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El último sueño de Lord Scriven, de Eric Senabre

el último sueño de lord scriven

el último sueño de lord scriven«Banerjee es el detective más peculiar que existe. Se sumerge en sueños para descubrir los misterios, pero su método tiene una contraprestación: jamás puede exceder los veintiséis minutos».

No sé vosotros, pero yo, al leer esas líneas en la contraportada de El último sueño de Lord Scriven, de Eric Senabre, pensé inmediatamente en Origen, la película protagonizada por Leonardo Di Caprio y dirigida por Christopher Nolan. Sin embargo, en cuanto comencé la lectura y vi que la historia se situaba en el Londres de 1906, el film estadounidense se borró de mi mente y en su lugar apareció el detective por antonomasia: Sherlock Holmes.

Los paralelismos entre El último sueño de Lord Scriven y las novelas de Sherlock Holmes son evidentes y no dudo que intencionados, ya que el autor reconoce su predilección por la literatura del siglo XIX. No se trata de una copia, sino de un homenaje continuo, y pese a las múltiples similitudes, la novela de Eric Senabre tiene los elementos suficientes para ganarse el corazón de los lectores por sí sola. Muestra de ello son los premios con los que ya ha sido galardonada: Premio Saint-Exupéry, Premio de las Bibliotecas de París, Premio Literario de Hérault y Selección 2016-2017 (Le jury littéraire du Giennois).

En El último sueño de Lord Scriven tenemos a un detective excéntrico, Arjuna Banerjee, y a su fiel compañero, Christopher Carandini, un periodista que no pasa por su mejor momento y que, cómo no, es el narrador de esta historia. Al igual que en las novelas de Sherlock Holmes, el carácter de Arjuna Banerjee es uno de los grandes atractivos de la novela, así como sus deducciones, que se basan en descifrar los simbolismos de sus sueños inducidos. Pero su relación con Carandini también es un pilar relevante, ya que comienza como una simple colaboración para salir del paso y acaba siendo una amistad sincera. Carandini es un personaje mucho más divertido que el famoso Watson y su narración de los hechos, la gran responsable de que no podamos despegarnos de esta novela.

El sentido del humor es una constante, pero el misterio es el hilo conductor, como no podía ser de otra manera en un libro de este género. Un hombre adinerado, Lord Scriven, muere solo en su despacho, aparentemente de un ataque al corazón. Y será él mismo el que contrate los servicios de Banerjee, porque está convencido de que ha sido asesinado. ¿Cómo es posible que el finado sea el denunciante? No pienso decíroslo, porque Carandini os lo explicará con mucha más gracia que yo. Y esa será la primera de las incógnitas que se irán sucediendo en El último sueño de Lord Scriven.

Me pregunto si a los paralelismos entre la obra de Arthur Conan Doyle y la de Eric Senabre se sumará el que El último sueño de Lord Scriven sea el primer episodio de las muchas aventuras de este detective de los sueños y su irónico compañero. Banerjee y Carandini demuestran que tienen carisma de sobra para ser los nuevos Sherlock y Watson, ahora dependerá de Senabre que se consoliden como el tándem de referencia para los amantes de las novelas de misterio del siglo XIX y, sobre todo, para una nueva generación de lectores. Pero para saberlo, habrá que esperar a leer sus próximos casos. Ojalá sean tan adictivos como este.

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Matamoscas, de Dashiell Hammett y Hans Hillmann

Matamoscas

MatamoscasOlor a pólvora, asfalto y al perfume de una mujer para una historia de detectives de la vieja escuela. Música de jazz, bourbon en la barra del local de Vassos y una metralleta Thompson oculta bajo un mantel de cuadros. Está Sue y está Babe y está Vassos. Y a Babe le gusta Sue. A Vassos le gusta Sue. A Sue le gusta Babe. Y eso no agrada a Vassos. Las cartas de este trío están sobre la mesa y las armas cargadas. Pero hay un arma aún más peligrosa que no se carga con pólvora, aunque quema: el amor por una mujer.

Esto es Matamoscas, la novela gráfica creada por Hans Hillmann basada en la novela de Dashiell Hammett. Como si en la butaca del cine estuvieras, al abrir esta novela gráfica se sucederán en secuencia una serie de planos de los bajos fondos del San Francisco de 1927. Las ilustraciones de Hillmann —valga la portada como ejemplo— están dibujadas a ras de suelo, mostrando una paleta de grises de diversos planos cinematográficos de las escenas: primeros planos, a doble página, unos fundidos neblinosos que sugieren una silueta, apenas el percutor del arma o el ala de un sombrero. Acompañados de escuetos textos narrativos y diálogos, las escenas se suceden con el pulso propio del cine. El ambiente de Hollywood se palpa en cada plano urbano de la ciudad, como si tras esa neblina calurosa que forma el cielo en los fondos de las inmensas cuestas o tras las azoteas de los edificios se escondieran los estudios de Los Ángeles, espectadores de la acción que se desarrolla.

Y si es que de cine se trata, las historias de Dashiell Hammett han sido llevadas al cine con Humphrey Bogart interpretando al protagonista de El halcón maltés (1930). No es de extrañar que, para esta obra, el dibujante, aclamado ilustrador de carteles de cine, se encargara de unir dos artes, el séptimo y noveno arte, en uno solo.

Alineación de lujo en esta obra: Dashiell Hammett y Hans Hillmann, una delantera mítica. En cuanto a Hammett, los amantes de las historias detectivescas le conocen bien. De joven se incorporó a la Agencia de Detectives Pinkerton y tras la Primera Guerra Mundial se dedicó a la escritura. Sus relatos aparecían en la revista Black Mask, icono del pulp, donde también escribían autores de la talla de Ray Bradbury o H. P. Lovecraft. Se le considera el padre del detective solitario e infalible bebedor empedernido.

Por su parte, Hans Hillmann es considerado uno de los referentes de la ilustración del Nuevo Cine Alemán. Entre sus obras, destacan los años que trabajó para diversas producciones cinematográficas con encargos para películas de Fellini, Buñuel o Kurosawa, entre otros. Su lenguaje visual, pictórico, metafórico y ambiental, conseguía captar la esencia del cine negro. Junto a Will Eisner, se le atribuye el ser precursor de la novela gráfica contemporánea.

