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Hope, de Wendy Davies

Hope

Érase una vez un viejo gruñón llamado Joseph; una marioneta que odiaba a los niños, a la que bautizaron con el nombre de Wave y Hope, una niña que no podía escuchar las palabras… excepto las de ese viejo gruñón. También esta es la historia del Chico Azul y su guitarra, una mimo y un mago. Y la del pequeño teatro Serendipity. Todos estos personajes y ese lugar donde los sueños se convierten en realidad, aunque sea por un instante,  conforman el elenco de Hope, la quinta novela de Wendy Davies.

Wave, la marioneta, nos relata la vida de Hope y de los habitantes de Folktale, que la rechazan porque no la comprenden, pero los personajes que duermen entre las páginas de esos libros que todos recordamos con cariño (Momo, Matilda, Cuento de Navidad, Kafka y la muñeca viajera) también están muy presentes. Y es que Hope es un homenaje a las historias, esas que tienen verdad incluso cuando cuentan mentiras.

Hope se lee como si de un cuento se tratara (al estilo de Mathias Malzieu y La mecánica del corazón), tanto por su sencillez como por el poso que deja. Por momentos, lo que nos cuenta Wave es triste, muy triste; sin embargo, desprende dulzura, como Hope, la entrañable protagonista, y eso nos hace viajar de la primera a la última página sin que se nos borre la sonrisa, pese a que a veces esta sea amarga.

De no ser por la solapa del libro, nunca hubiera imaginado que tras Wendy Davies hay dos personas: Merche Murillo y Fátima Embark; sus prosas ensamblan de manera perfecta y es imposible saber dónde empieza una y acaba la otra. Estas dos jóvenes autoras comenzaron plasmando su amor por las letras en dos blogs literarios y, más tarde, crearon su propia escritora, Wendy Davies, para además de disfrutar leyendo, disfrutar escribiendo novelas a cuatro manos. De esta unión han nacido historias tan adorables como la de la niña Hope y hasta han ganado el Premio Gran Angular de 2017

Hope ha sido un grato descubrimiento, hasta el punto que recomiendo su lectura en todos los institutos. No solo porque sea adictiva y, por tanto, una excelente elección para aficionar a los más jóvenes a la literatura, sino porque es una novela de aprendizaje y transmite enseñanzas que son valiosas para cualquier etapa de la vida, pero sobre todo para la adolescencia, esa época en la que lo habitual es sentirse distinto y perdido. Hope muestra las vicisitudes de dejar atrás la infancia, lo necesario que es aprender a olvidar, por qué no debemos permitir que las diferencias nos definan, asumir que nuestros villanos quizá sean los héroes de otros y que, además de perseguir los sueños, hay que atreverse a vivir la realidad.

Todas esas enseñanzas confluyen en el título de la obra, porque, al fin y al cabo, lo que nos regalan Merche Murillo y Fátima Embark con esta historia es precisamente eso: hope, esperanza; una sensación que se queda en nosotros incluso después de finalizar la lectura. Y ese poderoso influjo de Hope no desaparece de inmediato, qué va. Su poso se queda ahí, dentro de nosotros, y aflora cada vez que contemplamos su preciosa portada, como la sonrisa en nuestra cara. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí. Y apuesto a que si te adentras en Serendipity, junto a la niña que no entiende las palabras, tú también lo sentirás.

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Alucinaciones, de Oliver Sacks

Alucinaciones

AlucinacionesHay libros que nos gustan, pero hay otros que consiguen mucho más… Nos fascinan. Y me estoy dando cuenta que esto último me pasa mucho con los libros de ensayo y divulgación científica. Hace poco os hablé de uno de mis últimos flechazos: De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris; y si me remonto a lecturas de años anteriores, el ejemplo que me viene de inmediato a la cabeza es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks. ¡Brutal! De verdad, tenéis que leerlo. El cerebro es extraordinario, para bien y para mal, y los casos reales que este neurólogo relataba en aquel libro eran tan sorprendentes como inquietantes.

Esa primera lectura de Sacks me impactó, así que me apetecía leer más libros de él. Pero aún me entraron más ganas al leer la reseña de Alucinaciones que Antonio J. Osuna Mascaró hizo en Manual de linternas. En ella rendía homenaje tanto a las obras como a la figura de Sacks, y aseguraba que si había un libro a la altura de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero —que es impresionante, en serio—, ese era Alucinaciones. Por lo que fue el título que escogí para reencontrarme con este genial divulgador de neurología.

Alucinaciones comienza adentrándose en el propio significado de este término, que ha ido variando con el paso del tiempo y que incluso hoy en día resulta difuso, pues es complicado discernir dónde está la frontera entre alucinación, percepción errónea e ilusión. Para definirlo de forma sencilla y escueta, se podría decir que alucinación es aquella percepción que surge en ausencia de ninguna realidad externa: ver y oír cosas que no están presentes. Sacks asegura que oír voces no es algo inusual y no tiene por qué ser sinónimo de locura, pero como está estigmatizado socialmente, apenas se habla de ello y pocos son los que reconocen haber vivido este tipo de fenómenos. Por fortuna, su práctica médica y la correspondencia que mantenía con sus lectores, además de varias vivencias propias, hicieron posible que reuniera decenas de experiencias reales contadas en primera persona, para hacernos comprender —al menos, un poco— estas anomalías cerebrales.

