Publicado el

Fuente Ovejuna, de Lope de Vega

Fuente Ovejuna

Fuente OvejunaMe interesa leer obras literarias de otros siglos porque me fascina descubrir cómo trascendieron en el tiempo. ¿Fue por la historia que contaban? ¿Por sus personajes? ¿Por las innovaciones artísticas que introdujeron? Puedo disfrutar más o menos al leerlas, pero siempre me parece enriquecedor conocer los motivos por los que destacaron entre el resto, haciéndose un hueco en la historia de la literatura universal.

Si hablamos de clásicos españoles, es casi una obligación mencionar a Lope de Vega, el dramaturgo que, pese a su prolífica trayectoria, ha quedado fijado en la memoria colectiva por Fuente Ovejuna, obra teatral publicada por primera vez en 1619, en la que ficcionaba un hecho real ocurrido en este pueblo cordobés en 1476. Porque ¿quién no ha oído alguna vez «Fuente Ovejuna, todos a una»? Que una obra adquiera mucha más relevancia que el hecho histórico del que habla y que llegue a formar parte del refranero popular da buena cuenta de su impacto más allá de la literatura, por eso este título en concreto llevaba mucho tiempo en mi lista de pendientes.

Sabía de qué iba Fuente Ovejuna y, por supuesto, su famoso desenlace, pero quería conocerla de primera mano. Y ha sido una suerte hacerlo con la edición de José Antonio Torregrosa Díaz, recién publicada por Anaya, ya que ha modernizado la ortografía lo suficiente para facilitar la lectura, pero respetando giros propios de la época y la estructura original del teatro del barroco. Eso, unido a las anotaciones al pie de página con explicaciones sobre cuestiones históricas, vestimentas y costumbres de aquellos años, ayuda a comprender mejor el texto y a profundizar en las múltiples lecturas que hay en la historia de Fuente Ovejuna.

Como es habitual en este tipo de ediciones destinadas al ámbito académico, José Antonio Torregrosa Díaz hace una introducción extensa para contextualizar la obra dentro del Siglo de Oro, un periodo especialmente convulso en lo político y económico. También explica cómo era el teatro entonces. Me ha llamado la atención que en aquellos tiempos el director de la obra se apropiara del texto, hasta el punto de reescribirlo o publicarlo sin tener en cuenta al autor del mismo. Lo que me hace pensar que cualquier versión de Fuente Ovejuna que leamos ahora estará lejos de ser una reproducción exacta de la que escribiera Lope de Vega en su día.

Tras esta introducción, se da paso a la obra, la que no me molestaré en explicar porque es mundialmente conocida. En el caso de que quede alguno que no sepa el argumento, suerte tiene, ya que así podrá disfrutarla en mayor medida si cabe. En las últimas páginas del libro, José Antonio Torregrosa Díaz dedica un apartado a analizar la obra y su repercusión, y eso enriquece mucho más la lectura.

Todo aquel que ya la haya leído, que se posicione: ¿es Fuente Ovejuna la historia de la lucha de un pueblo por su supervivencia o simplemente una exaltación de la monarquía? ¿Acaso es posible hacer lecturas tan diferentes de una misma obra? Como decía un profesor mío de la universidad, cuando algo suscita opiniones tan extremas es porque, seguramente, no se posiciona ni en un lado ni en el otro, sino que va mucho más allá. Por eso, el mensaje de esta obra de Lope de Vega sigue siendo actual, pues puede interpretarse según las circunstancias de cada momento. Ahora ya sé que ese es el motivo por el que Fuente Ovejuna se ha hecho un hueco en la literatura universal. Y por esa misma razón os recomiendo su lectura por muchos años que pasen.

