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Para quien no brilla la luz, de José María Pérez Zúñiga

para quien no

para quien noA estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.

Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.

Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…

Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.

Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.

Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.

José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.

Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.

“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”

Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

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Un dios ciego, de Javier Sagastiberri

Un dios ciego

Un dios ciegoHe sentido unas ganas tremendas de empezar esta reseña transcribiendo literalmente las dos primeras páginas del libro del que vengo a hablar, que es Un dios ciego, tercera parte de la saga policíaca escrita por Javier Sagastiberri. Pero no lo voy a hacer. Me voy a contener las ganas y voy a hablar de todo lo que me ha parecido este libro para que, si después os decidís a leerlo, alucinéis igual que yo al leer su comienzo. Vale, a ver, voy a ir por partes y de una manera lógica para que toda esta reseña tenga sentido. 

Hace unos meses mi compañero César reseñó un libro del mismo autor del que vengo a hablar hoy. Entonces él reseñó Perversidad, que era la segunda parte de la saga policiaca escrita por el autor donostiarra. El caso es que yo leí lo que escribió acerca de esa novela y, sobre todas las cosas, fue una la que llamó mi atención: decía que el autor no se andaba con rodeos. Que ya desde el principio nos encontrábamos con un asesinato y enseguida la Ertzaintza ya estaba investigándolo. Sin apenas presentaciones ni preludios, nos encontrábamos en mitad de la acción de una manera repentina. Y eso fue lo que hizo que yo anotara mentalmente ese título para leerlo en un futuro. Porque si bien a veces disfruto con las novelas extensas, esas que se dedican largo y tendido a situar al lector en la trama y que empiezan a tener un poco de acción y sentido cuando ya llevas más de un tercio de libro leído, la verdad es que prefiero los libros rápidos. Esos que no tienen principios eternos y que hacen que te metas en la lectura de lleno desde el mismo momento en que lo abres. 

Y tal y como pasaba en Perversidad la acción en esta tercera parte ocurre de repente. Enseguida nos enteramos de que un peligrosísimo criminal se ha escapado de la cárcel de Basauri. Es un hombre al que Arantza Rentería e Itziar Elcoro, las ertzainas que protagonizan esta saga, conocen muy bien y, ahora que está en la calle, va a ir detrás de ellas para intentar acabar con sus vidas. Casi a la vez, un hombre es asesinado en pleno Bilbao. Un tiro por la espalda y listo. Está claro que la muerte la ha llevado a cabo un profesional. Las dos compañeras tendrán que investigar la vida de este abogado y pronto descubrirán que, a pesar de ser Bilbao una ciudad tranquila y sin apenas delincuencia, las bandas de narcotraficantes están encontrando un nicho perfecto, cosa que el asesinado sabía muy bien. 

No os mentiré. Después de leer la reseña de César, al disponerme a empezar esta tercera parte de la saga, Un dios ciego, las expectativas estaban por las nubes. Y no solo eso, sino que también Puri, otra compañera, reseñó en su día el primer tomo, El asesino de reinas (el comienzo de todo), y solo dijo cosas buenas sobre él y sobre su autor. Así que entenderéis que fuera normal que me diera miedo que no me gustara el libro y que no pudiera coincidir con sus impresiones. A ver si iba yo a llegar aquí y dijera que la tercera parte no estaba a la altura de las otras dos entregas anteriores. Y bien, tengo que hacer una aclaración: yo no las he leído, por lo tanto la comparación la puedo hacer únicamente sobre lo que mis compañeros contaron acerca de ellas. Y el resultado es que, no sé cómo serán las dos primeras partes, pero esta es buenísima. 

Como digo, Javier Sagastiberri no se anda con tonterías y se deja de presentaciones y de historias para ir directamente al grano. Pero gracias a su narrativa, poco a poco el lector irá conociendo cosas que al final harán que este libro sea redondo, como por ejemplo los caracteres de las protagonistas (tan diferentes entre sí) o el lugar donde sucede todo. Y es que el autor nos da una novela que consiste básicamente en diálogos y a través de ellos podremos situarnos dentro del contexto. Serán los propios personajes los que nos describan el entorno. Puri decía en su reseña que, después de leer tantas novelas policiacas se sabía Nueva York de memoria, aunque jamás lo había visitado. Así que agradecía leer una novela de este estilo ambientada en una ciudad diferente. Y yo estoy totalmente de acuerdo con ella: me ha encantado visitar Bilbao (ciudad de la que estoy enamorada) a través de los diálogos de los personajes de esta novela. Además creo que las descripciones están tan bien hechas que, aunque el lector no conozca la ciudad ni la cultura vasca, enseguida le va a resultar todo muy familiar y cercano. 

También me daba un poco de cosa enfrentarme a este libro sin haber leído las dos entregas anteriores. Temía que no fuera a enterarme de nada, ya que alguna vez he tenido malas experiencias leyendo sagas en el orden que no correspondía y el resultado siempre ha sido nefasto. Lo consulté con el autor y este me tranquilizó: no había de qué preocuparse. Sí es verdad que muchos personajes vienen de las anteriores partes, pero Javier enseguida sitúa al lector para que sepa quién es quién. Así que todo va rodado, el lector se pone al día enseguida y todo fluye como tiene que fluir. Si bien es verdad que he notado que hay algunas bromas o algunos comentarios que hacen referencia a los anteriores tomos y hubiera estado bien pillarlos, pero son algunos detalles que no impiden disfrutar del libro en absoluto. 

