Publicado el

Moravia, de Marcelo Luján

Moravia

MoraviaSonaba Gardel por el equipo de música de aquel café argentino de Lavapiés donde desayunaba. Un equipo de música moderno incapaz de restarle ese sonido mono tan característico de un viejo tango. Mi Buenos Aires querido se confundía con el chocar de vasos y platos, las voces de los habituales apoyados en la barra y el aroma del café. En la calle, unos perros ladraban. Ya sabía qué libro quería leer.

A veces, circunstancias ajenas a la literatura te llevan de la mano a elegir un libro como si alguien hubiera escrito que así fuera. Acontecimientos, en principio, sin conexión pero que cobran todo su sentido a medida que se van enlazando. El destino fijado, el inevitable desenlace y no poder escapar de él, es el rasgo principal de esta embaucadora novela que voy a presentar.

Moravia, de Marcelo Luján, tiene el rumor de un tango amargo y el tinte doloroso de las tragedias griegas. Un relato que, por su fuerza descriptiva del Buenos Aires de 1950 y el desarrollo de los personajes, te apresa y te libera a partes iguales, te acaricia y te golpea con rabia, te deleita con la melodía de un bandoneón para después abandonarte desnudo frente al dolor. Todo en una novela de menos de doscientas páginas. No necesita más su autor para demostrar que el reconocimiento recibido por su última obra, Subsuelo, no fue gratuito. La riqueza lingüística de este texto, con la mezcla de sabores y colores de Argentina, Nueva Orleans y la antigua Checoslovaquia, le dan mayor vida a un relato de bellísima trama.

Así, la historia sucede en febrero de 1950. Juan Kosic, ahora un famoso bandoneonista, regresa a su Buenos Aires natal que tanto le decepcionó quince años después de haberla abandonado. Junto a él, viajan su esposa y su hija. Juan Kosic lleva dos cosas como equipaje: un maletín lleno de dinero y el rencor de demostrarle a su madre que en Nueva Orleans triunfó en aquello que ella tanto le negó y que fue motivo de su separación y huida de Argentina, la música.

Para ello, idea un plan: ocultará su identidad y se presentará en la pensión que regenta su madre junto a su hermana en Colonia Buen Respiro, un pueblo perdido de La Pampa. Allí, se hará pasar por turista adinerado, acomodándose incluso en una habitación, esperando a desenmascarar la verdad y vengarse por tanto dolor y burla sufridos en el pasado. Un suceso trágico hará cambiar por completo el camino de los acontecimientos.

La maestría del relato de Marcelo Luján reside en la estructura de tragedia griega que ha conseguido crear: desde un coro en la figura de los perros que custodian la pensión de la madre y que anuncian con sus ladridos el desenlace, hasta el sabor edípico que deja en los labios esta amarga novela. No es hasta el final cuando se desencadene la catarsis trágica excepcionalmente trenzada por Luján.

También, cabe citar la influencia que ha tenido en el autor un fragmento de El extranjero de Albert Camus que ha guiado el desarrollo de esta historia. Valiéndose de aquel extracto, ha escrito una obra dividida en dos actos: por un lado, la llegada al puerto de Buenos Aires del trasatlántico que llevó a Juan Kosik y Lidia, su esposa, de Europa a América. Ahí, a través de sus recuerdos, se muestran los pasados de cada uno. Todo aquel pasado que no eran más que eslabones que forjaban el destino de sus protagonistas. En el segundo acto, se desarrolla la acción en el tiempo presente en Colonia Buen Respiro, el pueblo natal de Juan Kosic: el eterno viaje en tren hasta el pueblo, ocultar su identidad ante los habitantes, presentarse en la pensión, lo que allí sucedió.

Moravia, cuyo título hace mención a la ciudad checoslovaca desde donde emigraron a Argentina los ascendientes del protagonista, ha sido reeditada y puesta de nuevo en librerías por la editorial Salto de Página tras haber estado descatalogada en su anterior editorial. La crítica considera esta novela como género negro. Desligado por completo del relato policíaco, que no interesa en absoluto a su autor, lo principal del relato destaca en la negrura que subyace en el ser humano desde la fluidez; donde hay tiempo para pensar, para elegir, para reaccionar, y que, sin embargo, decide ejecutar la maldad. Una reflexión sobre la condición humana que también exploró en su siguiente novela Subsuelo.

Sin duda es una lectura que se hace imprescindible acompañarla de un viejo disco de Carlos Gardel. La música está presente durante todo el relato. Del mismo modo, deja también el regusto de las buenas películas de cine clásico. Porque esta novela se disfruta como tal: un plano en blanco y negro a bordo de un barco, la actriz mira por última vez alejarse el puerto de la ciudad de Buenos Aires, antaño, viviendo su época gloriosa; de fondo, un músico ejecuta una melodía con rumor de despedida.

«Rencor, mi viejo rencor, no quiero sufrir esta pena sin ti.
Si ya me has muerto una vez, ¿por qué llevaré la muerte en mi ser?» (Rencor, de C. Gardel)

[product sku= 9788416148509 ]
Publicado el

La guerra de las salamandras, de Karel Čapek

La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandrasEra una salamandra. Ya están aquí. ¡Todo ha terminado!

Y menudas salamandras: inteligentes, organizadas, alienadas como comunidad homogénea… y sí, de un tamaño considerable, feas, cabezota gorda y negra y con un punto de mala leche aprendida que no dudarán en llevar a la práctica. Son la representación simbólica del conformismo ciudadano devorado por el voraz apetito del régimen totalitario y capitalista. Son la más ácida representación de los actos impunes de un sistema erróneo, que pagará caro sus consecuencias. Esto es La guerra de las salamandras, de Karel Čapek, una de las más divertidas, irónicas y espectaculares novelas de ciencia ficción de todos los tiempos.

Decir que he disfrutado leyendo esta novela se queda en poco. Poquísimo. Decir que admiro la calidad de edición del libro resultaría obsceno. Obscenísimo. Libros del zorro rojo ha publicado una novela genial y en un formato que merece el favor de considerarse obra de arte. Si el texto de Čapek es excelente, no menos resultan las ilustraciones que lo acompañan de Hans Ticha, genial ilustrador checo, heredero del Pop Art. Según los datos biográficos del artista, quedó prendado de La guerra de las salamandras cuando tenía diecisiete años y decidió ilustrar la novela. Veinte años después presentó su obra al editor y la novela fue publicada con los dibujos de Ticha. Fue considerado el libro más bello de la República Democrática Alemana en 1987.

La novela se divide en tres actos donde se aprecia la transformación de las salamandras en contacto con los regímenes totalitarios y el crecimiento armamentístico que denuncia el autor en la novela. Desde su descubrimiento, pasando por su estudio y hasta la evolución lógica de unos seres oprimidos que consiguen organizarse y rebelarse, poco a poco seremos testigos del deterioro de un sistema al que se intentó someter a los anfibios.

La primera parte del libro comienza con el descubrimiento por parte de un viejo capitán de barco de una especie de salamandra gigante que vive en una pequeña isla del Pacífico. Aquí se puede encontrar referencias a otras novelas de viajes y aventuras, como puedan ser El mundo perdido, de Conan Doyle o Los mitos de Chtulhu de Lovecraft, por la descripción y ambientación de los acontecimientos en localizaciones paradisíacas. A ello le sigue la presentación de unos seres legendarios que crean inquietud en el lector. El autor nos lleva de la mano a conocer a estos peculiares anfibios. El capitán pronto se dará cuenta de la capacidad intelectual de estos seres de los que se aprovecha para extraer perlas del fondo del mar. Más adelante, considerando las enormes posibilidades que ofrecen estas salamandras como mano de obra, contacta con un empresario para construir diques y realizar obras de gran importancia. Les enseñan a emplear herramientas de trabajo y a hablar, y después les reparten armas para poder defenderse del ataque de tiburones y así poder producir más.

