ocho, en esa partida decisiva con el gran maestro Turati, rival de Luzhin. La prosa de Nabokov alcanza aquí una de sus grandes cotas, convirtiendo por momentos el ajedrez en un elemento casi poético. Además, otros elementos como el exilio, aunque en menor medida, siguen estando presente en esta obra. E incluso se permite el autor el guiño hacia el lector protagonizando un pequeño cameo dos de los personajes de Mashenka. Lo que queda claro de Vladimir Nabokov es que nadie puede quedar indiferente ante sus escritos. Uno no sabe, una vez terminada la lectura, si amar u odiar eternamente a Luzhin; si alabar su genialidad o desesperarse por su torpeza social y amatoria.

Cuando termino cada una de mis lecturas, suelo dejar pasar días e incluso alguna semana para que todas las ideas e impresiones causadas por la lectura se estabilicen y vayan creando un poso. Con Nabokov, todo ese reposo me sirve para darme cuenta de que estoy leyendo algo muy bien planteado, salido de una mente genial llena de lucidez, lo que me invita a seguir queriendo leer más del autor. Por eso sé que a La defensa le seguirá en muy pocas semanas otro escrito del autor. La duda que tengo es cuál coger. ¿Hay alguna que me recomendéis especialmente?

César Malagón @malagonc

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Ginsberg esencial, de Allen Ginsberg

Ginsberg esencial

Ginsberg esencialNo me gusta nada que me pregunten cuál es mi autor o libro favorito. ¿Cómo pretenden que escoja solo uno? Tampoco me gustan nada las típicas listas de “mis diez libros preferidos” o “mis autores favoritos”. Hay tantos escritores y tantos libros que me gustan que me resulta imposible. Además, mi lista cambiaría dependiendo del momento, del estado de ánimo, del día o del ciclo lunar. Vamos, que no, que no paso por ahí. Eso sí, puedo deciros libros y autores que casi siempre nombraría y no sé si Ginsberg en particular estaría entre ellos, pero desde luego que la Generación Beat sí que ha tenido cierta influencia en mí.

Os pongo en situación: la Generación Beat fue un movimiento literario que surgió en Norteamérica en los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quiénes eran? Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Borroughs fueron sus mayores representantes. Cansados de la rutina y los valores tradicionales, lo que básicamente buscaron fue revelarse contra las normas sociales. Interesados en experimentar con el lenguaje, la sexualidad, la espiritualidad, las drogas y las creencias y el estilo de vida americano, este movimiento fue realmente significativo. Su influencia puede verse en el movimiento Hippy de los años 60 y 70, consiguiendo liberar al mundo de la censura y la represión sexual, además de liderar una nueva reforma en diferentes aspectos sociales y culturales de la sociedad. Casi nada, ¿eh?

La editorial Anagrama ha recogido en un mismo volumen, titulado Ginsberg esencial, la obra fundamental de Allen Ginsberg, en la cual podemos encontrar poemas, canciones, ensayos, diarios, correspondencias, entrevistas y fotografías. Un material realmente interesante que condensa todo lo esencial para entender y conocer a este fascinante autor. Quizá Kerouac siempre fue el más conocido de todos, ya que escribió En el camino, novela que puede considerarse la biblia de este movimiento, pero Ginsberg también tenía lo suyo. Él es el autor del poema Aullido, una larga queja contra el capitalismo y la conformidad y cuyo  célebre arranque es el siguiente:

“He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura”.

Podéis imaginar el nivel del poema, que os recomiendo leer encarecidamente si no lo habéis hecho ya.

Ginsberg esencial es el libro imprescindible para quienes nos gusta este autor y todo lo que la Generación Beat trajo consigo. Controvertido, irónico, ingenioso, divertido y brillante, merece la pena adentrarse en el universo Ginsberg gracias a este libro. Un universo, por cierto, de lo más extravagante y transgresor. Tanto como Ginsberg, este gran poeta que es, sin duda, uno de los escritores imprescindibles del siglo XX.

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Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T Leroy, de Savannah Knoop

Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T Leroy

Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T LeroyHay libros que tienen detrás una historia alucinante, de esas en que la realidad supera con creces la ficción. Este es sin duda uno de ellos. Tengo que admitir que yo no conocía la historia. No sé si porque en España no resultó demasiado conocida o simplemente por ignorancia mía. El caso es que cuando leí la sinopsis de Chica, chico, chica quedé enganchada a la historia y tuve que leerme el libro. Lo verdad es que ha sido todo un acierto, lo he disfrutado muchísimo.

Para los que no conozcáis la historia, os la explico. Resulta que a finales de la década de los noventa, un escritor nuevo comenzó a causar furor en la escena literaria norteamericana. Nadie sabía quién era exactamente, pero empezó a ser considerado como el nuevo J.D Salinger, todo un referente para las nuevas generaciones de escritores y lectores. Tanto es así, que numerosas celebrities se dedicaron a mostrar su apoyo haciendo lecturas de sus libros y acogiendo a J.T Leroy, el misterioso autor. Famosos como Carrie Fisher, Courtney Love, Gus van Sant, Bono y, sobre todo, Asia Argento.

