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Para quien no brilla la luz, de José María Pérez Zúñiga

para quien no

para quien noA estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.

Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.

Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…

Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.

Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.

Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.

José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.

Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.

“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”

Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

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Hope, de Wendy Davies

Hope

Érase una vez un viejo gruñón llamado Joseph; una marioneta que odiaba a los niños, a la que bautizaron con el nombre de Wave y Hope, una niña que no podía escuchar las palabras… excepto las de ese viejo gruñón. También esta es la historia del Chico Azul y su guitarra, una mimo y un mago. Y la del pequeño teatro Serendipity. Todos estos personajes y ese lugar donde los sueños se convierten en realidad, aunque sea por un instante,  conforman el elenco de Hope, la quinta novela de Wendy Davies.

Wave, la marioneta, nos relata la vida de Hope y de los habitantes de Folktale, que la rechazan porque no la comprenden, pero los personajes que duermen entre las páginas de esos libros que todos recordamos con cariño (Momo, Matilda, Cuento de Navidad, Kafka y la muñeca viajera) también están muy presentes. Y es que Hope es un homenaje a las historias, esas que tienen verdad incluso cuando cuentan mentiras.

Hope se lee como si de un cuento se tratara (al estilo de Mathias Malzieu y La mecánica del corazón), tanto por su sencillez como por el poso que deja. Por momentos, lo que nos cuenta Wave es triste, muy triste; sin embargo, desprende dulzura, como Hope, la entrañable protagonista, y eso nos hace viajar de la primera a la última página sin que se nos borre la sonrisa, pese a que a veces esta sea amarga.

De no ser por la solapa del libro, nunca hubiera imaginado que tras Wendy Davies hay dos personas: Merche Murillo y Fátima Embark; sus prosas ensamblan de manera perfecta y es imposible saber dónde empieza una y acaba la otra. Estas dos jóvenes autoras comenzaron plasmando su amor por las letras en dos blogs literarios y, más tarde, crearon su propia escritora, Wendy Davies, para además de disfrutar leyendo, disfrutar escribiendo novelas a cuatro manos. De esta unión han nacido historias tan adorables como la de la niña Hope y hasta han ganado el Premio Gran Angular de 2017

Hope ha sido un grato descubrimiento, hasta el punto que recomiendo su lectura en todos los institutos. No solo porque sea adictiva y, por tanto, una excelente elección para aficionar a los más jóvenes a la literatura, sino porque es una novela de aprendizaje y transmite enseñanzas que son valiosas para cualquier etapa de la vida, pero sobre todo para la adolescencia, esa época en la que lo habitual es sentirse distinto y perdido. Hope muestra las vicisitudes de dejar atrás la infancia, lo necesario que es aprender a olvidar, por qué no debemos permitir que las diferencias nos definan, asumir que nuestros villanos quizá sean los héroes de otros y que, además de perseguir los sueños, hay que atreverse a vivir la realidad.

Todas esas enseñanzas confluyen en el título de la obra, porque, al fin y al cabo, lo que nos regalan Merche Murillo y Fátima Embark con esta historia es precisamente eso: hope, esperanza; una sensación que se queda en nosotros incluso después de finalizar la lectura. Y ese poderoso influjo de Hope no desaparece de inmediato, qué va. Su poso se queda ahí, dentro de nosotros, y aflora cada vez que contemplamos su preciosa portada, como la sonrisa en nuestra cara. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí. Y apuesto a que si te adentras en Serendipity, junto a la niña que no entiende las palabras, tú también lo sentirás.

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Un dios ciego, de Javier Sagastiberri

Un dios ciego

Un dios ciegoHe sentido unas ganas tremendas de empezar esta reseña transcribiendo literalmente las dos primeras páginas del libro del que vengo a hablar, que es Un dios ciego, tercera parte de la saga policíaca escrita por Javier Sagastiberri. Pero no lo voy a hacer. Me voy a contener las ganas y voy a hablar de todo lo que me ha parecido este libro para que, si después os decidís a leerlo, alucinéis igual que yo al leer su comienzo. Vale, a ver, voy a ir por partes y de una manera lógica para que toda esta reseña tenga sentido. 

Hace unos meses mi compañero César reseñó un libro del mismo autor del que vengo a hablar hoy. Entonces él reseñó Perversidad, que era la segunda parte de la saga policiaca escrita por el autor donostiarra. El caso es que yo leí lo que escribió acerca de esa novela y, sobre todas las cosas, fue una la que llamó mi atención: decía que el autor no se andaba con rodeos. Que ya desde el principio nos encontrábamos con un asesinato y enseguida la Ertzaintza ya estaba investigándolo. Sin apenas presentaciones ni preludios, nos encontrábamos en mitad de la acción de una manera repentina. Y eso fue lo que hizo que yo anotara mentalmente ese título para leerlo en un futuro. Porque si bien a veces disfruto con las novelas extensas, esas que se dedican largo y tendido a situar al lector en la trama y que empiezan a tener un poco de acción y sentido cuando ya llevas más de un tercio de libro leído, la verdad es que prefiero los libros rápidos. Esos que no tienen principios eternos y que hacen que te metas en la lectura de lleno desde el mismo momento en que lo abres. 

Y tal y como pasaba en Perversidad la acción en esta tercera parte ocurre de repente. Enseguida nos enteramos de que un peligrosísimo criminal se ha escapado de la cárcel de Basauri. Es un hombre al que Arantza Rentería e Itziar Elcoro, las ertzainas que protagonizan esta saga, conocen muy bien y, ahora que está en la calle, va a ir detrás de ellas para intentar acabar con sus vidas. Casi a la vez, un hombre es asesinado en pleno Bilbao. Un tiro por la espalda y listo. Está claro que la muerte la ha llevado a cabo un profesional. Las dos compañeras tendrán que investigar la vida de este abogado y pronto descubrirán que, a pesar de ser Bilbao una ciudad tranquila y sin apenas delincuencia, las bandas de narcotraficantes están encontrando un nicho perfecto, cosa que el asesinado sabía muy bien. 

