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Green Valley, de Max Landis y Giuseppe Camuncoli

green valley

green valleyLa mezcla de géneros tiene que hacerse con mimo, como si se cocinase un soufflé; calculando bien las mediciones y los tiempos, siendo meticuloso a la hora de dar cada paso, para que al final la mezcla sume y se infle. Un paso en falso, o un poco de brusquedad ejercida por alguien algo desmañado o demasiado impetuoso, y la unión empezará a desinflarse hasta convertirse en una promesa de lo que podría haber sido. En esta suerte de juego de equilibrio narrativo no son pocos los que han fracasado. Por suerte, y siendo optimistas, siempre es preferible recordar los que lo han logrado.

Como ejemplo tenemos a John Connolly y su serie de novelas negras sobre el expolicía Charlie Parker. Novela negra que abraza lo sobrenatural y sacude al lector con precisos toques de terror. ¿Y qué puedo decir de Relojes de hueso de David Mitchell? Drama, thriller, ciencia ficción, fantasía… Una novela tan repleta de géneros como redonda. Pero de lo que vamos a hablar hoy es de un cómic: Green Valley. Un cómic que al principio podríamos englobar dentro del género de la fantasía medieval. Y es que Los Caballeros de Kelodia son cuatro guerreros de la Inglaterra medieval tan sobresalientes que ya son una leyenda. No son pocas las gestas que han llevado a cabo y al inicio de la historia que hoy nos ocupa Gulliver, Indrid, Bertwald y Ralphus realizarán una más: acabarán con una horda de bárbaros siendo superados en número por cien a uno. Tras la batalla volverán al castillo de Erskine victoriosos, comerán copiosamente y se emborracharán. Pero los bárbaros, habiendo sido derrotados de forma humillante atacarán esa misma noche el castillo destruyendo todo lo que Los Caballeros de Kelodia aman. Tras estos desastrosos acontecimientos y sintiéndose solos, desunidos e inútiles morarán como vagabundos hasta que un buen día un muchacho se presentará ante ellos en busca de ayuda.

Tras esta atractiva historia que mezcla géneros como la fantasía heroica o la ciencia ficción de forma tan uniforme que el lector se deja seducir sin esfuerzos encontramos al guionista y director de cine Max Landis. Si el apellido os suena es debido a que es hijo de John Landis. The Blues Brothers y Un hombre lobo americano en Londres, sí ese John Landis. Aunque también es probable que lo conozcáis por sus propios méritos. Entre ellos realizar el guion de la curiosa película sobre “superhéroes” Chronicle o escribir y producir la serie Dirk Gently: Agencia de investigaciones holísticas que adaptaba las aventuras literarias del personaje creado por Douglas Adams. En Green Valley nos cuenta una historia estilo Los siete samuráis, pero esta vez son cuatro caballeros andantes venidos a menos que deberán defender a un pequeño pueblo de un hechicero que los tiene atemorizados con su magia y los monstruos que es capaz de conjurar. Aunque el inicio es lento, algo tosco y aburrido la historia enseguida consigue tomar un ritmo que lleva al lector en volandas hasta el apasionante final. La narración goza de varios giros, algunos previsibles otros inesperados, que son el estímulo necesario para que los personajes puedan redimirse o evolucionar. Gulliver y su historia pendiente con los dragones o Bertwald y el eterno dilema entre hacer lo correcto o dejarse llevar por su egoísmo. Situaciones mil veces leídas en cómics, mil veces vistas en el cine, pero bien realizadas siguen funcionando como el primer día.

Giuseppe Camuncoli es el dibujante encargado de materializar todo lo pensado por Landis. El italiano, más conocido por su trabajo en The Amazing Spiderman, realiza un dibujo limpio, detallado, repleto de texturas, cargado de dramatismo cuando surgen discrepancias entre Bertwald y Ralphus y asombrosamente espectacular a la hora de mostrar escenas de acción. El enfrentamiento final con el hechicero y sus monstruos se lee del tirón sino fuera porque te quedas embelesado mirando los dibujos. Y es que al arte de Camuncoli hay que añadirle las tintas de Cliff Rathburn y la bella (bellísima) forma de conjugar colores de Jean-Francois Beaulieu. Sirva como ejemplo esa viñeta en la que Los Caballeros de Kelodia descubren por primera vez cómo la magia del hechicero afecta al cielo; esa, que mezcla humor y romance, en la que Bertwald cena a orillas de un río junto a su amada; o esas otras en las que los protagonistas cabalgan en pos de la batalla.

Green Valley, publicado por Planeta Cómic, es una historia de caballeros andantes, de bárbaros asesinos, de un hechicero súper poderoso, de monstruos, de redención, de amistad, de segundas oportunidades, de sacrificio… Es, además, una historia que combina géneros de forma ingeniosa de la misma forma que aúna con éxito un guion vibrante con un dibujo espléndido.

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Red Sonja. La balada de la diosa roja, de Roy Thomas, Esteban Maroto y Santi Casas

balada diosa roja

balada diosa rojaAntes de nada debo aclarar que no había leído nada de Red Sonja hasta ahora. Conocía el personaje de vista y sabía que aparecía como “secundaria o compañera o amante”, o algo así,  en algunas de las historias de Conan (que es otro mocete del que tampoco he leído nada, aunque sé que es natural de Cimmeria, que vivió durante la Era Hiboria, que llegó a ser rey y de pequeño vi las dos pelis de Schwarzenegger). Además, esperaba con ganas la, por desgracia aún inexistente, película de Robert Rodríguez que iba a protagonizar Rose McGowan, y me encantan casi todas las portadas de sus cómics que llegan a mí de una u otra forma.

Por eso, porque quería tener la oportunidad de saldar una deuda he podido liquidarla bien liquidada aprovechando el anuncio de Planeta Cómic de la edición directa, en nuestro país antes que en cualquier otro, de una historia de creación propia de la mano de aquellos que, ya hace más de 40 años, crearon la imagen icónica del personaje: Roy Thomas y el español Esteban Maroto, el cual, por cierto, fue quien diseñó su “armadura” de escamas metálicas quedando este ya como su aspecto definitivo.