Bueno, después de haber hablado de tantas cosas aquí no os penséis que se me han quitado las ganas de transcribir las dos primeras páginas del libro… pensé que me iba a olvidar de ello, pero ha sido imposible. Me prometí al principio que no lo haría, así que simplemente os voy a dejar la primera frase (eso no implica romper mi promesa, ¿verdad?) para que veáis a qué me estaba refiriendo todo el tiempo. Es esta: “¿Para qué hostias te sirve la pasta si no sabes gastarla?”. Ni presentaciones, ni nada. A lo vasco. Ay… esa frase. ¡Cómo me gustó ese principio! Y ya sí que sí, me voy de aquí corriendo porque sino veo que caigo en la tentación y no solo os transcribo las dos primeras páginas, sino que ¡os copio todo el libro! Así que… ¡agur!

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Lejos del corazón, de Lorenzo Silva

Lejos del corazónMantener la vigencia de una serie literaria durante dos décadas tiene un mérito increíble. Pero hacerlo además con éxito de público y de crítica es digno de elogio. Veinte años después de la publicación de El lejano país de los estanques, Lorenzo Silva publica Lejos del corazón, la undécima entrega de la saga de novela negra protagonizada por los dos guardias civiles más reconocidos de nuestra literatura, Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

En esta ocasión, Vila y Chamorro viajan a la zona del Estrecho de Gibraltar para esclarecer la desaparición de Crístofer, un joven y brillante empresario con antecedentes por delitos informáticos. Tras pagar su familia un caro rescate con dinero en efectivo, nada se sabe del chico, lo que lleva a familiares y a amigos a temer la peor de las suertes. Una vez en la zona del Campo de Gibraltar, los investigadores comprobarán de primera mano lo difícil que resulta trabajar en una zona donde la mezcla del narcotráfico, los altos índices de paro y el dinero negro suele derivar siempre en problemas para las autoridades, algo que no solo está de rabiosa actualidad en los medios de comunicación actuales, sino también en otra de mis últimas lecturas (La tragedia del girasol, de Benito Olmo).

Lorenzo Silva es uno de los escritores que más y mejor ha escrito sobre la Guardia Civil. Solo él es capaz de describir con tanta pasión el ecosistema particular que rige a la Benemérita, así como los procedimientos, jerarquías y rutinas laborales que se utilizan a la hora de investigar. Y lo hace todo de una forma didáctica y amena a su vez, algo que uno agradece cuando se pone delante de una novela de este tipo. El autor tiene un estilo bastante marcado, basado en unos personajes muy humanizados y un misterio que se desvela en pequeñas dosis. Vila es el que lleva el ritmo de la narración, una narración apacible y tranquila salpicada por pequeñas notas de humor que el lector sin duda valora positivamente.

Volviendo a lo hablado en el primer párrafo, es difícil mantener el éxito durante tantos años escribiendo una serie de novelas policiales. Yo no soy experto en Lorenzo Silva, pues solo he leído, con este, tres de las once entregas que componen la saga. Pero si me atrevo a aventurar que parte del éxito del autor estriba en su capacidad para reinventarse y actualizarse constantemente, saliendo de la zona de confort en la que muchos escritores quedan cobijados cuando alcanzan un cierto nivel de reconocimiento. Localizar una narración en el Estrecho de Gibraltar y hablar de drogas y narcotráfico es un argumento muy manido; pero añadir a esta historia criptomonedas, hackers, negocios fraudulentos online y hacerlo llegar de un modo entendible para todos los lectores da muestras del buen hacer y la dedicación que desempeña en cada una de sus obras el escritor madrileño.

Lejos del corazón es una lectura ideal para el verano. Lorenzo Silva lleva con gran audacia al lector a descubrir las difíciles situaciones humanas, sociales, jurídicas y criminales que luchan diariamente en esta zona del sur de España. Y lo hace con una historia brillante llena de actualidad, con unos personajes a los que es imposible no tener aprecio. Y cuando se escriben historias así, da igual de dónde se venga, pues se adivina un futuro brillante ya que, como decía Gardel (¡Ay… Gardelito!), veinte años no es nada.

César Malagón @malagonc

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Moravia, de Marcelo Luján

Moravia

MoraviaSonaba Gardel por el equipo de música de aquel café argentino de Lavapiés donde desayunaba. Un equipo de música moderno incapaz de restarle ese sonido mono tan característico de un viejo tango. Mi Buenos Aires querido se confundía con el chocar de vasos y platos, las voces de los habituales apoyados en la barra y el aroma del café. En la calle, unos perros ladraban. Ya sabía qué libro quería leer.

A veces, circunstancias ajenas a la literatura te llevan de la mano a elegir un libro como si alguien hubiera escrito que así fuera. Acontecimientos, en principio, sin conexión pero que cobran todo su sentido a medida que se van enlazando. El destino fijado, el inevitable desenlace y no poder escapar de él, es el rasgo principal de esta embaucadora novela que voy a presentar.

Moravia, de Marcelo Luján, tiene el rumor de un tango amargo y el tinte doloroso de las tragedias griegas. Un relato que, por su fuerza descriptiva del Buenos Aires de 1950 y el desarrollo de los personajes, te apresa y te libera a partes iguales, te acaricia y te golpea con rabia, te deleita con la melodía de un bandoneón para después abandonarte desnudo frente al dolor. Todo en una novela de menos de doscientas páginas. No necesita más su autor para demostrar que el reconocimiento recibido por su última obra, Subsuelo, no fue gratuito. La riqueza lingüística de este texto, con la mezcla de sabores y colores de Argentina, Nueva Orleans y la antigua Checoslovaquia, le dan mayor vida a un relato de bellísima trama.

