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Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio, de Jason Aaron

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los malditosMola mucho, si se hace bien, coger a los personajes de fábulas o cuentos conocidos por todos, o casi todos, y poder reimaginarlos, resituarlos, ampliar sus horizontes, inventarles nuevas historias y darles la oportunidad de ser protagonistas en nuevas historias. Porque solo conocemos aquello que nos han contado de ellos, pero queremos saber qué pasó con ellos antes, o después de aquello por lo que les conocemos. Mola mil darles una vida nueva, que dejen de ser parte de una gran novela coral en la que solo son protas por un breve espacio de tiempo, enseñarles todo lo que pueden hacer, sacarlos de su bucle repetitivo y, tal vez, prestarles un nuevo enfoque. Mola mucho. Mola tanto, que, autobombo, yo mismo lo he hecho en alguna de mis historias y, además, con el protagonista de este Libro Primero de Los malditos, Caín.

Caín, “el inventor del asesinato”, el que está marcado por Dios para que ningún hombre lo mate, lleva los mil seiscientos años transcurridos desde el episodio aquel del Edén, la serpiente y la manzana, vagando sin rumbo de un sitio a otro, inmortal y errante, en busca de una muerte que le libere de su maldición.

Para, para, para… O sea, que,… ¿esto es algo bíblico? Bueno,… sí, pero no. Porque parece mentira que con la de historias basadas o inspiradas en el famoso libro podamos asistir a algo realmente nuevo y original con ese telón de fondo. Pero, ¡eh!, lo tenemos. ¡Y vaya si es nuevo y original! Esto, nenes, es el puñetero Génesis en versión Mad Max. Un western bíblico o, incluso, ¿por qué no?, un noir bíblico y no exagero un pelo.

“Hace tiempo tuve una familia. No nos fue bien”.

Estamos en un mundo posapocalíptico antes del apocalipsis diluviano. Sí, parece un oxímoron, y, de hecho lo es, pero es lo que tenemos. Un mundo salvajísimo lleno de violencia, depravación, crueldad, mutilaciones, violaciones, esclavitud infantil, en el que humanos conviven con animales de todo tipo, incluidos los monstruosos que recuerdan a dinosaurios. Un mundo seco también, en el que la comida escasea y lo primordial es sobrevivir a toda costa. Vamos, el mismísimo puto infierno en La Tierra.

La humanidad se nos presenta como un experimento fallido y el mundo como un lugar lleno de blasfemias (sin ir más lejos el primer bocadillo es un gruñido y el segundo  ya es un “¡Me cago en Dios!”), y vocabulario malsonante (cabrón, follamugre, hijo de puta, comechochos,…y otras lindezas de ese palo que no creo que salgan en la Biblia) que se supone es como era antes del diluvio. Y como precisamente el diluvio aparece en el título de este primer tomo, era lógico que tuviéramos que encontrarnos con Noé.

Noé, que se define como salvador de la humanidad, que es leñador en busca de madera para construir su preciada arca, pero que no por ello deja de ser un asesino más, un fanático con un hacha que no vacila en quitar de en medio a quien le estorbe de la manera más sanguinaria si le apetece. Vaya, un Noé totalmente distinto al que conocíamos, que supera con mucho al visto en la cinta de Aronofsky. Todo un cabronazo que tropezará con nuestro protagónico antihéroe y de cuyo encuentro saltarán más que chispas.

A destacar también las pullitas de Caín a Dios y las reflexiones que va soltando de vez en cuando en torno a Él/Ella/Elle/Ello (“si Dios nos creó a su imagen y semejanza y somos capaces de tantas atrocidades, ¿Dios es así?”).

El dibujo logra traspasar al lector la sensación de suciedad, de lugar yermo, de hostilidad y depravación que flota en la historia. La crudeza del mismo puede causar en un primer momento algo parecido al rechazo, pero poco a poco vas acostumbrándote y comprendiendo que es el tipo de dibujo perfecto para la historia que estamos leyendo.

En resumen, un divertimento de principio a fin, una lectura que engancha y que te pide seguir con el segundo tomo (aún en proceso).

Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio gustará a quienes quieran una buena historia y consideren a la Biblia como un mero libro sin mayor trascendencia; que no se escandalicen ni rasguen las vestiduras porque lo que en este cómic se encuentren se aparte de lo que aparece en las Escrituras. A aquellos que busquen lo que he expuesto en el primer párrafo, pero también a aquellos que simplemente busquen un buen entretenimiento. De seguro, todos ellos querrán leer el segundo tomo.

Amén.

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Lucifer. Padre Lucifer, de Holly Black

padre lucifer

padre luciferA ver cómo hablo de este cómic porque no es fácil y hay que remontarse algo en el tiempo, al principio, cuando el principio era el Verbo. Bueno, no tan al principio, pero la frase venía a huevo siendo el cómic que vamos a reseñar el que es.

Pues bien, al principio… tuve la suerte, la enorme suerte, de empezar en esto de los cómics con The Sandman (de Neil Gaiman). Tal vez la mejor obra del noveno arte, siempre en mi opinión, que he leído hasta ahora. De las páginas de The Sandman emergió el personaje de Lucifer, el rey del Infierno.  Un Lucifer bastante distinto a la imagen del Diablo que todos tenemos implantada en la cabeza.Todos pensábamos que sería un simple cameo por necesidades de guion, pero nada más lejos. Años después Lucifer tuvo un spin off, una serie propia, obra de Mike Carey (que, curiosamente, llegó a tener la misma extensión),  con tanta calidad, entretenimiento y prestigio como la serie de donde salió, pero con una identidad totalmente propia. (Algún día tendré que leer de nuevo las tres o cuatro colecciones que conforman mi particular olimpo comiquero: The Sandman, Lucifer, Hellblazer y Predicador).

Ha pasado mucho tiempo desde que se publicó el último Lucifer, concretamente en 2006. Y por eso cuando hace un par de meses vi el tomo de Lucifer Cielo frío, pensé que era una reedición de la colección de Carey. ¡Grave error!  Alguien había osado poner sus manos sobre el ángel caído. ¿Por qué? ¡Si esa “creación” ya estaba cerrada y bien cerrada! ¡Ya nadie respeta nada! ¿Qué será la próximo, una segunda parte de Los Goonies? ¡Y me voy a callar lo que pienso de la serie televisiva, porque poner a Lucifer a lo Sherlock como consultor de la policía para ayudar a resolver crímenes…! Que no,  que eso me lo callo.