En Alucinaciones, Sacks dedicaba capítulos al síndrome de Charles Bonnet, a la narcolepsia, a la epilepsia, a la migraña, al Alzheimer, a la parálisis del sueño, a las experiencias alucinatorias derivadas del consumo de drogas, etcétera. Estaba convencido de que la alucinación es «una categoría única y especial de la conciencia y la vida mental» y que permite «una comprensión más directa de cómo funciona el cerebro». Esto, ya de por sí, es sumamente interesante, pero es que además abordaba otra perspectiva de las alucinaciones: su impacto cultural, desde el folklore hasta la religión. ¿Son el origen de la creencia en duendes y hadas?, ¿han contribuido a generar nuestra concepción del demonio y otros seres malignos o a que alguien pensara que era el elegido de dios? Sin olvidar que las alucinaciones también tienen su reflejo en la literatura. Lewis Carroll se inspiró en su micropsia a la hora de escribir el episodio en el que Alicia se hacía gigante; los ambientes de pesadilla de Poe eran transcripciones de sus alucinaciones y en el relato El Horla, Maupassant reflejaba lo que él mismo sentía cuando se encontraba con su doble.

Todos estas historias hacen que Alucinaciones sea una lectura enriquecedora, con la que aprendemos y nos sorprendemos. Pero su gran valor es, sobre todo, que nos hace perder el miedo a aquello que no comprendemos. Aquellas percepciones que han sido vistas como indicios de locura o, incluso, fenómenos paranormales, son reacciones de nuestro cerebro (capaz de romperse y rehacerse en un instante) y, por tanto, parte de nuestra esencia humana. La neurología nunca dejará de fascinarme y, de la mano de Oliver Sacks, os aseguro que a vosotros también os cautivará.

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El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan

El guardián de los objetos perdidos

El guardián de los objetos perdidosSeguro que aún te acuerdas de aquello que perdiste un día, sin saber cómo ni dónde, y te dio mucha rabia. Y no me refiero a ese teléfono móvil que te había costado una pasta, ni a cuando te desapareció la cartera y te tocó anular las tarjetas y sacarte otra vez el DNI, no. Estoy hablando de aquella vez que perdiste ese objeto que para ti era irremplazable por su valor sentimental. ¿Te imaginas que lo recuperaras muchos años después? ¿A que el corazón te daría un vuelco de la alegría? Pues de esa idea nace la novela El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan.

Por un lado, tenemos a Anthony Peardew, un escritor que vive en una mansión de Padua y custodia los objetos perdidos que se ha encontrado a lo largo de los años (un guiño directo a san Antonio de Padua, patrón de los objetos perdidos), siguiendo el legado que le dejó Therese, su gran amor. Esos fragmentos de vidas ajenas que ha ido atesorando en su hogar le han servido de inspiración para crear sus cuentos (que vamos leyendo a lo largo de la novela); al principio, con finales felices, después, cada vez más sombríos. Pero a Anthony se le acaba el tiempo y contrata a la persona adecuada para cumplir la misión que le encomendó Therese: devolver cada objeto extraviado a su respectivo dueño. Así es como Laura, divorciada y en plena crisis existencial, hereda la mansión de Padua repleta de objetos de todo tipo (una pieza de puzle, un coletero, una pulsera de la amistad, un paraguas de corazones rojos, una caja de galletas llena de cenizas humanas…); con Freddy, el jardinero atractivo, y Sunshine, la vecina adolescente con un don muy especial, incluidos en el paquete que da un giro a su vida.

Por otro lado, conocemos a Bomber, editor, y Eunice, su ayudante, que aunque no son pareja, están hechos el uno para el otro. Y no me puedo olvidar de la impertinente Portia, la hermana de Bomber, que no para de plagiar descaradamente clásicos de la literatura universal  para intentar que su hermano le publique un libro; personaje que le sirve a la autora para colar una sátira del mundo editorial y de la literatura de consumo rápido.

Con todos estos elementos, Ruth Hogan escribe una historia de amor y pérdida, de vida y muerte y, sobre todo, de redención. Destaca el sentido del humor que destila cada escena, incluso las dramáticas, y la construcción de los personajes, que saben qué teclas tocar en el lector para conectar y resultar entrañables.

No sé si es muy aventurado por mi parte catalogar este libro como chick lit, ya que no soy asidua al género romántico ni a sus derivados, por lo que desconozco sus entresijos; pero lo que sí puedo asegurar es que El guardián de los objetos perdidos es de esas novelas que te sacan una sonrisa en cada página y que desde el principio sabes que va a acabar bien, porque esos adorables personajes no se merecen otra cosa. Una lectura perfecta para meter en la maleta y desconectar en verano. Y, por qué no, para soñar que en algún lugar existe de verdad ese guardián de objetos perdidos y que un día nos hará reencontrarnos con aquello que perdimos y que recordamos con tanto cariño.

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Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia, de José María Lloreda

Lo que nadie te contó sobre la maternidad el parto y la lactancia

Lo que nadie te contó sobre la maternidad el parto y la lactancia

Aviso: Este libro NO va de lo que parece. Seguro que piensas que son consejos para embarazadas, que con esa portada y ese título es más que evidente, y no te culpo por creerlo. Me temo que muchos lectores se alejarán de él por ese motivo. Pero de verdad que no. Si hablara de ese tema, yo no lo hubiese leído. Digamos que no estoy en «ese momento» de mi vida. A mí me interesó Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia por el subtítulo, ese que aparece en letra pequeña debajo de la barriga con carita feliz: «Historias curiosas, increíbles, disparatadas pero ciertas, sobre el embarazo, la lactancia y el cuidado de los bebés». Y como me encantan las historias que se salen de lo común, allá que me aventuré a leer este anecdotario escrito por el pediatra José María Lloreda.