No os mentiré. Después de leer la reseña de César, al disponerme a empezar esta tercera parte de la saga, Un dios ciego, las expectativas estaban por las nubes. Y no solo eso, sino que también Puri, otra compañera, reseñó en su día el primer tomo, El asesino de reinas (el comienzo de todo), y solo dijo cosas buenas sobre él y sobre su autor. Así que entenderéis que fuera normal que me diera miedo que no me gustara el libro y que no pudiera coincidir con sus impresiones. A ver si iba yo a llegar aquí y dijera que la tercera parte no estaba a la altura de las otras dos entregas anteriores. Y bien, tengo que hacer una aclaración: yo no las he leído, por lo tanto la comparación la puedo hacer únicamente sobre lo que mis compañeros contaron acerca de ellas. Y el resultado es que, no sé cómo serán las dos primeras partes, pero esta es buenísima. 

Como digo, Javier Sagastiberri no se anda con tonterías y se deja de presentaciones y de historias para ir directamente al grano. Pero gracias a su narrativa, poco a poco el lector irá conociendo cosas que al final harán que este libro sea redondo, como por ejemplo los caracteres de las protagonistas (tan diferentes entre sí) o el lugar donde sucede todo. Y es que el autor nos da una novela que consiste básicamente en diálogos y a través de ellos podremos situarnos dentro del contexto. Serán los propios personajes los que nos describan el entorno. Puri decía en su reseña que, después de leer tantas novelas policiacas se sabía Nueva York de memoria, aunque jamás lo había visitado. Así que agradecía leer una novela de este estilo ambientada en una ciudad diferente. Y yo estoy totalmente de acuerdo con ella: me ha encantado visitar Bilbao (ciudad de la que estoy enamorada) a través de los diálogos de los personajes de esta novela. Además creo que las descripciones están tan bien hechas que, aunque el lector no conozca la ciudad ni la cultura vasca, enseguida le va a resultar todo muy familiar y cercano. 

También me daba un poco de cosa enfrentarme a este libro sin haber leído las dos entregas anteriores. Temía que no fuera a enterarme de nada, ya que alguna vez he tenido malas experiencias leyendo sagas en el orden que no correspondía y el resultado siempre ha sido nefasto. Lo consulté con el autor y este me tranquilizó: no había de qué preocuparse. Sí es verdad que muchos personajes vienen de las anteriores partes, pero Javier enseguida sitúa al lector para que sepa quién es quién. Así que todo va rodado, el lector se pone al día enseguida y todo fluye como tiene que fluir. Si bien es verdad que he notado que hay algunas bromas o algunos comentarios que hacen referencia a los anteriores tomos y hubiera estado bien pillarlos, pero son algunos detalles que no impiden disfrutar del libro en absoluto. 

Bueno, después de haber hablado de tantas cosas aquí no os penséis que se me han quitado las ganas de transcribir las dos primeras páginas del libro… pensé que me iba a olvidar de ello, pero ha sido imposible. Me prometí al principio que no lo haría, así que simplemente os voy a dejar la primera frase (eso no implica romper mi promesa, ¿verdad?) para que veáis a qué me estaba refiriendo todo el tiempo. Es esta: “¿Para qué hostias te sirve la pasta si no sabes gastarla?”. Ni presentaciones, ni nada. A lo vasco. Ay… esa frase. ¡Cómo me gustó ese principio! Y ya sí que sí, me voy de aquí corriendo porque sino veo que caigo en la tentación y no solo os transcribo las dos primeras páginas, sino que ¡os copio todo el libro! Así que… ¡agur!

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Lejos del corazón, de Lorenzo Silva

Lejos del corazónMantener la vigencia de una serie literaria durante dos décadas tiene un mérito increíble. Pero hacerlo además con éxito de público y de crítica es digno de elogio. Veinte años después de la publicación de El lejano país de los estanques, Lorenzo Silva publica Lejos del corazón, la undécima entrega de la saga de novela negra protagonizada por los dos guardias civiles más reconocidos de nuestra literatura, Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

En esta ocasión, Vila y Chamorro viajan a la zona del Estrecho de Gibraltar para esclarecer la desaparición de Crístofer, un joven y brillante empresario con antecedentes por delitos informáticos. Tras pagar su familia un caro rescate con dinero en efectivo, nada se sabe del chico, lo que lleva a familiares y a amigos a temer la peor de las suertes. Una vez en la zona del Campo de Gibraltar, los investigadores comprobarán de primera mano lo difícil que resulta trabajar en una zona donde la mezcla del narcotráfico, los altos índices de paro y el dinero negro suele derivar siempre en problemas para las autoridades, algo que no solo está de rabiosa actualidad en los medios de comunicación actuales, sino también en otra de mis últimas lecturas (La tragedia del girasol, de Benito Olmo).

Lorenzo Silva es uno de los escritores que más y mejor ha escrito sobre la Guardia Civil. Solo él es capaz de describir con tanta pasión el ecosistema particular que rige a la Benemérita, así como los procedimientos, jerarquías y rutinas laborales que se utilizan a la hora de investigar. Y lo hace todo de una forma didáctica y amena a su vez, algo que uno agradece cuando se pone delante de una novela de este tipo. El autor tiene un estilo bastante marcado, basado en unos personajes muy humanizados y un misterio que se desvela en pequeñas dosis. Vila es el que lleva el ritmo de la narración, una narración apacible y tranquila salpicada por pequeñas notas de humor que el lector sin duda valora positivamente.