¿Qué vamos a encontrar en este lujoso cómic de gran formato y papel del bueno? Lo que se espera de un cómic del género que promete ya desde su portada, como no podía ser de otra forma: espada y brujería. Mucha espada y un poquito de brujería. Una historia en dos tiempos que nos cuenta el origen de la diablesa de la espada y su venganza.

Comenzamos en el presente, en el castillo del rey Thallos, que ha masacrado pueblos enteros y se ha hecho con una gran fortuna pero, el rey está triste, ¿qué tendrá el rey? Pues la crisis de los cincuenta va a ser. O de los sesenta. Thallos se da cuenta de que por más riquezas que tenga, llegará un momento en el que no le servirán de nada porque estará muerto, así que lo que ambiciona ahora es saber dónde están las aguas que alimentan la vida. Será entonces cuando un misterioso bardo (no, no es Sonja disfrazada), cante una balada sobre nuestra protagonista, en la que se nos va a contar la violación múltiple a la que fue sometida y cómo después se bañó en esas aguas guiada por la diosa Morrigan, la cual también le dio armas y ansias de venganza.

Lo que sigue tras este flashback no lo voy a reventar, aunque tampoco es muy difícil de imaginar, la verdad.

En cuanto al dibujo, lo primero que hay que decir es que La balada de la diosa roja es tricolor: blanco, negro y rojo. Santi Casas es todo un descubrimiento personal. Me ha gustado mucho su estilo detallado y de una Sonja más madura, robusta y con cicatrices, “más bárbara, salvaje e indomable” como afirma el propio Casas, así como el resto de figurantes. Dibujo ágil, apropiado y muy buena composición de la página. Sé que para muchos será un sacrilegio, pero me ha gustado más su dibujo que el de Maroto, (ojo, muy disfrutable también), el cual se ocupa de contarnos el origen de la guerrera en bikini.

Sea como sea, el hecho de que sean dos dibujantes distintos los que cuenten etapas temporales diferentes del personaje hace que la historia resultante se complemente a la perfección y que se aprecie la evolución, el antes y el después de Sonja.

La balada de la diosa roja es una historia tan bien ambientada que casi pareces oír de fondo la vihuela de ese curioso “trobador” (¡ay, esa “b” traicionera!), con un personaje femenino fuerte, muy sexualizado, independiente, con valores de justicia e igualdad, dentro de una aventura épica y dramática que, si bien puede no ser muy original, atrapa igualmente y sirve de enganche para quienes quieran iniciarse en Red Sonja. (A mí, desde luego, ya me ha enganchado).

Por último, comentar que tras la historia podemos gozar de una extensa galería de bocetos con comentarios de los dos dibujantes.

Lo dicho, un gran cómic ideal para crear afición al género, al personaje y, en general, al mundo del cómic.

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Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio, de Jason Aaron

los malditos

los malditosMola mucho, si se hace bien, coger a los personajes de fábulas o cuentos conocidos por todos, o casi todos, y poder reimaginarlos, resituarlos, ampliar sus horizontes, inventarles nuevas historias y darles la oportunidad de ser protagonistas en nuevas historias. Porque solo conocemos aquello que nos han contado de ellos, pero queremos saber qué pasó con ellos antes, o después de aquello por lo que les conocemos. Mola mil darles una vida nueva, que dejen de ser parte de una gran novela coral en la que solo son protas por un breve espacio de tiempo, enseñarles todo lo que pueden hacer, sacarlos de su bucle repetitivo y, tal vez, prestarles un nuevo enfoque. Mola mucho. Mola tanto, que, autobombo, yo mismo lo he hecho en alguna de mis historias y, además, con el protagonista de este Libro Primero de Los malditos, Caín.

Caín, “el inventor del asesinato”, el que está marcado por Dios para que ningún hombre lo mate, lleva los mil seiscientos años transcurridos desde el episodio aquel del Edén, la serpiente y la manzana, vagando sin rumbo de un sitio a otro, inmortal y errante, en busca de una muerte que le libere de su maldición.

Para, para, para… O sea, que,… ¿esto es algo bíblico? Bueno,… sí, pero no. Porque parece mentira que con la de historias basadas o inspiradas en el famoso libro podamos asistir a algo realmente nuevo y original con ese telón de fondo. Pero, ¡eh!, lo tenemos. ¡Y vaya si es nuevo y original! Esto, nenes, es el puñetero Génesis en versión Mad Max. Un western bíblico o, incluso, ¿por qué no?, un noir bíblico y no exagero un pelo.

“Hace tiempo tuve una familia. No nos fue bien”.

Estamos en un mundo posapocalíptico antes del apocalipsis diluviano. Sí, parece un oxímoron, y, de hecho lo es, pero es lo que tenemos. Un mundo salvajísimo lleno de violencia, depravación, crueldad, mutilaciones, violaciones, esclavitud infantil, en el que humanos conviven con animales de todo tipo, incluidos los monstruosos que recuerdan a dinosaurios. Un mundo seco también, en el que la comida escasea y lo primordial es sobrevivir a toda costa. Vamos, el mismísimo puto infierno en La Tierra.

La humanidad se nos presenta como un experimento fallido y el mundo como un lugar lleno de blasfemias (sin ir más lejos el primer bocadillo es un gruñido y el segundo  ya es un “¡Me cago en Dios!”), y vocabulario malsonante (cabrón, follamugre, hijo de puta, comechochos,…y otras lindezas de ese palo que no creo que salgan en la Biblia) que se supone es como era antes del diluvio. Y como precisamente el diluvio aparece en el título de este primer tomo, era lógico que tuviéramos que encontrarnos con Noé.