Afortunadamente, tras leer Cielo frío, el número anterior a Padre Lucifer, puedo respirar tranquilo. La obra no ha sido mancillada y el Lucero del alba sigue tan carismático, elegante y astuto como solo este Diablo puede serlo y siguen tratándose los temas de la predestinación y el libre albedrío.

¿Qué tenemos en este cómic? Pues de hecho, algo bastante similar al Lucifer planteado por Carey. Además de lo ya mencionado (el destino y el libre albedrío), tenemos las relaciones padre-hijo. Lucifer parece tratar a su hijo de forma parecida a como Dios le trata (o trataba) a él. El paralelismo es más que evidente. Tras haber resuelto el asesinato de Dios en Cielo frío, Lucifer vuelve a su piano bar, Ex Lux, en Los Ángeles. Pero la noticia de la muerte de Dios pronto se extiende en el Cielo y…  es muy difícil hablar de este cómic sin destripar nada. Los ángeles van a querer ocupar el trono, y en el Infierno el hijo de Lucifer reclamará frente a la actual reina, Mazikeen, su derecho legítimo al trono.

Hasta aquí puedo leer. Debo decir que, de momento, estos dos números me han sabido a gloria y me han evocado las mismas sensaciones que tuve en su día al leer las historias de Carey. Y eso, siendo justos, no era tarea fácil.

Padre Lucifer sigue donde se quedó Cielo frío y despliega un derroche narrativo, y visual, delicioso para todos los que en su día disfrutaron con el personaje. Reencuentro con figuras de antaño, diálogos y réplicas frescas e ingeniosas, un dibujo a la altura y una historia que logra que te desconectes de todo y te sumerjas hasta el fondo en ella y tiene los necesarios giros o artimañas propios de un personaje tan dado a ellos y que solo Él planea tan bien.

Holly Black nos ha devuelto al Lucifer que recordábamos y que tanto nos gustó.

Estoy deseando hincarle el diente al tercer tomo… a pesar de que será el último, y de que tampoco guioniza Holly Black (vuelta al miedo y a la esperanza).

Una lectura por la que merece la pena pecar.

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The wicked + the divine. El acto faústico, de Kieron Guillen y Jamie McKelvie

w+d 1

w+d 1Hubo un tiempo no muy muy lejano, en el que los dioses pisaban la tierra y dejaban huella en los humanos mortales. No en todos, solo en los que sabían apreciarlo. Tiempos en los que U2 todavía eran U2, Queen no había perdido a Freddie, Michael aún era negro, los Stones parecían próximos a jubilarse, Bowie exploraba Marte, Madonna tenía conos en las tetas como Afrodita A y R.E.M. perdía su religión.

Eran tiempos en los que los músicos eran idolatrados y venerados como auténticas deidades. Eran tiempos en los que permanecían inalcanzables a las hordas de fans. ¿Es acaso ese el problema? ¿Que ahora podemos verlos en Twitter o Facebook, en fotos robadas o en autofotos publicadas en Instagram y ya no “parecen” tan lejanos y menos aún venidos del cielo? ¿Que ahora hay programas hechos solo para elegir los artistas que van a brillar intensa y cansinamente durante los próximos… no sé, cinco meses? Por supuesto, esa es parte del problema, pero lo más gordo es que, salvo honrosas excepciones (y el reggaetón no se incluye en ellas –es más, ni cuenta como música–), la música de ahora apesta y poca va a ser la que merezca pasar a la historia. El ateísmo se abre paso.

The wicked + the divine. El acto faústico nos cuenta que, sin saber el cómo ni el porqué (salvo razones argumentales para alejarse de típicas redundancias en este tipo de argumentos), cada noventa años doce dioses, de religiones o mitologías distintas, regresan como jóvenes para estar entre nosotros durante dos años. Y luego mueren. Esta vez la mayoría, no todos, han vuelto para ser adorados como estrellas del pop (muchos han sido dibujados para que reconozcamos en ellos a cantantes como Rihanna, Kayne West o mi favorito, un Bowie encarnado por una andrógina Lucifer) y quieren exprimir esos dos años al máximo rindiendo culto al axioma aquel del vive rápido, muere joven y blablablá… Pero es que además son adolescentes. Rondan los diecisiete en cuerpo y mente cuando su identidad les es revelada. Si a esos años, con las dudas propias de la edad, con el carácter que le acompaña… te dicen, te demuestran y te crees que eres un dios y que tienes dos años de vida… ¿qué harías tú? Pues eso. Dioses convertidos en músicos…

“La chica a mi izquierda se desmaya hiperventilando. El chico a mi derecha cae de rodillas con semen resbalándole desde la entrepierna”

Vamos a seguir la historia, –o más bien vamos a meternos en medio de ella, pues la sensación es la de habernos montado en algo que ya lleva camino andado–, de la mano de Laura, de diecisiete años y fan de todos esos dioses-cantantes que, por avatares del destino, acaba queriendo ayudar a una Lucifer, acusada de asesinato.

No es la primera vez que vemos a los dioses tomar apariencia humana y caminar entre nosotros. Sin irnos muy lejos, recientemente hemos podido ver la serie American Gods basada en la obra homónima de Gaiman, pero no ha sido el único caso. Sin embargo, uno de los puntos a favor de este cómic es el no haber elegido dioses muy conocidos para poder contar esta historia con mayor libertad. De hecho, yo recomiendo consultar la sagrada fuente de Google cada vez que aparezca un nuevo dios para entender y situar mejor su contexto, sus palabras o su aspecto.

Otra baza es la importancia del papel femenino. Calculando a ojo, diría que el 92% de los personajes son mujeres y los pocos hombres que aparecen no son muy trascendentales.

En cuanto a la trama y, a pesar de que podamos estar un buen rato asombrándonos y deslumbrados por los focos y el espectáculo de estar en medio de peleas y diálogos entre dioses, no deja de ser un whodunnit. Un “¿quién-lo-hizo?” Y me encanta. El asesinato no se ha resuelto en este tomo (o eso creo, porque con Lucifer nunca se sabe) pero tampoco es que Laura haya recabado muchas pistas por ahora. Aunque no importa. El viaje está mereciendo tanto la pena que lo que queremos es conocer a todo el panteón y tengo la impresión, y creo que es lo que debería ser, de que no podremos averiguar la identidad del asesino hasta que se nos hayan presentado a todos los integrantes de este nuevo Olimpo-Valhalla.

