
«Banerjee es el detective más peculiar que existe. Se sumerge en sueños para descubrir los misterios, pero su método tiene una contraprestación: jamás puede exceder los veintiséis minutos».
No sé vosotros, pero yo, al leer esas líneas en la contraportada de El último sueño de Lord Scriven, de Eric Senabre, pensé inmediatamente en Origen, la película protagonizada por Leonardo Di Caprio y dirigida por Christopher Nolan. Sin embargo, en cuanto comencé la lectura y vi que la historia se situaba en el Londres de 1906, el film estadounidense se borró de mi mente y en su lugar apareció el detective por antonomasia: Sherlock Holmes.
Los paralelismos entre El último sueño de Lord Scriven y las novelas de Sherlock Holmes son evidentes y no dudo que intencionados, ya que el autor reconoce su predilección por la literatura del siglo XIX. No se trata de una copia, sino de un homenaje continuo, y pese a las múltiples similitudes, la novela de Eric Senabre tiene los elementos suficientes para ganarse el corazón de los lectores por sí sola. Muestra de ello son los premios con los que ya ha sido galardonada: Premio Saint-Exupéry, Premio de las Bibliotecas de París, Premio Literario de Hérault y Selección 2016-2017 (Le jury littéraire du Giennois).
En El último sueño de Lord Scriven tenemos a un detective excéntrico, Arjuna Banerjee, y a su fiel compañero, Christopher Carandini, un periodista que no pasa por su mejor momento y que, cómo no, es el narrador de esta historia. Al igual que en las novelas de Sherlock Holmes, el carácter de Arjuna Banerjee es uno de los grandes atractivos de la novela, así como sus deducciones, que se basan en descifrar los simbolismos de sus sueños inducidos. Pero su relación con Carandini también es un pilar relevante, ya que comienza como una simple colaboración para salir del paso y acaba siendo una amistad sincera. Carandini es un personaje mucho más divertido que el famoso Watson y su narración de los hechos, la gran responsable de que no podamos despegarnos de esta novela.
El sentido del humor es una constante, pero el misterio es el hilo conductor, como no podía ser de otra manera en un libro de este género. Un hombre adinerado, Lord Scriven, muere solo en su despacho, aparentemente de un ataque al corazón. Y será él mismo el que contrate los servicios de Banerjee, porque está convencido de que ha sido asesinado. ¿Cómo es posible que el finado sea el denunciante? No pienso decíroslo, porque Carandini os lo explicará con mucha más gracia que yo. Y esa será la primera de las incógnitas que se irán sucediendo en El último sueño de Lord Scriven.
Me pregunto si a los paralelismos entre la obra de Arthur Conan Doyle y la de Eric Senabre se sumará el que El último sueño de Lord Scriven sea el primer episodio de las muchas aventuras de este detective de los sueños y su irónico compañero. Banerjee y Carandini demuestran que tienen carisma de sobra para ser los nuevos Sherlock y Watson, ahora dependerá de Senabre que se consoliden como el tándem de referencia para los amantes de las novelas de misterio del siglo XIX y, sobre todo, para una nueva generación de lectores. Pero para saberlo, habrá que esperar a leer sus próximos casos. Ojalá sean tan adictivos como este.

Olor a pólvora, asfalto y al perfume de una mujer para una historia de detectives de la vieja escuela. Música de jazz, bourbon en la barra del local de Vassos y una metralleta Thompson oculta bajo un mantel de cuadros. Está Sue y está Babe y está Vassos. Y a Babe le gusta Sue. A Vassos le gusta Sue. A Sue le gusta Babe. Y eso no agrada a Vassos. Las cartas de este trío están sobre la mesa y las armas cargadas. Pero hay un arma aún más peligrosa que no se carga con pólvora, aunque quema: el amor por una mujer.
Durante una semana, tiempo más que prudente para dedicarle una lectura atenta a cualquier libro, no he hecho otra cosa más que vivir por y para esta novela. Cierto, tenía mis obligaciones que implican, en mi caso, dedicarme a otras lecturas, pero esta vez no. Me planté. No quise introducir en mi mente nada más aparte de lo que este libro me estaba proponiendo. Me dediqué a disfrutar en exclusiva del contenido y argumento de esta sublime novela: El alienista.
Qué maravilla es reencontrarse con un viejo amigo. Con un viejo amigo de los que solo conservas buenos recuerdos, de los que, a pesar de que lleves un tiempo sin hablar, cuando os volvéis a ver es como si no hubiera pasado el tiempo entre vosotros. Este sentimiento es el que he tenido al reencontrarme con el Inspector Ernesto Trevejo, personaje salido directamente de la pluma de 
Desde que en verano de 2017 supe de la existencia de este proyecto no veía el momento en que cayera en mis manos. Faltaba tanto para que saliera publicado en España, que a punto estuve de pillarlo por cierta empresa de comercio electrónico en su edición francesa y de lujo, a pesar de no tener ni zorra idea de francés. Pude controlarme, con dificultad, pero lo logré, como buen guerrero con nervios de acero. Cómo él me enseñó. En vez de eso tuve que conformarme con las pildoritas que el propio Marini subía a Facebook, en donde nos ponía los dientes largos enseñándonos con videos su destreza con las acuarelas.
Tengo que reconocer que, desde que leí 


Dos tardes, y eso porque no pude dedicarle una entera, me ha llevado leerme lo nuevo de 
Puede que se me tache de oportunista. Y lo soy. Es cierto. En este caso, al menos. Y aunque también es cierto que ya conocía estos cómics (creo que van por el tercer tomo por ahora) y que siempre me han llamado la atención, no ha sido hasta que se ha anunciado (esta vez sí que sí) que se iba a hacer la peli, protagonizada por ese elegante Hannibal o Le Chiffre que es Mads Mikkelsen, que he me he decidido de una vez por todas a tirar todas las lecturas pendientes por el hueco del ascensor, sin erótico resultado, y hacerle un hueco a la obra que un español, Víctor Santos, se guisa y se come él solito. Como un señor.
Lo 
Muy bien. Pues ya tenemos aquí la conclusión del arco Batman Eterno con este segundo integral, formato tochazo. Si al finalizar el anterior habíamos dejado Gotham reventada por mil sitios distintos y con más frentes abiertos que la II Guerra Mundial aquí vamos a poder ver cómo poco a poco van a ir cerrándose, con hilo y aguja, con precisión quirúrgica, algunos de ellos.