Lejos de las historias de gánsteres ambientadas comúnmente en Chicago, en Matamoscas será la ciudad de San Francisco quien compartirá protagonismo con los personajes. El gris de los dibujos, junto a los planos escogidos para representar el paisaje urbano, alentarán al lector a sentir el peligro y el ambiente suburbial de esas zonas. Con movimientos “de cámara” que ofrecen las ilustraciones de Hillmann, seguiremos por toda la ciudad al detective de la agencia Continental encargada de descubrir el paradero de Sue Hambleton.

Sue era hija de una familia adinerada. Su destino, casarse con un hombre honrado y de buena posición. Y eso a Sue no le gustaba. A ella le gustaban los maleantes como Hymie el Remachador, un estafador de Filadelfia que no tardaría en aparecer con un agujero de entrada y otro de salida en la cabeza. También le gustaba Babe, un matón de metro ochenta al que unos cuantos se la tenían jugada. A Sue le gustaba el peligro y por eso huyó con Babe. El detective consiguió dar con la pensión donde se alojaban. Babe no estaba en la habitación, pero Sue, sí. Muerta. Ahora, le tocaba al detective descubrir al asesino.

En cuanto a la edición de Libros del zorro rojo, uno no puede más que quitarse el sombrero. Estas ilustraciones, más de doscientas, estaban pidiendo a gritos un tamaño de impresión acorde con la calidad del contenido.

Con el buen sabor de boca que dejan las historias noir, Matamoscas destaca por un buen giro final y por permitir deleitarse con las ilustraciones. En cada página que pasas, contemplas la escena una y otra vez descubriendo detalles nuevos: una mujer asomada en el lejano vecindario, un hombre que cruza la calle, una mano enfundando una pistola a través de la ventanilla del coche… Una buena novela gráfica para contemplar y disfrutar, vaso de alcohol en mano, discos de jazz de fondo.

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El alienista, de Caleb Carr

El alienista

El alienistaDurante una semana, tiempo más que prudente para dedicarle una lectura atenta a cualquier libro, no he hecho otra cosa más que vivir por y para esta novela. Cierto, tenía mis obligaciones que implican, en mi caso, dedicarme a otras lecturas, pero esta vez no. Me planté. No quise introducir en mi mente nada más aparte de lo que este libro me estaba proponiendo. Me dediqué a disfrutar en exclusiva del contenido y argumento de esta sublime novela: El alienista.

Enganchado, viciado, obsesionado y poseído por esta novela. La leía en mi habitación, la leía en los descansos de mi trabajo; me quitaba horas de sueño por la noche para leer esta novela, incluso celaba de aquellos que levantaban la mirada para robarme palabras impresas en las páginas cuando la leía en el metro. No. La novela y yo éramos uno solo.

Qué tardes más dolorosamente gozosas he pasado.

La novela de Caleb Carr —autor y obra me eran del todo desconocidos— comienza con esta cita: «Antes del siglo XX, a las personas que padecían una enfermedad mental se las consideraba “alienadas”, apartadas no solo del resto de la sociedad, sino de su auténtica naturaleza. Por tanto, a los expertos que estudiaban las patologías mentales se les denominaba “alienistas”.»

El doctor Laszlo Kreizler, un famoso alienista muy criticado por la opinión pública, escéptica a sus métodos, ayuda a clarificar los motivos que llevan a los asesinos a cometer sus actos. Se introduce en la mente de cada uno de ellos para extraer cuanta información pueda obtener. Cualquier resquicio le vale para ahondar en ello: ausencia de afecto familiar, traumas infantiles, vejaciones o humillaciones sufridas en el pasado, todo, absolutamente todo le vale para crear un perfil psicológico que explique su conducta. Hasta el momento ha tenido éxito con sus pacientes, pero se va a encontrar con el caso más difícil de todos: un sádico asesino que descuartiza niños.

Su compañero y amigo John Moore, reportero del Times, será quien narre la terrible historia que sucedió en el Nueva York de 1896 y que comenzó con el hallazgo del cuerpo mutilado de un joven que se dedicaba a la prostitución disfrazado de mujer. Con una excelente recreación y ambientación de la época puedes casi sentir el sonido de los cascos de los caballos y las ruedas de las calesas al doblar las empedradas y pútridas calles de Nueva York. Sus bajos fondos, llenos de burdeles, donde niños de apenas doce y trece años ofrecen servicios sexuales vestidos de mujeres a hombres de la alta clase, será el escenario de fondo de esta impactante historia. Con una exquisita narración, nos introduce en los locales y tabernas de baja ralea para, después, conducirnos a la elegancia y ampulosidad de restaurantes de lujo o disfrutar de la obra Don Giovanni en uno de los palcos de la Ópera.

Si tan fantástica es la ambientación, no menos lo son sus personajes. Al doctor Kreizler y a John Moore les acompañará la joven Sara Howard, secretaria del Departamento de Policía de Nueva York y la primera mujer en desempeñar labores de investigación policial en la historia de Estados Unidos. Su desparpajo, valentía e inteligencia se sumarán a las aptitudes de una mujer adelantada a su tiempo, además de realizar un trabajo eficaz e imprescindible en la investigación.

Los crímenes se siguen sucediendo. La brutalidad del asesino y el modo en cómo aparecían los cuerpos, siempre de niños inmigrantes, comienza a crear crispación en las comunidades extranjeras de la ciudad. La policía, incapaz de obtener pistas sobre el paradero del criminal, se negará en rotundo a aceptar que un alienista y su grupo de compañeros consigan saber más que ellos en la investigación, así que no se lo pondrán nada fácil. Con este panorama de corrupción policial y política entre las grandes esferas de Nueva York, el grupo de Kreizler deberá luchar en la sombra y contrarreloj para evitar más asesinatos, a la par de enfrentarse a determinados miembros del cuerpo policial.

Durante la novela se tiene muy presente los asesinatos de Jack el Destripador, sumados al inquietante análisis psicológico del criminal que recuerda a El silencio de los corderos. Por supuesto, también se encontrarán cómodos los lectores amantes de la obra de Poe Los crímenes de la Rue Morgue. Es decir, El alienista va a reunir lo mejor del thriller y las historias de investigación en una obra muy completa, que ya supuso, la primera vez que se publicó en 1995, consagrar a Caleb Carr como uno de los mejores autores del género.