Así, la historia sucede en febrero de 1950. Juan Kosic, ahora un famoso bandoneonista, regresa a su Buenos Aires natal que tanto le decepcionó quince años después de haberla abandonado. Junto a él, viajan su esposa y su hija. Juan Kosic lleva dos cosas como equipaje: un maletín lleno de dinero y el rencor de demostrarle a su madre que en Nueva Orleans triunfó en aquello que ella tanto le negó y que fue motivo de su separación y huida de Argentina, la música.

Para ello, idea un plan: ocultará su identidad y se presentará en la pensión que regenta su madre junto a su hermana en Colonia Buen Respiro, un pueblo perdido de La Pampa. Allí, se hará pasar por turista adinerado, acomodándose incluso en una habitación, esperando a desenmascarar la verdad y vengarse por tanto dolor y burla sufridos en el pasado. Un suceso trágico hará cambiar por completo el camino de los acontecimientos.

La maestría del relato de Marcelo Luján reside en la estructura de tragedia griega que ha conseguido crear: desde un coro en la figura de los perros que custodian la pensión de la madre y que anuncian con sus ladridos el desenlace, hasta el sabor edípico que deja en los labios esta amarga novela. No es hasta el final cuando se desencadene la catarsis trágica excepcionalmente trenzada por Luján.

También, cabe citar la influencia que ha tenido en el autor un fragmento de El extranjero de Albert Camus que ha guiado el desarrollo de esta historia. Valiéndose de aquel extracto, ha escrito una obra dividida en dos actos: por un lado, la llegada al puerto de Buenos Aires del trasatlántico que llevó a Juan Kosik y Lidia, su esposa, de Europa a América. Ahí, a través de sus recuerdos, se muestran los pasados de cada uno. Todo aquel pasado que no eran más que eslabones que forjaban el destino de sus protagonistas. En el segundo acto, se desarrolla la acción en el tiempo presente en Colonia Buen Respiro, el pueblo natal de Juan Kosic: el eterno viaje en tren hasta el pueblo, ocultar su identidad ante los habitantes, presentarse en la pensión, lo que allí sucedió.

Moravia, cuyo título hace mención a la ciudad checoslovaca desde donde emigraron a Argentina los ascendientes del protagonista, ha sido reeditada y puesta de nuevo en librerías por la editorial Salto de Página tras haber estado descatalogada en su anterior editorial. La crítica considera esta novela como género negro. Desligado por completo del relato policíaco, que no interesa en absoluto a su autor, lo principal del relato destaca en la negrura que subyace en el ser humano desde la fluidez; donde hay tiempo para pensar, para elegir, para reaccionar, y que, sin embargo, decide ejecutar la maldad. Una reflexión sobre la condición humana que también exploró en su siguiente novela Subsuelo.

Sin duda es una lectura que se hace imprescindible acompañarla de un viejo disco de Carlos Gardel. La música está presente durante todo el relato. Del mismo modo, deja también el regusto de las buenas películas de cine clásico. Porque esta novela se disfruta como tal: un plano en blanco y negro a bordo de un barco, la actriz mira por última vez alejarse el puerto de la ciudad de Buenos Aires, antaño, viviendo su época gloriosa; de fondo, un músico ejecuta una melodía con rumor de despedida.

«Rencor, mi viejo rencor, no quiero sufrir esta pena sin ti.
Si ya me has muerto una vez, ¿por qué llevaré la muerte en mi ser?» (Rencor, de C. Gardel)

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Quien juega con fuego, de Luna Miller

Quien juega con fuego

Quien juega con fuegoNo son pocas las veces que me han dicho que soy una adicta al trabajo. El otro día hablaba con mi jefe y este me decía que tenía que aprender a perder el tiempo. ¡Mi jefe! Y es que, pensándolo bien, sí que debería hacerlo. No sé perder el tiempo. No sé estar tirada en el sofá viendo una serie sin pensar en absolutamente nada. Si decido ver una película pueden darse dos opciones: una, que me pase todo el rato pensando en todas las cosas que tengo que hacer y que no estoy haciendo; o dos, que acabe por levantarme del sofá y me ponga a hacer algo de provecho. Os lo juro, ojalá fuera capaz. Es algo que tengo que remediar con urgencia porque, a veces, vivir dentro de mi propia cabeza es un poco agotador. 

Y entonces llega este libro del que vengo a hablaros hoy, Quien juega con fuego. Y me presenta a una protagonista que es adicta al trabajo. Era cirujana, pero debido a una enfermedad que no le permite controlar demasiado bien su pulso tiene que abandonar la medicina. Y a pesar de que tiene ya edad para jubilarse, la mujer decide hacerse detective privado. A vosotros os puede sonar a locura, pero esta señora me representa al cien por cien. De hecho, me ha recordado a mí, porque mientras me sacaba la carrera aproveché para estudiar un máster y un posgrado y no contenta con ello, también empecé otra carrera. Por si acaso, que nunca se sabe lo que le va a deparar a una la vida. 

El caso es que esta mujer empieza en ese mundillo de los detectives privados en el cual, como era de esperar, pasa el noventa por ciento de su tiempo persiguiendo a hombres infieles. Un día le llega un encargo de parte de una mujer que quiere saber por qué su marido llega a las tantas todas las noches. “Esto apesta a amante”, pensé yo. Pero resulta que cuando Gunvor (que así se llama nuestra prota) se entera de que ese hombre va por los bares buscando a una jovencita de la cual tiene una fotografía… vi claramente que estaba equivocada. Precisamente ahí empieza una historia que bien podría asemejarse a la del ratón y el gato, en la que nunca se sabe quién es el bueno y quién es el malo. 