El nivel demográfico de las salamandras fue aumentando considerablemente, así como sus conocimientos. A medida que el humano interactuaba más con ellas, crecía la necesidad de otorgarles derechos laborales, así como leyes que regularan el abuso y explotación de los animales y hasta una religión. Sin consideración alguna acerca de sus sentimientos o derechos, el humano hacía un uso indiscriminado de ellas hasta que la situación empezó a volverse inestable. Superaron en número al humano y necesitaban de espacio para poder vivir, ya que las costas escaseaban. En un acto imprudente del sistema capitalista al que habían sometido a las salamandras, estas se sublevaron y comenzaron a expandirse. La guerra había comenzado.

Es inevitable también la cercanía comparativa con su predecesora La guerra de los mundos, de H. G. Wells. En esta novela, Wells quería disfrazar, bajo el aspecto de unos seres extraterrestres invasores, el riesgo de invasiones de ejércitos extranjeros en caso de guerra, haciendo hincapié en un dato que comparte en común con la novela de Čapek, el aumento armamentístico. La diferencia de esta novela con la de Čapek está en que la del autor checo no ofrece el relato de una invasión fortuita, sino el resultado de unos actos originados por el propio y ambicioso sistema económico, religioso y político occidental.

Sin desgranar más del libro, porque de poco servirá para su deleite; leyéndolo es como uno disfruta en su totalidad, destacan varios puntos positivos: en primer lugar, el discurso periodístico empleado para narrar la historia, al que acompañarán infinidad de artículos y recortes de prensa, panfletos políticos, publicaciones y conferencias donde se exponen los diferentes puntos de vista de expertos sobre las salamandras y un largo etcétera de textos alternativos que convierten la novela en un juego para el lector. Otro de los rasgos elevados es el tono satírico del autor, que emplea el conflicto que empezaba a preocupar tanto a la sociedad en el año en que fue publicada la novela, en 1936, en pleno ascenso del nazismo, con una mezcla de humor y crítica ácida del crecimiento armamentístico y el colonialismo. Las ilustraciones de arte pop de Hans Ticha que destacaba al comienzo y, por último, el capítulo final: la ruptura de la cuarta pared en la que el propio autor mantendrá una reflexión consigo mismo (quizá, el sentir del lector) acerca del desenlace que le espera a la especie humana y a las salamandras.

— ¿Vas a dejar las cosas así?
— […] ¿Crees que yo quería que las cosas acabasen así? Esto es sencillamente la lógica de los acontecimientos.

La obra literaria de Karel Čapek gira en torno a la ciencia ficción social y política en la que la originalidad de sus textos y su contenido le hicieron destacarse junto a otros autores que vendrían después de la talla de Aldous Huxley. Su primera obra teatral, R. U. R. (Robots Universales Rossum), de 1920, marcó un hito en la ciencia ficción, primeramente, por ser la pionera en emplear el término robot en la literatura (aunque este término habría que adjudicárselo a su hermano que es quien lo introdujo). La palabra procede del checo robota, que significa servidumbre. Construyó para su texto dramático un escenario en el que la humanidad dota de sentimientos y razonamiento a los robots para comprobar su respuesta ante el trabajo forzoso. Un ejercicio de reflexión acerca de la esclavitud y la dictadura. Otras de sus obras se mantienen en la misma línea hasta que escribió La guerra de las salamandras, la novela que le catapultaría como una de las figuras literarias más importantes de ciencia ficción.

Esta fábula bien podría emparejarse a la realizada por George Orwell en Rebelión en la granja. De nuevo, en la figura humorística que ofrecen los animales, se desnuda un sistema de vida injusto, en el que para que unos se vean beneficiados, otros deben sufrir las consecuencias. Muchas de estas veces, la moraleja es el descontrol de esos actos que conlleva sus reacciones. La literatura como espejo de la sociedad ayuda a comprender un problema que persigue al mundo industrializado de occidente y que a estos autores no pasa desapercibido. La máscara que otorga el arte literario esconde la intención de llegar a la verdad a través de la belleza estética que envuelven los textos del escritor. En todos estos casos, la ciencia ficción siempre se ha visto muy ligada a la denuncia social y política. Sirva esta novela, acompañada de una cuidada edición, como útil de reflexión y deleite para cualquier lector que se proponga pasar unas divertidísimas horas de lectura.

[product sku= 9788494773419 ]
Publicado el

Matamoscas, de Dashiell Hammett y Hans Hillmann

Matamoscas

MatamoscasOlor a pólvora, asfalto y al perfume de una mujer para una historia de detectives de la vieja escuela. Música de jazz, bourbon en la barra del local de Vassos y una metralleta Thompson oculta bajo un mantel de cuadros. Está Sue y está Babe y está Vassos. Y a Babe le gusta Sue. A Vassos le gusta Sue. A Sue le gusta Babe. Y eso no agrada a Vassos. Las cartas de este trío están sobre la mesa y las armas cargadas. Pero hay un arma aún más peligrosa que no se carga con pólvora, aunque quema: el amor por una mujer.

Esto es Matamoscas, la novela gráfica creada por Hans Hillmann basada en la novela de Dashiell Hammett. Como si en la butaca del cine estuvieras, al abrir esta novela gráfica se sucederán en secuencia una serie de planos de los bajos fondos del San Francisco de 1927. Las ilustraciones de Hillmann —valga la portada como ejemplo— están dibujadas a ras de suelo, mostrando una paleta de grises de diversos planos cinematográficos de las escenas: primeros planos, a doble página, unos fundidos neblinosos que sugieren una silueta, apenas el percutor del arma o el ala de un sombrero. Acompañados de escuetos textos narrativos y diálogos, las escenas se suceden con el pulso propio del cine. El ambiente de Hollywood se palpa en cada plano urbano de la ciudad, como si tras esa neblina calurosa que forma el cielo en los fondos de las inmensas cuestas o tras las azoteas de los edificios se escondieran los estudios de Los Ángeles, espectadores de la acción que se desarrolla.

Y si es que de cine se trata, las historias de Dashiell Hammett han sido llevadas al cine con Humphrey Bogart interpretando al protagonista de El halcón maltés (1930). No es de extrañar que, para esta obra, el dibujante, aclamado ilustrador de carteles de cine, se encargara de unir dos artes, el séptimo y noveno arte, en uno solo.

Alineación de lujo en esta obra: Dashiell Hammett y Hans Hillmann, una delantera mítica. En cuanto a Hammett, los amantes de las historias detectivescas le conocen bien. De joven se incorporó a la Agencia de Detectives Pinkerton y tras la Primera Guerra Mundial se dedicó a la escritura. Sus relatos aparecían en la revista Black Mask, icono del pulp, donde también escribían autores de la talla de Ray Bradbury o H. P. Lovecraft. Se le considera el padre del detective solitario e infalible bebedor empedernido.

Por su parte, Hans Hillmann es considerado uno de los referentes de la ilustración del Nuevo Cine Alemán. Entre sus obras, destacan los años que trabajó para diversas producciones cinematográficas con encargos para películas de Fellini, Buñuel o Kurosawa, entre otros. Su lenguaje visual, pictórico, metafórico y ambiental, conseguía captar la esencia del cine negro. Junto a Will Eisner, se le atribuye el ser precursor de la novela gráfica contemporánea.

Lejos de las historias de gánsteres ambientadas comúnmente en Chicago, en Matamoscas será la ciudad de San Francisco quien compartirá protagonismo con los personajes. El gris de los dibujos, junto a los planos escogidos para representar el paisaje urbano, alentarán al lector a sentir el peligro y el ambiente suburbial de esas zonas. Con movimientos “de cámara” que ofrecen las ilustraciones de Hillmann, seguiremos por toda la ciudad al detective de la agencia Continental encargada de descubrir el paradero de Sue Hambleton.

