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Al final mueren los dos, de Adam Silvera

Al final mueren los dos

Al final mueren los dos¿Qué harías si te dijeran que vas a morir en las próximas veinticuatro horas?

Así, más o menos, empieza Al final mueren los dos, una novela de Adam Silvera que propone una realidad un tanto futurista en la que existe una institución llamada “Muerte Súbita” y que se encarga de informar a la gente que va a morir de repente. Una llamada, un mensaje y ya sabrás que en las próximas horas vas a morir. Exactamente el cómo y el cuándo no lo vas a saber, ¿pero acaso eso importa ya?

Mateo y Rufus han recibido la llamada el mismo día. A decir verdad, no se conocen de nada. Pero al final coinciden en la aplicación que está tan de moda y que se llama algo así como el último amigo. Ahí se puede encontrar de todo: tanto Fiambres (los que van a morir), como personas que quieren dar apoyo a los que van a fallecer o como los que intentan aprovecharse de la situación (ya se sabe que de esos hay muchos por todas partes). 

Ambos no podrían ser más diferentes y, como era de esperar, su forma de afrontar la muerte venidera también es muy distinta. Mateo no quiere ni salir de su casa (¿para qué?), prefiere quedarse jugando a algún videojuego y a Rufus la llamada fatal le ha pillado pegándole una paliza a un tipo. Pero aun así, se encuentran. Aun así, se apoyan. Aun así, se convierten en lo único que al otro le queda en esta vida. 

Ese es el planteamiento general de esta novela que ya ha batido récords de ventas. Tiene una historia muy original con una trama que engancha. Los personajes van creciendo poco a poco y evolucionando. No les queda otra, pues solo tienen veinticuatro horas de vida para arreglar todo aquello que fastidiaron en su vida o bien hacer todo lo que no se atrevieron a hacer antes. Pero le encuentro un pero muy grande: la edición. He encontrado demasiadas faltas de ortografía y muchos errores de edición, lo que es una pena, porque es un libro genial que, si no fuera por estos errores, sería perfecto. Sinceramente espero que esto se revise a fondo para la siguiente edición (que estoy convencida de que no tardará demasiado en salir) para que así ya no haya una sola pega que ponerle. 

Al final mueren los dos me ha hecho preguntarme qué haría yo en caso de que alguien me llamara ahora mismo y me dijera que me voy a morir en un plazo de veinticuatro horas. No sé con quién lo compartiría o con quién no. No sé si querría salir a la calle o si quedarme en la cama llorando desconsoladamente. Ir a la playa o a andar por el monte. Escribir, terminar la novela con la que llevo tiempo. O tal vez leer, en concreto ese libro que tengo pendiente desde hace tanto que ya aparece hasta en mis pesadillas. Quizás ver esa película que me recomendó mi mejor amigo y que supuestamente me iba a encantar pero que me da tanta pereza ver. Saltar de un puente. O mejor, de un avión. Ir al restaurante más caro de la ciudad y hacer un simpa, o tal vez gastarme todo el dinero que tengo en la cuenta en una ONG. Echar un vistazo a todos los álbumes de fotos  donde aparezca mi familia y amigos o escuchar en modo bucle mi canción favorita. O directamente, encontrar mi canción favorita. 

Esperaba, sinceramente, que al sentarme aquí mi mente se aclarase y me dijese sin dudar qué tendría que hacer si yo me fuese a morir mañana. Pero no. Veo que son demasiadas cosas las que podría hacer, pero ninguna me convence lo suficiente como para decir categóricamente que haría eso hasta que llegara el momento de irme para siempre. Ay, qué decepción, de verdad. Ojalá fuera una persona con las ideas claras, pero ya veis que disto mucho de ser así. 

Definitivamente no sé lo que haría. Pero me ha gustado mucho encontrarme con este libro de Adam Silvera porque por unas horas no he podido quitarme esa pregunta de la cabeza. No creo que sea imprescindible darle una respuesta, no importa saber con exactitud o no lo que harías el día antes de tu muerte (que si lo sabes, mi más sincera enhorabuena), pero sí es imprescindible hacer una pequeña lista de cosas que sí que te gustaría hacer y, ahora que tenemos tiempo (espero), poner todo de nuestra parte para que esta se vaya reduciendo poco a poco. 

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Todo Messi, de Jordi Puntí

Todo Messi

Todo MessiIba a empezar diciendo que debe quedar claro que me declaro miembro sempiterno del bando de los que defienden a Messi como mejor futbolista del mundo – y de la historia -, pero ahora estoy pensando que viendo el título del libro que voy a reseñar no creo que quepan muchas dudas sobre ello. Así que, de todas formas, lo diré: soy del bando de los que ve a Messi como el mejor futbolista del mundo y de la historia, del mismo bando que tantos otros aficionados al fútbol, del mismo bando que Jordi Puntí, el autor de este Todo Messi que publica Anagrama dentro de su colección ‘crónicas’.

Primero de todo diré algo en contra, y es que no estoy nada a favor de libros que tratan la figura de alguien que todavía está en activo. Básicamente porque, en este caso, si Messi gana en unas semanas el Mundial, ¿dónde quedarán todas esas argumentaciones que Puntí tiene que dar para defender a Messi por encima de todos aquellos que sí que lo consiguieron, como por ejemplo Maradona? Si Messi gana el Mundial, ya todos – por fin – pensarán igual que los que no necesitamos que lo gane para pensarlo. Pero lo bueno de Todo Messi es que esa parte no tan buena que acabo de comentar la equilibra – en realidad, la supera – con el maravilloso texto que se saca de la manga Jordi Puntí, culer hasta la médula. Porque lo mejor de este tan genial como corto libro no es las anécdotas alrededor de Messi que contiene, las citas de otros futbolistas sobre el astro argentino, las situaciones de juego que ha presenciado el propio autor o los goles que se narran, sino que lo mejor aquí es la prosa de Puntí. Todo ello sin darse cuenta de que la magia que Messi consigue en el campo él la está consiguiendo sobre otro terreno de juego, el narrativo: sobre el papel.