Esta obsesión enfermizamente sana (¿es posible esta contradicción? No lo sé, pero me gusta) a la que me estaba conduciendo la novela de Caleb Carr no podía terminar en la última página del libro. Debía continuar y así fue: primero con la serie de recién estreno en España, de cuyo prólogo para la novela se encarga su creador, Paco Plaza, y con protagonismo de Daniel Brühl, Dakota Fanning y Luke Evans, y después con una página web creada por y para fans de la novela con curiosidades muy interesantes:  17thstreet.net. El nombre hace referencia a la calle donde Kreizler y compañía montan su base de operaciones. Está en inglés y resultará deliciosa para aquellos que os acabéis enganchando a esta genial novela.

Ahora que ya he terminado con ella me queda una sensación de abstinencia por volver a su lectura, por encontrar capítulos sueltos que hayan quedado aún sin encuadernar en este libro y estén por ahí perdidos. Queda ese buen sabor de boca que dejan las buenas historias.

Qué tardes tan dolorosamente gozosas he pasado.

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Primavera cruel, de Luis Roso

Primavera cruel

Primavera cruelQué maravilla es reencontrarse con un viejo amigo. Con un viejo amigo de los que solo conservas buenos recuerdos, de los que, a pesar de que lleves un tiempo sin hablar, cuando os volvéis a ver es como si no hubiera pasado el tiempo entre vosotros. Este sentimiento es el que he tenido al reencontrarme con el Inspector Ernesto Trevejo, personaje salido directamente de la pluma de Luis Roso, que se estrenaba con Aguacero y hace tan solo unos meses ha publicado Primavera Cruel.

Esta segunda novela nos traslada de nuevo a la España de los años 50. Como en la anterior, la historia arranca en Madrid cuando Trevejo recibe la orden de encargarse de un caso que podría poner patas arriba el régimen franquista. Un joven vinculado con organizaciones contrarias a la dictadura aparece muerto en el Monte del Pardo, cerca del palacio donde vive el Caudillo. En un primer momento cunde el pánico al sospechar que podría tratarse de un intento de asesinato contra Franco, pero ya sobre el terreno, nuestro inspector descubre que en realidad el chico fue asesinado al huir de un coche en el que viajaba con sus propios camaradas. Tras el descubrimiento de otros asesinatos ligados al del joven comunista, Ernesto Trevejo tendrá que viajar hasta un pueblo de Cataluña para tratar de esclarecer el caso.

En Primavera Cruel volvemos a encontrarnos con un noir a la española que nada tiene que envidiar a los de otros autores consagrados. Con un ritmo más pausado e introductorio al principio y, sin embargo, más trepidante aún que el de Aguacero según avanza la historia, nos vamos sumiendo en una apasionante trama policiaca que engancha desde la primera página..

Luis Roso, vuelve a hacer gala de una prosa sencilla pero elegante y depurada que no necesita de grandes alardes léxicos para destacar. Los puntos fuertes del libro son los mismos que los de su antecesora: una ambientación impecable, fiel reflejo de los sucesos y la vida de la época tanto en la gran ciudad como en los entornos más oscuros y rurales. Un equilibrio perfecto entre narración y diálogo, a pesar de que (otra vez más) el segundo acapare un mayor porcentaje del libro, haciéndolo brillar por encima de la mayoría de las novelas negras que se escriben hoy en día. Una trama perfectamente hilvanada, con una investigación metódica y clásica, pero ágil y llena de giros inesperados que harán que nos cueste soltar el libro. Y, por último, la verdadera clave, a mí parecer, de los libros de Luis Roso, el inspector Ernesto Trevejo. Sin profundizar en la vida personal del protagonista ni dotarlo de una vida llena de sufrimientos ni tormentos (como nos tienen acostumbrados la mayoría de los autores de misterio), Luis Roso consigue encandilar con su personaje estrella simplemente dejándole hablar. Porque Trevejo es uno de esos personajes con los que empatizas desde el primer momento gracias a su carisma y a su personalidad irónica, algo pendenciera, pero a la vez humilde y honesta.

La novela no estará exenta de cierta crítica social que, aunque sutil, no deja de mostrarnos las miserias de una dictadura que pretendía reconstruir las ruinas de una cruenta guerra civil y una postguerra que la había sumido del todo en la pobreza y el aislamiento internacional, a pesar de que se empezaba a atisbar cierto aperturismo hacia el exterior. En Primavera Cruel seremos testigos de los primeros pasos de la oposición al régimen, encabezada por algunos jóvenes universitarios que mantenían el contacto con los comunistas exiliados y también podremos comprobar que el nacionalismo catalán no es una tema de ahora, sino que viene de lejos.

La única pega que le puedo poner al libro es que he echado de menos a un personaje que, al igual que Trevejo, me cautivó en Aguacero. Hablo de Aparecido, un guardiacivil que en la novela anterior hacía el papel de segundo del protagonista, y que en esta, aunque sale en alguna escena, no ha tenido todo el peso que me habría gustado, pero que espero que tenga en las siguientes novelas de la saga (guiño, guiño, codazo, codazo). No obstante, Primavera Cruel es una segunda parte excepcional que, casi me atrevería a decir, supera a la primera y que gracias a una trama envolvente, bien desarrollada y ambientada y a unos personajes de excepción, encabezados por su protagonista, te enganchará sin remedio.

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Batman: El Príncipe Oscuro (1 de 2) de Enrico Marini

Batman principe oscuro

Batman principe oscuroDesde que en verano de 2017 supe de la existencia de este proyecto no veía el momento en que cayera en mis manos. Faltaba tanto para que saliera publicado en España, que a punto estuve de pillarlo por cierta empresa de comercio electrónico en su edición francesa y de lujo, a pesar de no tener ni zorra idea de francés. Pude controlarme, con dificultad, pero lo logré, como buen guerrero con nervios de acero. Cómo él me enseñó. En vez de eso tuve que conformarme con las pildoritas que el propio Marini subía a Facebook, en donde nos ponía los dientes largos enseñándonos con videos su destreza con las acuarelas.

Pero ahora ya, por fin, lo tengo en mis manos. Formato europeo, tapa dura y portada chulísima con un Batman que parece pensativo ocupándola casi toda, pero dejando también espacio al negro y al morado. Una excelente combinación cromática para una portada simple, pero igualmente atractiva.