Sue era hija de una familia adinerada. Su destino, casarse con un hombre honrado y de buena posición. Y eso a Sue no le gustaba. A ella le gustaban los maleantes como Hymie el Remachador, un estafador de Filadelfia que no tardaría en aparecer con un agujero de entrada y otro de salida en la cabeza. También le gustaba Babe, un matón de metro ochenta al que unos cuantos se la tenían jugada. A Sue le gustaba el peligro y por eso huyó con Babe. El detective consiguió dar con la pensión donde se alojaban. Babe no estaba en la habitación, pero Sue, sí. Muerta. Ahora, le tocaba al detective descubrir al asesino.

En cuanto a la edición de Libros del zorro rojo, uno no puede más que quitarse el sombrero. Estas ilustraciones, más de doscientas, estaban pidiendo a gritos un tamaño de impresión acorde con la calidad del contenido.

Con el buen sabor de boca que dejan las historias noir, Matamoscas destaca por un buen giro final y por permitir deleitarse con las ilustraciones. En cada página que pasas, contemplas la escena una y otra vez descubriendo detalles nuevos: una mujer asomada en el lejano vecindario, un hombre que cruza la calle, una mano enfundando una pistola a través de la ventanilla del coche… Una buena novela gráfica para contemplar y disfrutar, vaso de alcohol en mano, discos de jazz de fondo.

[product sku= 9788494773457 ]
Publicado el

El alienista, de Caleb Carr

El alienista

El alienistaDurante una semana, tiempo más que prudente para dedicarle una lectura atenta a cualquier libro, no he hecho otra cosa más que vivir por y para esta novela. Cierto, tenía mis obligaciones que implican, en mi caso, dedicarme a otras lecturas, pero esta vez no. Me planté. No quise introducir en mi mente nada más aparte de lo que este libro me estaba proponiendo. Me dediqué a disfrutar en exclusiva del contenido y argumento de esta sublime novela: El alienista.

Enganchado, viciado, obsesionado y poseído por esta novela. La leía en mi habitación, la leía en los descansos de mi trabajo; me quitaba horas de sueño por la noche para leer esta novela, incluso celaba de aquellos que levantaban la mirada para robarme palabras impresas en las páginas cuando la leía en el metro. No. La novela y yo éramos uno solo.

Qué tardes más dolorosamente gozosas he pasado.

La novela de Caleb Carr —autor y obra me eran del todo desconocidos— comienza con esta cita: «Antes del siglo XX, a las personas que padecían una enfermedad mental se las consideraba “alienadas”, apartadas no solo del resto de la sociedad, sino de su auténtica naturaleza. Por tanto, a los expertos que estudiaban las patologías mentales se les denominaba “alienistas”.»

El doctor Laszlo Kreizler, un famoso alienista muy criticado por la opinión pública, escéptica a sus métodos, ayuda a clarificar los motivos que llevan a los asesinos a cometer sus actos. Se introduce en la mente de cada uno de ellos para extraer cuanta información pueda obtener. Cualquier resquicio le vale para ahondar en ello: ausencia de afecto familiar, traumas infantiles, vejaciones o humillaciones sufridas en el pasado, todo, absolutamente todo le vale para crear un perfil psicológico que explique su conducta. Hasta el momento ha tenido éxito con sus pacientes, pero se va a encontrar con el caso más difícil de todos: un sádico asesino que descuartiza niños.

Su compañero y amigo John Moore, reportero del Times, será quien narre la terrible historia que sucedió en el Nueva York de 1896 y que comenzó con el hallazgo del cuerpo mutilado de un joven que se dedicaba a la prostitución disfrazado de mujer. Con una excelente recreación y ambientación de la época puedes casi sentir el sonido de los cascos de los caballos y las ruedas de las calesas al doblar las empedradas y pútridas calles de Nueva York. Sus bajos fondos, llenos de burdeles, donde niños de apenas doce y trece años ofrecen servicios sexuales vestidos de mujeres a hombres de la alta clase, será el escenario de fondo de esta impactante historia. Con una exquisita narración, nos introduce en los locales y tabernas de baja ralea para, después, conducirnos a la elegancia y ampulosidad de restaurantes de lujo o disfrutar de la obra Don Giovanni en uno de los palcos de la Ópera.

Si tan fantástica es la ambientación, no menos lo son sus personajes. Al doctor Kreizler y a John Moore les acompañará la joven Sara Howard, secretaria del Departamento de Policía de Nueva York y la primera mujer en desempeñar labores de investigación policial en la historia de Estados Unidos. Su desparpajo, valentía e inteligencia se sumarán a las aptitudes de una mujer adelantada a su tiempo, además de realizar un trabajo eficaz e imprescindible en la investigación.

Los crímenes se siguen sucediendo. La brutalidad del asesino y el modo en cómo aparecían los cuerpos, siempre de niños inmigrantes, comienza a crear crispación en las comunidades extranjeras de la ciudad. La policía, incapaz de obtener pistas sobre el paradero del criminal, se negará en rotundo a aceptar que un alienista y su grupo de compañeros consigan saber más que ellos en la investigación, así que no se lo pondrán nada fácil. Con este panorama de corrupción policial y política entre las grandes esferas de Nueva York, el grupo de Kreizler deberá luchar en la sombra y contrarreloj para evitar más asesinatos, a la par de enfrentarse a determinados miembros del cuerpo policial.

Durante la novela se tiene muy presente los asesinatos de Jack el Destripador, sumados al inquietante análisis psicológico del criminal que recuerda a El silencio de los corderos. Por supuesto, también se encontrarán cómodos los lectores amantes de la obra de Poe Los crímenes de la Rue Morgue. Es decir, El alienista va a reunir lo mejor del thriller y las historias de investigación en una obra muy completa, que ya supuso, la primera vez que se publicó en 1995, consagrar a Caleb Carr como uno de los mejores autores del género.

Esta obsesión enfermizamente sana (¿es posible esta contradicción? No lo sé, pero me gusta) a la que me estaba conduciendo la novela de Caleb Carr no podía terminar en la última página del libro. Debía continuar y así fue: primero con la serie de recién estreno en España, de cuyo prólogo para la novela se encarga su creador, Paco Plaza, y con protagonismo de Daniel Brühl, Dakota Fanning y Luke Evans, y después con una página web creada por y para fans de la novela con curiosidades muy interesantes:  17thstreet.net. El nombre hace referencia a la calle donde Kreizler y compañía montan su base de operaciones. Está en inglés y resultará deliciosa para aquellos que os acabéis enganchando a esta genial novela.

Ahora que ya he terminado con ella me queda una sensación de abstinencia por volver a su lectura, por encontrar capítulos sueltos que hayan quedado aún sin encuadernar en este libro y estén por ahí perdidos. Queda ese buen sabor de boca que dejan las buenas historias.

Qué tardes tan dolorosamente gozosas he pasado.

[product sku= 9788466662543 ]
Publicado el

Imagina que eres Dios, de Guillermo V. Estiballes

Imagina que eres Dios

Imagina que eres DiosImagina que tienes dieciséis años. Imagina pasear por las aceras mojadas de Bilbao en una época de noches en las calles escuchando a grupos de punk y bebiendo hasta caer al suelo. Imagina que, al llegar a casa, dejando atrás el frío, te esperan tu padre y tu abuela. No está mal, ¿no? Ahora, imagina que a quien llamas abuela apenas se mueve en su silla de ruedas y aquel a quien llamas padre se convierte cada noche en Satán. Imagina tu casa como el lugar de sus fantasías donde nadie puede saber lo que hace contigo. Vuelve a imaginar que tienes dieciséis años y que a él no le importa que seas su hija, que a él no le importa que te duela. ¿No desearías poder hacer algo más que rezar a Dios? ¿Quizá, incluso, ser el mismo Dios?

Imagina que eres Dios es un título esplendoroso, lleno de posibilidades. Desde mi punto de vista, por lo que sucede durante la novela, del todo necesario. Poder imaginar que se es Dios ofrece una esperanza final y esa es la premisa con la que debes enfrentarte a una obra cruda de una realidad ficticia aterradora.