Esta novela está escrita por Luna Miller, autora sueca, que ya ha escrito previamente alguna que otra novela. Por lo visto, Quien juega con fuego forma parte de una saga en la que Gunvor es la protagonista. Si os soy sincera, he buscado en Internet un poco sobre esta saga y no he podido encontrar si este es el primer libro o si hay alguno previo. Si es así y es una segunda parte, os aseguro que se lee perfectamente sin necesidad de haber leído otro anteriormente. Ya os digo que esto no lo he podido confirmar, así que solo es una hipótesis que quería dejar reflejada por aquí. 

Pero volvamos al libro. Una de las cosas que más me ha gustado de este es la relación que se forja entre Gunvor y dos protagonistas “accesorios”, por llamarlos de alguna forma, que serán un chico y una chica que la acompañarán en la investigación. Y me ha gustado tanto porque los personajes no pueden ser más dispares entre sí pero aun así, consiguen limar sus diferencias y formar una piña, que al final es lo que necesitan si quieren resolver de una vez por todas el misterio. También me ha gustado la historia del hombre al que Gunvor persigue, ya que es lo que da sentido al libro y gracias a ella toda la trama se mantiene en vilo hasta el final. Y, por supuesto, la propia Gunvor, que es un personaje al que al final se le coge mucho cariño. Respecto a ella, os confesaré que cuando leí la sinopsis y vi que la protagonista era una mujer mayor con edad de jubilarse, me la imaginé así como tierna y adorable. Pero Gunvor es una mujer todoterreno, que entrena todos los días duramente y que se ha echado un novio en Las Canarias porque ella lo vale. Vamos, nada que ver con lo que yo me había figurado ¡Bien por Gunvor!

Pero tengo que decir que ha habido una cosa que no me ha gustado nada y que ha hecho que mi lectura se viera ralentizada: la propia edición del libro. He visto muchos fallos, como por ejemplo que algunas palabras se cortaran a mitad y que continuaran en el siguiente renglón, pero con la separación donde no debería estar… Es una pena, porque yo entiendo que se trata de un libro autoeditado, pero hay una serie de puntos que debería cuidarse sí o sí. Al igual que la traducción, que para mi gusto en algunas frases es poco natural, resultando un tanto forzada.

Esas pegas han hecho que tardara en acostumbrarme al propio estilo del libro de Luna Miller más de lo normal. Está claro que cada obra tiene su forma y muchas veces hay que adaptarse a ella para poder disfrutar de la lectura (véanse, por ejemplo, las novelas de Saramago, donde los signos de puntuación son completamente autónomos y van a su bola). Así que solo ha sido cuestión de acostumbrarme a ese estilo y optar por olvidarme de esos fallos para así poder seguir con la historia que estaba tan interesante. 

Y, en fin, os diré que mientras estoy haciendo esta reseña mi cabeza está recordando todas las cosas que tengo que hacer (ya que ve que estoy a punto de terminar esta tarea) y así no dejarme descansar ni un minuto. Pero, ¿sabéis qué? ¡De eso nada! He decidido que después de hablaros de este libro me voy a poner una serie con la que estoy bastante atrasada y voy a perder el tiempo. 

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Los Caín, de Enrique Llamas

Los Caín

Los CaínAy, la maldad. Cómo me inquieta en la vida real y cómo me fascina en la literatura. Tal vez sea porque en las páginas de un libro puedo desentrañar aquellos comportamientos o actos que me resultan tan inconcebibles. Pero, para eso, el escritor tiene que ser hábil, incisivo, no quedarse en el estereotipo del malo malísimo, sino adentrarse en la ambigüedad moral, para que los lectores no sepamos dónde posicionarnos, dónde sentirnos seguros, a salvo. Y Enrique Llamas ha sabido hacerlo de forma magistral en su primera novela, Los Caín.

Viajamos hasta Somino, un pequeño pueblo de Castilla, donde el enterramiento apresurado de Arcadio Cuervo provoca que su tumba quede mal cerrada. Este hecho ya nos adelanta que, en este pueblo, las heridas de los vivos también permanecen abiertas —y supurando— y ni los muertos tienen derecho a descanso.

Así pasa el tiempo, veinte años para ser exactos, y llegamos a la década de los setenta, últimos estértores del franquismo, cuando Héctor, un profesor madrileño sin demasiada experiencia, es destinado al colegio de Somino. Quienes hayan sido «el forastero» en un pueblo pequeño seguro que pueden hacerse una idea de cómo se siente Héctor, observado e ignorado a partes iguales. Pero el recelo de los habitantes de Somino va mucho más allá de malas miradas y cuchicheos, y no tardará en darse cuenta. Mientras tanto, se suceden los merodeos y preguntas de Curro y Palomo, dos guardias civiles que investigan el accidente de una joven del pueblo y las extrañas muertes de unos ciervos, animales que suponen el principal sustento de las familias de la zona. Ante tantas visitas, Somino entero se revuelve, porque no les gusta que los de fuera se metan en sus cosas. El pueblo les pertenece y solo ellos se bastan para ajustar sus cuentas.