La historia de J.T Leroy no es nada fácil. Criado por una madre prostituta y drogadicta en un apeadero de caminos en el sur de Estados Unidos, el inquietante escritor relata sus experiencias en las novelas autobiográficas Sarah y El corazón es mentiroso. (que por cierto, necesito leer). Entre sus vivencias, se incluye un cambio de sexo. Una vida de lo más particular, digna de un escritor maldito. Como podéis leer, la historia de J.T Leroy tenía todos los ingredientes para estar en el centro de los focos. Y eso es precisamente lo que ocurrió durante algunos años, hasta que, más tarde, la verdad salió a la luz: todo había sido un engaño. J.T Leroy nunca había existido. Durante seis años, Savannah Knoop acudió a festivales literarios y se codeó con las celebrities haciéndose pasar por J.T Leroy. No me digáis que toda esta historia no da para un libro, una película y miles de titulares. De hecho, a finales de este año se estrena la película JT Leroy, con Kristen Stewart como protagonista.

Pero no os he contado todo, aún hay más. Savannah Knoop se hizo pasar por el atormentado escritor J.T Leroy porque su cuñada en aquel momento, Laura Albert, se lo pidió. ¿Y quién era ella? Pues la autora de las novelas ni más ni menos. Menuda historia.

Chica, chico, chica es el relato de la propia Savannah Knoop en el que narra las vivencias e historias que le sucedieron haciéndose pasar por J.T Leroy casi a tiempo completo durante años. Debe de ser duro dejar tu vida de lado para dedicarte a interpretar a otra persona, alguien que es admirado, al que muchas personas adoran y que en realidad no existe. No sé cómo Savannah no se volvió loca del todo, como no experimentó una crisis de identidad brutal. Lo que sí puedo deciros es que el libro es ácido, entretenido y algo adictivo. No he podido soltarlo desde que lo empecé y esta excéntrica historia me ha tenido totalmente enganchada.

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Bellas, de Dhonielle Clayton

Bellas

Bellas¿Por qué estamos cada vez más obsesionados con nuestra apariencia? ¿Por qué nos importa tanto estar delgados, en buena forma y ser más guapos que los que se encuentran a nuestro alrededor? En definitiva, buscamos ser lo más parecidos al canon de belleza impuesto por la sociedad actual. Pero ¿es solo para encajar o acaso necesitamos ser diferentes del resto?

Podría realizar mil y una preguntas relativas a este tema y nunca acabaría con la reseña. Y me encanta, porque creo que todos tenemos mucho que reflexionar sobre ello. En especial, sobre lo superficial que en general todos nos hemos vuelto y de sus consecuencias para futuras generaciones. Porque esto parece no tener límites. ¿O sí?

De esto habla Bellas, de los límites ante la gestión de la belleza en la sociedad. Sin embargo, como es una obra de ficción, sitúa los hechos en un universo distópico (no muy diferente al nuestro…) en el ha desaparecido la belleza. Los tonos grises inundan los rostros tanto de de los más ricos como de los más desfavorecidos, que necesitan a las llamadas “bellas”: un grupo de mujeres que tienen el poder de moldear el cuerpo y las personalidades a gusto del usuario hasta conseguir el efecto perfecto que desean. Sin embargo, solo los más ricos tienen derecho a las mejores “bellas”.

Aquí comienza esta original historia, de la que no quiero revelar más. Es mejor sorprenderse con la trama a medida que vas leyendo, porque tengo que admitir que me ha sorprendido bastante. No me imaginaba una historia tan adulta y original, que me ha atrapado hasta el final y que ha conseguido sobresalir entre las que estoy leyendo últimamente.

Para empezar, la ambientación que crea la autora es espectacular: tan llena de color y de todo tipo de detalles… Tan visual que nos lleva a un paisaje tan puramente cinematográfico y de ficción que solo es capaz de ser construido en nuestras mentes. En Orleans no hay límites, solamente tu imaginación. Por esto creo que es una delicia para los que, como yo, somos adictos a la fantasía y a los mundos irreales. Me ha parecido un gran escenario, muy apropiado para esta peculiar historia.

Pero Bellas no sería nada sin sus personajes, mujeres que deben enfrentarse a todo lo que les han contado que era su vida y su propósito desde su infancia. Mujeres que deben ser valientes y luchar contra aquello que no consideran justo, hasta el punto de jugarse la vida por ello. Me encantan los libros en los que se da una evolución palpable en sus personajes principales, que aprenden de las situaciones y problemas contra los que deben enfrentarse, pero luchando también contra sus propios demonios, errores y miedos. Gente como tú y como yo, con la que siempre es fácil empatizar (a pesar de no tener poderes para conceder la belleza a quienes deseemos).

Y así avanza la lectura, gracias a una pluma muy descriptiva, llena de giros argumentales y sorpresas que no me dejaron indiferente y que me sorprendieron gratamente. Es muy difícil no dejarse envolver por la magia de Orleans, por estas “bellas” y sus poderes, tan atractivos que es complicado no dejarse llevar por ellos… Por esa sociedad tan perfecta en su superficie, que esconde capas y más capas de mentiras e inmoralidad.

Lo más especial esta lectura es la sensación con la que me quedé al terminar su última página: que, en realidad, quizás no existen límites para la belleza. Tanto en el libro como en la vida real existen muchas técnicas para embellecernos y que, al final, nosotros decidimos qué importa más: si nuestro aspecto o nuestro interior. Y aunque esto suene a discurso infantil, es algo sobre lo que deberíamos pensar. ¿Acaso estamos asentando en las bases de la educación valores como la belleza por encima de valores como la lectura o cultivar nuestra mente? ¿Importa más el corto o el largo plazo?