Noé, que se define como salvador de la humanidad, que es leñador en busca de madera para construir su preciada arca, pero que no por ello deja de ser un asesino más, un fanático con un hacha que no vacila en quitar de en medio a quien le estorbe de la manera más sanguinaria si le apetece. Vaya, un Noé totalmente distinto al que conocíamos, que supera con mucho al visto en la cinta de Aronofsky. Todo un cabronazo que tropezará con nuestro protagónico antihéroe y de cuyo encuentro saltarán más que chispas.

A destacar también las pullitas de Caín a Dios y las reflexiones que va soltando de vez en cuando en torno a Él/Ella/Elle/Ello (“si Dios nos creó a su imagen y semejanza y somos capaces de tantas atrocidades, ¿Dios es así?”).

El dibujo logra traspasar al lector la sensación de suciedad, de lugar yermo, de hostilidad y depravación que flota en la historia. La crudeza del mismo puede causar en un primer momento algo parecido al rechazo, pero poco a poco vas acostumbrándote y comprendiendo que es el tipo de dibujo perfecto para la historia que estamos leyendo.

En resumen, un divertimento de principio a fin, una lectura que engancha y que te pide seguir con el segundo tomo (aún en proceso).

Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio gustará a quienes quieran una buena historia y consideren a la Biblia como un mero libro sin mayor trascendencia; que no se escandalicen ni rasguen las vestiduras porque lo que en este cómic se encuentren se aparte de lo que aparece en las Escrituras. A aquellos que busquen lo que he expuesto en el primer párrafo, pero también a aquellos que simplemente busquen un buen entretenimiento. De seguro, todos ellos querrán leer el segundo tomo.

Amén.

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Antología, de Osamu Tezuka

Antología

AntologíaEn la excelente exposición sobre Disney. El arte de contar historias que se puede ver estos días en el Caixaforum de Barcelona, he tenido ocasión de volver a ver algunos de esos cortos que tanto me maravillaban de niño, historias que podían ir desde El sastrecillo valiente a Los tres cerditos, y en las que, en un alarde de inagotable creatividad, los gags se sucedían sin dar tregua a los embobados ojos del niño, en este caso yo.

Luego uno crece, y además de la voz grave y el vello en las axilas, nuestras desbocadas hormonas producen un niñato resabido y con afán de envejecer que le hace despreciar lo que hasta ese  momento adoraba. Pues bien, la exposición sobre Disney me hizo volver a apreciar como se merece (se pongan como se pongan nuestros cansinos antiamericanos habituales) la grandeza artística de la factoría Disney, uno de los mayores iconos culturales de nuestro tiempo.

Alguien que se acerque con ínfulas intelectualoides a esta Antología de Osamu Tezuka podría caer en la misma falta que ese adolescente resabido que renegaba de la magia. Abrir al azar este contundente tomo y echar un somero vistazo a las casi mil páginas de vellón que lo componen puede hacer pensar a quien así obre que está ante una larga función de circo con acrobacias, coscorrones y persecuciones alrededor de un árbol, cuando en realidad, como aquellos cortos con un Mickey Mouse todavía sádico, se encuentra ante unas obras que fueron absolutamente revolucionarias en su día, que marcaron el curso que iba a seguir la novela gráfica, y que, a pesar de ello, no  son de interés meramente museístico para el lector actual.

Mirad, sin ir más lejos, las primeras páginas del libro y decidme si conocéis a un autor que sepa imprimir a sus viñetas ese ritmo, esa velocidad, ese dinamismo y ese inconfundible carácter cinematográfico que les daba el maestro Tezuka. En ese sentido, es posible que, estéticamente, La nueva isla del tesoro, sea más avanzada que las siguientes historias, en las que la influencia del cine pesa más que la exploración de un nuevo lenguaje para el cómic. Nos encontramos en esta historia a un Tezuka de, ojo al dato, 19 años que experimenta con el movimiento, el ritmo y las perspectivas, y que, fuertemente influido por la cultura occidental, adapta algunos de nuestros clásicos al manga, un manga al que él solito va a darle la forma con la que hoy conocemos este género.

Tras La nueva isla…, completan esta Antología Lost world (El mundo perdido), Metrópolis y Next world, todas escritas en apenas cinco años, los que van desde 1947 hasta 1952. Estamos, como veis, en plena posguerra, y no deja de pasmarnos ver la vitalidad con la que, en un Japón devastado, Tezuka creaba sin descanso unas obras rebosantes de fantasía, acción y sentido del humor. No faltan, por descontado, las referencias a la terrible tragedia que acaba de asolar el mundo, pero dichas referencias ocupan un segundo plano y están desprovistas por completo de moralina.

Lejos de la sofisticación de sus obras posteriores, dicho sea en el buen sentido de la palabra, en estas obras tempranas del maestro japonés tenemos un mundo poblado por buenos y malos, científicos chalados, agudos detectives, millonarios sin escrúpulos, niños sin miedo, animales parlantes, vida extraterrestre y todo lo que pueda plasmar en un dibujo una imaginación sin freno que ha mamado a chorros de la cultura americana. Y aquí es donde viene a cuento Disney, porque la influencia de la marca del ratón, así como de otras grandes productoras de animación, sobre nuestro idolatrado autor es evidente. Por estas páginas se pasean Mickey Mouse, Betty Boop, Popeye, además de Charlie Chaplin, los Hermanos Marx, Tarzán, los héroes del cine negro y muchísimos más. El propio Tezuka, que se permite de vez en cuando toques postmodernos, como esas referencias que hace un personaje a otro sobre la viñeta que flota sobre ellos, aparece en un cameo final, como si no pudiera estar ausente de ese sentido llamamiento a la paz mundial.

Disfrazada de mero entretenimiento, esta Antología de Osamu Tezuka es mucho más. Quizá el primer capítulo en la historia del manga moderno.