Marini y Batman. ¿Qué decir de ellos? De cualquiera de ellos. Uno de los mejores artistas de cómic del mundo (Rapaces, El Escorpión) junto a uno de los personajes e iconos mundiales del noveno arte. Sobran las explicaciones, y aunque lo cierto es que es raro ver a autores como Marini trabajando para las grandes editoriales yanquis, ¿cómo no vas a hacerlo cuando el propio Batman entra en tu casa rompiendo tu ventana, (que no te va a pagar), y te pide que le dibujes una historia sobre él? A Batman no se le dice que no, y menos cuando ves que tu sueño de infancia se va a hacer realidad y además querías que tu próximo proyecto fuera un noir.

Para leer este Batman: El príncipe oscuro (1 de 2) no hace falta estar al corriente de ninguna de las múltiples colecciones del murciélago. Cualquiera puede adentrarse en la lectura de este tomo y disfrutarlo sin miedo a perderse por falta de conocimientos previos en la mitología del personaje.

La historia comienza con el secuestro de una niña por parte del Príncipe Payaso. Una niña que, no quiero hacer spoilers, pero va a traer de cabeza a Bruce Wayne y, claro está, a Batman. El murciélago va a dejarse la piel, va a dejar de comer y de dormir por encontrar a esa niña y va a hacer de su rescate algo personal.

En cuanto al Joker, es el viejo Joker de siempre al que no le importa matar a su propia banda si un chiste no le hace gracia y Harley Quinn parece ser la de los tiempos de Mad Love, cuando aún estaba enamorada de su pastelito.

Y ya sé que está feo decirlo pero, aunque en un cómic, como en un libro, la historia es importante, es un pilar básico, en un cómic también lo es, pero el dibujo a veces lo es aún más. Yo buscaba aquí una buena historia, y la he encontrado a pesar de faltar aún la segunda parte, pero sobre todo lo que quería era ver a Batman, a sus villanos, a Gotham, y al universo del Caballero Oscuro dibujados por ese genio del dibujo que es Marini. No me importaba tanto la historia. Por mí, como si no hubiera ni un diálogo. Quería el dibujo. Y, ¡joder!… ¡vaya que si me lo ha dado! Un dibujo de una calidad indiscutible. Muchas veces he dicho de algún cómic que tiene páginas dignas de ser enmarcadas y colgadas en las paredes de mi casa. Aquí no solo cada una de las páginas pueden ser enmarcadas, sino protegidas con un cristal blindado como si se tratara de La Gioconda o La Piedad de Miguel Ángel.

¿Ha merecido la pena la espera? ¡Coño!, ¿no has leído lo que te he dicho? Rotundamente sí. Batman: El príncipe oscuro (1 de 2) es el cómic que debes leer tanto si eres fanático del personaje como si quieres encontrarte con un dibujo increíblemente bueno de la mano de uno de los mejores dibujantes.

En serio, si no habéis visto en acción a Marini, buscad sus videos. Podríais pasar horas embobados viéndole pintar.

Un cómic para leer y releer, arte para la vista y para las paredes. Un cómic que se convertirá en otro clásico del murciélago.

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La mujer en la ventana, de A. J. Finn

La mujer en la ventana

La mujer en la ventanaTengo que reconocer que, desde que leí Perdida, de Gillian Flynn, pocos thrillers han conseguido que me enganchara tanto a una historia, incluso después de haberla leído. Me apasionan esos libros que tienen la capacidad de hacer que pienses en sus personajes y en todo lo ocurrido horas, días y semanas después. Creo que es en estos momentos cuando la literatura se convierte en algo más. Cuando consigue conectar contigo y calar hasta el fondo de ti.

Y esto es lo que he sentido mientras leía La mujer en la ventana porque, aunque la historia parte desde el punto en el que una mujer presencia el asesinato de una nueva vecina, el autor va mucho más allá. Desde el punto de vista de la trama y el misterio que la rodea, me ha encantado la forma en la que A. J. Finn logra mantener el suspense desde el principio y hasta el final, con giros inesperados que me mantuvieron pegada a sus páginas hasta que se descubre todo.

Pero me pareció aún más interesante todo lo que rodea el crimen: los personajes y la profundidad con la que narra todo lo que les ocurre. Cómo consigue dar un toque más humano y real a la novela. Es decir, que el lector quiera seguir leyendo y que el motivo no solo sea todo el misterio que necesita desentrañar. Y creo que pocos thrillers psicológicos consiguen aunar ambas cosas.

Y es que el autor ha conseguido centrar casi toda la historia en sus personajes y sus trasfondos psicológicos. Sobre todo, en la protagonista: Anna Fox. Una psicóloga que vive recluida en su casa y que se refugia en el alcohol y en graves problemas que le impiden continuar con su vida. Desde el principio me di cuenta de que era un personaje muy interesante, ya que crea un personaje femenino fuerte, que es capaz de salvarse a sí misma de su sufrimiento. Pero también es un personaje desequilibrado, que te descoloca a lo largo de la historia, ya que no sabes si deberías creerte lo que cuenta o no, pero a quien terminas cogiéndole un inmenso cariño por lo tremendamente humana que es. Por cómo trata de superar sus problemas, por cómo se hunde y también muestra sus errores e inseguridades.

Respecto a la narrativa, me ha gustado mucho cómo A. J. Finn nos presenta a sus personajes y cómo profundiza en ellos, sin demasiados detalles descriptivos, pero con diálogos intensos que hacen reflexionar al lector. Creo que esto es lo que realmente estaba buscando él, una forma de conectar con sus lectores a través de las emociones y situaciones en las que pudiéramos empatizar. Porque sientes todo el rato que es una historia que podría sucederte a ti también, que son gente que podríamos conocer y que es algo que podríamos haber vivido o vivir algún día.