Reconozco que me dio un poco de vergüenza leerlo en público, no fuera a darme la enhorabuena alguien. ¿Cómo se iba a imaginar la gente que yo estaba leyendo sobre mujeres que parían conejos, siameses que vivían durante años con su hermano fallecido a cuestas o historias rocambolescas sobre santos y mitología? Y es que, repito, esa portada no le hace justicia al libro. Hasta creo que si una embarazada lo compra, puede llevarse un susto. Pero que tampoco lo descarte, pues aprenderá muchas cosas de la mano del doctor Lloreda, y se divertirá, eso seguro.

José María Lloreda habla de embarazos, partos y niños, sí, no lo niego, pero lejos de marcar pautas a las futuras mamás, lo que hace es recopilar explicaciones mágicas que se han transmitido de generación en generación para tratar de entender aquellas cuestiones a las que la lógica no daba respuestas por aquel entonces. Y, de paso, demuestra cómo aún perduran vestigios de aquellas creencias en la actualidad. Porque quién no ha oído que hay trucos para asegurar el sexo del bebé; que los antojos no satisfechos causan manchas de nacimiento; que hay que evitar que la embarazada sufra estrés o una fuerte impresión porque se lo transmite al feto; que lo bebés sufren de gases o que a los prematuros se les deja ingresados para que engorden.

Es asombroso descubrir los remedios, a cada cual más alocado, que se han puesto en práctica durante mucho tiempo: enemas de humo de tabaco para reanimaciones, comer piojos para curar la tiricia, alimentar a los niños con excrementos de mosca para que dejen de llorar, montar en un burro nueve veces para curar la tosferina, tatuar a los recién nacidos para evitar cambiazos… O la costumbre de la covada, practicada en el norte de España hasta principios del siglo XX, que consistía en que fuera el padre el que se quedaba en la cama para recibir las atenciones y establecer vínculo con el bebé, mientras la recién parida se reincorporaba de inmediato a los quehaceres cotidianos. Hoy en día, estas prácticas nos hacen reír o nos escandalizan, pero cuántas cosas estaremos haciendo ahora que dentro de unos años otros consideran igual de raras.

Quiero hacer una mención aparte a «Oda al chiquipark», un capítulo memorable, que se sale un poco de la tónica general de Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia y que no desentonaría en absoluto en El club de la comedia. Y es que en el tramo final del libro, Lloreda abre el abanico de temas y hace relucir, todavía más, su extraordinario sentido del humor.

A través de supersticiones, hechos reales y casos que él mismo ha tratado como médico, José María Lloreda nos sorprende, nos divierte y nos instruye, al estilo de Eslava Galán, autor al que menciona alguna que otra vez. Por eso, Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia será del gusto de los lectores curiosos que quieran pasar un buen rato. Así que si tú eres uno de esos lectores, no te dejes engañar por el título y la portada, por favor, y lee este libro. Te aseguro que lo pasarás en grande.

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100 máquinas recreativas que hicieron historia, de VV. AA.

100 máquinas recreativas que hicieron historia

100 máquinas recreativas que hicieron historiaTe voy a confesar algo sobre mi infancia que hará que me mires con otros ojos, sobre todo si naciste entre los años setenta y ochenta. Cuando leas lo que te voy a contar, desearás haber tenido esa suerte de pequeño, aunque fuese solo por un día. Porque yo, querido lector, disponía de la llave que abría las máquinas recreativas y solo tenía que apretar al botoncito que había dentro para jugar todo lo que quisiera. ¿Que cómo la conseguí? Me la daba mi padre, el dueño de unos recreativos.

Eso de jugar sin tener que preocuparse del temido game over era el sueño de cualquier niño y adolescente de mi quinta. Pero tampoco te voy a mentir: aquello no era buffet libre. A mi padre no le gustaba que yo acaparara las máquinas. Al fin y al cabo, aquello era el negocio familiar, y nosotros comíamos porque eran otros niños los que se dejaban la paga ahí. Con decirte que también me racionaba las golosinas que vendía… Solo podía coger una bolsita de tanto en tanto. Pero cuando había menos jaleo, me hacía entrega de esa llave y, aunque me daba un poco de vergüenza ser el centro de atención, me encantaba que los mayores se murieran de envidia al verme abrir la puerta de la máquina, apretar el botón de créditos como si no hubiera mañana y ponerme a jugar. Aquellos chavales de quince años se hubiesen cambiado por mí, una nana de siete u ocho, sin pensárselo. Incluso alguno intentaba camelarme para que le regalara alguna partida, pero yo era consciente de que mi poder conllevaba una gran responsabilidad. Si hubiera sucumbido a la presión, ¡mi padre no me hubiese vuelto a dejar la llave en la vida!

Como comprenderás, mi infancia ha estado marcada por los recreativos, al igual que la de la mayoría de niños de mi generación. Por eso, tenía que leer 100 máquinas recreativas que hicieron historia, el libro que recorre los juegos más relevantes que se crearon entre 1972 y 1999, la época dorada de los salones recreativos. En él, los redactores más emblemáticos de las revistas de videojuegos se retrotraen hasta aquellas tardes en las que se gastaban las vueltas del pan en la última máquina que había llegado a los recreativos de su barrio.