Enrique Llamas ha logrado una ambientación perfecta a través de particularidades que nos ubican en la época y el entorno y de los gestos de los vecinos de Somino, que nos causan una incomodidad continua. De este modo, sentimos la desazón de Héctor, sobre todo ante el odio irracional entre los niños del Teso y los niños de Llanos, que no es más que el reflejo de los rencores que llevan años enquistados en los adultos, a fuerza de exagerar los recuerdos y de exaltar los detalles.

En ese retrato del mundo rural, en la caracterización de los personajes y hasta en la calidad de la prosa, se nota la impronta que Ana María Matute y Miguel Delibes han dejado en Enrique Llamas. Ya era hora de que nuestros clásicos contemporáneos encontraran dignos sucesores que tomaran el testigo de plasmar esa España profunda, que muchas veces olvidamos que sigue estando ahí. Como la maldad, que no es patrimonio de esos pueblos aislados, ni mucho menos. Por eso, lecturas como Los Caín nos causan desasosiego.

En esta historia envolvente y opresiva, lo que menos importa es el desenlace. ¿Acaso creemos que habrá una razón para tantos resquemores y venganzas? ¿Es que esperamos que haya un motivo detrás de todo acto de maldad? Si todavía pensamos eso, es que no hemos comprendido nada. Si hubiera siempre una explicación, la maldad no sería inconcebible en la vida real ni tan fascinante en la literatura. Y Enrique Llamas nos lo deja claro en su debut literario. Y solo tiene veintinueve años, ojo. No le perdáis la pista.

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Videorreseña: El desorden que dejas, de Carlos Montero

Aunque hace muy poquito tiempo estrenamos una sección en el canal, era el momento perfecto para hacer una nueva. Esta sección se va a llamar “Basándome en reseñas” y voy a hablar de libros que me leería (o que ya me he leído) gracias a reseñas de otras personas. De esta forma, espero poder hablar de muchos más libros que de otra forma no estarían en este canal.

Quería empezar con este, El desorden que dejas, de Carlos Montero. La reseña que leí fue una que hizo Puri Escuredo hace un par de años para el blog y me gustó tanto que no paré hasta que me hice con el libro.

La sinopsis es sencilla: una mujer llega a una nueva ciudad para trabajar como profesora y se encuentra con que la chica a la que va a sustituir ha fallecido. Todos piensan que ha sido un suicidio, pero ella está segura de que ha sido un asesinato. Y también sabe que, ahora que se va a poner a investigar para desvelar todo lo que ha ocurrido, su vida corre un grave peligro. Ay… esto lo contaba muchísimo mejor Puri, la verdad.

Así que nada, os invito a que veáis esta nueva sección y que espero que os guste mucho.

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La crueldad de abril, de Diego Ameixeiras

La crueldad de abril

La crueldad de abrilAunque uno por edad pertenece a la generación millennial, ando lejos de considerarme uno más dentro de este grupo social. Sin embargo, voy a coger prestada una de sus palabras más utilizadas para hablar de la reseña de hoy. Y es que vengo a hablaros de Diego Ameixeiras, uno de los escritores españoles de novela negra con más hype del momento. Desde hace un año no he parado de ver en periódicos, blogs y redes sociales buenas críticas hacia su anterior novela, Conduce rápido, que incluso aparece entre las nominadas a los premios más importantes de los festivales noir que tanto abundan en nuestra península. Tanto es así que ya tenía la intención este verano de hacerme con la novela para comprobar de primera mano todo lo bueno que de ella se dice. Pero como la actualidad manda, he aprovechado que Akal publicaba su última historia, La crueldad de abril, para empezar a conocer a este escritor.

Diego Ameixeiras lleva años publicando con éxito en Galicia, siendo considerado por muchos uno de los mejores escritores en lengua gallega de la actualidad. Sus novelas reflejan nuestra realidad social y política a través de la marginalidad y la delincuencia. En La crueldad de abril todo empieza con la muerte de dos vagabundos en el incendio de la vivienda que ocupaban. Una noticia a la que cualquier medio de comunicación le dedicaría unos pocos minutos, pero en la que el autor ve la oportunidad de retratar un mundo que, pese a no ser el nuestro, tenemos ante nuestras narices y convivimos con él, por más que nos esforcemos en mirar hacia otro lado.

La novela, que se lee en un suspiro, se desarrolla a base de capítulos cortos. El ritmo que imprime Diego a la trama es pausado, con una escritura subyugante, con cierta crítica social y en ocasiones llena de lirismo, representado a la perfección en el personaje de Elvira. Su ritmo pausado contrasta con tramos violentos cada cierto tiempo, a modo de bofetada a un lector que va descubriendo de ese modo todas las piezas del puzle. Sin embargo, a pesar de contar solo con 132 páginas, la novela ofrece al lector más contenido que muchas que cuentan en su haber con 400 o 500, dando por válido el dicho aquel de “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

La crueldad de abril propone una narración dura y cruenta. Ameixeiras compone una novela de suburbios, pobreza, droga e inanición. Una historia con aroma a perdedor y a marginalidad. Una novela llena de personajes de los bajos fondos, para los que vivir es un castigo divino que les ha sido impuesto, y cuya única solución es convivir con el hastío que provoca el día a día.

Pasan los años y la novela negra española sigue demostrando que todavía puede sorprender a sus lectores. En este caso Diego Ameixeiras nos enseña una nueva forma de afrontar este género, alejado de los focos policiales o detectivescos y centrado solo en los perdedores de la historia, esos a los que muchas veces solemos obviar. Y también nos enseña que no hace falta contarlo todo, pues el lector es capaz de sacar sus propias conclusiones rellenando los silencios y las páginas en blanco que ofrece el libro.