Creo que La mujer en la ventana es de esos libros que reelería sin dudarlo, por su capacidad de aunar una historia humana, que profundiza en personajes cercanos a todos nosotros, con problemas de la vida real, con una trama de suspense que te mantiene pegado a sus páginas hasta el final. Además, no me esperaba ninguno de sus giros y consigue mantenerte en vilo hasta que descubres todos los secretos de ese misterioso asesinato, que no se sabe si ocurrió de verdad o son imaginaciones de la protagonista. Debo admitir que me ha sorprendido muchísimo, porque me esperaba algo muy similar a La chica del tren, ya que en principio parece que tienen muchos aspectos parecidos, y me encontré con algo mucho más profundo. Esta novela va mucho más allá y ha conseguido que la disfrute hasta el final, uno de los mejores que he leído de novelas de este tipo. Inesperado, emocionante y cautivador. No puedo esperar a leer lo siguiente del autor…

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Perversidad, de Javier Sagastiberri

La novela negra española vive una edad dorada en la que no se aprecia un final cercano. La gran cantidad de buenas historias que llegan a nuestras librerías le hacen a uno ser confiado, y cuando nos encontramos con el binomio “novela negra” y “escritor español”, sabemos que tenemos un alto porcentaje de posibilidades de estar ante una lectura, cuanto menos, prometedora.

Y eso mismo me ha pasado con Perversidad, la segunda novela del escritor donostiarra Javier Sagastiberri, protagonizada (al igual que la primera) por la oficial de la Ertzaintza, Itziar Elkoro y su compañera, la suboficial Arantza Rentería. Ambientada en Vizcaya, esta novela se inicia en la playa de Azkorri, donde aparece el cuerpo sin vida de Jacobo Macallister, miembro de la familia Olarizu de Neguri, un selecto barrio de Guecho donde vive la burguesía del lugar. Jacobo fue siempre un padre de familia ejemplar, pero dos años atrás había decidido dar un cambio a su vida saliendo del armario de una forma de lo más llamativa; haciendo una peculiar performance del martirio de San Sebastián en una de las carrozas del Gay Pride del madrileño barrio de Chueca.

Lo primero que llama la atención de la novela es lo rápido que sucede todo. En la primera página ya tenemos el cadáver, y en la segunda ya tenemos a la Ertzaintza investigando. Nada de presentaciones, nada de circunloquios. Itziar y Arantza… ¡pónganse ya a investigar! Este dúo de investigadoras, pese a lo diferente de su carácter, parece congeniar bien. El autor define muy bien el perfil de cada una, añadiéndole un toque de humor a los personajes que es muy de agradecer, como en la primera visita a la casa de los Olarizu, que tiene alguna que otra escena en la que las carcajadas salen solas.

Perversidad es una novela que respira y destila aroma vasco por los cuatro costados. Javier intenta reflejar en todo momento la especial idiosincrasia de sus gentes. Se nota la diferencia entre Itziar y Arantza, dos guipuzcoanas entre vizcaínos, o la existente entre un hincha del Athletic y alguien a quien no le gusta el fútbol. Y también se nota esa diferencia social tan marcada, sobre todo en el norte del país, entre la gente humilde y los habitantes de los barrios más selectos de Bilbao y alrededores.

La investigación de las dos protagonistas sucede deprisa, quizá demasiado. En ocasiones se echa de menos un poco de calma por parte del autor para profundizar en ciertos asuntos o investigar más a fondo pistas y personajes. Aun así, el curso de los acontecimientos lleva a las dos ertzainas por lugares muy interesantes, descubriendo poco a poco la cantidad de males que habitan en el ser humano y conociendo de primera mano cómo los miedos y los odios acumulados en el pasado pueden llenar el presente de maldad y, sobre todo, y como reza el título del libro, de perversidad.

He de decir también que esta novela tiene un elemento que ha conseguido descolocarme bastante. Uno de los capítulos del libro, llamado Troncalidad, hace un pequeño paréntesis en la narración, y lleva a las dos protagonistas a investigar otro brutal asesinato en la zona. Por una parte, analizando ese capítulo individualmente, encontramos un relato corto bellísimo, muy interesante y que trata un tema muy desconocido y explicado a la perfección, el de la troncalidad y las herencias en el derecho foral vizcaíno. Pero, por otra parte, ese capítulo, aunque importante a la hora de resolver el caso, corta mucho el ritmo de la narración y hace olvidarse al lector por un momento todo lo sucedido en el asesinato de Jacobo Macallister.

Pero me gustaría analizar más globalmente Perversidad. Pese a esos pequeños detalles, la novela que Javier Sagastiberri nos propone consigue un aprobado más que notable, ayudado sobre todo por su buen final, lleno de tensión y acción. Pese a ser el segundo de la saga, y hacer algunas referencias al primer título de la misma (El asesino de reinas), la novela puede leerse y disfrutarse sin haber leído la anterior. Así que léanla y verán que eso de que “novela negra y escritor español es sinónimo de acierto” es algo bien fundamentado y comprobado.

César Malagón @malagonc

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Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

los perros

los perrosDos tardes, y eso porque no pude dedicarle una entera, me ha llevado leerme lo nuevo de Pérez-Reverte. Suelo leer todos los libros del académico (a pesar de habérseme atragantado Cabo Trafalgar y El tango de la guardia vieja –para más inri, este último incluso firmado por él)  y este nuevo libro, uniendo a perros con novela negra, no iba a ser una excepción.

Lo cierto es que en un principio, meses antes de la publicación, al anunciarse el libro y un breve extracto del mismo, se hacía raro. ¿Pérez-Reverte escribiendo diálogos y reflexiones para un protagonista perruno? ¿Una historia en la que los personajes son perros? Es bien sabido el amor que el autor profesa a los perros. ¡Pardiez, si incluso se han recopilado algunos de sus artículos de temática canina que ha escrito para una publicación dominical en el libro Perros e hijos de perra! (Aunque también es cierto que choca mucho ese amor hacia los perros pero que no vea mal las corridas de toros. Pero bueno, cada uno tiene sus “cadaunadas” y lo que tenemos que tratar aquí son los libros). El caso es que no lo veía claro, pero había curiosidad. Mucha.

Y una vez saciada la curiosidad puedo decir que Los perros duros no bailan es una lectura agradable y que se reconoce el estilo del autor pero, desde luego, no es ni de lejos lo mejor que ha parido. Es un cuento sencillo, a veces parece una fábula para adultos, sin mayores pretensiones y muy fácil de leer, cuyo personaje es el de un tipo duro, por más que en esta ocasión se trate de un perro, que arrastra un pasado oscuro y violento del que, dada su edad, comienza a olvidar algunos detalles o bien estos le asaltan de buenas a primeras sin él quererlo. Un tipo, como tantos otros antes en la bibliografía perezrevertiana, con un fuerte sentido del honor, de la amistad, del deber y, cómo no, yendo esto de perros, de lealtad y fidelidad.