Aunque son muchos los que colaboran en 100 máquinas recreativas que hicieron historia, todos merecen ser mencionados: David Martínez, Alberto Lloret, Marcos García, José Luis Sanz, Bruno Sol, Álvaro Alonso, Lara I. Rodríguez, Alejandro Alcolea, Alejandra Pernías, David Alonso, Santiago Bustamante, Sara Borondo, Ángel Luis Sucasas e Inés Alcolea. Sin olvidar a Pablo Crespo, uno de los fundadores de Game, que firma el prólogo. Estos reporteros hablan de los juegos a los que más se viciaron, que más les impresionaron o que más se le resistieron. A veces explican aspectos técnicos (por ejemplo, la primera vez que se introdujo el scroll horizontal y el vertical o la evolución de la perspectiva 3D) y anécdotas sobre la creación y repercusión de algunos juegos; pero, sobre todo, se centran en cómo vivían esas partidas, por lo que es muy fácil vernos reflejados en ellos.

No hay dos lecturas iguales de 100 máquinas recreativas que hicieron historia porque a cada uno de nosotros nos emociona recordar un juego distinto. Por ejemplo, todos conocemos Pac-Man (acá comecocos), Tetris, Donkey Kong, Super Mario Bros, Bubble Bobble, Pang, Street Fighter II o Mortal Kombat. Incluso los que no se han acercado a una máquina recreativa en su vida han oído hablar de la mayoría de ellos. Pero cuando de verdad nos da un vuelco el corazón es al reencontrarnos con juegos que habíamos borrado de la memoria. A mí me ha pasado con Dragon’s Lair, Toki, Gals Panic, Snow Bros, Three Wonders, Captain Commando, Sunset Riders y Soccer Brawl.

Ha sido ver las imágenes de aquellos juegos y que me entraran unas ganas locas de volver a jugarlos. Y eso que tengo la Play 4 en casa y unos videojuegos con tal calidad de gráficos que parecen películas. Pero, para mí, no hay nada que se equipare al encanto de esos videojuegos pixelados. Si tú eres de mi misma opinión, no te pierdas 100 máquinas recreativas que hicieron historia. Este viaje nostálgico te sacará más de una sonrisa.

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El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos

El señor Gro y la hija de la viuda Stern

El señor Gro y la hija de la viuda SternEs una suerte reseñar para Libros y Literatura porque, gracias a ello, leo joyas literarias que, de otra forma, nunca sabría ni que existen. Es el caso de El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos, libro galardonado con el IV Premio Internacional de Narrativa Novelas ejemplares, convocado por la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha y la editorial Verbum. Hoy en día, ni siquiera ganar un premio literario asegura a un libro la visibilidad necesaria para llamar la atención de los lectores, así que fue el mismo Javier Ramos quien nos ofreció su obra para que la reseñáramos y, tras echar un vistazo a la sinopsis, decidí leerla.

¿Qué pone en la sinopsis de El señor Gro y la hija de la viuda Stern? No pienso decíroslo. Porque eso lo podéis descubrir vosotros mismos tecleando en Google (si lo hacéis, ya será buena señal, pues habré conseguido despertar vuestra curiosidad). Y porque no es tanto lo que cuenta Javier Ramos en esta historia, sino cómo la cuenta. Los motivos que os daré en esta reseña para que la leáis son otros que nada tienen que ver con el argumento.

Según el jurado que le concedió el premio, la lírica inocencia de esta fábula de setenta y dos páginas recuerda a El principito, y no me parece desacertado, ya que algo de su esencia tiene. Sin embargo, a mí me recordó más a algunas historias de José Saramago, donde una metáfora acaba convertida en una realidad palpable y, a través de ella, refleja el lado más crudo del ser humano, pero también el más hermoso. Y si digo que Saramago es uno de mis autores favoritos, ya imagináis el halago que le estoy haciendo a Javier Ramos con esta apreciación.

Al margen de estas comparaciones, que no dejan de ser fruto de la subjetividad y lecturas previas de cada lector, lo que destaco de El señor Gro y la hija de la viuda Stern, y la principal razón por la que os animo encarecidamente a que la leáis, es la prosa de Javier Ramos, un auténtico deleite para los sentidos. Y no es una forma de hablar ni una exageración. Su capacidad de transmitir y evocar es asombrosa y convierte situaciones crueles y comportamientos desesperados en poesía.

Los dos protagonistas de esta historia, el señor Gro y la hija de la viuda Stern, representan, cada uno a su manera, el vacío de la pérdida. Se aferran a sus recuerdos para evadirse de esa realidad que les duele, porque todo lo que aman se ha esfumado y porque nadie les comprende. Y sentimos su soledad, su desesperanza, pero también su fuerza y valentía. No sé si con esto digo demasiado, ya que no quería desvelar nada del argumento. Pero releo mis palabras y me parecen pueriles, incapaces de plasmar todo lo que me hace sentir la prosa de Javier Ramos. Sin embargo, las dejaré estar, pues por mucho que me explayara, no lo lograría.

Como decía, es una suerte reseñar en Libros y Literatura porque tengo la oportunidad de conocer las novedades editoriales que no siempre están en los escaparates de las librerías. Pero me siento más afortunada aún cuando le descubro a alguien la existencia de obras tan exquisitas como esta de Javier Ramos. Leed El señor Gro y la hija de la viuda Stern, por favor. Y si la disfrutáis tanto como yo, recomendadla. Entre todos, hagámosla visible. Porque la literatura de calidad merece ser conocida.