Si antes de leer La crueldad de abril ya tenía programada para este verano la lectura de algún otro libro de Diego Ameixeiras, después de esta experiencia tan notable habrá que darle prioridad dentro de mi larga lista de lecturas pendientes.

César Malagón @malagonc

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La tragedia del girasol, de Benito Olmo

La tragedia del girasol

La tragedia del girasolSe dice que una de las claves del éxito de la novela negra en nuestro país está en que este género es capaz de reflejar con claridad la situación política y social que nos ha tocado vivir en la última década. Y la novela negra de la que hoy os hablo puede decirse que encarna a la perfección la realidad que sufrimos diariamente. Los acontecimientos que se han producido en las últimas semanas en la comarca del Campo de Gibraltar relacionados con la droga bien podrían ser uno o varios capítulos de los libros de Benito Olmo, al igual que algunos de los personajes que estos días salen en las noticias podrían encajarían a la perfección entre las páginas de La tragedia del girasol, última historia del escritor gaditano.

Corrupción, narcotráfico, chivatazos y mucha violencia son varios de los ingredientes de esta novela, si bien la acción se localiza un poco más al oeste, dejando Algeciras y sus alrededores para instalarse en la Tacita de Plaza y los municipios colindantes. A la cabeza de todo esto, el peculiar Manuel Bianquetti, ese fascinante policía creado por Benito en su anterior novela, La maniobra de la tortuga. En la actualidad, Bianquetti se encuentra cumpliendo los dos años de suspensión de empleo y sueldo y malvive haciendo trabajillos como investigador privado. Pese a sus reticencias iniciales, decide aceptar el encargo de proteger a un importante empresario en su visita a Cádiz. Algo sencillo, inocuo y rápido para conseguir un dinero extra se convierte en una complicación al desencadenarse durante esa visita una serie de muertes violentas. Aunque todos los indicios llevarían a cualquier persona a desentenderse de un tema tan turbio, Bianquetti y su instinto de sabueso le hacen investigar a fondo lo ocurrido, algo que no le traerá más que problemas, palabra que indisolublemente parece ir ligada siempre al nombre y apellido de nuestro protagonista.

Aunque son varios los aspectos positivos a resaltar en las novelas de Benito Olmo, quizá el más importante sea el de tener un protagonista como Bianquetti. Este inspector de policía (pese a su suspensión) está tan lleno de defectos como de virtudes, con una capacidad innata para meterse en problemas. Pese a ser maleducado, duro y violento en ocasiones, Benito Olmo ha conseguido crear un gran personaje que cala rápidamente en el lector. Su integridad y buen corazón, pese a mostrarlo poco, hace que quien le conozca quede prendado de una persona así. Con Bianquetti tenemos a un fascinante personaje de novela negra que ha venido para quedarse, y cuya legión de fans va a ir aumentando con cada historia que protagonice.

En mi anterior reseña, la de La ciudad de la lluvia, hablaba de cómo Bilbao daba importancia a la novela, siendo casi otro personaje más de la historia. En esta ocasión, La tragedia del girasol no podría entenderse sin la importancia que Cádiz y su bahía impregna a la novela. estamos ante una ciudad llena de luz, pero que esconde a su vez el lado oscuro de muchas personas.

Comparando esta entrega con su predecesora, La maniobra de la tortuga, vemos una mejora considerable tanto en la consistencia de la trama como en la formación de los personajes. Benito sigue escribiendo historias que enganchan al lector, manteniendo tramas adictivas con la dosis justa de sobresaltos, algo que esperamos siga creciendo en próximas entregas. Hay quién compara a este escritor con Hammett o Chandler. Sin duda son palabras mayores, pero yo os aseguro que en La tragedia del girasol hay la misma acción, matones a sueldo, gánsteres y tiros que en las novelas de estos dos grandes escritores negrocriminales. Y mientras esperamos una nueva entrega de Bianquetti, yo ya tengo ganas de saber quién protagonizará, en su adaptación cinematográfica (que se empieza a rodar este año), a este policía bravucón y problemático.

César Malagón @malagonc

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Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado

Cicatriz

CicatrizSi quieres leer una reseña sobre esta novela, Diego PalaciosGorka Rojo publicaron dos geniales a finales de 2015 en esta misma página. Esto es otra cosa: un sencillo intento de comprobar si los libros pueden entrar de la misma manera por los oídos que por los ojos.

Llevo ya bastante tiempo enganchado a los podcasts; concretamente, desde que empecé a trabajar delante de un ordenador ocho horas al día y comprendí que fuera de la oficina tenía que huir todo lo posible de las pantallas y de los teclados. Además, he tenido la suerte de que mi afición por este formato ha nacido en un momento en el que se está haciendo una gran apuesta en España por productos de calidad, especialmente desde plataformas profesionales como Podium Podcast (La vida peligrosa, El gran apagón, Le llamaban padre…). Así que, después de tantos meses disfrutando de estas radionovelas, lo siguiente era hacer la prueba con un libro. Elegí Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado, haciendo un poco de trampa, ya que para cuando comencé a escucharlo ya llevaba casi un tercio del libro leído. Y, sorprendentemente, el salto de un formato a otro no resultó demasiado traumático. Al fin y al cabo, una buena historia se disfruta igual te la cuenten como te la cuenten.