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We Stand On Guard, de Brian K. Vaughan y Steve Skroce

we stand on guard

we stand on guardLo primero que llama la atención de la magnífica portada de We Stand On Guard es que muestra una guerra en la que los contendientes son Estados Unidos y Canadá. Puede extrañar que dos naciones que han alcanzado importantes acuerdos y que tienen en su haber sociedades que se presumen tan similares puedan llegar a un conflicto bélico. Bueno, el escenario no es tan inverosímil ni la idea tan osada. Digamos que los Canadienses son más de guardar las formas, tomar el té a las cinco e inclinar la cabeza, que no la rodilla y siempre desde su soberanía, ante la reina Isabel II. Es lo que tiene compartir lazos históricos con el Reino Unido. Por otra banda tenemos a los del American way of life, la banderita en el jardín, la comida basura y el rencor eterno hacia aquellos contra los que una vez tuvieron que batallar para conseguir su independencia.

No es de extrañar pues que, con tal acumulación de inquina, los norteamericanos crearan entre los años 20 y 30 del siglo pasado el denominado Plan Rojo. Éste preveía una hipotética guerra contra el Reino Unido. El ejército norteamericano suponía que éstos atacarían desde Canadá, así que ellos tomarían el país antes. Básicamente era un movimiento preventivo contra los ingleses. Lo mejor de todo es que por aquella época los canadienses, oliéndose la tostada, habían trazado también un plan de contingencia contra los EEUU. Cuando toda esta información se desclasificó y se hizo pública las tensiones entre estos dos países, como habréis imaginado, no mejoraron. Y ahí andan desde entonces, manteniendo el tipo mientras intercambian pullitas.

Pero dejemos la historia para ponernos con un cómic de ciencia ficción que arranca en el año 2112 con una impactante escena en la que La Casa Blanca es atacada. Este grave incidente servirá de pretexto para que EEUU vaya con todo contra Canadá. Unos Estados Unidos que sufre una grave sequía contra un Canadá que goza del mayor grupo de lagos de agua dulce de todo el mundo. Una guerra quizá no buscada, pero que para uno de los dos países resultará beneficiosa. Con lo que no contaban es que tras doce años de ocupación unas fuerzas rebeldes todavía se atrevan a plantarles cara. A grandes rasgos esto es lo que nos ofrece Brian K. Vaughan, guionista de carrera prácticamente intachable. Creador de grandes y originales obras como la intrigante y nostálgica Paper Girls o la space opera fantasy Saga.

Quien introduce al lector en este slice of life bélico de ciencia ficción es Amber, una muchacha que perdió a su familia en los primeros compases de la guerra. Al inicio de los capítulos veremos cómo se las apañó para sobrevivir en un país asolado por la guerra, para luego enlazar y mostrarnos a una Amber ya adulta. Un esquema que recuerda mucho a las series de televisión y que consigue que poco a poco vayamos comprendiendo, incluso temiendo, a esa muchacha que en un principio parecía mostrarse casi desvalida. De Amber será de la única que lleguemos a conocer un pasado. De los demás personajes Brian K. Vaughan solo nos ofrece algunas miguitas que en algunas ocasiones son suficientes pero que en otras no llegan a saciar el hambre por conocer las motivaciones reales que les llevaron a crear ese grupo de insurgentes. Con todo, triunfa incontestablemente a la hora de mostrarnos que en la guerra no existen héroes, solo supervivientes con diferentes aspiraciones. Mientras unos se conforman con conseguir la paz, otros no descansarán tranquilos hasta alcanzar la venganza. Por ello, no deja ser incómodo llegar a empatizar con personajes que ejecutan enemigos a sangre fría o que consideran la inmolación dentro de sus tácticas de guerra.

¿Y a nivel gráfico que nos encontramos? Pues perros de metal. Perracos gigantes del tamaño de un puto edificio. Camiones de un tamaño acojonante. Y drones pantagruélicos que sirven como bases flotantes. Éstos, además de otros engendros de guerra, surgen de los lápices de Steve Skroce. Maquinaria de guerra que es una clara y lógica evolución de la que existe hoy en día. Los perros, por ejemplo, no son más que una versión altamente armada y preparada para entrar en batalla de las criaturas que fabrica Boston Dynamics. Algunos de ellos de titánico tamaño son pilotados por humanos, revelando lo que podría ser una combinación entre los AT-AT de Star Wars y el típico mecha japonés pero con una bandera de los USA estampada en su fuselaje. Pero Steve Skroce no solo demuestra defenderse holgadamente en el diseño de armamento futurista, sino que también lo hace a la hora de dotar a sus personajes de un complejo y verosímil lenguaje corporal, consiguiendo que con un gesto corroboren lo que están manifestando con palabras. En lo referente a la narración visual esta es tan rápida como explosiva. Debido en mayor medida a una configuración de viñetas muy limpia, que casi nunca se sobreponen y en las que lo que contienen jamás abandona las cuatro líneas. Una configuración de escenas nada inusual para alguien que, aunque ha trabajado muchísimo en el cómic, también lo ha hecho creando storyboards para películas como la trilogía Matrix o V de Vendetta. La guinda del pastel la pone el colorista Matt Hollingsworth con un color suave pero enérgico que realza y enriquece el trabajo del dibujante.

En definitiva, We Stan On Guard es un cómic publicado por Planeta Cómic que no solo nos narra una historia bélica de ciencia ficción tremendamente ágil y repleta de acción, sino que también busca que el lector reflexione sobre como las guerras cambian a las personas.

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Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo, de Neil Gaiman y Shane Oakley

esposas prohibidas

esposas prohibidasTras semejante parquedad y descripción en el título encontramos la adaptación al cómic de un relato del omnipresente Neil Gaiman, (el cual últimamente aparece en la sopa, en los cereales y en los popitos de bebé), escrito hace diez años, lo que en tiempo mortal viene a ser una década. Y lo cierto es que si tanta presencia tiene el escocés y tan bien y en tantos formatos se sabe vender, es porque su obra, más allá del nivel de calidad (que suele ser excelente), es extensa.

