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Experimental film, de Gemma Files

Que una editorial se bautice como La biblioteca de Carfax ya es un puntazo a su favor y toda una declaración de intenciones. (Por si alguien no lo sabe, –¡ cosa que vergüenza me daría–, la abadía de Carfax es el lugar en el que Drácula se establece en Londres, al lado del manicomio en el que Renfield lleva una dieta sana y peculiar a la espera de poder servir al amo). Queda claro entonces que esta editorial, de reciente creación pero que avanza con paso firme y cuenta ya con siete títulos, se va a dedicar al género del terror (o, más que al género del terror, a la emoción del terror, como dicen en su web).

Y lo hacen bien. Ya tenía ganas de darles un tiento y podía haber escogido cualquier título de su catálogo pues todos me llamaban con poderosísima fuerza y todos querían que los leyera. Pero me decanté por este Experimental film, la novela que ganó el premio Shirley Jackson, –el galardón más prestigioso en el mundo del terror y fantasía oscura tras los Bram Stoker–, en 2016 (año en el que Wylding Hall hizo lo propio en la categoría de novela corta).

La sinopsis era breve, pero lo suficientemente sugerente y atractiva como para provocar el enganche. Una exprofesora de cine en paro (¿trasunto de la autora, que es además de escritora, periodista y crítica de cine canadiense?) descubre unas viejas películas perdidas que podrían pertenecer a la primera directora de cine de Canadá, pero también descubre que esa mujer fue víctima de una fuerza sobrenatural que parece ir ahora tras ella.

En la primera frase ya viene el primer aviso: “cada película, independientemente de su contenido narrativo real, es una historia de fantasmas”. Y ya no hay marcha atrás. No puedes dejar de leer porque la historia que nos cuenta Lois Cairns, aparte de ser una historia de terror, es una clase de cine y del funcionamiento interno de la industria.

Lois asiste a la proyección de una cinta “experimental” a base de cortapegas de otras películas, en la que alguno de esos cortes corresponden a trozos de la cinta Dama del mediodía. Cinta de principios del siglo XX y grabada en el fácilmente inflamable nitrato de plata. Esos recortes afectan y perturban a Lois como si hubiera visto los fotogramas de The Ring (y lo cierto es que algún paralelismo más con esa película se va a dar en el libro). A partir de entonces se obsesionará con dichos trozos e investigará hasta descubrir que la cinta fue dirigida y protagonizada por Iris Dunlopp Whitcomb, y que la historia del cine canadiense puede dar un giro si consigue demostrar que la señora Whitcomb fue la primera cineasta canadiense, y a Lois puede ayudarla a relanzar su carrera y a recibir alguna subvención de la Asociación Canadiense del Cine.

Pero cuanto más descubre sobre Iris Whitcomb más oscuro se va volviendo todo. Su hijo era especial, al igual que el de Lois (y que el de la autora), y desapareció años antes de que lo hiciera la propia Iris Whitcomb en pleno trayecto ferroviario de forma extraña dejando quemaduras en el compartimento, sospechosamente parecidas a las que deja el nitrato de plata al arder. Desde la desaparición de su hijo se obsesionó, como también le sucederá a Lois, con la mitología alrededor de la Dama del mediodía (leyenda de la que yo ni zorra idea tenía y pensaba que la autora se había inventado para el libro, pero que resulta que no es así, y es un antiguo y auténtico mito eslavo). Lois se dará cuenta de que hay muchas coincidencias entre ella e Iris. Demasiadas y demasiado preocupantes.

El personaje de Lois, –y el de todos, en realidad aunque la que nos importa porque es la que corta el bacalao es Lois– está perfectamente perfilado. Es un personaje complejo, que no caerá bien, aunque la entendemos. Es borde cuando tiene y con quien tiene que serlo, pero terca en la búsqueda de sus objetivos y, pese a su egoísmo, muy humana. Las pasa putas con todo lo que ya tenía de antes (dolor de espalda, dolor de hombro, depresión, su madre) y su hijo autista, del cual no sabe si realmente la quiere. Se ve como una mujer madura y fracasada y, desde luego, para nada como madre del año (cosa que la hace aún más humana). Además en algún momento del libro se pregunta a sí misma qué es lo que ha conseguido realmente en la vida, y la respuesta no la satisface en absoluto. Afortunadamente, su marido la apoya en todo y la reconforta.

La trama sigue un buen ritmo, los personajes son muy verosímiles, se lee con gusto, (a pesar de que a veces la organización temporal es deliberadamente caótica al avanzar o retroceder en el tiempo y de que al principio le cueste algo arrancar). La narrativa de Gemma Files tiene el poder o la habilidad de hacerte ver lo que lees, como si estuvieras viendo una película en lugar de leyendo un libro y eso es algo que a mí, particularmente, me gana. Y sobre todo la construcción del personaje de Lois. Perfecta. De los protagonistas con personalidad más sólidamente dibujada que he leído últimamente, no me cansaré de decirlo.

En resumen, terror, terror no me ha provocado, pero como todas las emociones, eso es algo muy subjetivo y lo que a uno puede acojonar a otro puede no le haga saltar del asiento. Sí me ha dado algún susto y es cierto que hay un “algo” inquietante flotando durante toda la lectura que te hace permanecer en tensión. No obstante, Experimental film es un libro que merece mucho la pena leerse. Lo he disfrutado, me ha entretenido y divertido, y ese era el objetivo.

Mitología, leyendas urbanas, investigación, thriller, cine y vida familiar es lo que el lector encontrará aquí. Y terror. Pero, de nuevo, resalto la construcción de personajes y la interacción de estos. Hala, por si no había quedado claro.

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