Volviendo a lo hablado en el primer párrafo, es difícil mantener el éxito durante tantos años escribiendo una serie de novelas policiales. Yo no soy experto en Lorenzo Silva, pues solo he leído, con este, tres de las once entregas que componen la saga. Pero si me atrevo a aventurar que parte del éxito del autor estriba en su capacidad para reinventarse y actualizarse constantemente, saliendo de la zona de confort en la que muchos escritores quedan cobijados cuando alcanzan un cierto nivel de reconocimiento. Localizar una narración en el Estrecho de Gibraltar y hablar de drogas y narcotráfico es un argumento muy manido; pero añadir a esta historia criptomonedas, hackers, negocios fraudulentos online y hacerlo llegar de un modo entendible para todos los lectores da muestras del buen hacer y la dedicación que desempeña en cada una de sus obras el escritor madrileño.

Lejos del corazón es una lectura ideal para el verano. Lorenzo Silva lleva con gran audacia al lector a descubrir las difíciles situaciones humanas, sociales, jurídicas y criminales que luchan diariamente en esta zona del sur de España. Y lo hace con una historia brillante llena de actualidad, con unos personajes a los que es imposible no tener aprecio. Y cuando se escriben historias así, da igual de dónde se venga, pues se adivina un futuro brillante ya que, como decía Gardel (¡Ay… Gardelito!), veinte años no es nada.

César Malagón @malagonc

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Videorreseña: Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre, de Simón Hergueta

Desde hace unos años vivo en Cantabria. Durante este tiempo he descubierto muchísimas cosas sobre esta región: la geografía tan increíble que tiene, su gastronomía tan esmerada, su gente amable y participativa y también sus tradiciones tan arraigadas. Pero una de las cosas que más me ha gustado siempre de esta pequeña región, es su historia. Las Guerras Cántabras me fascinaron desde el primer momento que escuché hablar de ellas.

El libro del que vengo a hablaros hoy en este vídeo va de eso, de Las Guerras Cántabras. Se trata de Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre, la primera parte de la trilogía escrita por Simón Hergueta. El él nos cuenta la historia de Laro, un niño que nace en un poblado cántabro y que tiene que prepararse, junto a sus amigos, para ser un gran guerrero que se enfrente a los romanos que quieren invadir el norte de España. Durante todo el libro acompañaremos a este joven guerrero en todas sus aventuras y conoceremos un poco más sobre aquella época y toda la mitología celta que invadía el espíritu cántabro.

Así que, como ya te habrás imaginado, yo disfruté muchísimo este libro porque la temática ya me encantaba antes de empezar con él. Pero, corre, dale al play ¡y entérate de más!

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Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir, de Carmen G. de la Cueva

Una paseo por la vida de Simone de Beauvoir

Una paseo por la vida de Simone de BeauvoirHay cosas que pasan cuando te acercas a la vida de Simone de Beauvoir después de haber leído algunos de sus libros o incluso sin haberlos leído; pasan esas cosas que sentimos cuando hablamos con una amiga de siempre, es como unir la forma y el fondo.

Si en días como hoy, en pleno siglo XXI aun nos faltan referentes de mujeres, no quiero ni pensar por lo que debió pasar Simone para organizar todo ese mundo filosófico e igualitario que llevaba en la cabeza pero no era capaz de encuadrar en el mundo en que ella vivía.

Yo con esta mujer empecé a lo grande, es decir, leyendo El segundo sexo; luego, tras aquel impacto lector, fui leyendo otros, hasta que no hace demasiado les recomendé una edición muy especial de “Malentendido en Moscú”… No tengo casi ningún libro de Simone de Beauvoir, todo lo que ha pasado por mis manos era de alguna amiga, o profesora, o los he tomado prestados de diferentes bibliotecas. Poco a poco quiero ir solucionando este asunto…

Con esta biografía tan peculiar de Carmen G. De la Cueva entenderemos perfectamente la manera en la que conviene acercarse a Simone de Beauvoir. Como con cualquier otro ser humano es importante empezar por el principio, la infancia y adolescencia, así como la presentación de la familia más cercana con la que convivía y creció. Y la autora lo hace mediante el reflejo de su propia vida como lectora en la vida y obra de la filósofa, y el resultado ha sido absolutamente maravilloso. La especial presentación que ha hecho Lumen lo convierte en una lectura interesante, bien estructurada, de literatura fina, ligera y atractiva para el lector, que lejos se verse apabullado ante tanta cita de la obra de la autora, lo agradece, y hace que su contenido sea muy adecuado para crear curiosidad entre las nuevas generaciones de lectoras por la obra de Simone.

¡Y como no!, también es un libro para regalar, pues el valor que le dan esas tapas duras, el diseño y las bellísimas ilustraciones de Malota, (María del Mar Hernández Fernández), hacen de Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir una pequeña obra de arte.

Simone 2

Qué bien explica la autora que leer la obra de Simone de Beauvoir es mucho más que leer su vida y pensamiento, porque es además una forma de pasear por un tiempo y un lugar, es leer historia. He dedicado estos días a vagar por la vida de una y otra, la vida de Simone y la vida de Carmen, de sus vidas como ávidas lectoras que las convierte en mujeres críticas con el mundo que les rodea. Leo ahora a Carmen y recomiendo su libro a todas, como hace pocos días leía a Rosa Montero y hace un poquito más a Leticia Dolera y me doy cuenta de que todas se han dado cuenta de lo importante que es compartir experiencias para poder conocernos, escribirnos, exponernos para que todas comprendamos que frenar y desmontar el patriarcado depende sobre todo de nosotras mismas:

“Me ha costado casi treinta y un años de vida darme cuenta de que criticar o envidiar a otras mujeres me debilita, me causa dolor e inseguridad. Es más, el feminismo me ha ayudado a vislumbrar una idea esencial que poco a poco está cambiando mi vida y mi relación con las mujeres: desde niñas el patriarcado nos educa para competir entre nosotras, para destacar, para ser mejores que las otras, y nos convierte en enemigas. Así las cosas, era normal que Simone y Mary reaccionaran de esta forma; al fin y al cabo, Simone era la novedad la “existencialista guapa…”

Y así es como esto funciona, vamos recogiendo el testigo de las que nos preceden, nos vamos leyendo y nos vamos comprendiendo, ahora ya sabemos que cuando una mujer habla con otra mujer todo puede empezar a cambiar a su alrededor, porque Simone nos dijo que la mujer se hace, no nace, pero nosotras debemos aprender a hacernos y para ello debemos ver en otras mujeres a nuestras alidadas y no a nuestras enemigas.