Gaiman parodia, empezando ya por el propio título, de forma ¿terrorífico-cómica? todas esas historias de mujeres corriendo semidesnudas por esa excelente pista de atletismo nocturna que es un cementerio con lápidas rotas; aquellas otras en las que en mitad de la noche la madera cruje como si fuera pisada por alguien cerca de tu cama (y tu suelo fuera de madera); esas otras en las que, por el motivo que sea, el protagonista se ve obligado a pedir auxilio en una mansión vieja y enorme en mitad de la nada y envuelta en una niebla heladora y, también, por supuesto, bien entrada la noche… Escenas todas ellas que nos son reconocibles porque las hemos visto cientos de veces en antiguas películas o leído en libros, y que, a pesar de todo, no nos importa seguir haciéndolo.

Como decía, Gaiman parodia, pero lo hace sin caer en la grosería o irrespetuosidad, esas manidas situaciones y para ello nos sitúa en una vieja abadía de esas en cuyo interior no hay luz eléctrica sino velas chorreantes de olorosa cera  y candelabros fríos y oxidados en donde un autor, nuestro protagonista, intenta escribir algo de “realismo respetable”. Un autor para el que lo real es precisamente todo lo ya mencionado y que se va a ver interrumpido constantemente por un mayordomo un tanto siniestro, un duelo a muerte con alguien que creía ya muerto, o un cuervo con el que podrá mantener un diálogo más allá del famoso “nunca más” sobre su propia obra. Un autor que escribe una mezcla de fantasía y/o terror y que vive dentro de una historia de fantasía y/o terror. Por eso es realismo lo que escribe y para él la fantasía son las tarjetas de crédito, los impuestos, los anuncios de detergente, los huevos revueltos o pasados por agua…

Pero sin duda, el punto fuerte de Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo es el dibujo de Shane Oakley. Alternando entre el blanco y negro para la historia dentro de la historia, y el color para la realidad, el artista nos sorprende con un estilo gráfico que se ajusta como un guante a las características de este cómic y que merece ser revisado una vez leído el tomo, aunque solo sea para rememorar sus pinceles, porque, además, gana enteros en esa segunda lectura.

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo choca por tener un título tan largo y resultar ser un caramelo tan breve. Y desde luego que es breve, pero, por otra parte, también es intenso.

Un cómic que se lee con placer, con la nostalgia propia de las lecturas y películas disfrutadas hace tiempo, con la impronta de Gaiman. Un tomo que todo amante y/o completista del escocés debe tener y que se disfrutará cada vez que se acuda a él.

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El hombre menguante, de Richard Matheson (adaptado por Ted Adams y Mark Torres)

el hombre menguante

el hombre menguanteEs curioso: no suelo leer ciencia ficción, pero cuando lo hago, son libros que me encantan. Sin ir más lejos, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Jurassic Park son novelas que siempre recomiendo y que no me importaría volver a leer. Y aun así, la ciencia ficción sigue siendo un género al que me resisto. Quizá por eso me dio por leer la adaptación al formato cómic que Ted Adams y Mark Torres han hecho de El hombre menguante, en vez de acudir a la obra original de Richard Matheson. Es una buena alternativa cuando deseo conocer una historia, pero me abruma enfrentarme al texto completo. Ya lo hice con Crítica de la razón pura, de Inmanuel Kant y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust , y como en ambos casos la experiencia fue más que satisfactoria, he decidido repetir.

Puede que muchos no conozcáis esta novela de Richard Matheson escrita en 1956, pero seguro que os vienen a la cabeza algunas de las películas que se han inspirado en su planteamiento. Por ejemplo, a los que crecisteis en los años noventa como yo, os recordará a Cariño, he encogido a los niños. Sin embargo, nada de cómico tiene la historia de El hombre menguante. Al contrario, el trasfondo de la novela, evidente en su magnífico final, es de un calado existencialista que a mí me dejó noqueada. Si hubiera tenido al señor Matheson enfrente, le hubiera dado un aplauso.

¿Qué pasaría si cada día encogieras tres milímetros? Al principio, ni siquiera te darías cuenta, pero poco a poco, ese cambio inexorable de tamaño iría limitando tu día a día y, lo que es peor, la forma de percibirte tú mismo y los demás. Eso es lo que le ocurre a Scott, el protagonista de El hombre menguante. La narración va intercalando episodios en los que Scott mide más de un metro ochenta, pero comienza a notar la mengua, y el momento en el que apenas supera el centímetro de altura y está atrapado en su sótano, donde alcanzar la caja de galletas o escapar de una araña suponen toda una odisea.

Con adaptaciones tan buenas como esta de Ted Adams y Mark Torres, el cómic se consolida como un medio excelente para redescubrir clásicos, pero también reivindica su valor literario. Sus ilustraciones imprimen el ritmo adecuado a la historia y transmiten la creciente inseguridad de Scott, la incomodidad de su pareja, el desprecio de los extraños, la certeza de que desaparecerá en pocos días. De este modo, nos metemos en la piel de Scott, sentimos su desesperanza y su terror y, sobre todo, nos planteemos si nosotros tendríamos también ese instinto de supervivencia.

Para profundizar en la grandeza y originalidad de El hombre menguante, Planeta Cómic ha incluido una introducción de Peter Straub, un prefacio de David Morrell y un artículo de Ted Adams donde explica cómo fue el proceso de adaptación. Como el mismo Adams reconoce, este cómic nació con el objetivo de animar a los nuevos lectores a leer el texto original de Matheson; y lo han logrado, al menos conmigo. Mis estúpidas reticencias con la ciencia ficción tienen los días contados si leo a maestros del género de este calibre.

 

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Uzumaki, de Junji Ito

Uzumaki

Uzumaki¿Una espiral de amor? ¿Una espiral de diversión? ¿Espiral de fraternidad? ¿De solidaridad? No suena bien, ¿verdad? Lo que normalmente oímos después de la palabra espiral es violencia, horror, muerte, todas esas cosas, en suma, que nos amenizan y alegran la lectura y que tan bien se le dan a Junji Ito.