Jordi Puntí hace en Todo Messi un repaso de su experencia en la contemplación de alguien único, irrepetible e incomparable como es Messi. A través de experiencias propias y ajenas, Puntí hilvana una serie de ‘ejercicios de estilo’ – como él se digna en llamarlos al estilo de Raymond Queneau – en los que recrea las más importantes hazañas del argentino mezcladas siempre con la maestría del catalán en la glosa, en la comparación, en el análisis meditado y (des)medido, en la digresión sangrante de pasión por el fútbol. Y no solo quedándose en el mero entorno futbolístico, sino que Puntí – escritor y periodista de renombre – es capaz de coger a Messi y enmarcarlo, por ejemplo, dentro de los cinco conceptos que Italo Calvino predijo que marcarían el arte del siglo XXI. Porque, ¿no es arte lo que hace Messi?

Podría decir que aunque no te guste Messi – cosa que no concibo si te gusta el fútbol – te va a gustar este libro, porque básicamente, aunque con Messi por bandera, es este un canto al fútbol como filosofía, como la religión de un cúmulo de humanos que vemos en ese ‘dar patadas a un balón’ toda una serie de elementos perceptivos capaces de hacernos llorar, capaces de hacernos gritar como nunca lo hemos hecho, abrazarnos a alguien con quien nunca nos hemos abrazado, dar un beso a, por ejemplo, un trozo de tela que llevas por camiseta, a una lata de cerveza, a ese amigo de al lado que a quien como mucho hasta ese momento habías dado una palmada en el hombro. Eso es el fútbol. La última vez que lloré fue con un gol de Iniesta.

En definitiva, Todo Messi es algo más que un mero libro sobre fútbol, que un simple libro sobre otro futbolista más. Y, para explicarlo bien, qué mejor que acudir a las palabras del propio autor: «Quizás se podrían definir estas páginas como un cromo en movimiento, uno de esos vídeos cortos que hay ahora por internet y que resumen en diez segundos toda una jugada. Solo que el movimiento se lo daré yo con mis palabras: inspirándome vagamente en el patrón del escritor Raymond Queneau y su célebre libro, intentaré trazar unos ejercicios de estilo a partir de la figura de Leo Messi. Deconstructing Messi. Reescribir a Messi. Él será el protagonista de cada texto, las mil caras del estilo, y mi ejercicio consistirá en capturar en estas páginas la belleza, la voracidad, el genio, la modernidad, la obsesión y el instinto, entre muchas otras cosas, de un futbolista que es el mejor de la historia.» Nada más y nada menos que eso. Con todos ustedes: D10S.

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Slam!, de Pamela Ribon y Veronica Fish

slam!

slam!Si hablamos de deportes de contacto seguramente te vengan a la mente el rugby, la lucha libre, el boxeo… Y seguidamente imagines a hombretones grandes y sudorosos dándose mamporros a diestro y siniestro mientras intentan alcanzar un objetivo determinado, a pesar de que sabes que en las disciplinas anteriormente mencionadas también hay mujeres dejándose la piel y recibiendo golpes tremendos. Esto es así porque patrocinadores, televisiones, programas de deportes y sobretodo espectadores damos, de forma injustificada, más importancia a una categoría que a otra. Triste pero cierto. Por suerte (más que suerte, tras mucho esfuerzo) existe un deporte de contacto en el que ellas acaparan toda la atención: el roller derby.

El roller derby, que inició su andadura en la década de los años 30, es un deporte brutal que aúna velocidad, estrategia y hostias como panes. No es de extrañar que al final de cada partido las jugadoras acaben con moretones, rasguños y en algunos casos hasta con lesiones de más gravedad. Algo que ya explicaría de manera fidedigna la película Whip It, dirigida por Dew Barrymore y protagonizada por una jovencísima Ellen Page. Ahora de la mano de la guionista Pamela Ribon y la artista Veronica Fish nos llega Slam! un cómic que no solo nos habla del roller derby, sino también de esas amistades que deben enfrentarse a todo tipo de contratiempos para salir victoriosas.

Así, a bote pronto, el nombre de Pamela Ribon seguramente no os suene de mucho, y no es de extrañar ya que en el mundo del cómic es todavía una novata. Pero si hablamos de cine la cosa cambia pues ha trabajado de guionista en películas como Vaiana, la live action de Los Pitufos o la secuela de la exitosa Rompe Ralph. Como novelista también goza de cierto éxito, así como de guionista en programas para la tv norteamericana o escribiendo obras de teatro. Esta artista tan polifacética además, en un pasado no muy lejano, fue jugadora de roller derby en Los Angeles Derby Doll. Aquí es cuando todas las piezas encajan. Y es que la autora natural de Pensilvania se inspiró en sus propias experiencias en este duro deporte a la hora de crear Slam! Por ello, no es de extrañar ese tono en la narración que en ocasiones recuerda a un diario personal y en otras a un manual para aprender a jugar roller derby. ”Si tu vida estaba acabada, el derby la arreglará”. Debido a esto, Pamela nos cuenta en escenas cortas e intensas, y que en ocasiones van a salto de mata y pueden provocar cierta confusión, la íntima relación entre Jennifer y Maisie. Una relación que sufrirá altibajos debido al deporte que las enfrenta y que de rebote acabará afectando a sus vidas personales.

A los lápices, y como perfecta partenaire de la guionista, tenemos a Veronica Fish, artista a la que últimamente podemos encontrar trabajando en Spider-Woman o en el reborn del clásico norteamericano Archie. Fish realiza una curiosa mezcla de dibujo coqueto, e incluso naif, que contrasta con una ilustración más severa cuando llega la hora de ponerse los patines y repartir mamporros. “¡Matar, matar, matar! ¡Ganar, ganar, ganar!”. De ir con el noviete al cine para ver La Cosa de John Carpenter (con todo ese nostálgico aire ochentero) a intentar que las contrincantes no te hundan, de forma brutal, el codo en las costillas. De disfrutar de una apacible tarde en el hogar (con gato en el regazo incluido) a patinar a toda pastilla, sabiendo que ante el más mínimo error te dejarás los dientes en la pista. De la tranquilidad a la acción. De la calma al follón.