La belleza es relativa y perecedera, por lo que: ¿merece la pena dejarse llevar por ella? ¿Arriesgar nuestra vida y perder lo mejor de nosotros mismos por un algo que realmente no merece la pena? Me encantan las lecturas que me hacen pensar sobre ellas incluso mucho después de haberlas leído, así que no puedo hacer otra cosa que recomendárosla y aseguraros de que merece mucho la pena.

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La gente en los árboles, de Hanya Yanagihara

La gente en los árboles

 

La gente en los árboles

Recuerdo que la primera novela que leí de Hanya Yanagihara me dejó destrozado. No sólo a mí, claro. Medio mundo se rendía ante la dureza y la necesidad de contar una historia que no se ahorraba detalle alguno. Tan poca vida fue un antes y un después en mi vida como lector. Puso en entredicho todo lo que yo creía saber sobre la literatura y su poder para cambiar la forma que uno tiene de estar en el mundo. Las dinámicas que establecemos con otras personas. Y la gestión de los propios medios como base fundacional de una personalidad sana. Aunque suene grandilocuente, lo cierto es que me quedo corto a la hora de lanzar alabanzas sobre una obra que ha quedado para siempre dentro de mi canon personal. La buena gente de Lumen, ante tal despliegue palpable de talento, decidieron volver atrás en el tiempo y recuperar la primera obra de Yanagihara. Una historia que, si bien deriva por otros derroteros, podemos presenciarla con perspectiva y ver cómo la autora usó esta novela como campo de experimentación para ciertos temas y determinados recursos estilísticos que la lanzarían tiempo después a la fama internacional. Pero que no se me malinterprete, La gente en los árboles es una historia con personalidad propia que ahonda en ciertos temas delicados y pone en entredicho las sentencias irrevocables sobre lo correcto y lo incorrecto.

La historia comienza con una noticia que da la vuelta al mundo: el científico y ganador del Premio Nobel Norton Perina es acusado por abusos sexuales por parte de uno de sus hijos. Ya desde la cárcel, Perina decide contar su versión de los hechos. Y lo que a priori podría parecer una simple defensa de su nombre, va tornándose en algo muchísimo más complejo. La vida del protagonista se nos narra desde sus comienzos en un pequeño pueblo de Indiana hasta llegar a convertirse en el gran descubridor de lo más cercano que como especie hemos estado de la inmortalidad. Y es que en sus viajes a un archipiélago perdido de la Micronesia, Perina descubre un poblado cuya imposible longevidad radica en el consumo de una especie de tortuga autóctona. Será cuando lleve a Occidente su descubrimiento cuando su fama lo catapulté a los anales de la historia. Y justo será ése el punto de partida de las múltiples adopciones a niños de dichas islas, estableciéndose el escenario en el cual años después será acusado.

Como en la novela que hizo famosa a Yanagihara, aquí volvemos a encontrarnos ante diversas tesituras éticas que ponen en jaque al lector y le obliga a decidir si es lícito aplicar el juicio o dejarse arrastrar por el relativismo moral. Nada puede pecar de simple cuando los preceptos que sustentan a una civilización no coinciden con los del lugar de procedencia del que partimos. Y es justo por ello que la autora coloca a una científico en el ojo del huracán, para analizar desde la ciencia y la antropología aquello que nos cuesta asimilar. Como un bisturí, Yanagihara disecciona rituales y comportamientos sin aplicar juicios o ideas preconcebidas. Nos mueve las entrañas en aras de la ciencia, exigiéndonos a los lectores que dejemos de lado los puntos de vistas radicales y entendamos las raíces de lo que se nos presenta en cada página. Aunque aviso desde ya que ciertos pasajes son muy difíciles de digerir o tan siquiera hablar de ellos.

Hay algo hipnótico en La gente de los árboles. Algo que te obliga a andarte con ojo a cada vuelta de página. Su narrador, Norton Perina, aboga por el positivismo. Una fe en la ciencia que lo hace abanderado de la más absoluta objetividad. Sin embargo, como humano está condenado a una subjetividad de la que no puede desligarse. Una subjetividad que oculta al lector de forma intencionada. Siempre hay algo sucediendo en un segundo plano en esta novela. Algo que su protagonista se niega a mostrar. Y de esa sospecha mutua entre lector y narrador se establece un vínculo poderoso. Yanagihara consigue que reflejemos nuestra propia visión alterada de los hechos en su personaje, poniéndonos en una tesitura complicada. ¿En qué momento nos creemos poseedores de ideas como la verdad y la justicia?

Esta novela es una clase maestra sobre narradores poco confiables. De esos que te obligan a encontrar la historia justo en esos lugares que no están expuestos a la luz, bajo tierra, en el fango. Uno no puede salir de este libro sin entender que para hallar la verdad es necesario ensuciarse de principio a fin. Y que la confianza, como todos aprendemos en un algún punto de nuestra vida, es un asunto que exige cuellos con capacidad para rotar, cuellos que nos permitan mirar hacia otro lado.

 

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Wilf salva el mundo, de Georgia Pritchett

Wilf salva el mundo

Wilf salva el mundo¿A qué le tenéis miedo? Venga, va, seguro que hay un montón de cosas por ahí. Yo tengo que reconocer que soy poco miedosa. No le tengo fobia a ningún bicho en particular y, de hecho, soy de las que no mata ni a una mosca. He llegado a hacer rescates muy locos de bichitos, pero esa historia la dejaré para otro día. ¿Sabéis quién sí que un miedoso? Wilf, el protagonista de este divertido libro. Wilf tiene miedo a los animales disecados, a los bichos que tienen muchas patas y antenas, a los monstruos marinos, a la mantequilla de cacahuete, a las pelucas, los ascensores, los vikingos y un largo, larguísimo etcétera. Es raro que me creáis ahora si os digo que Wilf salva el  mundo. Sí, un niño lleno de miedos y de alergias será el encargado de evitar la destrucción del mundo, ¿qué os parece?