[product sku= 9788469836187 ]
Publicado el

Veneno que no la mate, de Juan Miguel Borrego

Veneno que no la mate

Veneno que no la mate

Para defender una causa justa no es necesario tratar de blanquearla. Incluso me atrevería a decir que no es recomendable. En muchos casos basta con darle visibilidad, con señalar al mundo que ese problema sigue existiendo, ya que es en el silencio y en la falta de concienciación pública donde mejor florecen los irracionalismos. En el caso de Veneno que no la mate, obra publicada por Círculo Rojo en su colección Teatro, Juan Miguel Borrego plantea un enredo protagonizado íntegramente por mujeres, pero que para nada idealiza a su género. Simplemente le cede todo el protagonismo durante unos minutos para reafirmar que ellas son capaces de todo, tanto de lo mejor como de lo peor, sin que sea necesario que haya hombre que les dé el visto bueno o les censure.

Toda la obra teatral se desarrolla en la sede de una asociación de mujeres. En ella, las cinco protagonistas colaboran con diferentes causas y movimientos sociales. El conflicto central se inicia cuando Andrea, la voz cantante del grupo, desvela que va a casarse con su prometido, al que también pretendía Diana, una joven caprichosa y de fuerte carácter. Ésta última hará todo lo posible para evitar el matrimonio, para lo cual contará con la complicidad o el silencio del resto de las asociadas, las cuales no se atreven a pararle los pies por motivos diversos, a pesar de las altas probabilidades de que el desenlace de sus actos sea fatídico.

Como se puede ver, el compromiso del autor con el feminismo es palpable desde el propio planteamiento de la obra; de hecho, no aparece ningún hombre en ellaa, al menos como personaje activo. Lo principal en esta breve historia es la relación que existe entre cinco mujeres muy diferentes, cuyas personalidades están fuertemente marcadas tanto por su nivel socioeconómico como por la época en la que les ha tocado nacer. Es precisamente este choque generacional positivo, el mismo que ha provocado que la mujer poco a poco haya dejado de ser entendida y de entenderse a sí misma como un mero complemento de su marido para pasar a escribir su propio destino, el que brilla en el comienzo de la obra. Un empoderamiento que, como bien recoge el autor en una de las historias secundarias que pone sobre la mesa, todavía se encuentra en marcha y no se debe bajar la guardia.

Unido a lo anterior, si algo ha logrado sobradamente el autor gaditano es que sus personajes hablen como lo hace la calle. El lenguaje es sumamente llano e imperfecto: directo, brusco, plagado de onomatopeyas, de errores léxicos y de frases inconexas, lo que, por desgracia, no dista mucho de la forma en la que habitualmente nos comunicamos de viva voz. Esto no es una cuestión nimia; al fin y al cabo, cuántas lecturas pierden verosimilitud por basarse en diálogos excesivamente perfectos y acartonados. En ese sentido, creo que este es uno de sus principales logros, junto con la forma pausada en la que Borrego va introduciendo a los personajes en la historia, de tal forma que resulta sencillo captar las marcadas personalidades, casi caricaturescas, de cada uno de ellos.

Con todo, he echado un poco en falta una mayor adaptación del contexto a los tiempos actuales. Es decir, especialmente en el caso de las tres mujeres más jóvenes, que rondan la veintena, creo que no hubiese estado de más aproximarlas al mundo de redes sociales, series televisivas y modas pasajeras en el que vivimos. Por el contrario, el autor ha optado por escapar de prácticamente todo aquello que escapa del puro contacto humano, con lo que la trama podría situarse sin problema en épocas bien distintas. Ello no quita para que nos ofrezca una sucesión de hechos enormemente entretenida, en la que los giros de guion, numerosos para lo reducido de la obra, permiten que lleguemos a las últimas páginas sin tener demasiado claro cuál va a ser el desenlace, lo que siempre es de agradecer.

Veneno que no la mate tiene su mayor virtud en su sencillez, en su falta de pomposidad tanto en su planteamiento como en la forma de actuar de sus personajes, a lo que se añade el claro propósito de su autor de reflejar cómo la mujer va tomando poco a poco en nuestra sociedad el papel que le corresponde. No son pocos (ni pequeños) los motivos, por tanto, para darle una oportunidad a esta lectura.