¿Pero de qué va, de qué va?  Pues va de que Teo, el mejor amigo del Negro, y Boris el Guapo han desaparecido. No se sabe nada de ellos y por eso el Negro decide investigar, igualito que un detective privado, pero sin fumar ni beber güisqui. Preguntando irá de aquí para allá, siguiendo el rastro, sorteando peligros y metiéndose en algún que otro jaleo, con perros neonazis incluidos y… y poco más puedo decir sin destripar la trama.

Y así, a medida que la investigación va avanzando, pasaremos de un inicio de novela policiaca a un nudo y desenlace de novela negra mientras somos testigos de un mundo y una vida de perros adaptado del nuestro, con su propio Rodolfo Perrostino,  con refranes o dichos populares, con los perro-corridos de Los Chuchos del Norte, con los equivalentes en perro de humanos famosos como, por ejemplo, Charlize Theron o Brad Pitt y con los oficios o roles que cada personaje ha asumido (Agilulfo es filósofo, Margot regenta un abrevadero, Fido es perro policía, Susa la lumi…)

Aprovecha también Pérez-Reverte, el pistolero más rápido de Twitter (y posiblemente el escritor español más presente en dicha red), para criticar, con toda la razón, el trato que esta sociedad de animales humanos da a los perros. Tratados por muchos como cosas que se regalan en Navidad y son abandonadas en verano, cuando la “cosa” ha crecido y ya no es tan mona o graciosa como cuando cachorra, y, sobre todo, arremete contra las peleas de perros, contra los desalmados hijos de puta que se deshacen de los galgos cuando ya no les son útiles, contra la pasividad de la justicia y contra lo barato que sale el maltrato en este país.

Habrá lectores amantes de los perros a los que alguna escena tal vez le revuelva el estómago, y eso, sinceramente, es buena señal.

“…por un momento pensé en todos los que ladraban. En aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame: perros que, como había dicho el dogo, tal vez un día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas, y que ahora, en aquellas sucias jaulas, esperaban su destino…”

En resumen, Los perros duros no bailan es un libro menor del autor. De fácil lectura, entretenido y con un ritmo ágil, que no se para en chorraditas innecesarias y va al meollo. Un libro para todo fan de Pérez-Reverte, (y yo me considero uno más, aunque repito, no es de lo mejor de su obra), para completistas y para todos los que saben lo que es tener o haber tenido a un perro como compañero.

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Polar. Surgido del frío, de Víctor Santos

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polarrrrPuede que se me tache de oportunista. Y lo soy. Es cierto. En este caso, al menos. Y aunque también es cierto que ya conocía estos cómics (creo que van por el tercer tomo por ahora) y que siempre me han llamado la atención, no ha sido hasta que se ha anunciado (esta vez sí que sí) que se iba a hacer la peli, protagonizada por ese elegante Hannibal o Le Chiffre que es Mads Mikkelsen, que he me he decidido de una vez por todas a tirar todas las lecturas pendientes por el hueco del ascensor, sin erótico resultado, y hacerle un hueco a la obra que un español, Víctor Santos, se guisa y se come él solito. Como un señor.

Lo primero que llama la atención es el formato apaisado. No es muy corriente esa orientación para un cómic, pero debo decir que las veces en las que se ha elegido así (ahora mismo me viene a la cabeza el estupendo Estamos todas bien) se ha acertado de pleno, y en esta ocasión también.

Lo segundo puede que sea lo primero para otros, porque también se intuye en la portada: Miller. Frank Miller. El puto Frank Miller. El puto crack Frank Miller. Se ve, se respira, se nota, no hace falta ser ningún experto para asociar estilos: la escala tricromática del blanco, el negro y el rojo para “esos momentos”; planos y panorámicas en ocasiones rebuscados, la escasez de diálogos (que a veces recuerda al cine mudo) y la rotundidad tan noir de estos cuando los hay, un personaje duro que te cagas y no precisamente joven y con parche a lo Nick Furia, y mujeres sugerentes, hermosas y peligrosas.

Pero más allá de la influencia o el homenaje al creador de Sin City, Polar. Surgido del frío es una obra puramente visual y estética. (Ya lo dice otro grande, Brian Azzarello en la portada: “Toda una hazaña de la expresión visual”). No puede ser de otra forma. La trama importa, por supuesto, y está bien llevada, pero no es una trama que brille por la originalidad e incluso, en el fondo no importa mucho porque es el dibujo el que te arrastra por la historia. Es para lo que hemos cogido este cómic: para disfrutar con el arte que nos entra por los ojos página a página. Una historia simple en la que prima la forma más que el fondo: Black Kaiser es un espía y letal asesino ya entrado en años al que unos matones intentarán liquidar. ¿Pero quién quiere acabar con él?  Así de simple y así de clásico. Porque a veces, lo más simple, como lo clásico, es lo mejor y no hay porque complicarse la vida cuando lo que quieres es un vehículo para mostrar el talento a los lápices y a la hora de componer (y muy bien compuestas también) las páginas.

Nacido como un webcómic sin diálogos Polar. Surgido del frío es puro cine negro. (Como curiosidad aclaro que “polar” es el término para referirse al cine policial/negro francés de la década de los sesenta y setenta. Eso, y la nieve presente explican el título). Una aventura gráfica de las de “o matas o te matan” llena de acción, que tiene un ritmo trepidante, y que no concede respiros, aunque hay veces que cuesta identificar alguna forma y hay que pararse para observar y entender los detalles.

Un cómic para disfrutar una y otra vez del arte de Víctor Santos, que gustará a quienes les gusten las pelis clásicas de espías (no las de James Bond) y tíos duros y curtidos como, por ejemplo, las que protagonizaba Charles Bronson y a quienes quieran disfrutar de un grafismo peculiar y muy currado del que se ve poco.

Una maravilla y una muestra de la maestría brutal de Víctor Santos en solitario.

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BCN Noire, de VV.AA.

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bcn noireLo negro en formato cómic y en píldoras. ¡Irresistible combinación! Tenía que caer y más después de haber ojeado los diferentes estilos y los cantos de sirena de la cuidada edición de Norma. Lo de que todas las historias estuvieran ambientadas en Barcelona era lo de menos. Toda ciudad tiene sus historias negras. Absolutamente todas. Barcelona tiene, además, el atractivo de su particular encanto urbano modernista y de sus gentes y, además, el haber sido declarada en 2016 por la UNESCO Ciudad Literaria, por su presencia continuada en el mundo literario, (aunque eso es lo de menos). Así que venga, va, compro la idea. De cabeza.