El ritmo es ágil, adictivo, no decae y el dibujo (y también el color) da un apoyo visual increíble con un cuidado impresionante del detalle (ropa a la moda, maquillajes, escenarios, luces, peinados y teñidos, uñas pintadas de varios colores…) que logra ejecutar una historia terrenal con un baño de cultura popular (muy bueno el guiño de Lucifer escuchando a los Rolling, por ejemplo) sin hacernos olvidar que la protagonizan divinidades.

The wicked + the divine. El acto faústico ha sido una gran sorpresa. Estoy seguro de que la serie lo va a petar y estoy deseando leer el siguiente tomo… Porque si este primer volumen tan solo ha servido para presentar los personajes y establecer las normas de lo que vendrá a posteriori, ¡lo que venga a continuación tiene que ser la hostia, porque los dioses no existen… pero molan!

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La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo

La puta de Babilonia

La puta de BabiloniaEste es un libro difícil. No malo, difícil. Lo es por el delicado tema que abarca, cuyas hipótesis pueden dañar muchas sensibilidades, y por la abrumadora cantidad de datos ofrecidos. Aunque más que por las hipótesis vertidas, por el tono burlón con el que desmitifica cada uno de los asuntos relacionados con la Iglesia de Roma, La puta de Babilonia.

El autor colombiano Fernando Vallejo escribió, con gran rigor histórico y académico, un elaborado trabajo que desenmascara una fe dogmática que durante más de mil setecientos años ha derramado en su nombre la sangre de hombres y animales de la forma más cruel posible. El título es toda una declaración de intenciones de lo que encontrarás en su interior. De este modo denominaban los albigenses a la Iglesia de Roma según la expresión del Apocalipsis, y le sirve al autor, de viperina y mordaz lengua, para describir con todo tipo de detalles las obscenidades y despropósitos de una falsa fe que ha conseguido aglutinar a millones de fieles en el mundo.

Un inciso para el lector que considere no ahondar en este libro por chocar con sus ideas: el autor no pretende faltar el respeto ni lastimar a nadie por sus creencias, tan solo aporta sus opiniones y críticas hacia la Iglesia, basándose en datos históricos que contrastan con la buena intención que profesan. Todo en clave de humor, un humor no siempre muy bien acogido por su alta dosis satírica.

En una charla sobre los límites del humor, conferenciada por uno de los creadores de la revista Mongolia, se empleó la lectura de este ensayo de Fernando Vallejo para contextualizar el coloquio. Si en algún momento has tenido oportunidad de leer dicha revista, habrás comprobado el humor negro y afilado que le caracteriza y las enemistades que eso le ha granjeado. Si resulta cómico u ofende moralmente es un asunto del todo subjetivo. A mí no me hace gracia, pero comprendo su sentido satírico. En la lectura de este libro, sin embargo, sí he encontrado y entendido el tono burlón de quien lo escribe. Empleando un riquísimo léxico de nuestra lengua española, Vallejo pone a caldo a cada uno de los papas de Roma, a los que tacha de travestis purpuradas y asesinas. No es gratuito. Cita muchos de los episodios de asesinatos y confabulaciones que rodeaban al papa de turno, y que han llenado páginas y páginas negras de libros de Historia. Resulta casi abrumador la cantidad de datos que recoge el autor para comentar con entretenida prosa las conspiraciones y los tejemanejes de los hombres que, hablando en plata, iban a Dios rezando y con el mazo dando. Tampoco perdona su falta de humanidad. Los critica duramente por su nulo valor de oponerse a crueles dictadores asesinos o, en muchos casos, por su relación directa con estos a un lado y a otro del mundo, en diversos momentos del tiempo. Corrupción, favoritismo, engaños, asesinatos, homosexualidad… pocos son los asuntos escabrosos que destapa su autor sobre ellos.

Tampoco deja atrás la falta de rigor en los escritos bíblicos. Argumentando su dudosa credibilidad al haber sido manipulada en el propio interés de quienes la manejaban, manifiesta los garrafales errores geográficos expuestos en los Evangelios así como el baile de fechas que no llegan a dejar muy claro la veracidad de los textos. Como en su crítica hacia los papas, la lluvia de datos estudiados por su autor y su sentido humorístico hacen que tengamos una nueva forma de mirar a esos dos mamotretos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, que bien pueden tomarse como una gran novela de fantasía.

Para Vallejo no solo la Iglesia de Roma es diana de sus dardos envenenados, la musulmana también recibe lo suyo. Entre otras cosas por considerar a su profeta, Mahoma, como un ser que desprecia a los animales (cuya principal causa del autor es su amor y defensa hacia ellos) y no se apiada de la muerte de estos. La descripción que le dedica es la siguiente:

«[…] este asaltante de caravanas que resolvió proclamarse el Mensajero de Alá. Cruel, traidor, taimado, mentiroso, rencoroso, inescrupuloso, lujurioso, torturador, impostor, bellaco, inhumano, sanguinario, deshonesto, innoble, abyecto, asesino, polígamo, pederasta, déspota, puso a rezar a sus secuaces prosternados hacia La Meca cinco veces al día con el culo al aire».

He querido incluir este fragmento para que descubras el poder descriptivo de Vallejo y su peculiar discurso narrativo. Esta inagotable fuente de adjetivos, marca registrada de este escritor, es la clave principal que me enganchó en su lectura. Una perfecta musicalidad y un cuidado trato que dedica a las palabras; que no las deja caer sin más; que todas tienen un ritmo y una estructura en el texto casi medida. El libro arranca con una página y media de apelativos dedicados a la iglesia. Una página y media de gloriosa lectura en la que podrías marcar el ritmo con los nudillos de la mano sobre la mesa según la lees como si de una canción se tratase.

La puta de Babilonia, la católica, la apostólica, la romana, la jesuítica, la domínica, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes con Fernando Vallejo desde su infancia y aquí se las va a cobrar.

 

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American Jesus. Libro primero: El elegido, de Mark Millar

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american jesus el elegidoDice en el prólogo Simon Pegg (guionista y actor de la divertida película Shaun of the dead, –en España traducida, para variar, como les sale de los huevos, como Zombies party (una noche… de muerte)–, que todo el mundo, sea o no fan de los cómics, sabe que Superman viene de Krypton, qué les pasó a los padres de Batman y cómo una picadura de araña convierte a un adolescente en Spiderman. Y que lo mismo pasa con ese otro héroe de leyenda de los cristianos aparecido en ese superventas que es la Biblia. Tenemos presentes, marcadas ya casi en nuestros genes sus “mejores aventuras”: el nacimiento en el pesebre, la expulsión de los mercaderes, la multiplicación del pan y los peces, la transformación de agua en vino, la resurrección de Lázaro, caminar sobre el agua… en fin, las historias que en tiempos lo petaron, esas de las que las gentes no dejaban de comentar y megustear en los foros y tablillas de la época y que Marvel habría sabido exprimir de haberse creado un par de milenios antes.