Sí, tal vez el dibujo de Veronica Fish no goce de una gran espectacularidad, pero cumple con creces si hablamos del diseño de personajes. Rostros que oscilan entre la belleza de las princesas Disney y la dureza de Charlize Theron interpretando a Imperator Furiosa en Mad Max: Furia en la carretera. A esto hay que añadirle el cuidado a la hora de seleccionar un determinado vestuario para cada personaje (el de calle y el de “batalla”), detalle que en muchos cómics no se le da la importancia necesaria pero que siempre dota de mayor profundidad a las diferentes personalidades.

En resumen, Slam!, publicado por la editorial Fandogamia, es un cómic que nos muestra los entresijos del roller derby a través de los ojos de dos amigas que hallarán en este deporte de contacto un brutal método para sanar la soledad o el desamor.

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La última noche de Ayrton Senna (suite 200), de Giorgio Terruzzi

La última noche de Ayrton Senna

La última noche de Ayrton SennaCuenta Giorgio Terruzzi que todos a los que pregunta sobre ello, periodistas, conocidos, pilotos, son capaces de recordar lo que estaban haciendo en el momento exacto en el que supieron de la muerte de Ayrton Senna. Yo también, lo reconozco, tengo una memoria concreta de aquel domingo de mayo, una de las más vívidas que conservo de mi adolescencia, y eso que ha transcurrido casi un cuarto de siglo.
Senna no ha pasado a la historia como el mejor piloto en cuanto a victorias o títulos mundiales. No lo es ahora, pero es que ni siquiera lo fue en vida. Prost, Schumacher y los actuales Hamilton y Vettel superan sus registros, aunque también es justo admitir que, sobre todo en el caso de los dos últimos, hablamos casi de un deporte distinto. Sin embargo, ninguno de ellos alcanza el carisma del paulista, su imagen de leyenda, ninguno ocupa su hueco en el imaginario popular. Por su carácter en la pista, por sus polémicas fuera, por su temprana muerte haciendo aquello que lo había llevado a la cumbre, Senna se alza por encima de cualquiera y será difícil que llegue alguien para bajarlo de ese trono en estos tiempos de héroes demasiado perfectos.
El recurso de Giorgio Terruzzi para contar su vida en La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es clásico, y bebe del mismo subgénero que las historias de condenados a muerte que aprovechan sus últimas horas en la celda para expiar sus pecados. En ese sentido, nada nuevo, pero sí original en este contexto. Al principio resulta chocante: aparecemos en la habitación del Hotel Castello durante las horas previas al Gran Premio de San Marino de 1994 y contemplamos a un Senna reflexivo e inseguro que repasa su relación amorosa en presente con Adriane Galisteu, el amor-odio que siente por su familia y, solo de fondo, piensa en la muerte de Roland Ratzenberger, ocurrida unas horas antes en el mismo circuito en el que va a correr al día siguiente. Conforme pasan las páginas y las horas de esa última noche, Terruzzi se centra más en los hechos y un poco menos en la reflexión y el lector se familiariza con su voz y su cadencia. Tiene el buen gusto de narrar en tercera persona, sin caer en la trampa de hacer hablar a los muertos, y el texto (en la traducción de David Paradela López) discurre de manera solvente y poco recargada, algo de agradecer en unos tiempos en los que la crónica deportiva se ha convertido en uno de los subgéneros más dados al adorno y al adjetivo innecesario. La trayectoria de Senna queda finalmente cubierta sin lagunas, desde su comienzo en el karting hasta el mismo día de su muerte, pasando por los difíciles tiempos en las categorías inferiores británicas y la gloria de sus mejores años. Sin embargo, las descripciones de Terruzzi dan una mejor idea del carácter de Nelson Piquet o del entorno de Angra dos Reis, donde Senna tenía su retiro brasileño, que de cualquiera de los circuitos del mundial, y sus aventuras amorosas y otros problemas fuera del Gran Circo nos hacen descubrir un perfil de Ayrton alejado de sus grandes gestas.
Uno de los mayores inconvenientes de La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es que puede caer en tierra de nadie. No es para no iniciados, eso seguro, y quienes busquen una biografía completa del mito, con fechas, datos y estadísticas, tampoco encontrarán en él un texto especialmente profuso ni ordenado. No obstante, los que tienen grabado en la memoria dónde estaban aquel uno de mayo y quizá acaban de caer en ello, sí podrán a través de él tirar el hilo de la memoria, hacer un recorrido sentimental imperfecto que les llevará a rebotar de nuevo entre nombres que creían perdidos como Xuxa, Gerhard Berger o Fernando Collor de Melo. Y con ello recordarán lo bueno que era Ayrton Senna y lo pronto que se marchó.

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Sobre Patines, de Victoria Jamieson

Sobre Patines

Sobre Patines¿Quién no recuerda haber experimentado mil y un sentimientos a la vez en los primeros años de nuestra adolescencia? ¿Encerrarnos en nosotros mismos por el más mínimo fracaso en el colegio o en nuestras actividades extraescolares? ¿Enfadarnos con nuestro mejor amigo o amiga por la cosa más insignificante? Y cómo, en aquellos momentos, nos parecía el fin del mundo y nos ahogábamos en lágrimas encerrados en nuestros cuartos, pensando que jamás se solucionaría. No puedo evitar sonreír ante la inocencia de aquellos años, porque me encantaría revivirlos para experimentar todo por primera vez. Y creo que no soy la única.

No es nada fácil reflejar todos estos sentimientos y meterse en la cabeza de una niña de doce años. Sin embargo, Victoria Jamieson lo hace de forma brillante en solo unas 250 páginas, que se leen en un suspiro (en mi caso, en una sola noche) y que te sacan más de una sonrisa. Porque Sobre Patines es una novela gráfica que explora con humor la etapa adolescente y todos los altibajos y cambios que todos experimentamos cuando la vivimos. Y tanto Astrid, la protagonista, como Nicole, Rachel o Zoey representan a muchos adolescentes reales y a sus problemas cotidianos.