Yo también, como muchas otras mujeres, tengo en mi poso lector la lectura de Mujercitas, hoy sé que me hubiese gustado poder compartir esta lectura con el resto de mis amigas, pero hay cosas de las que no se habla cuando una tiene catorce años y la cabeza llena de extrañas ideas… Carmen me ha recordado que yo, como muchas otras lectoras, fuimos y nos sentíamos como extraños personajes dentro de nuestra propia novela. Ahora, siendo ya todas adultas, vemos que lo que cada una de nosotras pretendíamos a nuestra manera era poder ser la protagonista de nuestra vida, poder conjugarnos e individualizarnos en nuestro propio verbo SER.

P.D: He terminado esta reseña, como verán, sin la necesidad de hablar de Sartre, que naturalmente está en el libro de la misma manera que estuvo en la vida de Simone de Beauvoir.

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Amanecer en el ocaso, de Gerardo Pérez Sánchez

Amanecer en el ocaso

Amanecer en el ocasoA veces me gusta encontrarme con cosas que no son lo que parecen. Comerme un helado de vainilla y que de repente aparezca chocolate derretido en el centro, ver una película que hace años no me gustó y descubrir que he cambiado tanto que ahora me encanta, desviarme del camino que hago todos los días para encontrarme unas vistas alucinantes, o empezar a leer un libro que al final resulta no ser lo que en un principio pensé. 

Eso es lo que me pasó con Amanecer en el ocaso, el libro de Gerardo Pérez Sánchez del que vengo a hablar hoy. 

Puede parecer que esta novela es una especie de thriller en la que una investigación policial es la parte más importante. Y la verdad es que no es del todo así. Vamos por partes: el protagonista de esta historia es Rodrigo Cifuentes, que después de haberse retirado del ejército, se dedica a ser investigador privado. Su vida es monótona y tranquila, hasta que aparece un viejo compañero que le va a ofrecer un trabajo, uno de verdad. Tiene que encontrar a una chica que ha desaparecido. Pero lo tiene que hacer de la forma más discreta posible, tiene que ser un fantasma, ya que hay mucha gente implicada en el caso y su vida podría correr peligro si alguien le descubre. Y es que pronto descubriremos que el padre de la chica es una joyita y que está metido en un asunto muy turbio relacionado con venta de armas ilegales. Y también nos daremos cuenta de que ella tenía un lío con un famoso líder político, por lo que son muchos los interesados en descubrir qué ha pasado y muchos interesados en ocultar demasiadas verdades.

Hasta ahí digamos que me encontré lo que esperaba, una historia de misterio llena de buenos y malos y una investigación policial muy interesante. Pero sin previo aviso, Rodrigo encuentra una pista que le dice que la chica está ahora mismo en Marruecos. Así que él se dispone a seguirla y allí, en África, se encontrará envuelto en una lucha que reivindica la independencia del reino alautia. Por lo tanto la historia cambia radicalmente. La investigación sigue siendo importante, sí, y el lector querrá en todo momento saber qué ha pasado con la chica, pero también se verá en las tesitura de querer conocer más sobre ese conflicto que puede poner en peligro la investigación e incluso las relaciones políticas que tienen España y Marruecos. 

Por lo tanto, me he encontrado con algo que no esperaba en un principio. Pensé que tenía delante una historia de polis e intriga, pero me he encontrado con mucho más: con un conflicto internacional contado desde una perspectiva muy contrastada y estudiada. Sin duda, se nota que Gerardo Pérez Sánchez ha invertido su tiempo en documentarse sobre el conflicto para darnos una historia tremendamente real y explicarla de manera que todo el mundo la entienda perfectamente, incluso los que no tengan ni idea del conflicto, como es mi caso. 

En cuanto a la narración, Amanecer en el ocaso, tiene un estilo muy cuidado. Los diálogos son muy frecuentes y creíbles, lo que siempre admiro de un libro. Esa forma de intercalar los diálogos con la narración (hecha en tercera persona) es la clave para que el libro no resulte en ningún momento pesado. Y bueno, tengo que decir que la propia historia ya es interesante y mantiene atento al lector, pero estas matizaciones, el buen uso de los diálogos y la narrativa, hacen que todavía sea mejor. 

Me ha gustado también la evolución del personaje principal, de Ricardo Cifuentes. Cuando lo conocí pensé que era un hombre venido a menos, sin nada que perder en su vida, sin motivaciones que le hicieran despertarse por la mañana con energía. No sé, ahora sinceramente no recuerdo si el autor nos lo presenta así o si fue la imagen que yo misma me hice de ese personaje, pero os juro que al principio pensaba eso de él. Me lo imaginaba como una persona triste, gris, sin pasión por nada. Y poco a poco, a medida que va avanzando la historia, vemos cómo empieza a preocuparse por la investigación, cómo se va implicando cada vez más hasta llegar a convertirlo en algo personal. Esa evolución me ha gustado muchísimo, porque es una cosa que veo esencial en un libro. Cuando empiezo una novela espero que el personaje que me presentan al principio no sea el mismo al que despido cuando lo cierro. Quiero una evolución, un avance, aunque novela esté basada en un mismo día. No importa. El ser humano evoluciona constantemente y si, cualquiera de nosotros viviera dentro de una novela, estoy segura de que no la terminaríamos siendo como éramos en un principio. Es esencial. Así que me alegra que Gerardo Pérez Sánchez se haya preocupado por eso. 