El germen de todo esto ha sido Raule (Jazz Maynard), guionista y experto en esto de la negrura. Su idea era escribir historias del género, ambientadas en la Ciudad Condal, escritas por autores que debían llevar muchos años viviendo en ella (aunque no hubieran nacido ahí), y que no fueran historias futuristas o históricas – la última se ha colado porque se le olvidó avisarlo–, ser profesionales del cómic y tener experiencia.

El resultado es una mezcla total de estilos que no hacen sino corroborar la gran salud del género. Veintitrés pildoritas que son veintitrés perlas que pueden leerse sin orden y que da igual por donde se abra el cómic, porque hacerlo, atraparte en su lectura y obligarte a seguir con la próxima y luego con la siguiente y la siguiente es todo uno.

Historias de echadores de cartas, videntes, carteristas que dan el palo y vuelven a su casa a cenar como si hubieran vuelto de su jornada laboral, taxistas, redes de prostitución, drogas, venganzas por chorradas, venganzas dormidas que despiertan tras un reencuentro inesperado, enchufismos en las mafias, sexo, skins, homófobos, detectives borrachos, envidias profesionales, más putas, malos tratos, más venganzas, Ferdie Mer-curie y su ayudante, paquistaníes que dejan su país para ganarse la vida vendiendo cerveza en las calles, noches de lobos, traiciones en la banda, trapicheos con un sofá, corrupción policial, fracasos y penitencias… Todo esto, y mucho más, puebla las páginas de BCN Noire.

Como dice Cristina Fallarás acertadamente en su prólogo, “Este volumen excelente es un compendio de drogas, sangre y putas. Las cosas por su nombre.” Y hablando de nombres BCN Noire en origen iba a llamarse Puta Barcelona, desechado por poco comercial, y después Barcelona viste de negro, título que tuvo que cambiarse (al igual que la gran ilustración de Pasqual Ferry que iba a ser la portada) tras el atentado del año pasado para evitar confusiones.

La verdad es que, para mí, como fan de la novela negra y de los cómics, me ha sorprendido gratamente el conjunto. Tal vez hay un par de historias que no me gustan del todo, pero el conjunto es soberbio, tanto por la enorme calidad del dibujo como de los argumentos. Historias sórdidas, realistas, con finales sin perdices en su mayoría, cruentas algunas, pero que te las crees, porque la realidad cada vez más supera la ficción y la vida es muy puta y hay gente como la que aparece en estas viñetas, que lo pasan jodidamente mal. Y eso no nos gusta. Parafraseando una vez más a Cristina Fallarás, “me gusta que no me guste”. Eso significa que el cómic ha reflejado fielmente cosas de nuestra sociedad que están ahí, pero no deberían. Y quién sabe sí, llegado el caso, no actuaríamos también como muchos de los personajes de estas historias si la situación nos empujara a ello. Si la vida, perra y puta otra vez, nos quisiera poner a prueba, –y, realmente lo hace muchísimas veces a diario y en pequeños actos que son, a su manera, semillas de novela negra que logramos controlar para que nuestra vida siga siendo una novela costumbrista y no pase de ahí a los periódicos–, ¿sabemos de verdad cómo somos? ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer? Todos somos personajes en potencia de una novela de este género. Absolutamente. Y eso es algo que se reafirma tras la lectura de esta colección de historias.

Andreu Martín, Enrique Sánchez AbulíJorge Zentner y Joan Mundet, Natacha Bustos, Hernán Migoya, Diego Olmos, Oriol Hernández, Jordi Lafebre, Roger Ibáñez, Homs, Enrique Corominas, Cristina Bueno, Pedro Espinosa, Sagar, Danide, Marcos Prior, Francisco Sánchez, Josep Busquet, Josep Maria Polls, Danide, Manolo Carot, Ernest Sala y así hasta un total de 48 autores, algunos viejos conocidos, otros, descubrimientos a los que seguir la pista.

Comenta Raule que, si las ventas acompañan, podría hablarse de un segundo tomo. Esperemos que acompañen porque merecen mucho la pena estas historias de la Barcelona negra y criminal. De la Barcelona sucia, pero en realidad de todas las ciudades y de todos nosotros.

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Batman Eterno Integral 2, de Scott Snyder y VV.AA.

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be2Muy bien. Pues ya tenemos aquí la conclusión del arco Batman Eterno con este segundo integral, formato tochazo. Si al finalizar el anterior habíamos dejado Gotham reventada por mil sitios distintos y con más frentes abiertos que la II Guerra Mundial aquí vamos a poder ver cómo poco a poco van a ir cerrándose, con hilo y aguja, con precisión quirúrgica, algunos de ellos.

Y no parece nada fácil después de ver cómo acabó el Batman Eterno, integral volumen uno. Recordemos rápidamente, y solo por encima, el estropicio (y no hace falta decir que hay spoilers si no has leído dicho tomo): Alfred prisionero en Arkham; Arkham convertido aún más si cabe en un puto infierno; Silencio suelto a su bola haciendo cosas muy ruidosas; Gordon preso en Blackgate; Selina haciéndose poco a poco con el control de la mafia; los nanovirus siguen en los Narrows;  la policía en manos de un comisario corrupto que organiza una cruzada paresonal para atrapar a Batman a toda costa y, en general, las calles enfrentadas en una guerra de bandas; la batfamilia al completo, y algunos más,  intentando poner orden y otros cuantos elementos más por ahí desperdigados… Un caos absoluto. Lo que dije. ¿¡Quién quiere vivir en Gotham, por Dios!?  ¡¿Quién en su sano juicio…!?

En fin. Parece mentira pero las cosas irán arreglándose… pero solo después de que se fastidien aún mucho, mucho más.

¿Pero, por qué? ¿Quién está tras todo esto? ¿Será capaz el mejor detective del mundo de averiguar quién mueve los hilos? ¿Realmente hay alguien dirigiendo todo, al mando de este enorme cotarro? Si lo hay, es una lumbrera. Todos sabemos que derrotar a Batman es imposible. Batman siempre tiene un plan B, C, D, y así hasta J, aproximadamente. Siempre vencerá si se le da tiempo para estudiar el terreno de juego, para prepararse, siempre está preparado y lleva una estrategia dos o tres pasos por delante de su rival. ¿Siempre?