Personalmente, me sentí muy identificada con Astrid desde el principio. Su miedo a ser rechazada por ser diferente a los demás, a no conseguir lo que se propone ni lograr sus sueños, su gran torpeza en multitud de ocasiones y su incapacidad de afrontarse a los miedos e inseguridades con los que se encuentra en su día a día… Es algo que todos hemos experimentado alguna vez en esa dulce, aunque también muy difícil, etapa de nuestras vidas. Una etapa en la que tantos sentimientos se mezclaban y no sabíamos qué hacer con todos ellos. Cómo seguir adelante después de todas las patadas y desilusiones que nos da la vida. Aunque eso es algo que también nos ocurre cuando somos adultos, ¿no? ¿Acaso cambian tanto nuestros miedos? ¿O es que simplemente aprendemos a manejarlos? Esto es algo en lo que este libro me ha hecho reflexionar.

Además, Sobre Patines nos cuenta esta bonita historia mediante el humor y consigue sacar al lector más de una sonrisa en cada uno de los capítulos, debido a la ironía de Astrid y su forma de reírse consigo misma. Y creo que esto es algo que todos deberíamos hacer alguna vez, reírnos más de nosotros mismos y no tomarnos todo tan en serio. Por eso creo que esta novela me ha parecido tan especial.

Y otro tema interesante y esencial que se trata aquí es el deporte y todo lo positivo que puede aportar a una persona en todas las facetas y edades de su vida. El patinaje hace a Astrid una persona feliz, capaz de superar sus miedos con esfuerzo y pasión, y le ayuda a entender que nadie te regala nada en esta vida. Que hace falta trabajar para conseguir lo que queremos. Y esto le hace evolucionar en su camino hacia la madurez y es una chica totalmente distinta la que conocemos al comenzar la lectura que la que nos encontramos cuando la acabamos.

La lectura de Sobre patines ha sido toda una vuelta a mis doce años, que recomiendo a cualquier persona, sin importar la edad que tenga. No solo es increíblemente tierna y divertida, sino que es una novela gráfica con ilustraciones preciosas, coloridas, positivas y llenas de detalles. Una novela que no me extraña que haya sido premiada, ya que ha sido creada con una sensibilidad y una madurez que no pasa desapercibida y que sin duda regalaría a mis hijos, si los tuviera.

Aprender de nuestros errores, levantarnos cuando nos caemos, creer en la importancia del trabajo en equipo y en la inutilidad de ganar por ganar o agradar a otros. Es algo que debemos recordarnos siempre y que no me ha venido nada mal recordar en este libro. Porque así es la vida y es algo que todos debemos comenzar a aprender en nuestros primeros años de adolescencia.

 

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Salvaje, de Iván Castelló

salvaje

salvajeReconozco que, con el tema de la corrupción, viendo lo que se ha destapado en los últimos años, tengo tolerancia cero. Sin embargo, hoy vengo a hablaros de una debilidad que tengo (o que tuve) y que choca frontalmente con lo que he dicho en la primera frase de la reseña. Esa debilidad es la siguiente: uno de mis ídolos de infancia fue don Gregorio Jesús Gil y Gil. Pocos personajes me fascinaron más en esos años en los que uno tiene esa facilidad extrema para la sorpresa y la fascinación. Puede decirse que mi sentimiento atlético nació en 1991 cuando, con siete años, vi como mi padre celebraba con pasión la Copa del Rey ganada al Mallorca. “El primer título de Gil”, decía mi progenitor con alborozo. Y gracias a él y a una figura tan hipnótica como la de Gil, mis venas se fueron llenando de sangre rojiblanca.

Trece años después de su muerte, el periodista y atlético (por este orden) Iván Castelló nos regala esta genial biografía titulada Salvaje, la imperiosa historia de Jesús Gil y Gil, empresario, político y presidente del Atlético de Madrid (pónganlo en el orden que quieran). El repaso de lo que fue su vida se centra en esas tres facetas, empezando por sus humildes inicios en el Burgo de Osma y continuando con su carrera de constructor en la sierra segoviana, donde protagonizó uno de los episodios más dramáticos (¡y mira que hubo!) de la Dictadura. De ahí pasamos a los dos grandes logros profesionales de su vida. El primero, conseguir presidir su “Atleti”, ese club del que no era seguidor, pero al que amó hasta el último de sus días, consiguiendo disputar la hegemonía mediática (que no deportiva) a Real Madrid y Barcelona. Y su otro gran logro, conseguir el bastón de mando en la alcaldía de Marbella, remodelando a base de ‘talonario’ una de las ciudades más turísticas de España, y extendiendo sus redes del Gilismo político por otros municipios de la Costa del Sol.

Jesús Gil encarnó a la perfección esa figura del self made man americano, consiguiendo lo impensable para la gran mayoría de los mortales. Un hombre hecho a sí mismo que repartió por igual simpatías y antipatías. Una figura que odiabas o amabas, pero que nunca te dejaba frío. Iván Castelló refleja de un modo notable las infinitas caras de un hombre como Jesús, todo descaro y ambición, sobre todo política, esa en la que poco a poco fue cavándose su propia tumba.

Pese a ser una biografía que no desmerece ninguno de sus capítulos, donde más he disfrutado ha sido en los dedicados a su figura de presidente del Atlético de Madrid. El autor hace un repaso de todas y cada una de las temporadas en las que estuvo al frente de la entidad rojiblanca, revisando los incontables entrenadores que le sufrieron y repasando también todos los jugadores que quedaron marcados, para bien o para mal, por el Gilismo, ese movimiento presidencial que trataba a veces a los seres humanos como perros apaleados, sin signos de conmiseración alguna.

Es probable que hoy en día, más maduro (creo) y calmado, mi fascinación por la figura del protagonista de Salvaje se tornaría en aborrecimiento e incluso odio. Pero para eso tenemos la juventud, para cometer errores, y puede que adorar a Jesús Gil fuera uno de mis errores de juventud de los que más me gusta presumir.

Salvaje es un homenaje brillante a un personaje inimitable que tuvo miles de imitadores, tanto de su faceta personal como política. Fue don Jesús un personaje histriónico que Twitter no tuvo la suerte de conocer, para desgracia de algunos. Un ser con una verborrea capaz de dejar a Donald Trump como un mero aficionado, un político políticamente incorrecto que atizó por igual a jueces, árbitros, periodistas y otros políticos. Un hombre cinco veces preso, infinidad de veces condenado e indultado por igual por Franquismo y Democracia. Un creador de titulares periodísticos capaz de ganar las elecciones más difíciles y los referéndums más inverosímiles. En definitiva, un personaje a la altura de un libro sobresaliente, como es este de Iván Castelló.