Guillermo V. Estiballes, escritor vasco, creó esta novela a través de un ejercicio práctico propuesto por la sensacional Elia Barceló en un taller literario. La temática del relato debía tratar la juventud, desarrollar un conflicto y cómo resolverlo. Pocas semanas después, aquel relato se convirtió en novela. Eso sí, con la ligereza y el ritmo de lectura de una pieza breve. Para el argumento, se valió de una canción del grupo de rock Parabellum, del que toma el título.

En Imagina que eres Dios se van a cruzar las difíciles vidas de dos generaciones: la de la abuela, cuya equivocación fue juntarse con un marido infame y agresivo, y la de Laura, una joven de dieciséis años; por su parte, el delito fue ser engendrada por el mismo diablo. Cada episodio es una canción de rock y, como tal, desgarra el alma. Los llantos de Laura serán electrizantes riff de guitarra; los golpes recibidos, los machacones ritmos de batería. No hay tiempo para el reposo en esta novela de aterrador suspense —¿cuándo lo hay en el rock?—, en la que, en voz de la abuela unas veces, del narrador otras, recorreremos las calles del Bilbao de la década de 1990. Los bares y las callejuelas suburbiales serán el hábitat natural de la juventud perdida en canciones punk y vasos de calimotxo. Esa juventud reflejará un nuevo modo de comunicación que empezaba a instalarse entre los de su generación a través de mensajes instantáneos que, ya en su momento, atisbaba el poder controlador que con ello se ejercía sobre el otro.

Una generación difícil que se enfrentaba a problemas de mayor calado, por desgracia, muy actuales. Me refiero al maltrato a la mujer ya desde jóvenes. Un tema delicado en el que, tanto en literatura como en cine, se deja caer fácilmente en la gratuidad de la violencia. Estiballes ha conseguido en su novela alejarse de incendiar demasiado sus páginas con detalles escabrosos que no harían ningún bien a su lectura. Con buenos momentos durante parte de la trama, a veces se acusa una narración algo ingenua en cuanto a diálogos o situaciones, pero que no consiguen distraerte y hacer que pierdas el interés de la obra hasta que te acabes el libro.

La novela bien podría ser alegoría de la situación que muchas mujeres sufren a diario ante una sociedad predominantemente machista. La invalidez de la abuela representa la imposibilidad de acción de muchas mujeres en la sociedad española, relegadas a un papel inferior en la familia y siendo el hombre quien controla la situación. Por otro lado, Laura será el reflejo de las voces femeninas silenciadas, representado en su minoría de edad, donde no existe el voto y, por ende, parecen excluidas de cualquier reconocimiento válido y legal para alarmar sobre su situación.

No es fácil decidir qué tipo de público podría leer esta novela. En principio, sería un muy buen ejercicio de compromiso social para los jóvenes de entre dieciséis y veinte años, pero el contenido de terror y violencia implícita hace obligatorio marcar unos límites. Por otro lado, un público adulto, sobre todo aquel que vivió la explosión del sonido punk de grupos vascos, podría sentirse atraído por una historia tensa y de lectura rápida. Sea quien sea el lector que coja un ejemplar de Imagina que eres Dios muy seguro tendrá en mente la esperanza y justicia poética que promete el título, algo que, por desgracia, a muchas mujeres no les basta para escapar del infierno en el que viven.

[product sku= 9788416832354 ]
Publicado el

La campana de cristal, de Sylvia Plath

La campana de cristal

La campana de cristalPiensa en un libro que te haya marcado de un modo significativo. ¿Ya? Lo sé, hay tantos dónde elegir. Nos vemos desbordados de lecturas pendientes y no somos capaces de abarcar lo más mínimo. Aquel quot libros, quam breve tempus refleja fielmente nuestra zozobra por no poder leer cuanto quisiéramos. Yo tenía pendiente conocer algo de Sylvia Plath y no tenía ni idea de por dónde empezar. Llegó a mis manos este La campana de cristal y ya tengo respuesta a qué libro me ha marcado.

Es un libro gozoso donde los haya. Sí. Un sí rotundo a los libros como este de Sylvia Plath. Un sí rotundo a autoras como Sylvia Plath. Ella, que antes de amanecer sobre el suelo de la cocina con la cabeza metida en el horno, escribió joyas de este calibre y no las llegó a ver publicadas, debería haber gozado del reconocimiento que se merece. Porque libros como esta autobiografía enmascarada dejan ver el carácter y el humor ácido, la poesía y el temor de una artista genial. Un viaje a través del Nueva York de los años cincuenta asomados a la ventana, que digo a la ventana, desde las puertas bien abiertas que deja Sylvia para que seamos testigos de su crisis nerviosa hasta su internamiento en un hospital psiquiátrico.

La máscara será Esther Greenwood, una joven de apenas diecinueve años que jamás ha salido de su pueblo y que acaba de recibir una beca para trabajar como redactora en una agencia de moda de Nueva York durante un mes con todos los gastos pagados. Del hotel a la fiesta y de esta de nuevo al hotel, Esther narrará cómo pasaban sus días en una ciudad que la ponía mala, que le resultaba desagradable. Con diversos saltos narrativos en el tiempo iremos descubriendo aspectos del pasado de Esther: de su etapa de estudiante, del chico del que se enamoró, Buddy Willard, al que acabó odiando por convertirse en un hipócrita, de su primera vez, de lo extremadamente sola que se sentía, de lo que le preocupaba, de lo que le hacía sentirse mejor. Poco a poco se mostrará mejor a la persona sensible y llena de dudas que tan solo quería encontrar una explicación a aquello que le estaba pasando.

Con una narración cercana en voz de su protagonista, sentiremos el humor negro de la autora gracias a unas descripciones tan vívidas sobre los aspectos que le hacían sentir bien o mal, la vida o la muerte, las ejecuciones o el sexo, Nueva York o la locura. La poesía, presente en el ritmo y la estructura de algunos fragmentos, no hace más que embellecer una narración sublime.

La comparativa con El guardián entre el centeno, novela hermana, son indiscutibles. Se podría decir que Holden Caulfield miraba por la ventana de su hotel lleno de depravados mientras Esther Greenwood, tras abandonar el apartamento donde su mejor amiga se lo montaba con un chico y ella estorbaba en el sofá, lloraba junto a la ventana del suyo. Para establecer una comparativa más analítica donde encontrar relaciones y distinciones, hay que decir que la novela de J. D. Salinger se publicó en 1945, en tanto que la de Sylvia Plath lo hizo en 1963, tras la muerte de esta. Por lo demás, los comienzos, ambos de una calidad literaria exquisita —archiconocido el «Si de verdad les interesa lo que voy a contarles», de El guardián…— encuentra en La campana de cristal un digno contrincante:

«Era un verano extraño, sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York. Les tengo manía a las ejecuciones. La idea de morir electrocutada me pone mala…»

Es del todo anecdótico que el comienzo arranque súbitamente con el temor a ser electrocutada y sea esa, precisamente, una de las terapias que se aplican en el hospital en el que acabará Esther.

Ambas novelas van a desarrollarse en los años cincuenta y en un Nueva York que, como ciudad de contrastes, mostrará el lujo y la decadencia. Tanto Esther como Holden comprobarán la falsedad de la gente de su alrededor y también la gente buena que les quiere ayudar, ambos tomarán las mismas precauciones, los mismos prejuicios, se inventarán vidas y personajes ficticios para pasar desapercibidos entre los que les rodean, experimentarán la misma ingenuidad e inocencia.

Si de verdad Holden y Esther se llegaron a cruzar en algún paseo por Central Park, en alguno de esos bares de hoteles a altas horas de la madrugada, cuando hasta la ciudad más grande del mundo dormita, o si tan siquiera llegaron a cruzarse al doblar una calle, no es posible constatarlo, pero como lector no harás más que desear que alguna vez hubiera ocurrido tal encuentro.