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El Hombre Invisible, de H. G. Wells

el hombre invisible

el hombre invisibleNo empecé con buen pie con H. G. Wells. Escogí La guerra de los mundos y creo que me equivoqué, ya que, desde mi punto de vista, es un clásico que ha envejecido mal. Eso no es culpa del libro en sí, claro, sino que en esta ocasión, los progresos tecnológicos del mundo real han superado con creces a los que se presentaban en esa historia, por lo que no conseguí que me impresionara. Más bien, me resultó una batalla un tanto ridícula. Supongo que la habrán actualizado en las versiones cinematográficas que se han hecho, pero como la obra original de H. G. Wells me dejó mal sabor de boca, no lo he comprobado. No obstante, sí le di una segunda oportunidad literaria… Más o menos. Mi nuevo acercamiento fue a través de la versión en formato cómic que Carlos Giménez hizo de La máquina del tiempo. Y me sorprendió gratamente la inventiva de H. G. Wells. Así que he dejado atrás todos mis recelos y he regresado a su obra original. El título escogido ha sido El Hombre Invisible, en la magnífica edición que Libros del Zorro Rojo acaba de publicar, con ilustraciones de Luis Scafati.

Qué duda cabe de que el don de la invisibilidad está muy presente en la literatura y en el cine, pero no debemos olvidar que fue El Hombre Invisible de H. G. Wells, publicado por primera vez en 1897, el primer libro en plasmar este deseo del ser humano. Solo por eso, el autor ya tiene todo mi reconocimiento, pero no es lo único que me sorprende de esta obra.

Está claro que esta novela de H. G. Wells no adolece de lo que yo le echo en cara a La guerra de los mundos, ya que el avance científico que plantea todavía no ha sido alcanzado, si es que es posible algún día. H. G. Wells planteó de forma creíble qué pasaría si alguien pudiera hacerse invisible y actuar con impunidad, aparándose en el total anonimato, y además abordó las consecuencias de la invisibilidad con profundidad, plasmando los pros y los contras de este poder. Ya se sabe que hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque lo que en teoría parece maravilloso, en la práctica puede resultar una pesadilla. Pero no solo eso, el protagonista, el científico que se transforma en el Hombre Invisible, también me parece rompedor: comienza siendo un personaje enigmático para acabar convirtiéndose en el villano de la historia. Y es tan odioso que los lectores deseamos que lo atrapen de una vez.

Aunque, bien mirado, ¿quién no se endiosaría con un poder así? ¿Habría alguien capaz de usar la invisibilidad  a favor del bienestar social y no solo en el suyo propio? Porque tenemos que reconocer que, cuando cualquiera de nosotros fantaseamos con esa posibilidad —y todos lo hemos hecho—, no se nos ocurre nada bueno.

Quizá sea una suerte que la ciencia no haya cumplido esta fantasía de H. G. Wells. El debate moral sobre los usos de la ciencia que puso sobre la mesa en El Hombre Invisible sigue abierto y más vivo que nunca, pues la ciencia alcanza metas cada vez más insospechadas. Eso hace que la lectura, y la reflexión, de este clásico sea imprescindible. Si esta historia de ciencia ficción llega a ser una realidad, nos conviene estar preparados.

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Comida sana para chicas con prisas, de Georgina Gerónimo y Mar Armengol

comida sana para chicas con prisas

comida sana para chicas con prisasNo me gustan esas colecciones que parecen exclusivamente orientadas a las mujeres, pero qué queréis que os diga, fue leer Comida sana para chicas con prisas y sentirme identificada. Y sí, sucumbí. Pero no me arrepiento en absoluto, porque Georgina Gerónimo y Mar Armengol han escrito un libro divertido que me va a ser la mar de útil.

Yo nunca he mirado lo que como ni me he preocupado de si engordaba o no, pero soy consciente de que hay que comer bien, sobre todo, por salud. Y a medida que cumplo años, me va importando cada vez más. Pero no tengo tiempo (ni ganas ni conocimientos profundos, para qué negarlo) de meterme durante horas en la cocina. ¡Y eso que trabajo en casa! No me quiero imaginar a los que trabajáis fuera… Así que esperaba que Comida sana para chicas con prisas fuera un libro sencillo y directo que me diera unas cuantas ideas para innovar de vez en cuando. Y, por suerte, he encontrado eso y mucho más.

Para empezar, Georgina Gerónimo y Mar Armengol se ponen teóricas, pero con toda la gracia del mundo, para explicarnos conceptos como el sistema nervioso enterico y la hormona grelina. Yo, que soy de letras, nunca había oído hablar de ellos y han sido todo un descubrimiento, porque tienen mucha importancia en nuestro día a día y en esos antojos que nos dan sin venir a cuento.

Hechas las explicaciones básicas, las autoras nos dan trucos de lo más variados, que van desde saber detectar cuando los alimentos llevan una cantidad de azúcar excesiva y conviene evitarlos, qué comer para obtener energía sin que ello implique sumar grasas, cómo conseguir que el pescado no se contraiga cuando lo cocinamos o que un filete grueso quede perfecto por dentro y por fuera. También revisan la pirámide nutricional, que en la actualidad tiene en cuenta muchos más aspectos que las cantidades de alimentos que consumimos, y aunque son hábitos que todos conocemos más o menos, nunca está de más tenerlos apuntados y a la vista para no olvidarnos de ellos.