El ser humano se ha dedicado a garabatear espirales desde tiempo inmemorial, y se han encontrado objetos decorados con esa forma que datan del año 10.000 antes de Cristo. A lo largo de la historia se ha identificado la espiral como símbolo del sol, y dicho símbolo ha tomado formas como el triskel o la esvástica. Más recientemente, la espiral se ha asociado a los viajes psicodélicos, a la hipnosis y a la locura. Todos sabéis interpretar el significado de unos ojos con las pupilas en espiral, ¿verdad? Y, como de la locura al horror hay, como quien dice, un paso, entramos de lleno en territorio Junji Ito.

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué el mundo está como está, por qué nos desayunamos todos los días con muerte y destrucción, por qué se cometen las atrocidades que vemos en las noticias? No hagáis caso a sociólogos, psicólogos o expertos en política internacional. La respuesta es muy otra, y para hallarla sólo tenéis que mirar a vuestro alrededor: las espirales. Están encima de nosotros, entre nosotros, dentro mismo de nosotros.

En la ciudad de Kurouzu, empiezan a producirse, como dice el cliché, una serie de extraños acontecimientos. Nos cuenta Kirie, la narradora, cómo el padre de su novio ha dejado de ser él mismo, poseído como está por la obsesión con las espirales. Una vez la obsesión ya lo domina por completo, son las propias espirales las que empiezan a adueñarse del señor, que terminará sus días convertido en una espeluznante rosca.

Si la esfera protege, el ángulo penetra, los fractales colonizan y el hexágono pavimenta, como nos dicen los expertos acerca del papel de las formas en la naturaleza, ¿qué hace la espiral? Si estuviéramos en el reino de lo natural, la respuesta sería muy sencilla: empaquetar. La espiral crece ocupando poco espacio. Pero en el reino de Junji Ito lo natural siempre se queda corto, y por ello vemos que las víctimas de las uzumaki (gracias por el idioma japonés; tanta espiral ya empezaba a cansar), lejos de ser protegidos, son más bien penetrados, colonizados, pavimentados y hasta empaquetados. Y si esto os suena prosaico, os aseguro que las ilustraciones del maestro del horror son escalofriantes.

Uzumaki se inscribe en esa variante del género del terror tan japonesa que nos ha regalado obras como Ringu o Marebito, en las que el horror nace de la obsesión y se perpetúa en ésta, creando así una esp… perdón, una uzumaki de horror como las que mencionábamos al principio. Hay que decir, no obstante, que este clásico del terror japonés, que, como las mencionadas más arriba, fue llevado a las pantallas, está empapado de sentido del humor. Este lector, por ejemplo, no tiene la sensación de que Ito se compadezca especialmente del inhumano destino de la mayoría de sus personajes, sino, más bien, se lleva la impresión de que los sacrifica en aras de este gran desmadre de cuchilladas, cuerpos descoyuntados y escalofriantes metamorfosis. Y ese tono de irreverencia consigo mismo nos queda aún más claro en el divertido epílogo, en el que el autor nos habla del origen de la obra y de su obsesión personal con las uzumaki.

Así que si no sabéis qué relación puede tener el horror con los caracoles, los torbellinos, el agua de la bañera, la cóclea y los cordones umbilicales, con Uzumaki lo pasaréis de miedo mientras lo descubrís.

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Hotel Harbour View, de Jiro Taniguchi y Natsuo Sekikawa

Hotel Harbour View

Hotel Harbour ViewCualquier libro en el que figure el nombre de Jiro Taniguchi es tentación, obligación y motivo de jolgorio para el lector de manga. Esto sucede no sólo con las historias creadas por este gigantesco artista, sino también, como en el libro que hoy os traigo, con aquéllas en las que Taniguchi presta su inconfundible dibujo a otro guionista.

Hotel Harbour View es una colección de historias con guión de Natsuo Sekikawa e ilustrado por nuestro mangaka favorito. En su primera edición, hace ya unos cuantos años, constaba tan sólo de dos historias, pero en esta nueva edición, de manera muy acertada, Planeta Cómic ha includido otras tres para brindarnos un extraño y fascinante híbrido entre el manga y la novela negra.

Esta extrañeza y fascinación nos asalta desde la primera historia, “Good-Luck City”, poética, experimental y misteriosa, con páginas divididas en alargadas viñetas verticales y el enigmático texto en la parte inferior. Los autores creen necesario justificar la inclusión de esta historia inconclusa, pero a este lector se le antoja que esas últimas viñetas ya sin color, y ese personaje a punto de cruzar el río son el mejor y el único final posible para esos preciosos desvaríos.

Con sus pistoleros, prostitutas y hoteluchos de mala muerte, “Good-Luck City”, además, marca perfectamente el tono de todo el volumen. Así, en la segunda historia, que da título al libro y se abre con una impresionante escena y una espectacular vista de Hong-Kong, nos encontramos con un hombre que se prepara para enfrentarse con su futuro asesino. Esta historia tan oscura alcanza su clímax con otra inolvidable escena en la que es inevitable acordarse de aquella obra maestra del cine negro que era  La dama de Shanghai.

Para continuar la fiesta, dejamos atrás Hong-Kong y nos dirigimos a Caracas, donde transcurre “El restaurante de la calle de Los Niños Perdidos”, otra historia oscura que da comienzo en la morgue y nos conduce por una ciudad que “apesta a gasolina, meados y colonia demasiado fuerte”. En su clase de español, el protagonista aprendió a decir “la sangre es roja”, y al final de la historia, para dar fe de ello, las viñetas cobran un color cada vez más intenso que casi estalla en una viñeta a doble página que parece pintada al óleo.

“Brief encounter” es el título de un clásico del melodrama que nos contaba, allá por los años cuarenta, la historia de un amor imposible. Desconozco si los autores estaban pensando en ella al escribir esta historia, pero lo cierto es que aquí la novela negra introduce el motivo de ese amor que todos tuvimos un día y que, precisamente por imposible, nos negamos a olvidar.

La propina es “Un asesinato tokiota”, una visión del submundo de la mafia yakuza a través de los ojos de un extranjero. Muerte, cuerpos tatuados, katanas y, de nuevo, un asesinato anunciado.

