
A estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.
Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.
Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…
Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.
Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.
Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.
José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.
Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.
“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”
Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

Conocí a 
Egipto es un destino que siempre ha llamado muchísimo mi atención. Cuando era pequeña, más o menos cuando tenía unos ocho años, mi padre visitó ese país por motivos de negocios. No recuerdo si yo había escuchado hablar antes sobre Egipto o no, pero el caso es que cuando él volvió y me enseñó todas las fotos y me contó todo lo que había visto, yo me quedé prendada. Como buena lectora que soy, me encantan las historias que me hagan evadirme a lugares increíbles, pero esto ya me viene sucediendo desde muchísimo tiempo atrás. Por lo que ese día, cuando mi padre me contaba que se había adentrado en una pirámide gigantesca, que había visto una momia o que había atravesado el río Nilo, mi mente no paraba de trabajar intentando procesar toda la información. Llegó un momento en el que pensé que mi padre se estaba quedando conmigo y que me estaba contando una historia que bien podría haber salido de una sala de cine. Recuerdo que no le creí demasiado y en un rincón de mi mente pensé que él había exagerado todo para que yo alucinara todavía más.
Hoy voy a hablar de YouTube. En concreto, voy a hablar de los chicos y chicas que se dedican a hacer reseñas en esa red social, lo que se conoce como “BookTube”. Hace muchos años que descubrí que esto existía. En concreto, la primera videorreseña que vi fue una de Sebas G. Mouret, un chico que se ponía delante de su estantería y hablaba del último libro que se había leído. Me pareció fascinante, porque tenía una forma de hablar que parecía que me estaba recomendando el libro a mí personalmente y eso hizo que descubriera muchos títulos que leí gracias a él. Después vinieron muchos más booktubers a los que fui conociendo poco a poco y que pasaron a formar parte de mi lista de favoritos. Y entre ellos se encuentra Sara Cantador, la autora del libro del que vengo a hablar hoy y que es más conocida en YouTube como Nube de palabras.
Friends siempre ha sido una de mis series favoritas. Creo que la he llegado a ver entera unas cuatro veces. Me acuerdo de una vez que terminé el último capítulo y del tirón comencé a verla otra vez desde el principio. Un vicio. Me llegué a aprender los diálogos y soltaba frases de la serie en cuanto tenía ocasión. El resultado era que la gente me miraba raro… aunque cuando las decía delante de alguien fan de la serie, se convertía en un momento maravilloso.
Hay misterios que se te meten hasta los huesos, que se adentran en cada una de las partes de tu cuerpo hasta que experimentas una sensación de miedo que te impide pensar con claridad y reflexionar si lo que estás viviendo es una situación real o imaginaria. Una situación que, a pesar de estar solo está en tu cabeza, sientes como real al abandonarte a tus peores miedos. Esos que siempre han estado en tu interior y con los que temes encontrarte a lo largo de tu vida.
Si de algo sabe 



Llevo una temporada muy larga en la que casi no veo series. Pero hace un tiempo pasé una época en la que era muy fácil que me enganchara a una y no pudiera parar de ver capítulos y capítulos hasta terminarla. Me pasó con muchas, pero con la que más, fue con Pequeñas mentirosas, esa serie en la que unas adolescentes son acosadas por una persona que se hace llamar A y cuya identidad tenemos que descubrir. La serie en sí era bastante mala, pero qué queréis que os diga, a mi tenía enganchadita y no podía parar de verla. Y la cosa fue derivando a medida que las temporadas avanzaban y los muertos empezaban a sucederse y había teorías conspiradoras por todo Internet y uno ya no sabía ni lo que estaba viendo. Pero yo, ahí seguía, semana tras semana hasta que por fin supe quién era A.
Creo que en el mundo existen dos tipos de novelas de misterio. Las que han sido creadas únicamente para ser comercializadas, que normalmente no profundizan en sus personajes y cuyo desenlace final no tiene sentido alguno. Esas que dejan decenas de cabos sueltos sin resolver. Y aquellas que se centran en sus personajes, en una trama repleta de giros sorprendentes para el lector y en una ambientación que completa la novela y te deja con ganas de más. Sin ninguna duda, Crimen en la posada “Arca de Noé” forma parte de este segundo grupo.
«Banerjee es el detective más peculiar que existe. Se sumerge en sueños para descubrir los misterios, pero su método tiene una contraprestación: jamás puede exceder los veintiséis minutos».