Y esta es una gran historia; un thriller de los que te van atrapando poco a poco, gracias a una trama con muchos flecos por resolver (un asesinato, un contrato millonario, el pasado de una joven extranjera…) y a un protagonista que narra su historia de una forma tan verosímil como amena. Pero dejando a un lado la entretenidísima historia de Simon Sax e Irina, quisiera centrarme en la experiencia de consumir este libro a través de los oídos, pues imagino que, como yo, serán muchos los lectores que no hayan cruzado esta frontera. En mi caso lo escogí de la web Audioteka, que cuenta con una amplia colección de audiolibros de todo tipo.

Lo primero que me sorprendió fue que toda la novela hubiese sido grabada por un único intérprete, el doblador Tito Trifol, cuya voz me resultó sorprendentemente parecida a la de Juan Gómez-Jurado (seguramente fuese mera sugestión). En un principio me resultó extraño, pues mi mente podcastiana echó de menos la pluralidad de voces para interpretar a los personajes y los sonidos de ambiente. Pero una vez que uno comprende en qué consiste un audiolibro, que no es otra cosa que una narración amena del texto original, pasa como con los libros tradicionales: que uno no tiene problemas para generar las escenas en su mente a partir de lo que se nos narra.

Eso sí, las más de once horas de audio que ocupa esta novela (en texto son 576 páginas) son para dosificarlas en varias tomas. Al fin y al cabo, los que somos tramposos y estamos acostumbrados a leer de vez en cuando en diagonal aquí no gozamos de ese recurso (no recomiendo probar el truco de acelerar la velocidad de reproducción del audio, porque ahí sí que definitivamente dejamos de estar ante un libro para enfrentarnos a un trabalenguas).

Como toda primera vez, la del audiolibro me ha exigido un proceso de aprendizaje sobre la marcha, en el que he ido haciendo numerosas pruebas hasta que he encontrado la forma de amoldar este formato a mis gustos. Por ejemplo, me he dado cuenta de que no es tan fácil prestar atención a la trama cuando parte de tus sentidos tienen que estar alerta de ver el color de las luces de los semáforos, de esquivar los pisotones y de llegar a tiempo a la oficina. Y ya ni hablar de lo duro que resulta el momento de ver que tienes que quitarte los auriculares justo cuando más interesante está el capítulo. Al final, he acabado acogiendo este audiolibro como un complemento, una manera de continuar enganchado a una historia tan adictiva como la de Cicatriz para, ya por la noche, darle el relevo en papel.

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Crimen en la posada “Arca de Noé”, de Molly Thynne

Crimen en la posada Arca de Noé

Crimen en la posada Arca de NoéCreo que en el mundo existen dos tipos de novelas de misterio. Las que han sido creadas únicamente para ser comercializadas, que normalmente no profundizan en sus personajes y cuyo desenlace final no tiene sentido alguno. Esas que dejan decenas de cabos sueltos sin resolver. Y aquellas que se centran en sus personajes, en una trama repleta de giros sorprendentes para el lector y en una ambientación que completa la novela y te deja con ganas de más. Sin ninguna duda, Crimen en la posada “Arca de Noé” forma parte de este segundo grupo.

Y es que desde el principio me di cuenta de que esta era una novela que iba a disfrutar. No solo por el misterio que rodea a la autora, una autora injustamente olvidada en la Literatura que ha sido comparada con Agatha Christie, una de mis autoras favoritas. Personalmente, no la conocía y me ha encantado tener la oportunidad de poder leer una de sus obras. Pero también me llamó mucho la atención por la época en la que está ambientada, entre los años 20 y los años 30, la denominada Golden Age, de la que no puedo estar más obsesionada…

Pero vayamos a la trama. Un grupo de personajes que viajan a un lugar de vacaciones en la época navideña, se encuentra con un temporal de nieve que les impide continuar y se ven obligados a instalarse en el “Arca de Noé”, una posada no demasiado lujosa en la que deberán compartir estancia y en la que presenciarán un asesinato en el que todos ellos parecerán culpables. ¿O simplemente víctimas?

Si os gustó Asesinato en el Orient Express, estoy segura de que esta novela os va a encantar. Son muchas las similitudes que he encontrado con la novela más famosa de Christie. Molly Thynne también presenta a muchos personajes en esta obra, bastante diferentes entre sí, y los “encierra” en un espacio cerrado del que no pueden salir a causa de la nieve y mientras se desarrolla toda la acción principal: en ambos casos, un crimen. Y también consigue que todos y cada uno de ellos represente un papel de importancia dentro de la historia y que el lector sospeche de todos desde el principio. Al menos, a mí logró mantenerme totalmente en vilo a lo largo de sus casi 300 páginas y comiéndome las uñas hasta la resolución final.

Algo bastante difícil de conseguir, ya que los giros argumentales que acompañan a la trama desde el primer capítulo te confunden cada vez más a medida que vas leyendo. Y hace que no puedas parar de leer, también por su pluma ágil y sencilla, repleta de diálogos. Porque Crimen en la posada “Arca de Noé” es una novela que se lee de una sentada y no la catalogaría como compleja en su prosa, pero sí que la consideraría compleja si tenemos en cuenta la construcción y la profundización en cada uno de los personajes y en el desarrollo de la trama. En las pistas que deja la autora y que, en mi caso, no percibí hasta el final. Hasta que te das cuenta de que serías una detective de pacotilla…

Me gustaría dar las gracias a la editorial dÉpoca por editar a autores y autoras injustamente desconocidos y desconocidas. Es un placer leer vuestras cuidadas ediciones, acompañadas de preciosas ilustraciones repletas de detalles que enriquecen cada minuto de lectura. Personalmente, soy una apasionada de la literatura de época, especialmente la de misterio, y creo que hacen falta en este momento más novelas como esta, de las que estás segura que no te van a defraudar y que te sorprenden por su gran calidad y todo el amor que se ve que han puesto en ellas.