Todo comienza cuando los nuevos vecinos se instalan en la casa de al lado. Hay que reconocer que el vecino es sincero y no esconde sus intenciones: él es un malévolo lunático. Wilf piensa que no será para tanto, pero Alan, que así se llama el vecino, le asegura que sí, que tiene un malévolo plan secreto para destruir el mundo y que ya verá. Como os he dicho, Wilf no es que sea muy valiente, pero hasta él sabe que tiene que hacer algo para impedir que su nuevo vecino se cargue el mundo.

Para ello contará con la ayuda (o el incordio, según se mire) de su hermana pequeña y mocosa Comilla. También está Estuardo, una mascota que guarda en su bolsillo y que no es ni más ni menos que un bicho bola. Kevin Phillips, un perro que se cree humano y Mark III, un robot que ha sido programado para destruir el mundo y que es algo pasota, completan el equipo del malo malísimo de Alan.

La mejor manera de vencer los miedos es enfrentarse a ellos y eso Wilf lo sabe muy bien. Por eso siempre imagina las cosas más terribles que podrían suceder y las dibuja. Así sabrá exactamente lo que le puede ocurrir y lo que puede hacer para superar esas adversidades. Tiene su lógica, ¿verdad?

Wilf salva el mundo es un libro divertidísimo. Georgia Pritchett ha escrito una historia de lo más hilarante y absurda y el resultado es este librito que te mantiene enganchado y te hace reír a carcajadas. Estoy deseando leer la segunda aventura de Wilf en la que se enfrentará a un pirata. Seguro que las risas vuelven a estar garantizadas.

 

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Videorreseña: El hombre de tiza, de C. J. Tudor

En este vídeo me he puesto un poco sentimental y he sacado a relucir uno de mis capítulos favoritos de Friends, aquel en el que Joey tenía tanto miedo al leer El resplandor que acababa por meter el libro en el congelador, para que no pudiera darle más miedo.

Cuando leí el comienzo de El hombre de tiza, escrito por C.J. Tudor y editado por Plaza & Janés pensé en hacer lo mismo, ya que hubo un momento en el que me estaba dando demasiado mal rollo. En el vídeo de cuento que a partir de ahí decidí leerlo de día, porque no era normal ese sentimiento que después me provocaba hasta pesadillas, y ya entonces la cosa cambió muchísimo.

Este libro comienza con el asesinato de una chica que aparece descuartizada en mitad del bosque. Se encuentran todas las partes de su cuerpo menos la cabeza. Serán Ed y sus amigos quienes encuentren el cadáver. A partir de entonces la vida de los chicos estará rodeada por misteriosos dibujos de hombres de tiza que aparecen cada vez que algo sospechoso sucede en el pueblo. Ahora, unos veinte años después, los hombres de tiza vuelven a aparecer, así que es inevitable pensar lo peor: el asesino ha regresado.

Pero no te cuento más, ¡pásate a ver el vídeo y entérate de qué me ha parecido!

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No mires ahora y otros relatos, de Daphne Du Maurier

no mires ahora

no mires ahoraConocí a Daphne Du Maurier cuando yo era niño. No, no; no la conocí personalmente, claro, ni tampoco literariamente, sino a través de las películas de mi idolatrado Alfred Hitchcock. Películas que estaban grabadas en cintas de video que veíamos mi hermano y yo en casa de mi abuela. (Cintas de vídeo, por cierto, en sistema Beta, –no VHS, no. ¡Beta!, que era un sistema mejor pero que, como suele pasar, no triunfó por no haber sido el primero–). Películas que veíamos una y otra vez y otra y otra, porque nos distraían, no entendíamos realmente todo lo que sucedía en la pantalla, pero caíamos absortos en ella igualmente. Sin ninguna duda Con la muerte en los talones y La ventana indiscreta se llevaban los récords de número de visionados, y, por supuesto, Psicosis no estaba incluida en la “programación”.

Y sí, también veíamos Los pájaros, faltaría más. Nunca supimos, de hecho nadie lo supo ni se sabrá jamás, porque los pájaros atacaban a las personas y esa era una de las grandezas de la cinta. La incertidumbre, ese grandioso final de anuncio de coche con los cuervos dando tregua y abierto a una continuación de inseguridad… la redefinición del terror, del suspense, del misterio…

Los pájaros, Rebecca y La posada Jamaica fueron tres de las obras de Daphne Du Maurier que el mago del suspense adaptó a la gran pantalla. (Recientemente he podido ver también Mi prima Rachel, aunque esta ya no dirigida por el mago, interpretada por Rachel Weisz, y la recomiendo).

Así que pensé que si a Hitchcock le llamaron tanto la atención los relatos de Du Maurier, (de los que tan solo el de las aves era algo así tirando a “terror”), como para hacer pelis de ellos, habría que echar un vistazo a estos cinco cuentos recopilados bajo el título No mires ahora y otros relatos, cuya clara intención es la de meter miedo en el cuerpo.