César Malagón @malagonc

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La milla perfecta, de Neal Bascomb

la milla perfecta

la milla perfectaLa barrera de las dos horas, el escollo que supone rebasar ese muro en un maratón está cada día más cerca. A 26 segundos se quedó el atleta keniata Kipchogue de superar ese muro que parece totalmente infranqueable. Aunque tres atletas eran los elegidos para llevar a cabo la gesta solo él se acercó tanto como para erizarnos el vello de la nuca y hacernos pensar que estaba a punto de lograrse. Y es que el escenario estaba totalmente preparado, medido al milímetro para que todo saliera a pedir de boca. No solo se utilizaron los últimos avances en zapatillas y en alimentación, sino que también se dispusieron de 32 liebres que les marcaban el ritmo, un automóvil Tesla que les señalaba mediante un láser por dónde correr y cuál era el ritmo más eficiente o avituallamientos móviles que ofrecía a los corredores la energía adecuada en el momento preciso. Todo ello gestado en el circuito de Monza en una competición no homologada. Y a pesar de todo, 26 segundos resultaron un mundo; uno aún por surcar hasta la meta en una carrera que recuerda a la frenética carrera espacial entre soviéticos y americanos pero con dos marcas deportivas (Nike y Adidas) y el científico Pitsiladis (primero en afirmar que se correría la maratón en menos de dos horas antes de 2020) como contendientes.

Mucho tiempo atrás también hubo una barrera por franquear, por demoler, por destruir. Fue en esa época en la que las zapatillas para correr eran poco más que dos cueros cosidos entre sí, las pistas de atletismo eran de ceniza, el control de las calorías no era una obsesión y la televisión era una tecnología acabada de nacer. El momento: la primera mitad de la década de los 50. La proeza a alcanzar: la milla en menos de cuatro minutos. 1609,344 metros para saborear las mieles del éxito o para naufragar en las aguas del fracaso. La carrera fue denominada “La Milla del Siglo” y Neal Bascomb, periodista que ha colaborado en The New York Times o en el Wall Street Journal, en 2004 publicó un libro en el que relató esta empresa deportiva. La milla perfecta se convirtió rápidamente en un clásico de la literatura deportiva y ahora por primera vez, y gracias a la Editorial Melusina, nos llega traducido al castellano.

En La milla perfecta los principales protagonistas son Roger Bannister, Wes Santee y John Landy. Británico, americano y australiano. Tres deportistas amateur con tres historias muy distintas pero con un mismo objetivo: ser el primero en correr una milla en menos de cuatro minutos. Algo que en el aquel momento se creía imposible. Neal Bascomb nos introduce en las vidas de estos tres muchachos, a los cuales acompañaremos en su agotador trayecto y en su toma de decisiones a lo largo de tres actos en los que se divide la novela. Una especie de Veni, vidi, vici pero en clave deportiva que nos transporta a una época en la que las heridas de La Segunda Guerra Mundial todavía eran profundas y en donde se necesitaban héroes a toda costa.

Neal Bascomb relata con una prosa muy directa y dinámica todas esas carreras y entrenamientos (duros y pesados incluso para el lector) además de mostrarnos, de forma dramática, todos los entresijos que rodeaban la vida de aquellos tres corredores. La familia que repudia al hijo, el entrenador grillado (¡obligando a correr a sus discípulos con lanzas!), el corredor sobre el cual caen todas las esperanzas de una nación… Temas que parecen los típicos clichés de una película pero que demuestran que en ocasiones la realidad supera la ficción.

Mientras que, como he apuntado anteriormente, los capítulos que están más enfocados al entrenamiento llegan a ser una fatiga para el lector, en los que se relatan las carreras Neal Bascomb hace un uso correcto del sensacionalismo, llevando la narración a cotas de epopeya griega, para hacernos sentir como uno de los competidores. Logra que el corazón del lector bombee a toda pastilla, que exude emoción y que alcancemos la extenuación una vez crucemos la línea de meta codo con codo con los protagonistas. Por si esto fuera poco, el libro adjunta una veintena de fotografías en las que veremos a Bannister, Landy y Santee en acción. Un complemento perfecto para la narración.

La Milla Perfecta de Neal Bascomb es un clásico de la literatura deportiva que nos cuenta con un tono épico uno de los momentos que marcaría un antes y un después en el atletismo. Un libro que no solo nos acerca a los tres magníficos deportistas que pugnaron por batir un récord que parecía imbatible, sino que también nos muestra el trasfondo humano de cada uno de ellos y los estímulos a los que se aferraron para llevar sus capacidades físicas y mentales más allá de los límites del cuerpo humano.

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Hasta siempre, Vicente Calderón, de Patricia Cazón

Hasta siempre, Vicente Calderón

Hasta siempre, Vicente CalderónQuerido amigo:

Hace meses que dejaste de ser parte de nuestro presente para convertirte en una parte gloriosa de nuestro pasado. Ahora nos hemos mudado a un estadio mejor, más grande y más vistoso. Cabemos más atléticos, brilla con una luz digna de los mejores espectáculos teatrales o televisivos. Pero no eres tú. Nunca lo será. Por eso todavía seguimos (y seguiremos) cantando aquello de “Yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón…”, aunque ahora con un poco de pena y nostalgia por saber que eso ya no será posible. Pero como dicen que aquello que se recuerda siempre vive y nunca muere, nos quedamos tranquilos sabiendo que seguiremos mucho tiempo pensando en ti.

Por eso hoy vengo a hablarte del precioso homenaje de despedida que te ha hecho la periodista Patricia Cazón. Me gustan las crónicas que desde hace tres años escribe de los partidos del Atleti en el Diario AS. Y me gusta esa faceta literaria que tiene reseñando libros en su blog La Kriticona, con el que hace años ganó aquellos premios que nuestro blog solía realizar en época navideña. Pero hablemos de ti, que hoy tú eres el invitado de honor. En Hasta siempre, Vicente Calderón tú eres el protagonista único, y Patricia ha conseguido que muchos atléticos de pro dediquen unas sentidas palabras en el año de tu despedida. Todo comienza con una introducción donde la autora resume en pocas palabras toda la filosofía atlética, esa rara forma de vivir que solo el que la siente es capaz de expresar. Porque como dice ella, “Ser del Atleti no es ganar, sino aprender lo que cuesta”. Tras la introducción viene un capítulo donde se cuenta tu nacimiento, aquel difícil parto a orillas del río Manzanares que tantos desvelos causó a don Vicente, ese del que tomaste prestado el nombre.