[product sku= 9788435019569 ]
Publicado el

Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi

Recuerdos del primer amor

Recuerdos del primer amorEn las cosas del amor no hay nada más grande que el primero, ya que será con lo que midas el resto de experiencias de tu vida. Amar de verdad significa inquietud. Inquietud por encontrar a la persona amada en cada esquina que doblas; esperar a que suene el teléfono para volver a escuchar su voz; hacer que cada conversación tenga que ver con el amor. La música que escuchas, las películas que ves, los libros que lees, de todo extraes la savia necesaria para calmar esa inquietud que en ti deja el primer amor. Y el primer amor a veces dura para siempre y se hace único y, la mayor de las veces, se acaba. Pero no así la inquietud. No, esa no se muere jamás.

La literatura está llena de historias de amor: poemas, cancioncillas, tragedias, novelas… El tema ha sido recorrido en todas sus posibilidades, a veces para bien, la mayor de las veces dolorosas. Pero la inquietud, como digo, ahí sigue. El primer amor no se olvida, tan honda es la huella que deja, que el poeta debe inmortalizarla con su mayor arma. Y así nos llegan unos textos de singularísima belleza y sensibilidad como son los recogidos en este Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi.

El libro que edita Acantilado reúne el diario y el poema que escribió un jovencísimo Leopardi dedicados a la mujer que le inspiró escribirlos. Ambos textos constituyen un notable reflejo del Romanticismo italiano que, en su elegante estilo, despliega los matices propios de los autores románticos que caían embelesados por el primer encuentro con el mayor de los anhelos del hombre: el amor.

En 1817, el poeta italiano conoció a Geltrude Cassi Lazzari por quien profesó un fortísimo amor secreto. Nunca llegó a consumar aquel deseo y tuvo que reprimirlo en los versos que componen tanto su diario como el poema. En ambos, describe el momento en el que se conocieron cuando ella llegó por primera vez a su casa. Ella era mayor que Leopardi, que apenas contaba con diecinueve años, y estaba casada con otro hombre. Era un imposible que por tal resultaba un imán más atrayente. La zozobra que le provocaba saberse enamorado de ella y no poder ni saber expresarlo le causaba tal inquietud que solo en la escritura de esta obra encontró algo de paz. Aquella pasión descontrolada de la juventud se muestra en los versos de su diario, donde el insomnio, la falta de apetito y la pérdida de interés en sus estudios le acompañarán mientras suspira por ser correspondido.

El poema —incluye los versos originales en italiano junto a su traducción al español— dice así en el primer terceto:

«Tornami a mente el dì che la battaglia
D’amor sentii la prima volta, e dissi:
Oimè, se quest’è amor, com’ei travaglia!»

«Vuelve a mi mente el día en el que supe / de amor por vez primera y me dije: / ¡Ay, si esto es amor, cómo destruye!»

Caer prendado por una mujer ideal e inaccesible es un tópico neoplatónico que ya se mostró en los diálogos del Banquete, del pensador griego, así como en la poesía de Petrarca, que concebía a la mujer como la donna angelicata de cabellos dorados y bello rostro, representada como la Venus de los cuadros de Botticelli. Al poeta le azuza el amor esquivo; aumenta el deseo cuando no se consigue, pero también le destruye. La Beatrice de Dante, «la gloriosa señora de sus pensamientos», fue un amor no consumado y que al poeta fiorentino mantuvo inspirado el resto de sus días. También es célebre el amor que sintió Bécquer por Julia Espín. Las Rimas revelan que el poeta sevillano sufrió terriblemente el no ser correspondido y en ellas se aprecia la amargura, el dolor y la desesperación que le provocaba la honda herida que ello le dejó.

La delicadeza con la que Giacomo Leopardi escribe es una muestra más del sentir de los románticos. Los fervientes amantes de las lecturas «decimoñóñicas» agradecemos la publicación de Recuerdos del primer amor para así acercarnos a la figura de este poeta italiano considerado uno de los más importantes del siglo XIX. Leer cada línea del diario o verso del poema arañaba un poquito más la corteza que, creía, recubría y mantenía ocultos mis recuerdos. Yo también tuve un primer amor, poco a poco se va alejando más, pero esa pasión que nunca murió despierta de vez en cuando y hace daño. Entonces es cuando se hace necesario abrir este libro y, entre otros, hacer míos estos versos:

«Vive quel foco ancor, vive l’afetto,
Spira nel pensier mio la bella imago,
Da cui, se non celeste, altro diletto
Giammai non ebbi, e sol di lei m’appago.»

«Sigue ardiendo la llama, vive el afecto / vive en mi mente aquella imagen / puesto que otro placer, no siendo los del cielo / jamás tuve y solo con ella me saciaba».

[product sku= 9788416748808 ]
Publicado el

Una habitación propia, de Virginia Woolf

Una habitación propia

Una habitación propiaElla entra. Sobre fondo negro, un foco ilumina un piano situado a la derecha; en el lado opuesto, un robusto escritorio de madera, y sobre él, una lámpara de estudio con su bombilla encendida, varias hojas llenas de anotaciones y algunos viejos libros con la encuadernación desgastada. Ella, apoyada en la silla junto al escritorio, mira al público. Lleva un vestido verde y camisa blanca y sostiene un bolso de piel en su mano derecha. Habla:

«Cuando me pedisteis que hablara de las mujeres y la novela me puse a pensar qué significarían esas palabras. […] quizá significaba las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas».

Virginia Woolf se plantea estas cuestiones en una conferencia que ofrece a estudiantes de colegios femeninos de Cambridge. Es 1928, han pasado tan solo nueve años desde que se le ha concedido el voto a la mujer y decide escribir un manifiesto feminista y obra capital para entender algunas cuestiones que atañen a la historia literaria: Una habitación propia.

Tengo muy presente la sensacional adaptación teatral que se ha hecho sobre esta obra con dramaturgia y dirección de María Ruiz y una sublime interpretación de Clara Sanchís en la piel de Virginia Woolf. El respeto máximo por el texto original y aún más, la asombrosa capacidad para captar el sagaz humor y sarcasmo de la escritora inglesa por parte de la actriz, hacen que releer Una habitación propia haya sido una experiencia más placentera si cabe. Deleitar y enseñar, conceptos tan grecolatinos, es lo que permite una lectura más profunda de este libro. Rasgar más allá de su superficie y encontrar en ella, ya no solo el libro escrito por una mujer, sino la necesidad de saber por qué no escribieron más mujeres; por qué no es posible encontrar más literatura escrita por mujeres. Robando parte del embrujo de Walt Whitman cuando define su Hojas de hierba, diré que esto no es un libro; quien toca esto, toca a muchas mujeres.

En efecto, a través de este libro serán muchas las referencias a otras obras de mujeres que irán saliendo. El texto de Virginia Woolf se desarrolla mediante una simulada conferencia basada en las charlas que ofreció en los colleges femeninos ingleses. En Una habitación propia va a intentar ofrecer una conclusión real de por qué las mujeres no figuran como autoras en los lomos de los libros antes del siglo XVIII. Hace un alegato feminista del todo necesario cuando reclama covencida que lo que la mujer necesita es independencia económica y un cuarto propio. Algo impensable para el género al que tan solo nueve años antes de este libro ni siquiera se le permitía votar. Virginia Woolf lo tiene muy claro: «Entre el voto y el dinero, yo prefiero el dinero». Y no le falta razón. La independencia económica permite a la mujer no depender de su marido para poder subsistir y poder así elegir libremente sus ocupaciones.

Una novela que permite apreciar diversos modelos de mujeres representadas en las cuatro hermanas y en la madre es la escrita por Louisa May Alcott. Se trata de Mujercitas y en ella, el personaje de la hermana mayor, Meg, cita una frase que incomoda por la verdad que soporta: «Para ganar dinero un hombre tiene que trabajar y una mujer tiene que casarse». Hasta entrado el siglo XVIII, este parecía el único modo de que una mujer pudiera disponer de algo de dinero y, como denunciará Virginia Woolf, ni tan siquiera podrá tener control sobre ello, ya que será su marido quien administrará la economía.