Si hay algo que destacaría negativamente de la novela es la portada. No me parece adecuada para la historia ni me parece atractiva. Ya sé que me vais a decir que no hay que juzgar un libro por su portada, pero qué queréis que os diga, es una mentira como un castillo. La portada es esencial, es lo primero que vemos de un libro y, si no lo conocemos o no conocemos al autor, tiene que ser lo suficientemente atractiva como para que nos fijemos en él. Sinceramente, yo no hubiera reparado en este libro si solamente hubiera tenido la portada delante, porque me da la impresión que lo que menos me voy a encontrar en su interior es una historia de misterio súper emocionante y una investigación interesantísima. Así que si os pasa un poco como a mí, no os dejéis llevar por esta impresión, porque es totalmente falsa.

Y es que, como os decía, estoy segura de que en su interior os vais a encontrar con algo que no esperáis en absoluto. Y, si sois como yo, que os gustan las sorpresas y descubrir cosas de manera fortuita, solo puedo terminar esta reseña diciéndoos lo siguiente: dejaos llevar por esta historia.

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El espejo egipcio, de Pilar González

El espejo egipcio

El espejo egipcioEgipto es un destino que siempre ha llamado muchísimo mi atención. Cuando era pequeña, más o menos cuando tenía unos ocho años, mi padre visitó ese país por motivos de negocios. No recuerdo si yo había escuchado hablar antes sobre Egipto o no, pero el caso es que cuando él volvió y me enseñó todas las fotos y me contó todo lo que había visto, yo me quedé prendada. Como buena lectora que soy, me encantan las historias que me hagan evadirme a lugares increíbles, pero esto ya me viene sucediendo desde muchísimo tiempo atrás. Por lo que ese día, cuando mi padre me contaba que se había adentrado en una pirámide gigantesca, que había visto una momia o que había atravesado el río Nilo, mi mente no paraba de trabajar intentando procesar toda la información. Llegó un momento en el que pensé que mi padre se estaba quedando conmigo y que me estaba contando una historia que bien podría haber salido de una sala de cine. Recuerdo que no le creí demasiado y en un rincón de mi mente pensé que él había exagerado todo para que yo alucinara todavía más. 

Con los años me di cuenta de que eso no fue así en absoluto. Que Egipto es tal y como él me contó: un lugar mágico, lleno de cosas asombrosas, cargado de una cultura magnífica y con la capacidad de inspirar cientos de historias como la que traigo hoy aquí. 

El espejo egipcio, escrito por Pilar González recoge toda esa magia de la que estoy hablando. Todo empieza cuando Dago entra en una tienda de antigüedades y compra un espejo para regalárselo a su madre. En cuanto lo ve sabe que es el regalo perfecto para ella. Es muy bonito y parece muy antiguo, con todo lujo de detalles. Pero el dependiente de la tienda le advierte y le dice que ese espejo guarda algo oscuro en su interior: está maldito. Dago no cree en esas estupideces, así que decide comprarlo y seguir con su plan. Seguro que cuando su madre lo vea se le olvida interrogarle sobre su novia. Y eso será un alivio, porque no quiere confesar que están pasando por una época de crisis y que llevan un tiempo separados. 

Y si ya de por sí la vida de Dago es ahora mismo un poco caótica, ya que es un escritor de renombre que está pasando por una época muy mala en la que no consigue escribir nada decente, todo empieza a ir de mal en peor cuando el espejo entra en su vida. Primero, la desaparición de su madre y después la sospechosa muerte de su editor y amigo. Dago cada vez tiene más claro que todo está relacionado y que el dependiente tenía razón en su advertencia.

Así que lo que tenemos delante es una historia de intriga en la que tendremos que descubrir junto con el protagonista qué es lo que oculta ese misterioso objeto. El espejo egipcio tiene, a parte de todo lo mencionado, algo que hay que destacar sobre todo lo demás: Dago tiene lo que parecen ser unos sueños lúcidos donde se encuentra con gente que ya ha tenido ese espejo en su poder. Esa gente es imprescindible para el desarrollo de la historia y va a ser el recurso que la autora, Pilar González, va a usar para contar la novela a dos tiempos. Así, tenemos la época actual y también varias tramas pequeñitas protagonizadas por diferentes personajes que se sucederán en varios momentos de la historia. Y esto es de destacar porque uno de esos protagonistas secundarios van a ser Akenatón, cuya vida fue fascinante. Esa forma de narrar es lo que nos va a permitir quedarnos con la intriga cada vez que un capítulo termine, ya que, al estar las historias intercaladas, tendremos que esperar siempre para volver a retomar la trama de Dago para saber, de una vez por todas, qué oculta ese espejo. 

La narración me ha gustado. Es sencilla y con abundantes diálogos. Además está narrada en primera persona, por lo que es muy fácil empatizar con Dago. Él nos va contando constantemente todo lo que piensa, nos transmite sus dudas y sus miedos. Se teme lo peor, claro, que todos los misterios que están sucediendo a su alrededor, se deban a su estúpida idea de comprar el espejo. Tendría que haberle hecho caso al dependiente y ahora su mala decisión puede haber sido la causante de que su madre desapareciera y su editor acabara muerto. Y también está el tema ese con su ex y, sobre todo, el maldito bloqueo que no le permite escribir nada decente. Todos estos temores, estas frustraciones, nos llegan a nosotros perfectamente gracias a que la historia está contada en primera persona.

Si le tengo que poner un pero es que he observado un abuso de algunas frases hechas y recursos. He notado, por ejemplo, que la autora utiliza demasiado el conector “en verdad”. No suelo fijarme demasiado en estas cosas, pero sí que es cierto que me ha chocado encontrarme tantas veces con él. También creo que esto se ha debido en parte a que no me gusta nada ese conector, entonces cuando lo leí unas cinco veces en el libro después no podía parar de verlo todo el tiempo. Es como cuando te compras un coche rojo y de repente todos los coches de tu alrededor son rojos.