Los aficionados a los cómics saben también que en este mundillo es habitual cada cierto tiempo relanzar un determinado personaje, y recontar o adaptar a la actualidad sus orígenes para enganchar a nuevos lectores y (en ocasiones) divertir a los que ya seguían esa colección.

Esto es lo que tenemos en este American Jesus. Libro primero: El elegido. Aunque es una segunda venida, la forma en la que se nos cuenta tiene tantos paralelismos con las correrías del famoso libro, que perfectamente podemos decir que estamos ante una actualización del mito clásico.

Jodie Christianson (curioso nombre: iniciales JC y apellido “hijo de Cristo”) es un chaval de doce años que se juega las clases, saca notas tirando a malas, piensa en revistas porno y, ¡hostia puta, sí!, dice tacos. Su apacible y despreocupada vida se irá a la mierda cuando sobreviva, sin sufrir ni un solo rasguño, al aplastamiento de un camión de dieciocho ruedas. Será entonces cuando descubrirá sus poderes, sospechará que es Jesucristo renacido y hará unos cuantos milagros.

Lo curioso es que todo el mundo creerá igual que él, que es la divinidad que afirma ser, salvo el cura de la parroquia. Y la gente volverá a tener miedo porque la existencia de un Jesucristo andante manda a paseo a la ciencia. Y lo que era aún peor. Si este héroe ha renacido, ¿no implica eso que también existirá un anticristo y que el Apocalipsis estará a la vuelta de la esquina?

Hay muchos aspectos más que podría comentar, pero chafaría la evolución de la historia y es una gran historia que merece descubrirse por uno mismo. La prensa británica ve este cómic una mezcla entre Spiderman y el Apocalipsis. Y algo de esto hay. Mucho en realidad. Sin embargo yo añadiría también una película agobiante y terrorífica que, por desgracia tengo que callarme para no hacer espoilers, pero que cualquiera al acabar de leer el cómic, si la ha visto, la asociará de forma inmediata.

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American Jesus. Libro primero: El elegido, podría haber tirado por el camino del humor zafio y fácil, pero no lo hace. Tiene la dosis exacta de humor, filosofía, religión y oscuridad. Y tiene también un giro final que te deja con el culo torcido. El dibujo es correcto, no me ha llamado especialmente la atención, pero la historia… ¡qué historia!

Este primer número, (creo que serán tres, pero no estoy seguro), se incluye en la línea del Millarworld del guionista Mark Millar (Wanted, Kick-Ass, Crononautas,…) y, ¡por lo que más queráis! ¡Leed el epílogo! Yo no suelo hacerlo pero Ese El evangelio según Millar y Gross contiene un montón de extras, o de easter eggs si queréis verlo así, con detalles repartidos por las viñetas, que dan pistas sobre la trama. Detalles curiosos que, de no haber leído el epílogo, habría pasado totalmente por alto.

En la contraportada sitúan este cómic al nivel de The Sandman y Predicador (dos de mis favoritas). No sé si es comparable, es demasiado pronto para afirmar semejante cosa. Para empezar, el tamaño de las dos mencionadas ya es una barbaridad,… pero sí es cierto que apunta maneras en su manera de actualizar la mitología cristiana y que deja el buen sabor de boca y buenas sesaciones que dejaba la obra de Gaiman.

Sea como sea, se lee con hambre atrasada y creciente y se devora. Ha tardado en llegar a España, pero ha merecido la pena. Ahora toca esperar el segundo libro. A ver cómo evoluciona una trama que se ha quedado con un cliffhanger cojonudo.

¡Fan devoto ya! ¡Hostia puta!

He dicho.

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En busca de la paz, de Osho

 

en-busca-de-la-pazOsho es una de esas personas que no dejan indiferente. Un somero vistazo a la web nos revelará que tiene tantos seguidores acérrimos, aun décadas después de su muerte, como vehementes detractores. Siguiendo un consejo del propio Osho, no tenemos por qué decantarnos –aunque el ser humano tenga la costumbre, o mejor, el hábito, de formarse inmediatamente una opinión acerca de cualquier cosa–; lo mejor que podemos hacer, si el personaje suscita nuestra curiosidad y queremos saber a qué viene su fama y su influencia, es leer uno de los muchos libros basados en las charlas, jornadas, lecciones y encuentros que lideró y mantuvo con seguidores, puesto que el propio Osho no dejó escrito ningún libro.

Con los libros de Osho sucede una cosa curiosa, y es que, aunque todos vengan a decir exactamente lo mismo, cada uno de ellos se lee como si fuera totalmente distinto y original, y conserva la frescura de un mensaje nuevo. Quizá ello se deba a que, tanto en su momento como ahora, la sociedad occidental está necesitada y hambrienta de leves toques de atención, de señales en el camino que la ayuden a reconducir su atención hacia lo esencial, en lugar de hacia lo accidental, como hacemos por defecto. Tomemos como ejemplo este En busca de la paz que hoy nos ocupa.

Fundamentalmente, lo que en él encontraremos no difiere mucho de lo que leímos en Confianza, o en Intuición, o en aquel Vivir peligrosamente que comentábamos no hace tanto tiempo; pero nos gusta volver a leerlo con otras palabras, nos gusta encontrarnos con los pequeños chistes y las anécdotas a los que tan aficionado era Osho, nos sentimos bien sintiéndonos orientados y guiados; por supuesto, también nos agrada –y forma parte inseparable del lote, como sabe cualquiera que ha leído a Osho– la impertinencia del personaje, su carácter contradictorio, sus boutades, sus frases aparentemente absurdas, su forma de invitarnos a verlo todo del revés, quizás para darnos cuenta, al final y a la postre, de que ni nosotros, con nuestra visión convencional de las cosas, tenemos toda la razón, ni lo que él predica es tan ilógico; pero también de que, por otro lado, quizá esté bien leer sus charlas con el espíritu crítico activado y negarnos a creer todo lo que nos dice. Porque escuchar a Osho es también aceptar la premisa de que no debemos dar por bueno ni por cierto nada de lo que él afirma; como él mismo aconseja en este libro, no debemos inclinarnos ante él, ni tocar sus pies como si fuera un ser superior, divino e infalible; escuchar a Osho nos hace darnos cuenta –y quizá no sea ésta la menor de sus enseñanzas– de que también él es profundamente humano, de que a veces nos cae mal, de que puede parecernos que no está diciendo más que tonterías, pero que en sus palabras hay una verdad que resuena dentro de nosotros, que conecta con nuestra intuición y nos hace sentir como nos sentimos en presencia de lo verdadero y de lo auténtico.