¿Lo consiguen? ¿Te meten el miedo en el cuerpo? Mmmm… buenoooo… Digamos que el primero de todos, que da título al libro, y el cual también ha sido trasladado a cine (Amenaza en la sombra, 1973), se acerca bastante. Desde el principio podemos sentir que estamos en Venecia (o al menos a mí, que acabo de regresar de ahí, me lo parece) y podemos empatizar con una joven pareja británica que ha perdido a su hija y trata de sobrellevarlo desconectando mediante una escapada. En un bar juegan a imaginar a qué se dedica fulanito o menganito y, se va creando una atmósfera inquietante, desde la primera hoja, gracias a esa otra pareja de ancianas gemelas que no dejan de mirarles. El protagonista desconfía de ellas, pero su mujer cae rendida a ellas al saber que una de las gemelas es vidente y que ve siempre a su lado a su hija muerta.

Este es en mi opinión el mejor de los relatos. La tensión va aumentando poco a poco, en cualquier momento crees que va a aparecer la figura fantasmal de la niña, o de alguien, o que una de las ancianas hablará con una voz de ultratumba o algo sobrenatural… Y, sin embargo, el desenlace es aún más sorprendente e inesperado. No lo ves llegar, te deja picueto y con los pelos de punta. Una historia estupendamente narrada que difícilmente olvidaré.

En cuanto a los otros cuatro, el que más me ha llamado la atención ha sido Las lentes azules. Una historia bizarra, surrealista, e incluso podríamos decir que mezcla de terror y ciencia ficción en el que una mujer se va a someter a una operación para recuperar la vista tras semanas viviendo en una absoluta ceguera. La intervención parece haber sido todo un éxito… sino fuera porque ve cosas que no debería ver.

El resto de relatos El manzano, El estanque y No después de medianoche, también atrapan el interés, por supuesto, y son muy disfrutables y de lectura recomendable, pero el premio gordo se lo llevan de calle los dos anteriormente mencionados.

Recalco que, salvo el primer relato, las historias aquí contenidas no son de terror ni de miedo sino, más bien, generadoras de inquietud, intriga, misterio, e incluso de nostalgia. Ese es tal vez el pequeño pero que podría poner pues la portada a lo “It” parecía presagiar una antología de relatos terroríficos. De cualquier manera, pronto te metes en cada una de las historias y te olvidas de géneros y otras zarandajas.

Du Maurier me ha sorprendido gratamente con este No mires ahora y otros relatos. Maestra a la hora de ambientar las historias, con detallismo pero sin caer en barroquismos innecesarios; profunda conocedora de la psicología humana, dota a sus relatos de una escritura clara y elegante, con un estilo a la vez cuidado y directo capaz de meter de lleno al lector en la historia con tan solo unas primeras frases.

La biblioteca de Carfax ha editado, igual que hizo con Experimental film, un ejemplar en el que se nota el mimo y el tiempo que le han dedicado. Una portada preciosa, buena traducción de Miguel Sanz y un gran contenido. El fondo y la forma. ¿Qué más se puede pedir a un libro?

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Malaz 4: La Casa de Cadenas, de Steven Erikson

malaz 4 la casa de cadenas

malaz 4 la casa de cadenasAunque La Casa de Cadenas es la cuarta entrega de la decalogía malazana, su línea temporal está ubicada justo después de lo acontecido en Las puertas de la Casa de la Muerte. Así pues, la Cadena de Perros será un duro golpe del cual el imperio malazano deberá recobrarse. Tavore será la encargada de reunificar y motivar a su ejército para llevar a cabo un asalto contra la diosa llamada Sha’ik que se encuentra atrincherada en el desierto de Raraku. “Como si Tavore y Sha’ik, los dos ejércitos, las fuerzas en oposición, fueran de algún modo un reflejo de la otra”. Una historia de venganza, viejas rencillas y perdones postergados que avanzará en paralelo, hasta aproximadamente la mitad del libro, a lo sucedido en Memorias de Hielo.

Todo este batiburrillo de líneas temporales no tiene nada que ver con la planificación del autor (o al menos inicialmente), de hecho es todo fruto del destino; de un destino más bien cruel. Y es que Steven Erikson empezó a escribir Memorias de Hielo en esa época en la que para guardar un texto extenso se debía hacer acopio de un buen puñado de disquetes. Cuando el autor natural de Canadá llevaba más de 350 páginas repartidas entre unos cuantos disquetes los perdió. Así que tras superar la frustración decidió darle un giro a la historia, posponer esa trama y avanzar por otros derroteros que se convertirían en Las puertas de la Casa de la Muerte.

Si algo nos muestra esta anécdota es la capacidad de adaptación de Erikson, esa disposición a resurgir de sus propias cenizas cual ave Fénix para reorganizar ideas y reconducir la historia. Que es exactamente lo que hace en esta entrega.

En La Casa de Cadenas Erikson afloja el ritmo, quita el pie del acelerador y cambia a una marcha mucho más lenta. Primero empieza mostrándonos una historia que nos descolocará por no saber ubicarla en el tiempo. Dicha historia empezará muy al norte de Genabackis, en tierras tan indómitas como sus habitantes. Tres de ellos partirán para batallar con las gentes que pueblan las tierras del sur, guiados por las voces de dioses que hablan directamente a uno de ellos: Karsa Orlong. Este bárbaro, su forma de comportarse, las aventuras que le aguardan, nos recordará a esas historias clásicas de espada y brujería. Es prácticamente como tener una novela dentro de otra novela. Una historia en donde un hombre de férreas creencias deberá decidir quién guía su destino. Creo que os puedo decir que simplemente por este personaje vale la pena afrontar las más de 900 páginas de las que goza la novela.