 

[product sku= 9788491407928 ]
Publicado el

La última bruja, de Mayte Navales

la ultima bruja

la ultima brujaNo sé qué tienen los libros de brujas (no digo los cuentos, aunque también) para llamarme tanto la atención y, si me parece que son buenos, querer leerlos. Me encantó el Ars mágica de Nerea Riesco, Los archivos de Salem de Robin Cook y la saga de las brujas de la Rice. He leído algunos más, pero andan por ahí, perdidos en alguna cuneta de mi memoria. Puede que sea la fascinación por los tiempos en los que la Inquisición o los lugareños de Salem, creían en ellas y las ejecutaban tratándose de mujeres del todo inocentes (al menos en lo que a brujería se refiere), y toda la sarta de tratados (como el famoso Malleus Maleficarum al que aún no he hincado el diente) llenos de características de lo más curiosas para identificarlas y enumerar sus deleznables acciones.

O puede que sea que me guste pensar que realmente existieron (y existen) pero, como en cualquier peli de terror, te sientes a salvo en la distancia, en la seguridad de tu casita, con un libro o tele interpuesto. Que en el fondo, aparte de envidias y malos rollos, las gentes de aquellas épocas se olieron algo y el miedo les empujó a quemar a esas mujeres que comían niños, bailaban desnudas (¡oh, qué desvergonzadas!) y adoraban a Satanás…

Da igual el motivo. Hay que cosas que te gustan y punto. ¿Para qué buscar explicaciones?

La última bruja me ha hecho disfrutar tanto como los libros mencionados en el primer párrafo. Coincido con la contraportada cuando afirma que Mayte Navales es heredera directa de Gaiman, King, Rice y Rothfuss, (pero no con Eduardo Noriega al decir que si te gusta Juego de Tronos te gustará este libro… ¿WTF? No encuentro similitud con la serie por ningún sitio) y añado que también me ha devuelto aromas del Follet de Los pilares de la tierra e incluso algo del cuento de Hansel y Gretel, un detalle que, como guiño, me ha parecido genial. Tiene esos elementos mágico-oníricos que tanto gusta a esos autores. Pero además, estamos ante una historia muy poco vista y la (¿involuntaria?) pretensión de hacernos creer que las brujas han existido como tal siempre, desde tiempos remotos, hasta la actualidad. Y lo que es más, consigue que te lo creas, porque la historia está bien construida y los personajes, a pesar de lo increíbles que son, tienen alma en las palabras de Mayte Navales, tienen profundidad y evolucionan considerablemente a lo largo de todo el relato.

No es fácil describir la trama. Básicamente es la crónica de dos brujas milenarias (una nacida en la Edad Media y la otra mucho mucho antes) y de cómo estas, cual el programa de televisión El último superviviente,  juegan a vivir sus muchas vidas y sobrevivir haciendo todo lo necesario para ello.

En La última bruja vamos a encontrar fantasía, drama y también terror. Son brujas de verdad. De las que cambian su aspecto viejuno por el de preciosas mujeres para seducir a hombres de aura azul, de las que lanzan hechizos y vuelan, pero también de las que tienen sus sentimientos y su razón de ser, de las que sufren, curan y son perseguidas. Y de las que obtienen gran parte de su poder de los nombres. Por eso siempre los ocultan, se los inventan o se apropian de los nombres fuertes de la naturaleza y preguntan los nuestros.

–¿Y qué nombre debo usar?

–Cualquiera de los que he usado contigo. Yo te oiré.

–¿Algo más?

–No permanezcas demasiado tiempo en el mismo sitio. No te fíes de nadie. Que nadie te conozca–fue el último consejo que le dio.

Este es un libro que merecidamente pasará a reunirse con los libros ya mencionados. Los que recordaré siempre con cariño porque me entretuvieron, robaron horas al sueño, agrandaron mi particular universo de ficción y consiguieron que pensara en sus personajes días después de acabar su lectura.