En la siguiente parte del libro, Mar Armengol y Georgina Gerónimo nos sugieren unas cuantas recetas sanas, sencillas de hacer ¡y rápidas!, y otras más originales ¡pero también rapidísimas! Destaco el brownie en dos minutos, que seguramente sea la receta que escoja para aplicar los conocimientos que he adquirido con Comida sana para chicas con prisas (vale, seguramente es la receta menos sana del repertorio, pero las chicas por prisas que comemos sano también merecemos algún capricho).

Por último, nos dan pautas para que evitemos tirar comida y optimicemos el frío de la nevera. También nos adjuntan los calendarios de frutas, verduras, pescados y mariscos, para que los compremos siempre de temporada. Y no se olvidan de resolver uno de los grandes misterios de la cocina: para qué sirve todo ese utillaje de formas extrañas que vemos en la sección de Hogar.

Lo que Mar Armengol y Georgina Gerónimo nos cuentan es todo aquello que nos podían aconsejar nuestras madres y amigas, o que podríamos buscar en Google. Pero a veces ahorra tiempo tener toda esa información a mano, reunida en un solo libro. Y las que siempre vamos a contrarreloj sabemos lo importante que es eso. Así que hacedme caso y echadle un ojo a Comida sana para chicas con prisas. Da igual si sois hombres o mujeres, seguro que todos aprenderéis algo nuevo y os echaréis unas risas.

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El éxito de los introvertidos, de Sylvia Löhken

El éxito de los introvertidos

El éxito de los introvertidosHola, mi nombre es Esther y soy introvertida. Y no creáis que me es fácil reconocerlo. Mi introversión es, posiblemente, el origen de la mayoría de los problemas de he tenido en mi vida. Que si soy sosa, que si rarita, que si parezco tonta y débil o, por el contrario, que de qué voy, mirando por encima del hombro a los demás como si fuera superior a ellos… Cada cual ha interpretado mis comportamientos y me ha tratado en consecuencia, por lo que integrarme en el colegio, en el instituto (uf, el instituto) y hasta en algún trabajo no ha sido sencillo. Si un introvertido entra nuevo en un entorno lleno de extrovertidos puede llegar a pasarlo mal, muy mal, porque la introversión es una gran desconocida y, lo que es peor, está muy mal vista. Por eso, leer El éxito de los introvertidos, de Sylvia Löhken, ha sido como encontrar un oasis en el desierto, ¡ya era hora de cruzarme con un libro así!

Que ser introvertido no es nada malo, yo ya lo tenía claro. Y que no es lo mismo que ser tímido, también. Llevo años sufriendo las consecuencias sociales de serlo y me había documentado sobre ello. Pero si vosotros tenéis dudas al respecto, El éxito de los introvertidos incluye un test para que comprobéis en qué lado del continuo introvertido-extrovertido estáis. Sylvia Löhken profundiza en por qué nos situamos en uno u otro extremo, explicando la razón biológica que hay detrás: nuestros cerebros perciben y gestionan los estímulos del exterior de forma diferente. Y como el punto de partida del libro es llenar ese vacío que existe en los cursos de comunicación, que solo tienen en cuenta las fortalezas y debilidades de los extrovertidos, se centra en enseñarnos cómo hacer valer las cualidades propias de las introversión en aquellas situaciones que nos resultan incómodas (por ejemplo, un conflicto cara a cara con otra persona) o insalvables (por ejemplo, hablar ante una gran audiencia, ¡ay, qué vergüenza!).

Sylvia Löhken reivindica que los introvertidos existimos y que la solución a nuestros problemas nos es que nos esforcemos en ser cómo los extrovertidos, sino conocer nuestras herramientas innatas para entablar una comunicación eficaz y alcanzar todo tipo de objetivos en nuestra vida: desde encontrar pareja (o convivir con la que tenemos, si es el polo opuesto a nosotros) o saber cómo tratar a un hijo, según sea introvertido o extrovertido, hasta conseguir que se nos valore en el entorno laboral, que, generalmente, presta más atención a los extrovertidos tanto en las reuniones como a la hora de dar ascensos.

El éxito de los introvertidos derriba esos mitos que pesan sobre los introvertidos y nos da pautas para descubrir nuestras fortalezas y debilidades y utilizarlas a nuestro favor. Y por si queda alguna duda sobre la valía de los introvertidos y su capacidad para ser exitosos en lo que se propongan, Sylvia Löhken enumera a varias personas relevantes que nunca han renegado de su introversión y que, aun así, han logrado destacar, como es el caso de Clint Eastwood, Alfred Hitchcock, Michael Jackson, Avril Lavigne, Angela Merkel, Steven Spielberg o el mismísimo Barack Obama.

Ojalá hubiera leído este libro hace muchos años, cuando me sentía un bicho raro por ser cómo era y me veía desvalida ante la incomprensión de los demás. Pero El éxito de los introvertidos no me llega tarde, pues leerlo ha sido para mí una reafirmación personal, una lectura con la que sentirme comprendida y respaldada, un nuevo impulso para seguir encarando mis limitaciones. Por eso me parece un libro imprescindible para todos los introvertidos e incluso para los extrovertidos. Porque ya es hora de que a todos nos quede claro que hay formas diferentes de relacionarse, pero ninguna es mejor que otra mientras haya respeto y comprensión.