De tus 51 años de historia, salpicados de risas y llantos, muchos atléticos pueden hablar. Y muchas fotos lo atestiguan. Todo eso está en el libro. Fotografías de tu más de medio siglo en pie, cobijándonos a todos, y un once de gala (Ujfalusi, Gabi, Adelardo, Rulo, Pantic, Kiko…), tres suplentes (Mejías, Irureta y Torres) y el entrenador del Doblete contando lo mejor de los partidos que grabaron a fuego su sentimiento rojiblanco. Además, como este club es siempre especial, también quieren hablar de ti otro once distinto, menos profesional y más sentimental. Son nuestros ilustres aficionados, una cuidada selección que también quieren rendirte tributo como te mereces. Margarita y sus claveles, las confesiones del Padre Daniel, Jorge ‘El halconero’ o nuestro socio número 1. Así hasta once personajes conocidos por todos los atléticos que vienen a tu despedida, dejando para el final el valioso homenaje de Moqui Aragonés, hija de Luis, el eterno ‘Zapatones’, aquel que perforó tu portería por vez primera. Su testimonio, acabado con la lágrima asomando ya por el rabillo del ojo (del mío y seguro que del de muchos más lectores), pone la guinda a un pastel dirigido y escrito maravillosamente por Patricia Cazón. Pero no querría olvidarme de Joaquín Rodríguez, cuyas realistas ilustraciones de los iconos atléticos son dignas de mención.

Gracias a la tecnología, mientras disfrutaba del libro he buscado en Youtube tus grandes momentos. He recordado con alegría noches inolvidables como aquella remontada 4-3 al Barça de Romario o la agridulce y lluviosa despedida que te dimos en Champions. También he conocido momentos tuyos que ignoraba, como la gloriosa victoria ante el Cagliari o esa remontada de Arteche al Betis cuando yo tenía apenas dos meses de vida, y todavía no soñaba con disfrutar entre tus cimientos.

Todos estos partidos también me han servido para hacer repaso de los momentos que hemos vivido juntos. Sé que he ido a verte menos de lo que quería, aunque con apenas medio centenar de visitas creo que se ha forjado una verdadera amistad entre nosotros. Todavía recuerdo como si fuera hoy ese Atlético – Tenerife del 11 de febrero de 1995, día en que nos conocimos. O aquel Atlético – Steaua en el que volvíamos a escuchar los acordes de la Champions tras décadas de espera. O ese empate in extremis del Nástic de Tarragona en el descuento, cuando muchos ya cantábamos el ansiado ascenso a Primera. O ese golazo maradoniano de Saúl al Bayern hace poco más de un año, una de las últimas veces que nos vimos. Muchos momentos que recordar amigo…

El otro día te vi paseando por Madrid Río. Este año con la sequía que estamos padeciendo tenemos el río sequísimo. Pero como me dijo un amigo, el día que te pongan fecha de caducidad (todavía no la tienes, pero sabemos que llegará), muchos atléticos iremos a despedirnos de ti. Y como en el fondo somos unos sensibleros de lágrima fácil, seguro que ese día volvemos a llenar el Manzanares. Pero será con lágrimas de alegría. O de tristeza quizá. Pero no te preocupes, que con homenajes como el que te ha dado Patricia Cazón, la pena será más llevadera.

Y así termino esta carta amigo. Así de raros somos los atléticos, que, por coger cariño, se lo cogemos incluso a las toneladas de cemento y hormigón que durante medio siglo ha sido nuestra casa. Otros se extrañan. No lo pueden entender… Hasta siempre, Vicente Calderón.

César Malagón @malagonc

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Messigráfica, de Sanjeev Shetty

Messigráfica

MessigráficaEs probable que, estando en una librería, hayas escuchado o incluso dicho alguna vez esa frase de «ya hay libros de todo». Si es así, estoy casi seguro de que al ver de qué trata este libro también lo dirás. Sí, es un libro donde se detallan a fondo todos los números de Messi. ¿Por qué de él? Porque, como defiende el propio autor, es el mejor jugador del mundo. Creo que de eso no hay duda. Yo añadiré algo más y acarreo con las posibles consecuencias: es el mejor de la historia.

En Messigráfica, un libro que se ofrece como la «Historia ilustrada del mejor jugador del mundo», encontramos todo tipo de estadísticas y comparaciones siempre centradas en la figura del argentino. Máximos goleadores de la historia con él como epicentro, máximos goleadores en un año natural, jugadores más veloces, más ligeros, jugadores más influyentes en Messi, zonas más habituales de juego, zonas de mayor influencia, minutos más habituales de gol en cada una de las competiciones, etc. Con esto ya te debes de poder hacer una idea de lo que hay dentro del libro. Pero no todo son números y es que el autor, Sanjeev Shetty, reputado periodista de la BBC, también añade la historia de Messi, habla de su trayectoria y su carrera futbolística siempre dejando un toque personal característico, el de quien tiene la opinión o la certeza de que nunca ha visto un jugador igual. Yo tampoco.

Shetty, a quien podríamos comparar con la figura española de MisterChip, trata también todos los datos en función del momento del jugador. Habla de los periodos de lesiones en relación a esos datos, incluso da sus razones del porqué de ese breve periodo sombrío: el querer jugarlo todo. Y todo ello acompañado de imágenes a todo color. Es cierto que probablemente se te haga raro – a mí también me ha pasado – encontrar una Messigráfica cuando el jugador aún está en activo. Imaginaba incluso que mientras lo leía los goles de Messi ya habrían crecido, igual que las asistencias, los minutos jugados, los kilómetros recorridos, los balones tocados. Pero el libro ya ha salido, es inevitable tenerlo en las librerías y por ello, si te gusta el jugador y, sobre todo, si te gusta la estadística en el fútbol, es una buena idea comprarlo.