Mayte Navales, finalista del Premio Minotauro con esta novela, se ha hecho un nombre en el género. Y ya sabemos el poder que tienen los nombres…

[product sku= 9788416776696 ]
Publicado el

Tan solo el fin del mundo, Jean-Luc Lagarce

Tan solo el fin del mundo

Tan solo el fin del mundoLa llegada del hijo pródigo es carne de literatura desde tiempos inmemoriales. Una prueba de madurez en forma de relato mítico que ya hemos absorbido como propio. Muchos de estos relatos nos invitan a formar parte de la revancha implícita y la alegría explícita del reencuentro. Sin embargo, son pocos aquellos que destejen el por qué de la marcha y la probabilidad de que dicho regreso sea ominoso e incluso macabro. Estamos ante un caso que rompe el molde. Si bien es cierto que presenciamos el regreso de un hijo a la casa familiar, también lo es que las alegrías y el rechazo llenan las habitaciones a partes iguales. Y es que el nuevo título publicado por Dos Bigotes, no sólo empieza a estar en boca de todo el mundo por la reciente adaptación cinematográfica de Xavier Dolan. Tiene méritos propios como para colarse en las mejores lecturas de 2017. Decir esto, empezando febrero es ser de todo menos comedido. Pero pocas veces uno encuentra una obra capaz de hacerte parar la lectura para entender qué está pasando tanto dentro de la página como dentro de ti. Tan solo el fin del mundo es una obra mínima en ejecución que acaba desbordando al lector en más de un sentido y consigue remover cimientos aparentemente sólidos.

La pieza teatral comienza cuando Louis, ante una inminente enfermedad que acabará con su vida, decide volver a la casa familiar para comunicar el terrible diagnóstico y, de paso, reconciliarse con su pasado. Poco de este plan podrá llevarse a cabo cuando entienda que aquellos que nunca se marcharon tienen tanto o más que decirle. Una madre que le extraña, un hermano que le niega, una hermana que le idolatra y una cuñada que no le conoce. Estos cinco personajes vivirán las horas más tensas de sus vidas. En el mero transcurso de un día, verán cómo todo lo que creían enterrado encuentra su camino a la superficie, dejando claro que el olvido que nos promete el tiempo tan sólo es un préstamo que tarde o temprano debemos devolver. Como si de un asesinato cometido años atrás, al reunirse todas las piezas, cada uno de estos seres infelices, entendemos la dimensión del crimen y las medias mentiras que han servido para evitar el derrumbe. Todos bajo el mismo techo y sin poder apartar la mirada. Y es tanto el rencor y es tanta la rabia que, poco a poco, la futura muerte de Louis se diluye en un sinfín detalles de una vida pasada que cada uno recuerda a su modo.

No he visto la obra representada y la adaptación cinematográfica de Dolan dista lo suficiente como para que puedan complementarse, pero no reflejarse la una en la otra. Sin embargo, no puede negarse la fuerza violenta que su autor, Jean-Luc Lagarce, ha insuflado en el texto. Cada uno de los personajes necesita decir, pero no puede. Cada uno tartamudea de un modo diferente en el intento vano de hacer llegar a los demás su dolor o su nostalgia. De hecho, el autor ha usado el monólogo en gran parte de la pieza para dejar claro esta ausencia de diálogo. La comunicación no sucede de un modo bidireccional. Los personajes sueltan las palabras y nunca sabemos si calan en el interlocutor. Siquiera si hay interlocutor en algunas de las escenas. Esto duele por potente y porque deja claro que en el fondo Tan solo el fin del mundo es una obra que nos habla del aislamiento en el sentido más letal del término, aquel que nos impide llegar a otro humano incluso cuando lo tenemos justo enfrente. Incluso cuando tiene dentro nuestra misma sangre.

La familia es la máquina del tiempo más rudimentaria que existe. Nos hace volver a un tiempo que ya fue, pero cuyo recuerdo dista mucho de la imagen distorsionada que uno recibe. No hay botones de emergencia que pulsar si uno quiere volver al presente. Ni cinturones que nos aseguren que no saldremos heridos del viaje. Te lleva atrás y te enfrenta a cosas que fueron y que te formaron. Cosas que aún duelen y que por tanto no hemos aprendido a pronunciar. Como ya nos enseñó Lorca, la muerte y la familia son dos hechos inevitables en la vida de todo ser humano. Y la reconciliación con ambas potencias hará válido nuestro paso por el mundo. Si sucede, claro. Jean-Luc Lagarce nos muestra las infinitas posibilidades de este duelo. Y es que esta hermosa pieza de orfebrería cuenta con aristas rencorosas y con silencios prolongados. Todo el equipaje que nos hace falta para viajar atrás y decir ‘He vuelto a casa’ aunque todos estén mirando a un extraño.