Y es que el cambio de ritmo que el autor infunde a la narración en esta nueva porción del pastel malazano puede pasar factura a todos los lectores que tengan en mente las épicas y sucesivas batallas que se dieron a cabo en Capustán. Con todo, esta moderación, esta acción más contenida, será perfecta para que Erikson nos muestre los motivos que tienen los personajes para luchar en uno u otro bando. Por no hablar de esas guerra intestinas, con el único propósito de traición, que se llevarán a cabo dentro del ejercito del Apocalipsis. Así pues, Steven Erikson parece estar recolocando las piezas de una partida de ajedrez que ya acabó para iniciar una nueva. “…la partida que se está librando aquí es mucho más grande que cualquier imperio mortal”. Y por ello se toma su tiempo para detenerse en algunos personajes clave y profundizar en su historia. Al mencionado Karsa Orlong podríamos añadir, como muestra, la consejera Tavore, la oficial de las Espadas Rojas Lostara Yil y su compañero por obligación Perla, además del imposible dúo Trull Sengar y Onrack, de la raza Tiste Edur y T’lan imass respectivamente, los cuales se toparán con una nueva raza que añadir a nuestra variopinta colección: los Tiste liosan.

Pero que Steven Erikson tome una narración más pausada no significa que no haya batallas y que estas no sean de cariz épico. El enfrentamiento final entre el ejército Malazano y el del Apocalipsis está tan repleto de acción, de diferentes puntos de vista y de giros inesperados que más de una vez os descubriréis releyendo párrafos para no perder el hilo y, ¿por qué no?, para disfrutar de nuevo de alguna escena. Sirva de ejemplo esa en la que Corabb descubre que un casco sirve para algo más que para ponérselo en la cabeza. O esa otra en la que unos oficiales (ese sargento Cuerdas me suena de algo…) montan una lucha de escorpiones que es tan legendaria como hilarante. Aunque si hablamos de cachondeo no podemos dejar de hablar del sacerdote de Sombra Iskaral Pust el cual esta vez viene acompañado de su mujer Mogora, tal para cual. Todo ello aliñado con la sensación asfixiante que provocan las minuciosas descripciones del autor del entorno estéril por el cual se mueven los personajes; un sol inclemente y un desierto enfurecido que nos hará sudar y sentir que estamos tragando arena.

La Casa de Cadenas, publicada por Nova, es la cuarta entrega de la saga malazana. Una entrega de narración más comedida en la que priman los personajes por encima de la acción, pero que al igual que las anteriores entregas nos deja momentos para el recuerdo, una atmósfera de nostalgia contenida y un desenlace digno de las mejores tragedias griegas.

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España en el corazón, de Adam Hochschild

España en el corazón

España en el corazónEl 8 de septiembre de 1936, menos de dos meses después de que el ejército comandado por Francisco Franco se sublevase contra el Gobierno republicano, Dolores Ibárruri, dirigente comunista conocida popularmente como Pasionaria, dio un discurso en el Velódromo de Invierno de París ante una gran multitud. Además de la frase que cogió prestada a Emiliano Zapata, esa que tantas veces se ha asociado al Che Guevara y que habla de la preferencia por una muerte defendiendo tus ideales antes que por una vida sometido, la histórica líder lanzó una premonitoria advertencia a los pueblos a los que pedía ayuda para combatir al fascismo: «Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra». Ojalá las grandes democracias, como la estadounidense, hubiesen tenido la misma vista que algunos de sus ciudadanos. Porque, como cuenta España en el corazón, hubo hombres y mujeres que hicieron lo posible por impedir el triunfo del horror fuera de sus fronteras. Y aunque es de sobra conocido que no lo consiguieron, es de recibo que su solidaridad no caiga en el olvido.

La obra de Adam Hochschild, publicada por primera vez en España por Malpaso, se centra en los voluntarios estadounidenses que se unieron a las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, en concreto a la XV, conocida popularmente como la Brigada Lincoln. Como explica el autor, la mayor parte de estos hombres estaban vinculados al comunismo, eran muy jóvenes y de clase media; un grupo conformado en su mayor parte por soldados tan apasionados como inexpertos, que difícilmente podían competir contra un ejército tan curtido y apoyado internacionalmente como el del bando nacional.

La narración es profundamente absorbente y la clave de ello se encuentra en que, a pesar de que Hochschild da mucho espacio al relato cronológico de los acontecimientos, el foco siempre está sobre las personas. Personas como Bob Merriman, un joven profesor universitario que, tiempo después de abandonar California junto a su esposa Marion para abrazar la Rusia comunista, decidió acudir a España para combatir el golpe de Estado, llegando a ser nombrado comandante del Batallón Lincoln. También se da espacio a los corresponsales, cuyo papel fue fundamental para acercar la barbarie a sus pueblos y para tratar de influir en sus dirigentes. Algunos de ellos son sobradamente conocidos, como George Orwell, que llegó a combatir por la República hasta que cayó gravemente herido por un disparo en la garganta, o Ernest Hemingway, al que los testimonios y las anécdotas que recoge el libro no dejan demasiado bien parado.

Y es que el trabajo de investigación y de documentación que hizo Hoschild para elaborar este trabajo es impresionante. A través de artículos y publicaciones anteriores, pero también de numerosos testimonios, páginas de diarios, crónicas periodísticas, registros militares y otros documentos se construye una visión del conflicto desde un prisma muy concreto: el de un numeroso grupo de estadounidenses que estuvieron dispuestos a arriesgar, y en muchos casos, a entregar sus vidas, para frenar el avance del fascismo.