Vale, entiendo que el fútbol sea aquello que nos distrae de problemas más gordos, que sea el archifamoso opio del pueblo. Pero dime, ¿y cuando lees una novela no lo haces también para distraerte, para evadirte, para ponerte por un momento en la piel de otro? Eso es el fútbol, una bocanada de aire, un abrazo colectivo que dura un rato, un grito desestresante antes de volver al mundo en el que estamos. Pero, eso sí, sin olvidar que hay que volver. No nos convirtamos en Don Quijotes del fútbol. Cada uno debería ser libre de escoger su distracción porque cada uno necesita tener la suya. Y cuando la encuentras, conseguir sacar de ella lo que te produzca una sensación de belleza, de arte, de pasión, incluso de amor. Eso pasa con el fútbol, y con miles de cosas más. Ahora piensa, ¿cuál es la tuya?

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Trail Run: Una guía desenfadada para salir corriendo, de Lisa Jhung

trail run una guía desenfadada para salir corriendo

trail run una guía desenfadada para salir corriendoCuando empecé a correr lo hice por asfalto y acera. Es decir: por ciudad. Era innegable que correr por ciudad tenía ciertas ventajas: como acceder a fuentes para refrescarte, las luces que en invierno a media tarde iluminan la senda que fuera de la urbe estaba bastante lóbrega, baños a disposición de las vejigas más nerviosas y si te daba una pájara los servicios sanitarios podían atenderte antes y mejor. Pero entonces fueron apareciendo las desventajas: un poco de polución por aquí, unos coches que no respetan un paso cebra por allá, calles muy concurridas, la desafortunada concatenación de semáforos en rojo, ruido desagradable y extremo. ¿Cómo carajo iba a relajarme así? En fin, que me deprimí y casi lo dejo. Pero entonces, suertudo de mí, descubrí que vivía a solo cinco minutos (corriendo) del bosque; con su río, su tranquilidad, los cantos de los pájaros, los caminos de tierra y las aventuras épicas. Como esa vez que, junto a un compañero de andanzas, nos pilló una tremenda tormenta bastante lejos de cualquier núcleo urbano. Así que corrimos por zonas embarradas, por lugares que se inundaron en un santiamén, bajo un aguacero que nos empapó hasta el tuétano y que trajo la noche antes de lo debido. O como esa otra vez que tras un recodo del camino me topé con un enorme jabalí. Una cosa era cruzarse con patos, faisanes, perdices, cabras, caballos con su jinete, musarañas, ratones, liebres, ranas… pero, ¡un jabalí! Ambos dimos un bote y, mientras él huía montaña arriba, yo corrí como alma que lleva el diablo batiendo todas las marcas habidas y por haber. O esa vez que calculé mal el agua que debía llevar y llegué a casa muerto de sed y tambaleándome, como si hubiera cruzado el desierto de Mojave a la hora de la siesta.

Calor, frío, polvo, sed, sudor, lluvia, animales salvajes, subir montañas, cruzar ríos, picadas de mosquitos (o tragártelos), plantas urticantes… Al final, la experiencia unida al sentido común te ayudan a afrontar todo lo que te encuentras por el camino, pero al principio, en algún momento (y a pesar de que he disfrutado de todas esas caídas que me han hecho levantarme con más fuerza; metafóricamente hablando) no hubiera despreciado algunos consejos. Por simples que fueran. Unas sencillas directrices que hubieran marcado mis primeros pasos. Consejos e instrucciones como los proporcionados en Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo.

Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo de Lisa Jhung y editada por geoPlaneta, es un libro pequeñito, de los que caben en el bolsillo trasero; aun así, a lo largo de sus 260 páginas da jugosa información para salir a correr por esas rutas que gozan de tierra, piedras o barro pero nada de asfalto. La autora es una experta corredora que cuando no lleva las zapatillas calzadas para correr lo hace para aventurarse en lugares inhóspitos, si a esto le añadimos que es una reportera freelance que ha colaborado con algunas revistas como Runner’s World o Trail Runner no es de extrañar que más pronto que tarde acabara escribiendo un libro de estas características.

Trail Run es una guía que está estructura en doce capítulos. En los primeros se nos mostrarán cosas tan básicas como los diferentes tipos de trail y qué tipo de atuendo podemos portar para hacer que nuestra salida resulte más cómoda. Algo imprescindible si eres un iniciado en este deporte. Luego, poco a poco entra en materias más avanzadas: alimentación, la potabilización del agua o cómo actuar ante animales salvajes. Incluso toca temas que tienen que ver con salud e higiene (aquí entran la caca, el pipí y los pedos además de otros fluidos corporales que resultan muy molestos mientras corres). En los últimos temas Lisa Jhung nos muestra ejercicios para fortalecer pies, tobillos, glúteos, core y espalda, además de técnicas de pisada o braceo, algo esencial para afrontar una carrera con éxito. Todo ello aderezado con consejos o recomendaciones de expertos en rescates de montaña, en medicina, en animales salvajes o en nutrición deportiva. Añadir también, y agradecer, la adaptación que la editorial Planeta ha realizado en la versión española. Añadiendo animales autóctonos como el lince, el oso pardo, culebras variadas o el jabalí, así como trail urbanos que podemos encontrar en Barcelona o Madrid en el tema Adónde ir.

En Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo no vais a encontrar nada que rebuscando por internet podríais hallar en diferentes páginas web especializadas. Pero lo interesante de la guía es lo estructurado que está todo y el tono afable, muy divertido en ocasiones, que utiliza la autora, sin que por ello pierda ni un ápice de interés o profesionalidad en sus exposiciones. Si a esto le añadimos los estupendos y descriptivos dibujos (muy necesarios en el tema ejercicios) de Charlie Layton, la guía se convierte en un orientador muy útil e imprescindible para los que empiezan y en un recordatorio estupendo (con algunos trucos de gran provecho) para los que llevamos unos años en esto de tragar polvo.