Tengo los ojos abiertos, observo y luego decido lo que me parece mejor. Y  no me comprometo con nadie. Cuando algo me parece mal, lo digo. Y no me comprometo con nadie. No me gustaría que os vieseis atrapados por alguna secta o por algún “ismo”. También se podría crear una secta alrededor de mí; también podría haber campamentos y cultos alrededor a mí. Hay algunos amigos que empiezan a creer que son mis discípulos; pero se equivocan. Yo no tengo discípulos ni quiero tenerlos, porque ese tipo de relación al final se convierte en otra secta, y eso significa que e has atado a mí. Quiero que el hombre sea completamente libre.

¿Hay alguien, simpatizante o no de Osho-Rajneesh, la figura pública, religiosa y mediática, o el hombre detrás de esa figura, que pueda estar en desacuerdo con esa declaración? Pero, ¿cómo ser un conocido líder, de gran influencia, y prohibir a la gente que te escucha que se conviertan en tus seguidores? Una buena forma de hacerlo es desafiar constantemente su coherencia, moviendo el suelo bajo sus pies, empujándolos en una dirección y en la contraria, de modo que al final lleguen a la única conclusión posible: las palabras, las frases, los discursos, incluso las oraciones, tienen un valor relativo, instrumental; tan sólo señalan el camino, pero no debemos confundirlos nunca con el objetivo final. Y lo mismo se puede aplicar a aquel que dice esas palabras y esas oraciones. Mucho de ello nos recuerda Osho en En busca de la paz; este libro no nos enseña dónde está esa paz tan elusiva para el ser humano, a la par que tan necesaria, pero, tras leerlo, quizá nos sintamos un poco más cerca de ella.

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Viaje esencial, de Alejandro Jodorowsky

Viaje esencial

Viaje esencialDice en el epílogo del libro Antonio Bertoli, amigo de Jodorowsky y uno de los máximos exponentes del estudio de la psicogenealogía en Italia, que este Viaje esencial es el «canto que nos reconecta con la verdadera salvación, la última liberación, el definitivo rescate: el viaje esencial que todos tenemos que emprender dentro de nosotros mismos para recuperar el sentido original – esencial – que la familia, la sociedad, la cultura y las religiones han oscurecido y ocultado.» Si hace cosa de un año, Siruela nos trajo a Jodorowsky en forma de cuentos con La vida es un cuento, ahora es la poesía – o como a él le gusta llamarla: “poesofía” – la forma a partir de la cual ser enseñados por este artista multidisciplinar sin años, sin patria y sin cadenas.

¿Qué es entonces esta “poesofía”? Como todo lo que envuelve su arte: la indagación en uno mismo del sentido de la vida a través de distintas formas, pero en este caso partiendo de la poesía. Jodorowsky puede llevarnos a la meditación con una película, un libro, una entrevista o un taller de los que suele ofrecer alrededor del mundo. Sabedor de que a partir del arte es posible aprenderse, no hay variedad ni técnica que se le escape a un hombre que ronda los 90 años y que parece no querer morir nunca. Dicen que no te mueres mientras tienes proyectos en mente y Jodorowsky es un continuo maquinar de planes. Si hace unos meses presentaba en el Festival de Cannes su última película – Poesía sin fin – ahora se lanza con este nuevo título que suma a una larga lista de ‘bestsellers’ con su firma. Y no solo eso, porque le podemos ver cada día delante de un lienzo con el pincel en la mano o elaborando cómics o preparando su próxima película o dando conferencias o leyendo el Tarot en una cafetería de París. La hiperactividad de Jodorowsky es la balanza que compensa la profunda meditación a la que llevan sus obras.

En Viaje esencial, nos encontramos con cuatro partes – ‘Piedras’, ‘Entre piedras y nubes’, ‘Nubes’ y ‘A la sombra del I Ching’ – acompañadas por las ilustraciones de su pareja, la francesa Pascale Montadon-Jodorowsky. El libro empieza con 300 poemas breves al estilo de los haikús en los que, como si se tratara de escrituras sagradas, el narrador se convierte en la voz de uno mismo como guía del espíritu hacia una revelación, ese «definitivo rescate» del que habla Bertoli en el epílogo. Tras estos versos, se nos ofrecen 12 poemas narrativos más extensos con la infancia como protagonista. Y es que como se puede ver en su obra – por ejemplo en La danza de la realidad, tanto libro como película – la infancia es un tema de referencia en Jodorowsky, alguien que ve en el niño el cuerpo todavía sin cicatrizar, la persona todavía sin tropezar. Su infancia fue desgarradora y seguramente por ello supo romperse del todo y salir, crecer más fuerte y decidido a hablar siempre de ello. Este es un ejemplo más. Más adelante, en ‘Nubes’, volvemos a la poesía condensada formada por dos o tres versos que recuerdan a las citas que encontramos en los libros de filosofía zen. Fruto de esa influencia tan marcada del orientalismo y de su experiencia a manos del monje Ejo Takata, Jodorowsky hace alarde de su maestría a la hora de escoger las palabras que golpean en el interior más profundo de uno. Leer estos versos de Jodorowsky es como si de repente sienteses la revelación, sintieses que estás salvado, curado, y te dijeras a ti mismo estas palabras para recordarlas en tu nueva caída. Siempre hay caídas, de eso no podemos dudar, pero por suerte también sabemos que hay formas de suavizarlas: una es leer a Jodorowsky. Por último, y tras otros 300 poemas, el libro acaba con un ejercicio basado en la sabiduría milenaria de El libro de las mutaciones. A partir de combinaciones de lo que se conoce como el método de las tres monedas, el autor nacido en Tocopilla (Chile) ofrece una serie de textos donde la combinación numérica de las tiradas de esas monedas – algo que explica el editor antes de esta última parte – sirve como respuesta a las preguntas que plantean los textos. Parece difícil, porque yo lo he hecho así, pero no lo es. Solo hace falta disfrutar leyendo.