Un capítulo muy destacable de Una habitación propia es en el que su autora, harta de leer manuscritos, ensayos y demás libros académicos escritos por hombres en los que se asegura que ninguna mujer podría jamás tener el talento de Shakespeare, juega y nos hace partícipes de una posible realidad en la que el escritor inglés tuviera una hermana, una tal Judith, por ejemplo. Ella comparte con su hermano el mismo fuego creador, la misma pasión por el teatro y la poesía. ¿Creéis que podría demostrar su talento en la época de William Shakespeare?

En su ensayo, Virginia Woolf sigue buscando los motivos de por qué no hay apenas información del estilo de vida de las mujeres, de sus pensamientos, testimonios suyos propios. Todo cuanto encuentra son escritos realizados por hombres: lo que opina fulano, lo que critica mengano, las ideas sobre el comportamiento femenino de otro tal X y así una larga lista de libros que pocas dudas le esclarecen. Siglo tras siglo de historia en la que la mujer es ninguneada o mal reflejada por el otro sexo. Tendrá que esperar, mejor dicho, todos debemos esperar hasta el siglo XVIII para encontrar mujeres escritoras de un modo más constante. Fue durante el Siglo de la Razón cuando surgieron los Salones Ilustrados, lugares donde se juzgaban y criticaban las obras literarias. Una figura muy importante de estos salones fue Madame de Staël, cuya obra Alemania supuso la ruptura romántica con el neoclasicismo francés. Otras mujeres destacables de esta época serán Fanny Burney, que con Camilla abrirá el camino a las grandes novelistas del XVIII: Jane Austen, las hermanas Brönte y George Elliot.

¿Por qué novelas y no teatro o poesía? Una sencilla razón que subyace en la intención de este libro: porque la novela permite mayor distracción cuando son interrumpidas. Ninguna de estas mujeres tuvo un cuarto propio donde poder escribir a solas. El estilo de vida social y de cuidar el decoro las obligaba a escribir en las salas de estar, lo que suponía continuas interrupciones y distracciones. Un texto muy interesante que también destacaré en este repaso que ofrece el libro de Virginia Woolf es Mujeres y libros, de Stefan Bollman, en cuyo capítulo “La declaración de independencia de la lectora: Jane Austen” se esboza un fiel reflejo de las inclinaciones de la genial autora de Sentido y sensibilidad por la novela y los hábitos de lectura que se impuso en su época y que tanto éxito causó entre las mujeres.

Las distracciones; las interrupciones; las críticas por parte de los hombres asustados y enfurecidos al ver que las mujeres pudieran tener talento;  leer citas como: “Una mujer que compone es como un perro que anda sobre dos patas: no lo hace bien, pero ya sorprende que pueda hacerlo”. Creo que era necesario el libro que escribió Virginia Woolf.

Al piano, Clara Sanchís, mimetizada en la escritora inglesa, toca un fragmento de una pieza de Bach. Las manos golpean con furia las teclas que llenan de música embravecida la sala. Las notas se van volviendo más lentas y melódicas hasta que la música se apaga. Se supone que debe dar una perorata final que resuene por siempre en los cimientos del patriarcado y recuerde la memoria de tantas mujeres ninguneadas a lo largo de la historia. La solución, insiste, pasa por la independencia económica y la posibilidad de disponer de una habitación propia para escribir y pensar, porque sus pensamientos son los que nunca le podrán arrebatar. Cierro el libro; en el escenario la luz se apaga. Y ella sale.

[product sku= 9788432222825 ]
Publicado el

Cómo leer literatura, de Terry Eagleton

Cómo leer literatura

Cómo leer literaturaA menudo, si alguien nos pregunta sobre el último libro que hemos leído solemos responder con un escueto resumen de la trama. Algo así como: Me he leído un libro que trata sobre el joven heredero a la corona de Dinamarca, que está triste por la muerte de su padre y cabreado con su madre por haberse casado con su tío. Un día, se le presenta el espíritu de su difunto padre y le pide que vengue su muerte porque ha sido asesinado. Para comprobar si es un engaño o no, el protagonista decide montar una obra teatral que escenifique el asesinato y así descubrir al asesino.

Si tienes suerte de que tu interlocutor resulta ser una persona versada y curiosa, y decide saber más acerca del libro para convencerse e ir a buscarlo a la biblioteca, como mucho le daremos los detalles más llamativos acerca del protagonista. Esto sería algo como: El protagonista se muestra durante toda la obra melancólico. Quiere conocer la verdad para vengar a su padre, saber qué tiene que hacer, pero a la vez parece disfrutar de ese estado de melancolía romántica poniéndose mil excusas para no actuar.

Espero que esto no ponga en tela de juicio mi gusto literario ni mi capacidad de síntesis; Hamlet es una de mis obras favoritas y este ejercicio tan solo era un ejemplo de posible conversación coloquial. Pero nos sirve para llegar donde me interesa, que no es más que a este entretenido ensayo de Cómo leer literatura, de Terry Eagleton.

El crítico inglés desmenuza en este libro las claves para acercarnos a la lectura de las obras literarias de un modo más profundo, además de poder servir como manual para escritores, ya que analiza los vicios que suelen cometer muchos autores. Incluso los más grandes. Shakespeare, no, por supuesto. Shakespeare no tiene ni un pero.

Terry Eagleton considera que las obras literarias son creaciones retóricas, además de simples relatos. Rechaza la lectura superficial de un texto y aboga por una especial atención a los detalles que se consideran forma: el discurso narrativo, la estructura gramatical y sintáctica, las ambigüedades, el tono, el ritmo, el estado de ánimo… Defiende una lectura minuciosa, close reading como bautizaron los críticos de la escuela de la Nueva Crítica que surgió en la década de 1930, y va a buscar en cada detalle un significado que consigue sugerir el texto. Este tipo de lectura pretende diferenciar las obras literarias de aquellas que no lo son, es decir, definir la literariedad, y con el análisis crítico decidir qué obras son buenas y cuáles, malas.

Para ello, se va a valer de grandes títulos, en su mayoría anglosajones, para destacar en ellos diferentes aspectos. Entre ellos, los comienzos. Es el momento en el que el autor se siente en su momento óptimo, donde intentará poner todas sus herramientas para conquistar al lector y conseguir en él una conexión que despierte su interés. Analiza, entre otras, el comienzo de Pasaje a la India, de E. M. Foster, donde destaca la estructura sintáctica elegida por el autor. Se trata de una descripción paisajista y el autor ha decidido construir la oración de tal modo que el elemento principal se postergue en el discurso, creando con ello mayor interés en el lector. Este tipo de construcciones se aprecian con una lectura detenida y atenta, así como sucede en el inicio de Macbeth; Shakespeare arranca la obra con tres preguntas que efectúan las tres arpías. Las preguntas hacen que el lector sospeche, que sienta el deseo de responderlas, además, por el tono ambiguo de las expresiones, se pueden sacar conclusiones acerca del papel que representan esas figuras.

El capítulo dedicado a los personajes puede ayudar a muchos escritores noveles a la hora de desarrollar los suyos propios. Como creaciones ficticias que son, Eagleton sostiene que se mantenga una distancia prudencial de identificación y empatía entre el lector y el personaje con el fin de poder analizar en su conjunto todas sus posibilidades, que no serán pocas. Muchas veces llaman la atención los personajes más excéntricos: Sherlock Holmes, Hamlet, pero los que no lo son tanto pueden originar una serie de cuestiones acerca de la obra bastante interesantes. Es el caso del personaje de la obra epistolar Clarisse, de Samuel Richardson, una mujer que es engañada por un hombre despechado y que la somete a una tortura psicológica que culmina en una violación. Clarisse fue considerada por la (mala) crítica como una mujer sosa, mojigata, dramática y morbosa, sin profundizar en que el trasfondo de ese personaje, a priori anodino, se relacionaba estrechamente con la posición que le había establecido la sociedad y el entorno en el que se desarrolla.