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Correr es algo más, de Isabel del Barrio

Correr es algo más

Correr es algo másAl menos una vez al año suelo sentir esa llamada. Puede surgir de forma involuntaria, por mera inspiración divina, pero por regla general viene provocada por algo concreto, ya sea no llegar a un balón de fútbol en un pase que iba a una velocidad ridícula o comprobar como aquellos pantalones que hace unos meses me quedaban muy holgados se han convertido de buenas a primeras en pitillos. Suele ser a partir de experiencias como estas cuando me fuerzo a coger las deportivas, la camiseta de algodón y la pantaloneta —o pantalón corto, para los no oriundos de La Rioja— y me lanzo a correr, sin mucha mayor planificación que parar cuando ya esté cansado o cuando se ponga muy oscuro el cielo, que luego toca volver.

Es por ello que el enfoque que propone Isabel del Barrio en su libro Correr es algo más chocó desde el principio con mi modo de ver este deporte —algo que agradezco, ya que nunca compraría un libro de técnicas deportivas escrito por mí—. La autora, triatleta, entrenadora personal y comunicadora de referencia desde su blog On my training shoes, no sólo se distancia desde un primer momento de la visión de que correr es una herramienta para estar bien físicamente, sino que defiende con ahínco a lo largo de todo su libro una máxima completamente inversa: hay que estar en forma para correr.

Partiendo de esta idea, lo que Del Barrio propone en este trabajo no es un compendio de rutinas y ejercicios, sino más bien un tratado de estilo de vida. Así, la autora destina buena parte del libro a narrar sus propias experiencias, tanto a nivel deportivo como personal, para ir introduciendo explicaciones pormenorizadas sobre los distintos aspectos que afectan a la hora de practicar adecuadamente este deporte. Emplea también reflexiones y enfoques inteligentes para introducir los temas, lo que consigue amenizar algunas partes del libro que, de otra forma, podrían hacerse cuesta arriba para buena parte de los lectores. Y es que conceptos como el core, la cadencia o la fascia plantar entran mucho mejor en el cuerpo con anécdotas y comentarios personales de interés. Además, la autora va recordando cada poco tiempo aspectos que han sido explicados en capítulos anteriores, lo que sirve para acabar con una idea mucho más global del asunto.

Si algo no ha acabado de convencerme ha sido la maquetación del libro, ya que las dos pequeñas columnas por página en las que se divide el texto no creo que sean lo ideal para favorecer una lectura fluida. No obstante, el contenido está muy bien estructurado en secciones y subsecciones y esto ameniza y agiliza la tarea. Además, también es necesario remarcar la gran cantidad de fotografías que acompañan al texto. En ellas aparece la propia autora realizando distintos ejercicios, lo que en buena parte de los capítulos es de mucha ayuda para entender mejor cómo poner en práctica las explicaciones que se van ofreciendo.

Este no es el primer libro de correr que he leído hasta la fecha, pero sin duda se trata del más personal con diferencia. Correr es algo más ayuda a cambiar el chip en torno a lo que significa este deporte y a cómo afrontarlo. En sus páginas se aprecia un gran interés por divulgar y facilitar la buena práctica de un deporte que, por requerir tan poco material complementario, podría dar la impresión de que puede llevarse a cabo de cualquier manera. Y sólo hay que echar un ojo a este trabajo de Isabel del Barrio para darnos cuenta de que nada más lejos de la realidad.

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Tenis en la luna, de Lluís Vergés

Tenis en la luna

Tenis en la lunaAunque el tenis siempre ha llamado la atención de grandes y pequeños escritores, parece que el empujón definitivo le llegó hace poco tiempo de la mano de André Agassi y J. R. Moehringer, que hicieron de Open un libro digno de ser recordado durante muchos años. Si a esto le añadimos los éxitos que la Armada Española lleva dando a nuestro tenis las tres últimas décadas, hace que un libro sobre este deporte de masas sea siempre una buena apuesta editorial. Lluís Vergés ha estado dos años leyendo Open y una larga lista de libros sobre el tenis y el resultado es este bonito libro llamado Tenis en la luna. En él se hace una recopilación de la historia del tenis que hace las delicias no solo de los fans del deporte de la raqueta, también de todo aquel que quiera acercarse a un deporte tan vistoso como este, entretenimiento de aristócratas en sus orígenes a finales del Medievo conocido durante siglos como el “Jeau de Paume”.

Vergés divide su libro en tres grandes capítulos, a modo de sets, que nos lleva por los mejores momentos del tenis, hablando de sus mitos, sus curiosidades y su desarrollo social y cultural. Por Tenis en la luna pasan todos esos mitos tenísticos que los de mi generación no llegamos a ver jugar, pero que conocemos porque a día de hoy dan nombre a las grandes pistas de los Grand Slam o a conocidas marcas deportivas. Suzanne Lenglen, Fred Perry, Margaret Court, René Lacoste o Rod Laver comparten páginas con estrellas más actuales como Murray, Djokovic, Federer y Nadal, el póquer de ases que ejerce su dominio tenístico desde principios de siglo con mano de hierro y mucha (muchísima) clase. Con una narración envolvente, paseamos por su particular Hall of Fame en el que no faltan tampoco literatos de la talla de Foster Wallace o Nabokov, tenistas de juventud que han dejado restos de esta adicción en su bibliografía. Incluso Platón se atreve a pasar por el libro, encontrando el autor su relación con el mundo tenístico a pesar de que en la Grecia Clásica no se tenga constancia de ninguna raqueta utilizada para fines recreativos.

Pero no solo de nombres se alimenta este libro. Si bien la biografía de los grandes mitos da para rellenar cientos de páginas, también encontramos aquí la evolución que durante décadas ha sufrido este deporte en cuanto a normas, materiales, pistas y torneos se refiere. Incluso encontramos una explicación a una de las grandes dudas que todos los aficionados al tenis nos hemos hecho alguna vez; ¿por qué ese sistema de puntuación tan raro?

Tenis en la luna es el resultado de una pasión convertida en libro. Tantos meses de lecturas y documentación se condensan en este pequeño relato armado con mucha pasión, que como aficionado al mundo del tenis no puedo más que recomendar y añadir una la bibliografía temática que no para de aumentar últimamente. Si disfrutas de este deporte, aquí tienes la puerta de entrada a un mundo en el que literatura y tenis van de la mano. Y si el tenis no es tu fuerte pero quieres saber más sobre él, no hay mejor resumen que este ofrecido por Lluís Vergés.

César Malagón (@malagonc)

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