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Diario de un cavernícola del siglo XXI, de Carlos Toledo (T_Diary)

Diario de un cavernicola del siglo XXI

Diario de un cavernicola del siglo XXISi te pregunto quién es Carlos Toledo, es posible que no tengas ni idea. Pero si te digo T_Diary puede que sí. Sobre todo si te mueves a menudo por Instagram y eres uno de sus sesenta y nueve mil seguidores.

Yo no lo conocía, la verdad, ni por su nombre verdadero ni por el artístico. Así que cuando me crucé con el anuncio de la publicación de Diario de un cavernícola del siglo XXI y leí que se trataba de «una suerte de estudio sociológico sobre la actualidad a través de un compendio ilustrado con situaciones humanas de realidades irónicamente cotidianas» me vine arriba y quise leerlo. Será que mi vena sociológica sigue estando ahí, aunque lleve años sin tenerla en cuenta. Y, claro, mis expectativas no se ajustaban demasiado a lo que me iba a encontrar. Aunque reconocerás que la frase grandilocuente con la que lo definían  tuvo parte de culpa, ¿no?

Evidentemente, Diario de un cavernícola del siglo XXI no es un estudio sociológico, tan solo una recopilación de las viñetas que Carlos Toledo cuelga en su Instagram cada día a las ocho de la mañana. Quienes lo sigan y conozcan su estilo no se defraudarán. Y quienes no tengan ni idea de su trabajo, si no van con ninguna idea fija, más allá de pasar un rato ameno, tampoco. Yo me olvidé de mis ideas preconcebidas nada más abrir el libro y me dejé llevar por las situaciones cotidianas que T_Diary recrea a través de sus sencillos monigotes. Porque a sencillez no les gana nadie: unos círculos y unos palitos para representar la esencia de la anatomía humana. Y precisamente por esa extremada sencillez me sorprendió tanto la expresividad que tienen. Igual te cuentan cómo es un fin de semana en una casa rural, los momentos clave del paso del colegio a la universidad o las dificultades de la vida del autónomo. A veces, a T_Diary le basta una viñeta y otras,  dibuja la historieta entera. Y suele acompañar los dibujos con unas pocas palabras, o ni siquiera eso. Tira de tópicos, esas ideas que necesitan poco para ser reconocidas y para que nos sintamos identificados, pero en ocasiones consigue darles un punto de vista nuevo, un giro imprevisto, y son esos casos los que más he disfrutado.

Recurre especialmente a momentos de la infancia y, sobre todo, a los primeros años de juventud, aunque también aborda problemas y situaciones típicas de la edad adulta, por lo que la mayoría de lectores encontrarán gran variedad de viñetas en las que verse reflejados a sí mismos o a amigos y familiares. Sin embargo, he echado en falta que Carlos Toledo trazara un hilo conductor más claro, que le diera mayor consistencia a la sucesión de viñetas que se presentan como un diario, en lugar de limitarse a recopilar simplemente os dibujos con los que ha triunfado en las redes sociales en los últimos años. Es cierto que hay algunas páginas escritas que apuntan a ese propósito, pero no lo han logrado del todo, en mi opinión.

Eso no quita que Diario de un cavernícola del siglo XXI cumpla con su objetivo de sacarnos una sonrisa. Entre la ternura y la ironía, todos nos sentiremos identificados en mayor o menor medida y nos reiremos de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos. Si sois fans de T_Diary, lo disfrutaréis mucho, y si no lo conocíais hasta ahora, es posible que os aficionéis porque la expresividad de estos monigotes resulta adictiva. Humor gráfico sencillo pero efectivo.

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Los Caín, de Enrique Llamas

Los Caín

Los CaínAy, la maldad. Cómo me inquieta en la vida real y cómo me fascina en la literatura. Tal vez sea porque en las páginas de un libro puedo desentrañar aquellos comportamientos o actos que me resultan tan inconcebibles. Pero, para eso, el escritor tiene que ser hábil, incisivo, no quedarse en el estereotipo del malo malísimo, sino adentrarse en la ambigüedad moral, para que los lectores no sepamos dónde posicionarnos, dónde sentirnos seguros, a salvo. Y Enrique Llamas ha sabido hacerlo de forma magistral en su primera novela, Los Caín.

Viajamos hasta Somino, un pequeño pueblo de Castilla, donde el enterramiento apresurado de Arcadio Cuervo provoca que su tumba quede mal cerrada. Este hecho ya nos adelanta que, en este pueblo, las heridas de los vivos también permanecen abiertas —y supurando— y ni los muertos tienen derecho a descanso.

Así pasa el tiempo, veinte años para ser exactos, y llegamos a la década de los setenta, últimos estértores del franquismo, cuando Héctor, un profesor madrileño sin demasiada experiencia, es destinado al colegio de Somino. Quienes hayan sido «el forastero» en un pueblo pequeño seguro que pueden hacerse una idea de cómo se siente Héctor, observado e ignorado a partes iguales. Pero el recelo de los habitantes de Somino va mucho más allá de malas miradas y cuchicheos, y no tardará en darse cuenta. Mientras tanto, se suceden los merodeos y preguntas de Curro y Palomo, dos guardias civiles que investigan el accidente de una joven del pueblo y las extrañas muertes de unos ciervos, animales que suponen el principal sustento de las familias de la zona. Ante tantas visitas, Somino entero se revuelve, porque no les gusta que los de fuera se metan en sus cosas. El pueblo les pertenece y solo ellos se bastan para ajustar sus cuentas.