El mismo día en que acabé de leer España en el corazón vi a Eduardo Inda por televisión, en horario de máxima audiencia, refiriéndose reiteradamente a la Guerra Civil como un conflicto «entre malos y malos». Unos días más tarde, en una entrevista en Intereconomía a Juan Carlos Monedero, una de las periodistas le recriminó su defensa de la Ley de Memoria Histórica «porque muertos hubo en los dos bandos». Cuando el politólogo le rebatió que no podía hablarse de dos bandos iguales, porque uno había protagonizado un golpe de Estado contra un gobierno legítimo y el otro había tratado de sofocar el ataque, la entrevistadora lo contrarrestó indicando que «en el Madrid de antes del golpe se perseguía a la gente y se le sacaba de sus casas por algo tan sencillo como su religión». De estas dos intervenciones saqué un par de cosas en claro: la primera, que en España, a diferencia de en otros países de nuestro entorno, sigue saliendo muy barato justificar la dictadura. La segunda, que libros como el de Adam Hochschild tienen que seguir reeditándose año tras año, aunque parezca que ya no se puede contar nada más de esta guerra. No solo porque, como demuestra el periodista e historiador neoyorquino, se puede con creces, sino también para impedir que la impunidad de la que gozan algunos “periodistas” para reescribir la historia a sus anchas semana tras semana les permita desdibujar lo que realmente ocurrió en nuestro país hace poco más de ochenta años.

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Dos vidas, de Jay Asher

Dos vidas

Dos vidasVa a sonar un poco raro que hoy me ponga a reseñar un libro con temática navideña. Más que nada porque estamos entrando en el mes de julio y hace un sol de justicia. Pero los libros vienen cuando vienen y este en concreto ha llegado a mí hace menos de un mes y sin que nadie me avisara de que la temática iba a ser esta. Bueno, eso no es del todo cierto, ya que si hubiera leído la sinopsis me hubiera percatado de que “nunca fue un problema hasta la Navidad que conoció a Caleb” se incluían como palabras textuales dentro de ella. 

Pero, qué se le va a hacer, vi que Dos vidas estaba escrito por Jay Asher, conocido por haber sido el que dio vida a Por trece razones, libro en el que se basó la exitosa serie. Yo no lo he leído, pero tengo que decir que me vi la primera temporada de la serie casi del tirón y ahora me tengo que poner con la segunda, que ya se ha estrenado. Así que simplemente con ese dato decidí que tenía que leer esta nueva novela. Sin más, por lo que no necesité fijarme ni en la sinopsis para saber que lo quería leer.

Y aquí voy a hacer una advertencia, que yo tendría que haber sabido con anterioridad: si estáis buscando una historia aunque sea mínimamente parecida a Por trece razones, aquí no la vais a encontrar. Yo caí en el error de pensar que, como se trataba del mismo autor, me iba a topar con una trama en la que la humanidad de las personas se lleva hasta el extremo y donde se analizarían temas tan peliagudos como el bullying o cosas así. Pero en absoluto. Lo que encontramos es una historia de amor de principio a fin. Que está muy bien, pero hay que aclarar este punto para que no os dejéis llevar por el fanatismo hacia la serie, porque sino después acabaréis muy decepcionados. 

Pero no me voy a enrollar más y os voy a contar de qué va el libro: Sierra es una chica que vive en Oregon y cada año viaja con sus padres a California, donde tienen un negocio de árboles de Navidad. Allí Sierra tiene algún amigo que otro pero tampoco se permite demasiadas licencias, porque sabe que en unos pocos días volverá a Oregon y todo lo vivido en el sur se habrá terminado. Hasta que conoce a Caleb, un chico con un pasado un poco turbio, que se pasea día sí y día también por el vivero donde trabaja Sierra, ya que en Navidad hace la buena labor de regalar árboles a aquellas familias que no se pueden permitir comprar uno. Sierra no sabe qué pensar, las buenas acciones del chico chocan irremediablemente con su mala fama, ya que ha oído por ahí que llegó a amenazar a su hermana pequeña con un cuchillo. Pero los días pasan y Sierra no hace más que pensar en él y en lo mal que lo va a pasar cuando tenga que volver a Oregon. 

Como veis, es una historia bastante típica de amoríos adolecentes, en la que la chica tiene dudas porque no sabe si merece la pena o no invertir tiempo en conocer al chico que tanto le gusta. Puede resultar un chasco o puede terminar siendo el amor de su vida. Y aquí tengo que decir que, pasada esa pequeña fase de desilusión en la que me di cuenta de que no iba a encontrar nada del estilo de Por trece razones entre estas páginas, me dejé llevar por la historia que cuenta Jay Asher y me propuse disfrutarla (cosa que, os aseguro, conseguí). Me hubiera encantado leer esta novela en plena Navidad, con todas las lucecitas de mi casa encendidas, con la chimenea bien atizada y con una taza de chocolate caliente al lado. Estoy segura de que si lo hubiera hecho así, la sensación de haber leído este libro hubiera sido increíble. Y todo porque yo en Navidad me pongo bastante cursi, porque es una época que me encanta, y me veo todas las películas horteras que echan en la tele a la hora de la siesta y me dejo llevar por ese espíritu navideño que tanto me gusta.