Pero quitando esa tontería, que ya digo que es una cuestión de gusto personal que otra cosa, el libro me ha resultado muy entretenido, por eso estoy hoy aquí recomendándolo a todo aquel que me esté leyendo.  Sobre todo me ha intrigado y me ha gustado el recurso de meter a personajes antiguos dentro de la trama. Gracias a él he podido volver a recordar esas historias que mi padre me contaba sobre Egipto. Yo todavía no he tenido la suerte de ver todo eso con mis propios ojos, pero ojalá sea yo la que algún día le cuente a una niña pequeña (bastante escéptica para su edad) que he estado dentro de una pirámide que se construyó hace miles de años. 

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La playa, de Sara Cantador

La playa

La playaHoy voy a hablar de YouTube. En concreto, voy a hablar de los chicos y chicas que se dedican a hacer reseñas en esa red social, lo que se conoce como “BookTube”. Hace muchos años que descubrí que esto existía. En concreto, la primera videorreseña que vi fue una de Sebas G. Mouret, un chico que se ponía delante de su estantería y hablaba del último libro que se había leído. Me pareció fascinante, porque tenía una forma de hablar que parecía que me estaba recomendando el libro a mí personalmente y eso hizo que descubriera muchos títulos que leí gracias a él. Después vinieron muchos más booktubers a los que fui conociendo poco a poco y que pasaron a formar parte de mi lista de favoritos. Y entre ellos se encuentra Sara Cantador, la autora del libro del que vengo a hablar hoy y que es más conocida en YouTube como Nube de palabras. 

Siempre me ha dado la sensación de que Sara es una chica muy sencilla, que se muestra en las redes tal y como es y que habla siempre desde el corazón. Está claro que cada booktuber destaca por una cosa u otra y a mí se me viene una palabra para describir a Sara: delicadeza. Es como una florecilla, no sé si me estoy explicando, pero es eso: tan alegre, divertida, curiosa, que no puedo evitar relacionarla con esa palabra.

Y ahora, después de tantos años siguiéndola en YouTube me encuentro con que ha publicado un libro: La playa. Y os voy a ser sincera: quise leerlo por curiosidad. La temática no era algo que me apasionara (aunque dentro de unas líneas voy a hacer unas matizaciones porque esto requiere una explicación) pero después de haberla visto tantas veces a través de la pantalla, me gustaba la idea de sumergirme en una historia que ella misma había escrito. 

Así que nada, me puse a ello y estas son las conclusiones que he sacado.

Lo primero que tengo que decir es que estaba del todo equivocada con este libro. La sinopsis de La playa deja entrever que tenemos en las manos un libro de temática romántica de chica conoce a chico. Después de leer el resumen pensé que iba a ser un libro adolescente total repleto de esa intensidad que tanto los caracteriza. Pero para nada. No ha sido así en absoluto. Y esto me cabrea bastante, porque seguramente mucha gente piense que este libro es simplemente una historia de amor (lo que se deduce de la sinopsis), pero no es así. Es mucho más. 

Veamos, el libro se divide en dos partes, una parte dedicada a la historia de amor en sí y la otra dedicada a la investigación. Porque sí, hay una investigación, en la que Ian y Eloise, los protagonistas, se meterán de lleno. Por lo tanto tenemos una parte muy intrigante en la que los personajes van a tener que rebuscar en el pasado y tomar decisiones que podrían ponerles en peligro. Esa parte no la esperaba en absoluto, porque como os decía, no pensaba que la autora nos fuera a dar algo más aparte de la historia de amor. 

He leído algún comentario que dice que la primera parte del libro es un poco pesada. Yo no lo pienso así en absoluto. Como digo, no tiene nada que ver con la segunda y es muy probable que al lector le enganche más el libro a partir de la mitad más o menos, pero el principio es una oportunidad fantástica para adentrarse en los sentimientos y en la personalidad de los protagonistas, hecho que Sara Cantador aprovecha para presentarnos a unos personajes que después irán evolucionando notablemente a lo largo de toda la novela. 

En definitiva, ha sido una gran sorpresa haber leído esta obra. Y estoy un poco enfadada conmigo misma por haber pensado lo que no era, porque os aseguro que la imagen que me había hecho yo en mi cabeza sobre este libro no tiene nada que ver con lo que me he encontrado. 

Sé que esta reseña se está alargando más de lo normal, pero no quería irme de aquí sin hacer un inciso. Sinceramente, estoy muy harta de todos los comentarios que oigo por ahí que dicen que los booktubers y los youtubers en general no deberían escribir libros, que si ahora está de moda, que si son solo un elemento de publicidad de las editoriales… Mira, de verdad. Es un tema que me fastidia bastante, porque es posible que haya algún libro escrito por youtubers que sea una mierda, y es posible incluso que haya algún libro que no esté escrito por quien dice estarlo (cosa que ha pasado en toda la historia de la literatura). Pero por eso no podemos generalizar, no podemos tachar a esta generación, o como quiera que lo llamemos, de oportunista. Los booktubers son chicos y chicas que se pasan horas entre libros y si muchos de ellos tienen inquietudes que van más allá de leer y quieren escribir, pues perfecto. ¿Que tienen más facilidades para publicar porque son más conocidos? Puede. ¿Y qué? Aquí cada uno se labra el camino de la forma que mejor puede y esos chicos que antes se sentaban delante de una cámara de mierda a hablar de sus libros favoritos cuando solo los veían diez personas, han recorrido un largo camino para llegar hasta donde están hoy. 