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La tentación del perdón, de Donna Leon 

la tentacion del perdon
la tentacion del perdonDesde que leí Piedras ensangrentadas creo que ya he seguido atenta  a todas las novedades de Donna  Leon, esta autora es nacida en  New Jersey pero imagino que llevando más de treinta años residiendo en Venecia, podría considerarse como una veneciana más… ¿O no? Esa misma pregunta se hacen en algún momento en esta nueva historia de la autora.
 Ya saben que yo no vivo en la ciudad que me vio nacer, Valls, tampoco en Zaragoza, donde pasé mi juventud y unos extraordinarios años de mis vida, ahora vivo en la Capital de la comarca de las Cinco Villas, una localidad agrícola en la que siempre digo que hay gente estupenda y un par de buenas iglesias que ver… ¡Y mucho Románico a todo nuestro alrededor! Los ejeanos son un poco como los venecianos, si no has nacido allí, nunca terminas de ser reconocido como tal, incluso aunque les hayas aportado algún hijo con el que ampliar su Registro Civil.  😀
Pero era de la novela de lo que yo venía a hablarles y no de mi vida, así que allá vamos. Donna Leon siempre ha sido muy comprometida con los temas que toca en cada uno de sus libros, y eso me gusta. En La tentación del perdón han sido bastantes las páginas que han quedado marcadas y debidamente subrayadas por mi lapicero.
“- ¿Usted cree que la Ley está bien hecha? – preguntó, cosa que sorprendió al commissario.
Brunetti no se sentía obligado y tampoco tenía ganas de dar su opinión sobre el sistema legal y judicial.
-Lo que usted y yo pensemos de la ley no importa.- se limitó a decir.
-¿Y qué importa?
-Que los inocentes estén protegidos. Eso es lo que las leyes deben hacer.
En el fondo, Brunetti no lo creía. Las leyes aprobadas por los que ostentaban el poder, estaban pensadas para mantenerlos en él. Si además protegían a las personas inocentes, perfecto; pero no se trataba más que de un efecto secundario de agradecer.
-No lo había pensado así. –confesó ella.
Brunetti, que tampoco, se permitió encogerse de hombros.
-Supongo que la mayoría de las personas no piensan mucho en la función de la ley. …”
 Ya ven que fuerte nos entra en sus primeras páginas, concretamente en la 39,  y es que en esta ocasión, los paseos por nuestra querida Venecia, van a tener que ver con la visita que una professoressa, compañera de Paola, (esposa de Brunetti) le hace a éste en la comisaria. Por otro lado andaremos también ocupados con un problema de filtraciones dentro de la Questura. Y como no, también nos asomaremos a casa de los Brnetti para compartir algún rato de convivencia familiar y poder hojear las lecturas de Guido, que en este caso será Antígona.
Muchas y muy interesantes son las cuestiones que plantea Donna Leon, una novela muy adecuada para debatir en cualquier club de lectura, pues son muchos los temas que nos plantea y que van derivando de la vida misma.
“El camarero se acercó a la mesa, pero Griffoni lo alejó con un gesto de la mano. Luego abrió la boca, la cerró y respiró muy hondo cinco o seis veces. Estiró el brazo y le posó la mano en el antebrazo.
-Discúlpame, Guido. Me pone fatal oír cosas así.
-¿Qué cosas?
-A hombres justificando la violencia contra las mujeres pensando que la gente creerá que no les quedaba más remedio. Estoy asqueada de oír cosas así y de que la gente se lo trague. La mató porque estaba perdiendo el control sobre ella; así de fácil. Lo demás es una cortina de humo  que apela a nuestro deseo de sentirnos bien con nosotros mismos por se tan tolerantes con otras culturas. Pero es todo falso, falso falso. …”
Estas cosas tan estupendas pasan cuando coges un libro de esta autora, que nada está en la novela por estar, que todo es comentable y por ello sus novelas, siendo novela negra, son tan interesantes para poder desmenuzarlas en los clubs de lectura.
Y ya ven, en el fondo de todo ese título tan seductor: La tentación del perdón.
¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de convertirse en Dios todopoderoso y, dentro de sus posibilidades, perdonar malas actitudes o incluso hechos criminales?
Pues bien, si reflexionamos sobre este tema en la intimidad, a la vista de las noticias que tenemos cada día, podemos darnos cuenta de que en muchas ocasiones, aun no verbalizándolo, estamos perdonando comportamientos que no se corresponden con el ordenamiento jurídico, porque entendemos que la ley es muy dura o no tiene en cuenta las especiales circunstancias ¿A cuántos de nosotros nos repugna que alguien defraude a hacienda? ¿Qué tenga un pequeño negocio en casa sin pagar los impuestos correspondientes? ¿Pagar sin IVA? …
Muchos son los delitos que se comenten a nuestro alrededor a los que damos nuestro perdón o por lo menos nuestro mirar para otro lado…
¿Qué hará Guido Brunetti?
Cualquier día me marcho de nuevo a Venecia, antes de que deje de ser la ciudad que yo conozco, la ciudad que amo, con sus casas y sus habitantes venecianos, antes de que la invasión de los trasatlánticos la inunde por competo y se convierta finalmente en una especie de Disneyland Venecia.
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