Aun así, habiendo leído Dos vidas tirada en una hamaca, con un sombrero gigante que me protegiera del sol y tomando un té helado (tampoco es mal escenario, ¿verdad?) tengo que decir que el resultado ha sido muy satisfactorio. La primera parte del libro me enganchó muchísimo, llegando a hacerme leer la mitad del tirón, y me ha gustado mucho acompañar a Sierra en su aventura llena de inseguridades y preguntas.

Si todavía no habéis leído este libro, os daré el mejor consejo que os puedo dar: esperad un poco, unos meses, a que llegue el frío y el espíritu navideño ya se deje ver. Es entonces cuando tenéis que leer esta novela, os aseguro que os encantará y que la disfrutaréis muchísimo. 

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Green Valley, de Max Landis y Giuseppe Camuncoli

green valley

green valleyLa mezcla de géneros tiene que hacerse con mimo, como si se cocinase un soufflé; calculando bien las mediciones y los tiempos, siendo meticuloso a la hora de dar cada paso, para que al final la mezcla sume y se infle. Un paso en falso, o un poco de brusquedad ejercida por alguien algo desmañado o demasiado impetuoso, y la unión empezará a desinflarse hasta convertirse en una promesa de lo que podría haber sido. En esta suerte de juego de equilibrio narrativo no son pocos los que han fracasado. Por suerte, y siendo optimistas, siempre es preferible recordar los que lo han logrado.

Como ejemplo tenemos a John Connolly y su serie de novelas negras sobre el expolicía Charlie Parker. Novela negra que abraza lo sobrenatural y sacude al lector con precisos toques de terror. ¿Y qué puedo decir de Relojes de hueso de David Mitchell? Drama, thriller, ciencia ficción, fantasía… Una novela tan repleta de géneros como redonda. Pero de lo que vamos a hablar hoy es de un cómic: Green Valley. Un cómic que al principio podríamos englobar dentro del género de la fantasía medieval. Y es que Los Caballeros de Kelodia son cuatro guerreros de la Inglaterra medieval tan sobresalientes que ya son una leyenda. No son pocas las gestas que han llevado a cabo y al inicio de la historia que hoy nos ocupa Gulliver, Indrid, Bertwald y Ralphus realizarán una más: acabarán con una horda de bárbaros siendo superados en número por cien a uno. Tras la batalla volverán al castillo de Erskine victoriosos, comerán copiosamente y se emborracharán. Pero los bárbaros, habiendo sido derrotados de forma humillante atacarán esa misma noche el castillo destruyendo todo lo que Los Caballeros de Kelodia aman. Tras estos desastrosos acontecimientos y sintiéndose solos, desunidos e inútiles morarán como vagabundos hasta que un buen día un muchacho se presentará ante ellos en busca de ayuda.

Tras esta atractiva historia que mezcla géneros como la fantasía heroica o la ciencia ficción de forma tan uniforme que el lector se deja seducir sin esfuerzos encontramos al guionista y director de cine Max Landis. Si el apellido os suena es debido a que es hijo de John Landis. The Blues Brothers y Un hombre lobo americano en Londres, sí ese John Landis. Aunque también es probable que lo conozcáis por sus propios méritos. Entre ellos realizar el guion de la curiosa película sobre “superhéroes” Chronicle o escribir y producir la serie Dirk Gently: Agencia de investigaciones holísticas que adaptaba las aventuras literarias del personaje creado por Douglas Adams. En Green Valley nos cuenta una historia estilo Los siete samuráis, pero esta vez son cuatro caballeros andantes venidos a menos que deberán defender a un pequeño pueblo de un hechicero que los tiene atemorizados con su magia y los monstruos que es capaz de conjurar. Aunque el inicio es lento, algo tosco y aburrido la historia enseguida consigue tomar un ritmo que lleva al lector en volandas hasta el apasionante final. La narración goza de varios giros, algunos previsibles otros inesperados, que son el estímulo necesario para que los personajes puedan redimirse o evolucionar. Gulliver y su historia pendiente con los dragones o Bertwald y el eterno dilema entre hacer lo correcto o dejarse llevar por su egoísmo. Situaciones mil veces leídas en cómics, mil veces vistas en el cine, pero bien realizadas siguen funcionando como el primer día.

Giuseppe Camuncoli es el dibujante encargado de materializar todo lo pensado por Landis. El italiano, más conocido por su trabajo en The Amazing Spiderman, realiza un dibujo limpio, detallado, repleto de texturas, cargado de dramatismo cuando surgen discrepancias entre Bertwald y Ralphus y asombrosamente espectacular a la hora de mostrar escenas de acción. El enfrentamiento final con el hechicero y sus monstruos se lee del tirón sino fuera porque te quedas embelesado mirando los dibujos. Y es que al arte de Camuncoli hay que añadirle las tintas de Cliff Rathburn y la bella (bellísima) forma de conjugar colores de Jean-Francois Beaulieu. Sirva como ejemplo esa viñeta en la que Los Caballeros de Kelodia descubren por primera vez cómo la magia del hechicero afecta al cielo; esa, que mezcla humor y romance, en la que Bertwald cena a orillas de un río junto a su amada; o esas otras en las que los protagonistas cabalgan en pos de la batalla.

Green Valley, publicado por Planeta Cómic, es una historia de caballeros andantes, de bárbaros asesinos, de un hechicero súper poderoso, de monstruos, de redención, de amistad, de segundas oportunidades, de sacrificio… Es, además, una historia que combina géneros de forma ingeniosa de la misma forma que aúna con éxito un guion vibrante con un dibujo espléndido.

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