Publicado el

Con fina desobediencia, de Fermín de la Calle

Con fina desobediencia

Al rugby se llega normalmente de la mano. Un padre, una madre, un amigo, alguien que seguramente haya jugado antes, sirve de enlace. Acompaña, explica las reglas, los códigos de comportamiento, escolta hasta el terreno de juego, tan sagrado en otros deportes y tan familiar en este. Si el invitado todavía está en edad de crecer, seguramente terminará cruzando la cal y jugando. Si ya ha pasado los años en los que no duelen los golpes, al menos quedará enganchado para el resto de la vida a este que, según dicen que dijo Churchill, es un deporte de hooligans jugado…

Lee la reseña completa