La narrativa también será analizada en el capítulo correspondiente, así como la interpretación y el valor de una obra. Es capital el interés que muestra Eagleton en que lo importante de las obras literarias no es que tengan significado, sino que sean capaces de generarlo. A lo largo de la historia, la crítica literaria ha intentado encontrar la fórmula para decidir qué es lo que hace de una obra que sea buena o mala, y en Cómo leer literatura se proponen varios elementos que pueden ayudar a esclarecer las dudas. ¿Será la originalidad? Para los románticos sí, pero los neoclasicistas no defendían tanto los cambios. Entonces, ¿la profundidad será el ingrediente básico? En los poemas de William Blake puede que sí, pero las comedias no destacan por su profundidad y son consideradas clásicos. ¿La elocuencia? Con Hamlet desde luego que funciona, pero también lo hace con Hemingway o George Orwell.

Podría alargarme varias páginas para seguir hablando y argumentando de este Cómo leer literatura de Terry Eagleton, porque la verdad es que he disfrutado muchísimo con su fluida lectura. Al leer pasamos por alto tantas cosas, claro que Eagleton tiene una capacidad para ver detalles y fantasear sobre ellos inconcebible a cualquier vulgar lector, pero ahí reside su genialidad, en enseñar una forma nueva de leer. De una manera llana y sencilla consigue hacer que la lectura minuciosa y analítica de un texto literario no sea tedioso en absoluto además de ofrecer un horizonte de expectativas mayor a la hora de acercarse a cualquier libro. Muy probablemente, cuando alguien me pregunte sobre el último libro que he leído, conseguiré destacar de ello detalles más allá de «de qué va el libro»; leeré lo que se dice en función de cómo se dice.

[product sku= 9788499424606 ]
Publicado el

El canon occidental, de Harold Bloom

El canon occidental

El canon occidentalSi formaras un grupo de lectura, ¿qué libros propondrías para analizar, debatir y disfrutar? ¿Qué te lleva a elegir esos libros? Debes pensar que de tu criterio dependerá la cantidad de lectores que se unan a tu grupo, además de cuántos otros pondrán en tela de juicio tu listado. Elaborar un catálogo con las que consideras mejores obras literarias parece una tarea muy complicada cuando tienes que escoger entre todo cuanto se ha escrito. Lo normal es limitar la búsqueda por géneros, épocas, movimientos o cualesquiera otros motivos se te ocurran. Harold Bloom, defensor de la estética y el placer por la lectura, retomó en 1994 la idea clásica de la selección de autores y obras necesarias y publicó El canon occidental, un libro no exento de polémica.

Lo provocativo vino dado porque este libro surgió como respuesta a las corrientes literarias que se impusieron desde la década de 1980 en Estados Unidos. La nueva crítica estaba formada por multiculturalistas, poscolonialistas, marxistas y feministas cuyos ideales sociales y políticos entroncaban con el espíritu estético de Harold Bloom. Dadas las circunstancias sociales actuales, con lo que se denomina como la tercera ola del feminismo, que reclama derechos y alzar la posición de la mujer en diversidad de expresiones artísticas, este libro noventero vuelve a imponerse casi como novedad. En parte porque muchas fueron las críticas recibidas desde la escuela de crítica feminista, que le recriminaron la escasez de mujeres en su canon literario. Claro, que también recibió palos por parte de los multiculturalistas, ya que la mayoría de autores canónicos son blancos y anglosajones. De ahí que en las asignaturas de Estudios Literarios la figura de Harold Bloom vaya unida al calificativo de provocador. Esto no debe ensuciar en absoluto sus otros atributos, que son muchísimos, y que lo definen como un auténtico apasionado de la lectura, cuya máxima causa es la de elevar la estética por encima de ideales políticamente correctos.

En su canon, Bloom va a destacar los veintiséis autores que considera imprescindibles en la historia de la literatura. Desde Shakespeare como centro del canon a Proust o Borges, su listado va a recoger también a figuras tan sobresalientes como Dante, Cervantes, Walt Whitman, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Tolstói o Dickens, entre otros. De todos ellos valora la individualidad del genio, el haber creado obras que exijan una relectura, que estén alejadas de ideologías sociales o psicológicas, la adoración del arte estético.

El modo de acercarnos a sus obras, con un esmerado estudio y mostrando detalles tan significativos de cada uno de ellos será una continua invitación al goce del verbo. Su peculiar tono entre sarcástico y enfadado, no dejará títere sin cabeza calificando a los nuevos críticos a los que tanto se opone como la Escuela de los Resentidos. La mordaz crítica que efectúa al colectivo feminista acerca del estudio de Orlando, de Virginia Woolf, no tiene desperdicio. En este capítulo, uno de los más interesantes del libro, Bloom va a resaltar la postura estética de Woolf por encima de sus ideales políticos, es más, eleva su genial obra Una habitación propia, no como un catálogo político y reivindicativo del feminismo, sino por su elevada preocupación por la estética. Llega a describir a la escritora como «esteta apocalíptica» que nunca antepone los condicionantes históricos. En palabras de Bloom:

«Sus seguidoras feministas se han confundido de profeta. Ella les habría hecho luchar por sus derechos, pero sin devaluar la estética en su impía alianza con seudomarxistas académicos, filósofos franceses de pega y multiculturalistas».

Lo dicho, tiene pan para todos.

El canon occidental se presenta como un selecto listado de autores que si están ahí lo hacen por su continua lucha con aquellos que les han influenciado. El concepto de Harold Bloom del canon es el de una lucha agonista, una pelea por superar al padre, al creador, lo que se conoce como la ansiedad de la influencia; el autor encuentra su voz tras haberse empapado de las tradiciones que le influencian. La estética es un fenómeno individual que elevará la universalidad de sus creaciones. Tiene una concepción de la creación muy romántica.

Vivimos una vida corta, sostiene que no existe tiempo material para poder leer todo cuanto nos gustaría ni aún dedicándonos por entero a ello, de ahí la necesidad de establecer unos límites de lectura que considera imprescindibles. No elabora su listado de modo prescriptivo, no pretende tampoco enseñar a nadie lo que debe leer. Si no llega alguien a la gran poesía con ese amor, ¿cómo enseñarle la soledad?

Un libro soberbio, que, controversias al margen, resulta de una exquisita lectura. En la conclusión canónica, Harold Bloom lamenta el escaso interés por una lectura en busca del componente estético y se cuestiona sobre la continuidad de los estudios literarios en las universidades. Puedo confirmar que los estudios están muy vivos, muy interesantes y abiertos a nuevos y antiguos enfoques teóricos, y el interés por la lectura no ha decaído por suerte. Yo he conocido la figura de este genial crítico, que es de elevada relevancia en los estudios literarios y, estés de acuerdo o no con algunas de sus posturas, no cabe lugar a poner en duda su excelente labor dedicada por entero a la literatura y su amor y ánimo que inculca por el placer de leer.

[product sku= 9788433966841 ]
Publicado el

La vida a veces, de Carlos del Amor

La vida a veces

La vida a vecesEn los telediarios de TVE destaca por su particular manera de enfocar la noticia. Apenas tiene un minuto y medio para informar de aquello que tanto le gusta, pero es más que suficiente para que, mientras todos estamos pendientes de nuestro plato de comida y de discutir con algún familiar sobre la noticia anterior de política, o de violencia, o de fútbol, triada que denota prácticamente lo mismo, levantemos la mirada al escuchar su voz. Es una narración cercana, sencilla y poética. Y pausada; deja las palabras levitando como si esperase inspiración para las siguientes, pero en realidad, ya las tiene pensadas, tan solo deja que paseen por nuestra conciencia. Sus reportajes de cultura con su peculiar punto de mira son los que le han hecho distinguirse en los medios de comunicación. También es la voz de las retransmisiones de los Oscar y, según estoy observando, ya ha creado escuela en algún que otro periodista deportivo que, como él en sus orígenes, intenta culturizar y darle un toque más interesante al aburrido reportaje de deportes. Se trata del periodista Carlos del Amor, autor de, hasta ahora, tres novelas, El año sin verano (Espasa, 2015), Confabulación (Espasa, 2017) y su obra debut de la que voy a hablar La vida a veces.