Hotel Harbour View es, en suma, otra demostración de que no hay género literario fuera del alcance del manga, en este caso bendecida, además, por el genio ilustrador de Jiro Taniguchi.

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Las guerras clon

guerras-clonNo me canso nunca de este mundo. Y sé que nunca habrá tiempo ni dinero suficiente para abarcarlo entero pero debo reconocer que Star Wars es uno de mis vicios confesables. Cada película, cada muñeco, cada comic, cada juego… todo destila fantasía y un aroma a mi infancia que me hace sentir como un niño cada vez que me sumerjo en ese universo. Y eso pasa con este volumen de Las Guerras Clon. Un volumen que aglutina las primeras entregas de ese hilo argumental, con tapa dura y un acabado maravilloso.

En consonancia con la tradición de anteriores tomos publicados por Planeta DeAgostini que agrupan un puñado de tebeos en un formato único, tales como Herederos del Imperio o Imperio Oscuro, esta nueva edición Leyendas de “Las Guerras Clon” hace lo propio con cuatro volúmenes publicados previamente en la misma editorial. Entre las páginas de esta pequeña joya galáctica podemos ver de todo, espionaje, duelos de sables láser, batallas espaciales y un largo etcétera. Esta serie representa Las Guerras Clon por antonomasia en el mundo del cómic relativo a “Star Wars”.

Fue Obi-Wan Kenobi en “Star Wars: Una nueva esperanza” el que mencionó por primera vez las guerras clon. No se vosotros pero yo me quede “como un conejo cuando le dan las largas” y aquello disparó mi imaginación. ¿Qué eran las guerras clon? ¿Cuándo sucedieron? Nuestra mente echó a volar soñando con un ejército de Jedis luchando contra robots. Bendita ignorancia. El mismo George Lucas nos demostraría años después que lejos estábamos de la realidad.

Hay que hacer un aviso antes de adentrarnos en un tomo de estas características: no recomiendo su lectura a los neófitos en el universo expandido de “Star Wars“. Aunque no es del todo imposible seguir la línea argumental habiendo visto la película El Ataque de los Clones, que es donde “Las Guerras Clon Vol. I” inicia su camino, los más eruditos en esta épica espacial sacarán más provecho del mismo si antes han leído tebeos tales como “Emisarios a Malastare”, “Crepúsculo” (no confundir con la saga de vampiros con escamas que estudian tercero de la ESO) o “El Fin del Infinito”.

“Del Lado Oscuro el velo ha caído, la Guerra Clon comenzado ha…”. Con esta demoledora afirmación pronunciada por el maestro Yoda a Obi Wan Kenobi, damos por iniciada una de las más épicas batallas que se ha dado en el Universo de Star Wars.

Uno de los Jedi protagonistas de este volumen es Quinlan Vos, un kiffar con graves problemas de memoria, a quien Yoda ordena infiltrarse en el las filas separatistas con el fin de descubrir los planes del Conde Dooku. Su lucha interna, sus constantes devaneos con el Lado Oscuro y su relación con su padawan Aayla Secura le convierten en uno de los personajes más complejos de la colección.

El dibujo de este volumen es maravilloso. Artistas de la talla de Jan Duursema, Tomas Giorello o Brian Ching, cuyos lápices dan forma a los guiones de Haden Blackman, John Strander y Scott Allie dibujan los personajes, de la saga y sus efectos especiales en una representación digna de Lucasfilm. No es casual que la pareja John Ostrander/Jan Duursema es ya todo un clásico en la parte gráfica de “Star Wars”.

Star Wars siempre ha sido una saga eminentemente cinematográfica, aunque el desarrollo de ciertas etapas vinculadas a la franquicia se ha hecho específicamente para el universo expandido. En ese sentido, el cómic es un pilar fundamental de ese trabajo y ha contribuido a mantener la abundante base de aficionados que tiene el universo creado por George Lucas.

Como curiosidad podemos comentar que en la tercera parte del volumen llamada “La Última Esperanza de Jabiin”, que es donde se cuenta la batalla que se libró en dicho planeta, vemos por primera vez a los conocidos AT-AT y AT-ST, maquinaria pesada del ejército clon que posteriormente será usada por el Imperio.

Como hemos dicho, el tomo goza de una excelente calidad en sus páginas, tramas que enganchan, un dibujo impresionante y una compleja línea argumental coherente de principio a fin. En definitiva nos encontramos ante uno de los mejores tomos integrales de la franquicia Star Wars. Si quieres saber todo lo que ocurrió entre en Episodio II y el Episodio III, no te lo pierdas. Este es un tomo que debes tener.

 

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Your name, de Makoto Shinkai

Your name

Your nameDesde que era pequeña siempre me he sentido muy atraída hacia el género. Crecí viendo la mítica serie Sailor Moon y de mayor disfruté de la archiconocida Death Note. No sé de dónde viene esta obsesión por este género, pero cada vez me gusta más. En cuanto a este libro, lo descubrí después de ver el trailer de su adaptación cinematográfica, que me llamó especialmente la atención por su originalidad. Pero llamó más mi atención cuando me llegó a casa y descubrí que no era realmente un manga, sino la versión narrativa en forma de novela de la película.

Your name trata la historia de dos jóvenes, Taki y Mitsuha, que un día descubren que se intercambian los cuerpos y se obsesionan por conocerse el uno al otro, a pesar de que viven en entornos muy diferentes y de que se olvidan de este intercambio al poco tiempo de producirse.

Realmente hay pocos libros que atraigan tanto a través de una simple sinopsis. Sin embargo, creo que este es especial, ya que sabe cómo conectar con el lector con unas pocas frases acerca de lo que trata el libro. Ha sido muy curioso, además de divertido, leer cómo me sentían tanto Taki como Mitsuha en el cuerpo del otro. Su experiencia en primera persona nos ayuda a conocer más a cada uno de ellos como personajes y nos acerca a sus vivencias y a los sentimientos que experimentan al estar en un cuerpo que no es el suyo. Esto me ha parecido un tema bastante original e interesante, que creo que debería tratarse más en las novelas. Solo recuerdo un libro que hablara de lo mismo, Cada día, de David Levithan, del que también disfruté bastante.