Así que a mí, personalmente, me alegra mucho ver que Sara Cantador ha podido cumplir su sueño de publicar su primera novela (objetivo que ha conseguido, además, con muy buena nota) y solo espero que este sea el comienzo de una larga carrera. 

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La justa, de Ricardo Sánchez de Madariaga

La justa

La justaHay muchas mujeres en mi vida a las que admiro. La primera, mi madre. Hemos vivido las dos solas durante muchísimo tiempo y no hemos necesitado a nadie más. Ella me ha demostrado siempre que una mujer se puede valer por sí misma: la he visto usar herramientas como el taladro o la rotaflex. También la he visto hacer cosas asombrosas como construir una escalera. A día de hoy yo le digo que vale, que no necesitaré a nadie a mi lado para colgarme un cuadro, pero que no pretenda que yo construya sola una escalera porque lo veo bastante improbable. Pero ella siempre me dice que no se trata de poder o no poder: se trata de querer hacerlo o no. Si quieres, lo haces (o al menos lo intentas), sin excusas de condición que valgan. 

A mi abuela también la admiro muchísimo. Ha sido capaz de criar a cuatro hijos y sacarlos adelante a pesar de que su voz, como la mayoría de las mujeres de su época, no valía absolutamente nada. El otro día se atrevió a venirse conmigo a Alemania para ver a su hermana. Era la tercera vez que montaba en avión y mientras despegábamos me decía que ese viaje, hace unos años, hubiera sido del todo imposible. La he visto disfrutando durante una semana entera sin preocuparse por nada ni por nadie. Con eso me conformo.

Y también admiro a mi mejor amiga, que lucha día a día por demostrar su valía. Recuerdo que con seis años me decía “odio a los machistas”, sin tener ni ella ni yo idea de lo que hablaba. Pero ahí sigue, demostrando que ella sola se sirve. Que mejor sola que mal acompañada. 

Sí, las mujeres de mi vida son un pilar fundamental en ella. También los hombres de mi vida, no os vayáis a pensar. Por suerte, son varios y puedo decir que me siento tremendamente orgullosa de ellos. Pero hoy estoy aquí no para hablar de los hombres (ya lo haré en otro momento, lo prometo), sino para hablar de las mujeres, las grandes protagonistas de La justa, el nuevo libro de Ricardo Sánchez de Madariaga. 

Este libro está compuesto por seis relatos, algunos más breves que otros, que tienen escenarios y personajes muy variados. Son muy diferentes entre sí aunque tienen una cosa muy importante en común: todos ellos están narrados por hombres enamorados. Enamorados de mujeres que, a veces les corresponden, otras no tanto y otras no de la forma que ellos hubieran imaginado. Son hombres que están a la merced de una mujer, se llame Linda o Marie France. O incluso a la merced de una mujer sin nombre. No importa.

Como siempre me pasa cada vez que me enfrento a un libro de relatos breves, siempre encuentro uno que es mi favorito. Uno que, por encima de todos los demás, llama especialmente mi atención. Es ese relato el que me vendrá a la mente cada vez que piense en ese libro en concreto, siendo muy posible que el resto de ellos pase rápidamente al olvido. En este caso, ese relato ha sido el titulado como Verano del 78, donde el protagonista conoce a Marie France, una chica que será el eterno amor adolescente del chico que nos está narrando el relato. Entre escenarios de teatro, música y pianos, conoceremos esa historia de amor “fugaz como el sol del veranillo de San Martín” que diría Sabina. Y quizá sea el que más me ha gustado porque los amores de verano tienen ese no sé qué que engancha: sabemos que es una historia que ya fracasa desde el principio, que nace muerta, pero aun así no podemos dejarla escapar. Tal vez sea esa derrota temprana lo que nos empuja a luchar por ella, como si se tratara de una cuestión de orgullo que nos hace intentar derrotar al destino. 

El último relato, Talk to me, también me ha gustado mucho. Sobre todo por el trasfondo que tiene. Trata de un hombre que tiene una aventura con una chica mucho más joven que él. Su matrimonio le pesa y necesita huir de él aunque sea solo un rato. Pero su aventura no es como la de los demás: consiste en hablar. Únicamente en hablar. Es un relato muy sincero y que le da un final perfecto al libro.

Hace poco leí otra obra de Ricardo Sánchez de Madariaga: Historia de la columna infame, que era también un conjunto de relatos cortos. De ese libro recuerdo con cariño un relato que tenía como protagonistas a un chico y una chica que viajaban por todo el norte de España. Durante las horas que duraba ese viaje hablaban como si fuera el último día, la última oportunidad. Ese fue el relato que me marcó y que ahora compite con Verano del 78 por ser el que más me ha gustado de los dos libros. En conjunto, me quedaría con La justa, ya que la veo como una obra más redonda, con más sentido, donde todos los relatos tienen algo en común. Es un todo. Pero si tengo que elegir un relato en concreto… me quedaría con el del viaje por el norte. No sé qué tenía, pero ha conseguido convertirse en mi favorito. 

Pero aun así me quedo con el libro que estoy reseñando hoy, porque me ha gustado eso de que todos los relatos tuvieran la misma esencia. A pesar de que no tiene por qué ser así, a mí me gusta más cuando todos los relatos están unidos por algo que tienen en común. En este caso, como decía al principio, ese punto de convergencia son las mujeres. Ellas son las que le dan sentido a este libro convirtiéndose en protagonistas aunque en teoría no lo sean. 

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Moravia, de Marcelo Luján

Moravia

MoraviaSonaba Gardel por el equipo de música de aquel café argentino de Lavapiés donde desayunaba. Un equipo de música moderno incapaz de restarle ese sonido mono tan característico de un viejo tango. Mi Buenos Aires querido se confundía con el chocar de vasos y platos, las voces de los habituales apoyados en la barra y el aroma del café. En la calle, unos perros ladraban. Ya sabía qué libro quería leer.