El título lo extrajo de un poema de Gil de Biedma que incluye en la primera página. Propio de su estilo de narrador poético, su primera obra va a ofrecer su faceta más personal en cuanto a lo que mejor sabe hacer, contar historias. Pero no serán historias grandilocuentes, de gigantes figuras artísticas que nos han legado su creación, sino, y por recurrir a otra referencia literaria que tanto le gusta a él, va a abordar la intrahistoria que ya nos enseñó Unamuno, historias de personas invisibles de vidas tradicionales muy visibles. Los decorados, bien conocidos por todos, aeropuertos, cines, un autobús y personas cuyas vidas podrían ser la tuya y podría ser la mía. Y en ocasiones, por el cariño y mimo con el que escribe casi como si hablara de sus recuerdos de niñez, creo que también la suya. Son relatos de situaciones ordinarias de gente que, al pasar al papel y formar parte de un libro, se convierte en extraordinaria.

Destaca, para mi gusto, el relato «El cine». Como no podría ser de otra forma, Carlos del Amor ofrece su visión más romántica sobre el séptimo arte. La semejanza con la película de Guiseppe Tornatore Cinema Paradiso no es gratuita. Tanto en el film italiano como en el relato de Carlos, el amor (valga este calambur para jugar entre el sustantivo y su apellido) por el cine está patente en cada palabra. En Almedina, todos los domingos sus habitantes se visten de gala para ir juntos al cinematógrafo. Están deseando que llegue ese día para poder disfrutar del arte brujo que les hechiza durante la proyección. Clark Gable, Rita Hayworth o James Stewart visitaban Almedina a través de la pantalla que proyectaban los rollos de película que se encargaba de traer Jenaro desde un cine de la capital gracias a un amigo suyo que allí trabajaba y se los conseguía. Domingo a domingo, Jenaro partía con su furgoneta hacia la ciudad de Madrid en busca de nuevas películas. Mientras, todos los habitantes esperaban deseosos para poder disfrutar de otra sesión de cine. Puntual a su cita llegaba para proyectar Rebeca, Historias de Filadelfia o Gilda. Jaime, apenas un niño cuando Jenaro proyectaba esas películas, siempre quedaba petrificado por el embrujo de ese arte. Se preguntaba si realmente los personajes de las películas morían de verdad y si era así, cómo era posible verles después interpretando en otras películas.

Uno de los domingos, Jenaro trajo el semblante serio y la triste noticia a los habitantes de su pueblo: su amigo y distribuidor de películas había muerto y ya no podría conseguir traer más rollos. Los domingos perdieron su esencia, su vitalidad. La sala de cine fue convertida en otro local y dejaron de proyectarse películas en Almedina. Pero, ¿qué fue del pequeño Jaime?

Historias pequeñas de gente pequeña, que se van haciendo grandes a medida que pasan las páginas de este La vida a veces. Diferentes relatos en muy diversas situaciones que se leen casi con el timbre de su autor, como si fuera otro de sus reportajes del telediario. La vida a veces une realidad y ficción. Y a veces sucede eso, que la vida es tan poco y tan intensa. La vida a veces es la mayor de las aventuras.

[product sku= 9788467042139 ]
Publicado el

Los leones de Bagdad, de Brian K. Vaughan y Niko Henrichon

Los leones de Bagdad

Los leones de Bagdad¿Merece la pena ser libre para morir? ¿Hay algo, en verdad, por lo que merezca vivir? Los leones de Bagdad es la historia más triste que he leído en mucho tiempo. Sin duda, tiene un inmenso poder evocador por los dramáticos acontecimientos que en el cómic se narran, pero aún más, por quienes lo protagonizan. No es de extrañar, y el propio autor así lo confirma, que emplear animales para contar la historia va a crear una conexión más estrecha con el lector, y el efecto de la catarsis —me compadezco de lo que le ocurre al otro y temo lo que me puede ocurrir a mí—, que se defendía en los textos aristotélicos, en ese estado en el que el hombre se enfrenta al mundo y a la vida producto del efecto que le causa la fábula, va a intensificarse en mayor grado. Los animales como protagonistas de la historia, como reflejo de la sociedad, siempre han causado una gran atención en el mundo literario. La fábula (esta vez no el concepto que tenía Aristóteles, sino el género narrativo en sí) tiene el poder de inducirnos conceptos morales que ya desde niños, en cuentos infantiles, intentan inculcarnos. Así, una historia tan dura y fascinante como la que se cuenta en este cómic no podía tener mejor aliciente para hacernos llegar su carga dramática que el de ser protagonizada por animales.

El escritor galardonado con el Premio Eisner, Brian K. Vaughan (Saga, Y, el último hombre, Paper Girls) y el dibujante Niko Henrichon han creado en Los leones de Bagdad una suerte de fábula moralizadora de nuestro tiempo más actual como así hicieran antes George Orwell con Rebelión en la granja o Art Spiegelman en Maus. Una narración basada en un hecho real en el que durante los bombardeos del ejército estadounidense sobre la ciudad de Bagdad uno de los artefactos destruyó el zoológico dejando en libertad a una familia de leones. ¿Libertad? He aquí la carga moral de esta fábula.

La familia de leones se compone de dos machos, uno adulto y el otro apenas un cachorro nacido y criado en cautividad, y dos hembras, una joven a la que apenas le quedan recuerdos de su pasado en libertad y otra adulta y ciega que reniega de la vida más allá de los barrotes. Cada uno de los leones representa los distintos tipos de personas que constituyen la sociedad iraquí. Por un lado estarían aquellos jóvenes que aún desconocen quién es Sadam o George W. Bush y que, en la figura del león cachorro, tiene que descubrir por fuerza la brutalidad de la guerra. La leona ciega y adulta, curtida en la crudeza que la vida le deparó en su pasado (sufrió peleas, vejaciones y maldades por parte de otros leones de su manada cuando vivía en libertad) se niega a dejar el zoo. Prefiere vivir una vida privada de libertad, pero con alimento proporcionado cada cierto tiempo y una estabilidad que le otorgan los cuidadores. Sería la imagen de las mujeres adultas de Irak que se limitan a pasar sus días sin buscar ni procurarse un cambio y aceptar las normas establecidas por el sistema. En contraste estarían la leona joven y el león adulto. Ellos son la imagen de las nuevas juventudes iraquíes que esperan una prosperidad y progreso para su país. Sueñan con un futuro mejor.

Una vez derribados los barrotes del zoo, los leones emprenden una aventura por las calles de la ciudad en la que tendrán que enfrentarse con otros animales que también huyeron, procurarse alimento que antes les era servido en raciones y descubrir el horror de un enemigo que escapa de su comprensión: el ejército militar estadounidense. Estos, por cierto, quedan muy en segundo plano; quienes llevan la batuta aquí son los animales. Sin duda, esta obra tiene todos los ingredientes de protesta antibélica, y se apoya en la potencia dramática de los actos que ocasionan las guerras en lo que bien pudo ser la pena y desgracia sufrida por centenares de familias iraquíes. Los dibujos de Niko acompañan las expresiones narrativas de cada uno de los sucesos con excelente trazado; los textos de Vaughan, actualmente, para mi gusto, el mejor guionista de cómics, deja frases en sus viñetas que bien merecen ser rescatadas aquí, como una de las que mejor retratan la historia: «La libertad no se concede, se gana».

El autor escribió esta historia pensando en sus héroes, los leones, como caracteres que iban a llevar el peso de las acciones, pero cuyo destino estaba fijado. Un destino de tragedia griega que, volviendo sobre los conceptos aristotélicos, sigue el curso necesario y verosímil para la culminación de una fábula perfecta.

[product sku= 9788416409006 ]