El libro se cierra con el ya comentado epílogo del italiano Antonio Bertoli, quien nos habla de qué es para él esta poesía de Jodorowsky. Habla de la cualidad pedagógica que tiene, de lo esotérico de su contenido, del camino hacia adentro que crea, del continuo juego entre dualidades. Intenta dar sentido a una poesía que busca carecer de él para así, en el vacío, ser llenada por el lector. Vas a tener que trabajar cuando leas Viaje esencial, igual que cuando presencies cualquier cosa que tenga la firma de Jodorowsky. Y no dudes en hacerlo, porque te aseguro que el florecimiento de la semilla que consigue dejar dentro de ti es la mejor forma de despertar, de levantarte, de seguir caminando siendo capaz de disfrutar cada paso.

 

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Espiritualidad para el siglo XXI, de Luis Racionero

Espiritualidad para el siglo XXI

Espiritualidad para el siglo XXICuando leo la palabra “filosofía” la digo de una forma diferente a la que, por mi idioma y acento la debería decir. Es difícil de explicar por escrito, deberíais oírme. Para mí, la filosofía es La FI-lo-so-fÍa, así, casi silabeando, marcando las íes. Esto se debe a que mi profesor de filosofía en el bachillerato era de Chile. Tenía un hablar pausado, tranquilo, paciente y sereno. Era un hombre todo bondad, así que le tengo cariño a la materia. En aquella época, se estudiaba durante 3 años la asignatura y aunque con 16 o 17 años, a lo mejor no se está muy preparado para entender muchas cosas, creo que no deberíamos dejar que los jóvenes de hoy se la perdieran. Aquello igual no era lo ideal porque la filosofía que se nos mostraba era solo la occidental, bastante racional y de una forma algo aburrida, pero por lo menos nos enseñaban algo. Algunos nos interesamos a partir de ahí por informarnos sobre otras filosofías o formas de pensamiento. Si nadie te muestra el camino, es difícil dar con él. Además, tuve la suerte de que el mismo profesor me dio ética, y ahí sí, se salió de la programación establecida y hablamos del amor y la amistad, por ejemplo, desde un punto de vista filosófico. Me sigo acordando de lo que disfruté leyendo las cartas de Rainer María Rilke a su amigo poeta.

En Espiritualidad para el siglo XXI, Luis Racionero pone patas arriba muchas de nuestras concepciones sobre la vida y la muerte. Para empezar aclara lo siguiente: “vaya por delante un aviso para ahorrar tiempo y esfuerzo: la filosofía occidental, excepto la ética, no sirve para nada, es una pérdida de tiempo, sólo utilizable como cultura general.” Así que si a alguien esto le parece una barbaridad, pues que deje de leer ya, porque ese es el camino durante todo el ensayo. El libro está dividido en cuatro capítulos: “el miedo a la muerte, el arte de morir, otra mente no racional y subir al espíritu”. Leída la afirmación anterior y la explicación en el primer capítulo sobre cómo tuvo experiencias trascendentes con LSD, me quedé algo pasmada, pero lo cierto es que se entiende perfectamente, y el punto de vista que nos muestra a mí me ha gustado y convencido. Tiene una forma directa y fresca de explicar las cosas, hasta algo irreverente en ciertos puntos, pero clarificadora.

Argumenta la razón del miedo a la muerte y nos explica la manera de superarlo. Después nos desmonta la idea del racionalismo como única e irrefutable forma de pensar del ser humano. Intentamos controlar y organizar todo y esto es un error. “La filosofía es más que la lógica, no es información y combinación de palabras sino que es transformación de los procesos de la mente”. Luis Racionero nos recomienda crecer espiritualmente, no buscar la verdad, sino una experiencia psicológica, un estado de ánimo, llegar a sentir energía, vitalidad, placer, gozo o serenidad. Deberíamos trascender el pensamiento, superar el pensar y dejar paso al sentir o actuar para llegar al autoconocimiento. Nos recomienda el yoga, la meditación, la mística o el zen. Nos argumenta que es más eficiente, mejor, o más satisfactorio, observar las ideas o filosofías orientales.  La conciencia mística no depende de las creencias religiosas sino que es universal y tiene más de conocimiento intuitivo o de sentimiento que de raciocinio. “La espiritualidad consiste en estar receptivo a la existencia del espíritu y no negarlo porque no se ve ni se toca”. Poner en palabras la experiencia mística es muy difícil y nos pone como ejemplo a San Juan de la Cruz y sus poemas.

Tengo la sensación de que llegar a estos niveles de profundidad mística es muy difícil para el común de los mortales. También creo que nos deberían enseñar a sentir, a parar, a meditar, a respirar, desde que somos pequeños, porque nos harían un gran favor. Vivimos en una sociedad que corre y hace ruido, todo el tiempo, que no se para a escuchar su mente y su cuerpo. ¿Os habéis parado a no pensar, a dejar la mente en blanco alguna vez, aunque sea por unos segundos? Es de lo más difícil que hay y sería de lo más sano poder hacer un reset. A veces agradecería tener un botón de esos en mi cabeza, como los de los ordenadores o los teléfonos, que los pulsas durante 10 segundos cuando se bloquean y reinicia todo. Apagar y encender arregla más de la mitad de los problemas en un aparato o chisme digital, eléctrico e incluso analógico; con nuestras mentes sería un descanso más sano que usar, por ejemplo, las drogas o el alcohol para intentar borrar o embotar lo que nos preocupa. Que no se trata de eso, se trata de sentir y sentirse bien, no con resaca.

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Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios, de Roberto Blatt

Biblia Corán Tanaj

Biblia Corán Tanaj«Un ensayo intemporal pero de lectura urgente para hoy», pone en la contraportada de Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios, de Roberto Blatt. No puedo estar más de acuerdo. Sin duda, este es un libro necesario en los tiempos que corren, pero no creo que sea apto para todos los públicos, porque es una lectura densa a la que no todo el mundo está dispuesto a dedicar su tiempo, pese al gran valor que puede aportar tanto personal como socialmente.

Según su autor, está dirigido a personas cultas, curiosas y no especialistas. ¿Cumplo yo estos requisitos? Los de curiosa y no especialista, sí. Por eso, no conocía la mayoría de los datos y acontecimientos a los que alude, pero me han resultado muy ilustrativos e interesantes. Biblia, Corán, Tanaj no solo habla del surgimiento y evolución del cristianismo, el islam y el judaísmo, sino que se adentra también en aspectos lingüísticos, históricos, políticos y sociológicos relacionados con ellas. Así que, si no era culta al comenzar la lectura, lo soy un poquito más al terminarla.