Volviendo a Your name, aparte del intercambio de cuerpos y de cómo lo narra el autor, hacia la mitad de la novela se revela otra gran sorpresa. Y es que este libro es maravilloso, entre otras cosas, por lo imprevisible que es. A medida que iba leyendo me iba dando cuenta de que no está nada claro ninguno de los hechos que ocurren en la novela. ¿Acaso es un sueño? Se pregunta Taki más de una vez. Pero no, no se trata de ningún sueño, se trata de algo bastante más complejo que eso y tiene que ver con una cometa que cada 9.000 años destruye la región de Itomori, en Japón… No revelaré más, ya que creo que esta parte debería descubrirla el lector por sí mismo.

Alejándonos de lo que trata la historia, me ha encantado la narración ágil y descriptiva, a dos voces (la de Taki y la de Mitsuha), que emplea Makoto Shinkai en esta novela. También me han parecido realmente interesantes las descripciones que realiza sobre algunas de las costumbres de la cultura japonesa, que personalmente desconocía y que me ha gustado mucho descubrir a través de esta lectura.

Creo que hay pocas historias de manga que me hayan gustado más (excepto Death Note, que no debería entrar en esta lista por las grandes diferencias que presenta) que esta. No solo me ha hecho reír y empatizar con los personajes sino que me ha hecho reflexionar acerca de los recuerdos que conforman nuestra vida, esos que nos hacen esbozar una sonrisa y querer volver a revivirlos.

Pero Your name, en tan solo doscientas páginas, no solo me ha hecho pensar en este tipo de recuerdos, sino que también me ha hecho darle vueltas al tema de que hay recuerdos de los que no nos acordamos bien y que luchamos por recordarlos cada segundo de nuestra vida. Quizás esos son los que son realmente importantes y necesarios para darnos cuenta de quiénes somos y de lo que hemos vivido. En definitiva, una novela para pensar, reír y disfrutar hasta el final. Estoy deseando ver su versión cinematográfica, pues no me cabe ninguna duda de que será igual de buena.

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Ayako 2, de Osamu Tezuka

Ayako 2

Ayako 2Un autor de cabecera es, según el diccionario, aquél por el que se manifiesta preferencia y que se lee con frecuencia. El  origen de la expresión se encuentra en la cabecera de la cama, que es donde algunos, supongo, ponen sus libros favoritos o, sencillamente, aquéllos más conducentes a tener un sueño dulce y reparador. Dado que mis autores favoritos provocan sueños más bien tormentosos, nunca los coloco a la cabecera de la cama. Por ello, voy a cometer la osadía de enmendar la plana a esos señores tan serios que escriben diccionarios, y corregir su definición de autor de cabecera.

Autor de cabecera: dícese de aquél cuyo estilo nos gusta tanto que nos da igual la historia que nos esté contando.

De acuerdo, la redacción podría estar mejor, pero no me negaréis que mi definición se ajusta mucho más a la realidad. Así, entre mis autores de cabecera se encuentran, por ejemplo, escritores como Bolaño o Faulkner, cuyos respectivos estilos me maravillan, escriban lo que escriban, y de quienes hace años que no leo nada.

Otro de estos autores de cabecera es, desde luego, el maestro Osamu Tezuka, quien, incluso en sus obras más flojas, es capaz de deslumbrarnos con sus insólitas perspectivas, su inagotable creatividad, su sentido cinematográfico y sus personajes siempre apasionados al borde del abismo. Pero cuando, además, a su inimitable estilo se une lo que ya describí en Ayako 1 como un majestuoso melodrama, los fans del manga, esa religión que se extiende por el mundo a pasos acelerados, no cabemos en nosotros de gozo.

La fiesta, es decir, el drama terrible, la tragedia familiar, los asesinatos y las venganzas a troche y moche, continúan en este Ayako 2, en el que nuestra trágica y perturbada heroína crece y se enfrenta con escasas armas a la terrible vida que la espera.

El trabajo gráfico de Tezuka es, una vez más, sensacional, y uno puede pasarse las horas bobas rastreando las influencias estilísticas. Servidor ve, en esa viñeta inferior de la página 67, un toque de Orson Welles; en esa casa de la 105, un remoto eco de Hitchcock; en esa extraordinaria secuencia de la página 111 a la 122, la teatralidad de los primeros años del cine; en la 182, inspiración para Taniguchi, y en la 190, para Joe Sacco. por mencionar tan sólo unas pocas  referencias de las muchísimas que podrán encontrar los conocedores del cine y de la novela gráfica.

Por si todo ello fuera poco, este Ayako 2 viene con propina. En efecto, el melodrama concluye, de manera soberbia, por supuesto, hacia la mitad del volumen, y nos encontramos entonces con tres historias cortas que, con excesiva e injustificada modestia, el autor, en el epílogo, describe como “salvables”, y que a servidor le han parecido excelentes.

La primera de ellas, “Melodía de acero”, con un comienzo brutal e irresistible, nos presenta una historia de gángsters que deriva en un híbrido entre la novela paranormal, la ciencia ficción y el thriller. A continuación tenemos “La silueta blanca”, que, pese a su brevedad y a su apariencia de mero entretenimiento, es una pequeña joya que nos da una idea del genio de Tezuka. Muchos autores hubieran alargado esta bella y divertida historia hasta darle la dimension de una novela o un largometraje. No así Tezuka, que era capaz de parir cinco ideas parecidas antes del desayuno. Por último, “Revolución”, la última de las tres historias de propina, es una lograda tragedia con metempsicosis por enmedio.

Híbrido de estilos y géneros, pasión, violencia, sentido del humor, villanos que reciben su merecido, y héroes a los que les pierde el sentido de venganza. Ayako es Tezuka en estado puro.