Enrique Llamas ha logrado una ambientación perfecta a través de particularidades que nos ubican en la época y el entorno y de los gestos de los vecinos de Somino, que nos causan una incomodidad continua. De este modo, sentimos la desazón de Héctor, sobre todo ante el odio irracional entre los niños del Teso y los niños de Llanos, que no es más que el reflejo de los rencores que llevan años enquistados en los adultos, a fuerza de exagerar los recuerdos y de exaltar los detalles.

En ese retrato del mundo rural, en la caracterización de los personajes y hasta en la calidad de la prosa, se nota la impronta que Ana María Matute y Miguel Delibes han dejado en Enrique Llamas. Ya era hora de que nuestros clásicos contemporáneos encontraran dignos sucesores que tomaran el testigo de plasmar esa España profunda, que muchas veces olvidamos que sigue estando ahí. Como la maldad, que no es patrimonio de esos pueblos aislados, ni mucho menos. Por eso, lecturas como Los Caín nos causan desasosiego.

En esta historia envolvente y opresiva, lo que menos importa es el desenlace. ¿Acaso creemos que habrá una razón para tantos resquemores y venganzas? ¿Es que esperamos que haya un motivo detrás de todo acto de maldad? Si todavía pensamos eso, es que no hemos comprendido nada. Si hubiera siempre una explicación, la maldad no sería inconcebible en la vida real ni tan fascinante en la literatura. Y Enrique Llamas nos lo deja claro en su debut literario. Y solo tiene veintinueve años, ojo. No le perdáis la pista.

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El bosque profundo, de Sofía Rhei

El Bosque Profundo

El Bosque ProfundoDice José Carlos Somoza en el prólogo de El bosque profundo que «si no te has encontrado antes con Sofía Rhei, este es el momento. Se ha cruzado en tu destino y tiene poder: ya no vas a dejar de leerla. Es capaz —y bien lo demuestra en esta colección— de construir historias con lo inverosímil, de jugar ante tus ojos con sus palabras, de hipnotizarte con sus tramas». Y lo admito: Somoza tiene toda la razón. Yo he sucumbido al influjo de Sofía Rhei: me he adentrado en El bosque profundo y ya no quiero salir. Así que solo me queda invitarte a que vengas a hacerme compañía. ¿Te atreves?

Solo has de seguir las cartas del tarot, que guiarán tus pasos.

Tendrás que recorrer senderos tortuosos. Puede que no te lleven a ninguna parte o, quizá, hacia el abismo que hay dentro de ti. Tú dirás cuál de las dos posibilidades te da más miedo.

Por el camino, beberás de fuentes para recobrar el aliento. Unas veces verás tu reflejo en sus aguas y, otras, ese lado oscuro que nunca antes quisiste mirar.

Llegarás hasta umbrales. Y los atravesarás, aun con la certeza de que te llevarán a parajes inciertos. Cuando te gires, ya no habrá vuelta atrás. Por eso continuarás adelante, al ritmo que el bosque profundo te marque.

Pero no te preocupes, porque durante todo el viaje los árboles te darán cobijo. Tú solo has de tener cuidado con los seres mágicos que acechan tras sus ramas.

Por fin hallarás hogares. Unos serán cálidos y acogedores, como el abrazo de una madre. Otros, prisiones de las que no siempre lograrás escapar. Ese es el poder de la sensibilidad escalofriante de Sofía Rhei, la terrible hermosura de sus palabras.

En la última página de El bosque profundo no encontrarás ningún final, si es que todavía lo andabas buscando. Pero me verás a mí, junto al resto de lectores que hemos quedado fascinados por el bello y oscuro mundo creado por Sofía Rhei. Aquí seguimos, releyendo los cuentos que nos ha contado. Esos cuentos que nos recuerdan a los tradicionales, aunque nunca antes nos los habían narrado así. Los protagonizan hadas, duendes, reyes, monstruos, animales, piedras, niños… Decenas de seres (aparentemente) humanos, elementos de la naturaleza y criaturas que ahora escapan a tu imaginación, pero que después de conocer sus historias, ya no se te irán de la cabeza. En ocasiones vivirán desenlaces justos, pero casi nunca finales felices. Es el precio de los cuentos verdaderos, esos que nos hacen sentir frío en la nuca.

Nosotros seguimos en el bosque profundo porque nos hemos dado cuenta de que la realidad, la más terrible, está justo aquí, en este mundo de leyenda, y no podemos volver a mirar a otro lado. Recorremos sus sendas infinitas releyendo los microrrelatos que lo componen, y cada vez descubrimos detalles de los que no nos habíamos percatado. En ocasiones son cosas que nosotros mismos hemos perdido por el camino, como los protagonistas. En otras, se debe a que somos nosotros los que hemos cambiado. Pero siempre hay algo distinto con lo que fascinarse en el oscuro y mágico mundo de Sofía Rhei, por eso te animo a visitarlo.

Como ves, no te prometo un viaje tranquilo, ni siquiera un destino apacible. Si lo fueran, ¿qué tendrían de especial? Pero lo que sí te aseguro es que serán inolvidables.

¿Te atreves a sucumbir a las palabras de Sofía Rhei? Aún hay hueco en El bosque profundo.

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