Roberto Blatt considera Biblia, Corán, Tanaj como su autobiografía intelectual, ya que el estudio sobre las religiones, y en concreto, las tres mencionadas, ha ocupado toda su vida. Sus reflexiones sobre un tema tan controvertido como es el religioso se sustentan en la gran labor de documentación que ha llevado a cabo durante años, y el resultado es un discurso claro y bien hilado que facilita la comprensión a los inexpertos como yo, pero que también puede suscitar el interés de especialistas, ya que el análisis de Blatt es riguroso.

En este libro se expone cómo los caminos del judaísmo, el cristianismo y el islam se han ido entrecruzando, coincidiendo y chocando hasta nuestros días, y cómo sus alternativas siguen dirigiendo el devenir histórico de Occidente. Las religiones son un pilar básico de cualquier civilización, incluso de las hoy consideradas laicas, y Blatt demuestra que es imprescindible conocer sus enfoques y crisis para entender un poquito mejor los actuales conflictos.

A día de hoy, ¿quién diría que cristianismo, islam y judaísmo tienen una fuente común, como es el Tanaj (Antiguo Testamento)? ¿O que las tres corrientes no surgieron para enfrentarse, sino que cada una se consideró la actualización de la inmediatamente precedente? ¿Cómo sería nuestra ordenación del tiempo y nuestra concepción del ser humano si nunca hubieran existido estas religiones? ¿Cómo logró el cristianismo, una religión sin historia, pueblo ni territorio, dominar la civilización mediterránea? ¿Cuándo comenzó el estigma del pueblo judío, que perdura a través de los años? ¿Qué ha desencadenado el radicalismo islámico que tiene en jaque al mundo? Muchas de estas cuestiones, pese a tener su origen siglos e incluso milenios atrás, están vigentes, por lo que reflexionar sobre ellas puede dar las respuestas a los grandes desafíos globales a los que nos enfrentamos hoy como sociedad, además de liberarnos de más de un prejuicio como individuos.

Como bien anuncia su contraportada, Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios es un ensayo de lectura urgente, porque el conocimiento siempre será la mejor arma contra la intolerancia. Desgraciadamente, dudo que quienes más necesitan leerlo hagan el esfuerzo.

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El evangelista, de Adolfo García Ortega

El evangelista

El evangelistaTodo en esta vida pide e incluso nos exige que cambiemos la perspectiva a la hora de observarlo. De este modo, nada tiene una única cara y por tanto nada tiene una única verdad. ¿No sería terrorífico que todo fuera como “es”? Un claro ejemplo de esta necesidad de perspectivismo es la historia de Cristo. Esta nos ha llegado a través de un libro, la Biblia, que en muchas ocasiones tiene más de novela que de narración histórica, y es inevitable preguntarse mientras se piensa en ello: ¿qué hay de verdad en la narración? Nunca lo sabremos a ciencia cierta, por eso especulamos. Y una especulación más de esta historia es la novela de la que hablo hoy: El evangelista, de Adolfo García Ortega, publicada por Galaxia Gutenberg.

Por la mayoría de nosotros debería ser aceptado que hay cosas que nos han sido contadas de la historia de Jesús que para cualquier persona con dos dedos de frente se presentan como imposibles – y yo soy de aquellos que día tras día entonan el gastado lema del «nada es imposible» -. Seguro que a la hora de analizar esas hazañas – si se ha intentado – se ha llegado a la conclusión de que mucho de lo contado son exageraciones fruto de la necesidad de algo así, fruto de la imaginación, de mentes perturbadas en una época necesitada de cambios. Adolfo García Ortega nos sitúa junto a un escriba que será quien nos explique en primera persona las andaduras de Yeshuah, al que llaman el Visionario. Capaz de curar con sus manos y de ver el futuro a través de sueños, el Visionario consigue captar a un grupo de rebeldes – con Iskariot Yehudá a la cabeza – que ven en él al Rey que necesitan para implantar su nuevo Reino en el territorio ocupado por los romanos. Fruto de su maestría en la palabra y el manejo psicológico de las gentes, Yeshuah consigue un buen número de fieles dispuestos a morir en la lucha contra los romanos por el poder.

Nuestro escriba nos cuenta sus vivencias al lado de este grupo de rebeldes – del cual nunca formará parte – a la vez que rellena los vacíos de la historia con relatos de oídas, cartas robadas o testimonios que se encuentra en su camino. A través de este escriba conocemos la vida de Yeshuah, lo que nos lleva a posicionarnos ante ese narrador no fiable que nos pide que creamos en él y en su verdad con respecto a la narración. ¿Qué creer y qué no? ¿Fue Jesús un santo enviado por Dios capaz de obrar milagros o fue un simple rebelde rebosante de carisma y sabedor de las formas de convencimiento humanas? ¿Es su historia tal y como nos la cuentan o es una gran bola que ha ido creciendo con el boca oreja a lo largo de la Historia? ¿Tiene razón García Ortega o tiene razón la Biblia? ¿Alguien tiene razón?

Según El evangelista, la vida de Jesús no sería más que la de un líder comandando a un grupo ansioso por apartar de su territorio a los recién llegados romanos. Sin milagros, sin ese aura angelical que los rodea, sin la etiqueta de santos; con mucha sangre de por medio en su avance. No sería más que la historia de un hombre común capaz de dejarse matar por su pueblo. No sería más que la narración de la vida de un héroe que acaba en tragedia. Tragedia humana. Porque si nos basamos en el eco espiritual dejado por esa muerte – ya sea por la muerte en sí o por las habladurías que ella provocó – sí podemos decir que es la muerte con más éxito de la Historia. ¿Vosotros qué – y en qué – creéis?

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El libro de los muertos tibetano

El libro de los muertos tibetano

El libro de los muertos tibetano«El libro de los muertos tibetano es el tratado escatológico que con mayor precisión ha descrito todos los fenómenos que encontraremos tras nuestra muerte». Esto es lo primero que leemos en la sinopsis de un libro que lleva siglos y siglos enseñando a morir. Yo, que siempre he creído que los libros enseñaban a vivir, me sorprendo ahora con uno entre las manos que hace todo lo contrario: enseñar a morir.