A veces, circunstancias ajenas a la literatura te llevan de la mano a elegir un libro como si alguien hubiera escrito que así fuera. Acontecimientos, en principio, sin conexión pero que cobran todo su sentido a medida que se van enlazando. El destino fijado, el inevitable desenlace y no poder escapar de él, es el rasgo principal de esta embaucadora novela que voy a presentar.

Moravia, de Marcelo Luján, tiene el rumor de un tango amargo y el tinte doloroso de las tragedias griegas. Un relato que, por su fuerza descriptiva del Buenos Aires de 1950 y el desarrollo de los personajes, te apresa y te libera a partes iguales, te acaricia y te golpea con rabia, te deleita con la melodía de un bandoneón para después abandonarte desnudo frente al dolor. Todo en una novela de menos de doscientas páginas. No necesita más su autor para demostrar que el reconocimiento recibido por su última obra, Subsuelo, no fue gratuito. La riqueza lingüística de este texto, con la mezcla de sabores y colores de Argentina, Nueva Orleans y la antigua Checoslovaquia, le dan mayor vida a un relato de bellísima trama.

Así, la historia sucede en febrero de 1950. Juan Kosic, ahora un famoso bandoneonista, regresa a su Buenos Aires natal que tanto le decepcionó quince años después de haberla abandonado. Junto a él, viajan su esposa y su hija. Juan Kosic lleva dos cosas como equipaje: un maletín lleno de dinero y el rencor de demostrarle a su madre que en Nueva Orleans triunfó en aquello que ella tanto le negó y que fue motivo de su separación y huida de Argentina, la música.

Para ello, idea un plan: ocultará su identidad y se presentará en la pensión que regenta su madre junto a su hermana en Colonia Buen Respiro, un pueblo perdido de La Pampa. Allí, se hará pasar por turista adinerado, acomodándose incluso en una habitación, esperando a desenmascarar la verdad y vengarse por tanto dolor y burla sufridos en el pasado. Un suceso trágico hará cambiar por completo el camino de los acontecimientos.

La maestría del relato de Marcelo Luján reside en la estructura de tragedia griega que ha conseguido crear: desde un coro en la figura de los perros que custodian la pensión de la madre y que anuncian con sus ladridos el desenlace, hasta el sabor edípico que deja en los labios esta amarga novela. No es hasta el final cuando se desencadene la catarsis trágica excepcionalmente trenzada por Luján.

También, cabe citar la influencia que ha tenido en el autor un fragmento de El extranjero de Albert Camus que ha guiado el desarrollo de esta historia. Valiéndose de aquel extracto, ha escrito una obra dividida en dos actos: por un lado, la llegada al puerto de Buenos Aires del trasatlántico que llevó a Juan Kosik y Lidia, su esposa, de Europa a América. Ahí, a través de sus recuerdos, se muestran los pasados de cada uno. Todo aquel pasado que no eran más que eslabones que forjaban el destino de sus protagonistas. En el segundo acto, se desarrolla la acción en el tiempo presente en Colonia Buen Respiro, el pueblo natal de Juan Kosic: el eterno viaje en tren hasta el pueblo, ocultar su identidad ante los habitantes, presentarse en la pensión, lo que allí sucedió.

Moravia, cuyo título hace mención a la ciudad checoslovaca desde donde emigraron a Argentina los ascendientes del protagonista, ha sido reeditada y puesta de nuevo en librerías por la editorial Salto de Página tras haber estado descatalogada en su anterior editorial. La crítica considera esta novela como género negro. Desligado por completo del relato policíaco, que no interesa en absoluto a su autor, lo principal del relato destaca en la negrura que subyace en el ser humano desde la fluidez; donde hay tiempo para pensar, para elegir, para reaccionar, y que, sin embargo, decide ejecutar la maldad. Una reflexión sobre la condición humana que también exploró en su siguiente novela Subsuelo.

Sin duda es una lectura que se hace imprescindible acompañarla de un viejo disco de Carlos Gardel. La música está presente durante todo el relato. Del mismo modo, deja también el regusto de las buenas películas de cine clásico. Porque esta novela se disfruta como tal: un plano en blanco y negro a bordo de un barco, la actriz mira por última vez alejarse el puerto de la ciudad de Buenos Aires, antaño, viviendo su época gloriosa; de fondo, un músico ejecuta una melodía con rumor de despedida.

«Rencor, mi viejo rencor, no quiero sufrir esta pena sin ti.
Si ya me has muerto una vez, ¿por qué llevaré la muerte en mi ser?» (Rencor, de C. Gardel)

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Videorreseña: El bestiario de Axlin, de Laura Gallego

En esta vida hay coincidencias que se suceden una y otra vez. Como por ejemplo, haber elegido leer El bestiario de Axlin en Ámsterdam. Y si no saber por qué eso es una coincidencia o una casualidad, échale un vistazo al vídeo y entérate qué tienen en común el nuevo libro de Laura Gallego y la Venecia del norte.

Este libro es la primera parte de lo que será una trilogía y me ha vuelto a recordar por qué soy tan fan de la escritora valenciana. Laura consigue con sus obras llevarme a mundos perfectamente ideados, que demuestran haber salido de una mente privilegiada como es la suya (cosa que nos recuerda cada año, cada vez que saca un libro nuevo).

El bestiario de Axlin está basado en un mundo lleno de monstruos que asedian todas las aldeas. Axlin, una joven que está aprendiendo a leer y escribir, decide crear un bestiario donde recogerá toda la información sobre todos los monstruos existentes, para que así los próximos humanos en llegar puedan combatir contra ellos de la manera más eficaz. Pero eso conlleva un gran peligro: salir de su aldea y enfrentarse a cientos de monstruos que ni siquiera sabe que pueden existir.

Pero ¡no te cuento más! Echa un vistazo al vídeo para saber más sobre la nueva obra de Laura Gallego.

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