Sin embargo, Batman se está metiendo una paliza para descubrir el cerebro oculto tras toda esta trama y esto acabará pasándole factura. ¿Cuánto tiempo podrá el murciélago estar al 100%? ¿Cuántas horas sin dormir podrá rendir sin fallar, cuántas sin comer…? ¿No pensaste en estas cosas cuando decidiste enfundarte el traje, eh, Bruce? Si ya es jodido actuar como “civil” de día y justiciero de noche en épocas de relativa calma, ahora ya ni te cuento…

Por si fuera poco, vamos a ver cómo no solo Batman va a tener que luchar contra los malos y el acoso de la policía, sino que Bruce Wayne también va quedarse sin nada. Algo como lo que vimos en The Dark Knight Rises o parecido también a lo que le sucedía a Daredevil en el estupendo y más que recomendable cómic Born Again. Que va a pasar las de Caín, vamos.

Por primera vez veo a un Batman desconcertado, sin rumbo, como una marioneta yendo de un lado a otro, siguiendo el humo, sin saber cuál es el siguiente paso a dar, con la barba de tres días (bueno con barba de tres días ya le hemos visto más veces)…:

“No tengo ni idea de quién está detrás de esto. He juntado todas las piezas de todos los puzles. Todas estas malditas pistas… y ninguna de ellas encaja con las demás. Ninguna en absoluto. La ciudad está en llamas y todo esto no es más que una condenada distracción. Y no sé para qué…”

¡Y lo reconozco!: me ha encantado el conjunto y me ha encantado el final que han dado a la historia. No lo esperaba así, la verdad. Me imaginaba que el maestro del caos que había preparado y coordinado todo este tinglado contra el Caballero Oscuro fuera alguien que se sacaran de la manga, que no supieran cómo acabar la historia y metieran un Deus ex machina, algo que al final hiciera que el conjunto de los dos tomos no fuera tan redondo, pero no. ¡Chapó! Me ha gustado el desenlace y la explicación final. Me ha gustado ver a Batman abatido, cansado, extenuado…, pero no rendido, eso nunca.

El dibujo se mantiene a la altura de la historia. Muchos dibujantes, pero cohesionados que aportan su toque artístico a una de las historias más atractivas del murciélago.

Lo único que desentona, en mi opinión y, teniendo en cuenta que en este segundo tomo su presencia es casi cero, es la parte paranormal. Pero eso ya lo comenté en la otra reseña.

Un guion repleto de tramas, héroes, villanos, y secundarios que no se quedan atrás en sus papeles; con alguna que otra concesión al humor, con un gran nivel constante durante las más de mil páginas que hacen muy disfrutable el conjunto de los dos integrales.

Batman Eterno, integral volumen 2 completa un arco que gustará a todo aquel que sea fan del héroe de Gotham, o a los enemigos de este que quieran verle pasarlas muy putas.

De lo mejor que he leído de Batman últimamente.

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Justo, de Carlos Bassas del Rey

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justo“Siempre he sido discreto.
Siempre he sido más de saber hacer que de hacer saber.”

Creo que fue Chaplin el que dijo aquello de que el mundo pertenece a los que se atreven. Y si no era así, era al menos algo parecido. Y hoy vengo a hablaros de un atrevido. ¿Su nombre? Carlos Bassas. ¿Su atrevimiento? Crear a Justo. Estábamos muy a gusto con su personaje de Herodoto Corominas, un inspector de policía culto como pocos. Pero no, el señor Bassas no ha querido darnos otra ración de Corominas y nos ha descolocado a todos con este personajillo del que hoy os vengo a hablar. Ya te vale, Carlos…

Os hablaré de Justo Ledesma. Estamos ante un abuelete tranquilo, un barcelonés de casta que vive por la zona del Born, disfrutando de los paseos entre sus callejuelas llenas de historia, que pasa el día en el Damián, su bar de cabecera, y que de vez en cuando se ve con la Remedios para dar rienda suelta a la aún vigorosa capacidad sexual que le queda. Como todos los barceloneses de pro que quedan por su barrio, está hasta los cojones del circo turístico en el que se ha convertido Barcelona. Hartos de los putos guiris que vienen a emborracharse y a ensuciar la ciudad, y que están acabando con todos los negocios que durante años se asentaron por los alrededores. Menos mal que todavía le queda Damián…

El problema de leer esta novela es que le coges cariño a Justo. Y Justo parece un buen tío, una persona decidida con un plan de vida trazado de forma milimétrico. Pero para otros, Justo puede ser un hijo de puta más grande que la basílica de Santa María del Mar. Porque este viejecillo irascible y gruñón tiene una misión. Es un tzadik, uno de los treinta y seis justos de la tradición judía. De ahí su nombre. Y este justiciero de la tercera edad tiene que mantener a raya el equilibrio entre el Bien y el Mal, por eso no duda en limpiar de escoria su barrio, cueste lo que cueste. El problema es que con su última víctima ha abierto la caja de Pandora y ya no hay marcha atrás. Vamos, que la ha liao parda, como decía aquella chiquilla del famoso video de Youtube.

“Cualquiera puede matar a un hombre, pero convertirlo en un arte discreto lleva su tiempo.”

Contado en primera persona, y con continuos guiños al lector, Justo es un libro que impresiona. Su protagonista sabe que está en la última etapa de su vida, y que no tiene tiempo que perder, de ahí que la novela tenga algo menos de 200 páginas. El lenguaje, despojado de todo lo accesorio, es rápido, claro y conciso. Y con una narración así, la novela se lee de un tirón, casi sin tiempo para coger aliento.

Mira que yo esperaba como el comer otra historia de Herodoto Corominas, pero he de reconocer que quedo satisfecho con Justo, una novela con unos personajes que se alejan de lo que uno espera de ellos y que no paran de sorprender. Esta es una historia de venganza, sangre y acción, pero a la vez un homenaje a una ciudad y unas calles, las del barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, que desaparecieron hace años. Y es una muestra más de la calidad literaria de Carlos Bassas, cuyo atrevimiento del que os hablaba al principio se ha saldado de forma sobresaliente.

César Malagón @malagonc

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