Y es que El libro de los muertos tibetano – o Bardo Thödol –, descubierto en el siglo XIII pero existente ya desde siglos anteriores, es un seguido de pautas a seguir para autorrealizarse tras el fallecimiento. Situado en el contexto de las sagradas escrituras del Tíbet, esta obra es una parte de ellas y un manual de obligado uso para todos los seguidores de la religión tibetana. Como si se tratara de una guía, estas enseñanzas son dictadas al oído del fallecido con el fin de encaminarle hacia el sendero de la propia realización espiritual, evitando la reencarnación, salvando el alma de los cuerpos físicos, alcanzando el nirvana.

A través de tres fases, como si fueran tres oportunidades, el muerto tiene la posibilidad de salirse del ciclo de las reencarnaciones, siempre ayudado por su guía, su maestro o la persona de confianza que le marca el camino a seguir con este libro en las manos. Es un tanto extraño saber que estás leyendo algo que se ha recitado a muchos muertos a lo largo de la historia, algo que narra el proceso de la defunción, de cómo el alma se separa del cuerpo, de la lucha contra las deidades – apacibles por un lado e iracundas por otro –; en definitiva, del proceso de la muerte. Mediante estas fases, descritas y explicadas previamente y de forma exquisita por Ramon N. Prats en la introducción, el alma del difunto trabaja para orientarse en un espacio confuso e inexplicable como es lo que hay más allá de la muerte. ¿Te imaginas que alguien te contara qué tienes que hacer justo cuando notes que estás muerto? Pues este libro lo hace.

Una de las partes más importantes de esta edición, sin duda alguna, es la introducción de Ramon N. Prats, en la cual nos explica que es la primera vez que esta obra se traduce directamente del tibetano al español y donde nos habla de las adaptaciones que ha llevado a cabo, las notas que ha decidido incluir, y el tipo de vocabulario manejado.

En definitiva, debo decir que es sorprendente la lectura de El libro de los muertos tibetano, sobre todo para alguien que desconocía su existencia. Suele repetirse en su interior que la persona debe leer y releer estas enseñanzas en vida para que le sea más fácil el camino al morir. También se suele decir, esto ya no dentro del libro, que todos los miedos que sufrimos los humanos nacen del mismo: el miedo a morir. Espero, después de haber quedado sacudido por este extraño y confuso panorama que ofrece la obra, que haya perdido un poco el miedo, que haya quedado dentro de mí algo que me avise de la finitud de mi cuerpo o, por lo menos, algo que me ayude a reconocer que habrá un momento en que yo – o una parte de mí – diga para siempre adiós.

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Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander

Lamentaciones de un prepucio

Lamentaciones de un prepucio¿No os ponen muy nerviosos esa clase de personas que usa constantemente frases del tipo “como yo siempre digo”? A mí sí. Me parece muy arriesgado sentar cátedra de esa forma. Es darse demasiada importancia. En fin, centrémonos en el libro que nos atañe.

Como yo siempre digo, la religión me parece uno de los peores inventos de la historia. Creyentes del mundo, a mí no me miréis, yo no tengo la culpa de que todas y cada una de vuestras religiones hayan resultado ser un auténtico fracaso. ¿O me vais a decir que todas esas muertes y guerras por motivos religiosos tienen alguna justificación? Venga ya, yo también prefiero declararme atea por la gracia de Dios. En realidad deberíamos haber seguido adorando al sol, a la lluvia y cosas de ese tipo. Aunque visto lo imbécil que el ser humano también ha resultado ser ya habríamos encontrado los motivos para matarnos los unos a los otros. “Sol mío. Tú tinieblas” y al carajo otro australopithecus. No sé cómo no nos hemos extinguido ya.

Después de esta introducción tan melodramática, os daré una razón por la que no nos hemos extinguido: la literatura. ¿Queréis otra? Esta novela: Lamentaciones de un prepucio. Menos mal que seguimos aquí para poder quejarnos.

Blackie Books, (hola, creo que me estoy convirtiendo en vuestra reseñista oficial), edita esta novela escrita por Shalom Auslander. El título es demasiado sugerente, no os voy a engañar y sí, sólo por eso ya quería leerlo. ¿De que tendrá que quejarse un prepucio? Ay, si los prepucios hablasen. Ay, si todos esos prepucios circuncidados pudiesen escribir habrían escrito esta novela. (Intentemos borrar esa imagen, por favor).

Shalom, el autor, proviene de una familia judía ultraortodoxa y este libro es el relato de sus memorias, que giran en torno a la religión y su máximo representante: Dios. ¿Por qué esta obsesión del autor con Dios? Es fácil. Si te has criado en el seno de una familia y un entorno tan sumamente religioso es normal que al final acabes hasta las narices, por decirlo delicadamente. ¿Qué niño puede entender que existe un Dios que exige y prohíbe tanto?, ¿Cómo va a entender un niño que si te portas mal, que si no sigues las leyes de su doctrina, ese Dios te castigará? Da miedo, qué queréis que os diga. Y eso le ocurre a nuestro protagonista, que acaba viviendo completamente atormentado por ese Dios.

Lamentaciones de un prepucio son pues las memorias de Shalom, un joven judío que no entiende del todo su religión y que cuestiona sus tradiciones una y otra vez, pero que no puede simplemente pasar de ella. Dios es cruel. Su Dios está siempre ahí para juzgarlo, para que no se aleje demasiado del redil.

La lucha del protagonista con Dios es una batalla grotesca e hilarante. Shalom incumple casi todo lo que está en su mano: se atiborra de comida no kosher a escondidas, colecciona revistas pornográficas, roba, miente, fuma… Lo normal en un adolescente. Solo que su religión no le permite ser un adolescente más. Evidentemente, luego viene la culpa y los pactos y diálogos imposibles con Dios. Y te tienes que reír, porque el ingenio y la ironía son la base de este libro.

Hasta el propio joven decide marcharse a Israel para ver si es capaz de reconducirse dentro de su doctrina y la familia, aterrorizada ya por el rumbo que estaba tomando su hijo, se pone realmente contenta.

No os diré si realmente dios es tan cruel. Ni siquiera os diré si este Dios sigue atormentando al autor. Tendréis que juzgarlo y adivinarlo vosotros mismos. Lo que si os diré es que esta novela es realmente divertida, que aunque el autor parezca estar en ocasiones como una cabra, tiene todos los motivos para estarlo. Un libro que, aparte de entretener y divertir, nos hace reflexionar. Y buena falta nos hace.

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