[product sku= 9788494618338 ]
Publicado el

Luces de bohemia, de Ramón del Valle-Inclán

Luces de bohemia

Luces de bohemiaAño 1920. España. Hombre flaco, gallego, de extravagante porte. Capa sobre sus hombros, larga melena cubierta por un sombrero —uno de copa—, quevedos y barba de chivo. Y manco, que eso también hay que saber lucirlo. ¿Su nombre real? Ramón Valle Peña. Él mismo decidió cambiárselo por el más sonoro y molón Ramón María del Valle-Inclán. Mucho mejor.

Este hombre, que gustaba de codearse y reflexionar sobre filosofías irracionalistas en el seno de hombres graves y concentrados como Unamuno, Azorín o Baroja, resultaba siempre la nota discordante por sus excéntricas y bohemias costumbres. Fíjate hasta qué punto llegaban sus ideas que decidió abandonar los estudios de Derecho e irse a vivir a México porque, según él: «México se escribe con x». Y se quedó tan ancho. ¿Y cómo llegó a quedarse manco? Ese es otro capítulo de su esperpéntica —¡oh, fabuloso calificativo!— vida. Resulta que, tras su experiencia mexicana, todo con muchas x, y regresar a Madrid, su vehemencia le llevó a zurrarse con un amigo a bastonazo limpio. Decían los habituales del Café de la Montaña que Valle-Inclán era asiduo a acalorarse en debates y recurrir al duelo con sus homólogos. ¡Qué tiempos, oiga! En una discusión que no iba con él sobre la relación entre españoles y portugueses, Manuel Bueno dijo algo que no resultó del agrado de Valle-Inclán. Ni corto ni perezoso le espetó: «¡Qué quieres decir con eso, majadero?». Y Manuel Bueno, que no era muy dado al diálogo, le asestó un bastonazo en el brazo cuyo resultado fue la amputación por la lesión. Pero todo dentro del sentido más puramente bohemio, por supuesto. Nada de chocarrería castiza de borrachines literatos, que nuestro Valle-Inclán era mucho Valle-Inclán. No era ningún cualquiera.

En el año 1920 el autor perteneciente a la Generación del 98 revolucionó el teatro español publicando Luces de bohemia y un subgénero que él mismo creó, el esperpento. Se acuñó el término del esperpento a una mordaz visión de la sociedad española, una deformación caricaturizada del habla y de sus gentes de un modo grotesco. En la obra encuentras esta teoría en la escena XII en la que el protagonista, que en seguida hablo de él, toma la palabra y dice:

«La tragedia nuestra no es una tragedia […]. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea».

La técnica de la deformación esperpéntica se produce de la transformación que sufren los rostros en los espejos cóncavos que decoraban los escaparates del callejón del Gato en Madrid. Esa visión deformada, junto con las imágenes grotescas de los cuadros de Goya (según el protagonista: «El esperpentismo lo ha inventado Goya») inspiró a nuestro Valle, que era un cachondo, no lo olvides, a desarrollar ese género.

Luces de bohemia trata sobre un escritor ciego, Max Estrella, un soñador perdido en Madrid y hambriento que, sin dinero, se deja guiar por un lazarillo, don Latino de Híspalis, a través de los callejones sombríos y tabernas del Madrid de la época. En su paseo nocturno se producen una serie de sucesos de lo más triviales donde, paradójicamente, es el ciego quien ve la verdad que rodea la sociedad; lo grotesco. En una taberna comparte charla con su buen amigo Rubén Darío, se cruza en su camino con unas prostitutas, coincide con un grupo de amigos cuyos cánticos revolucionarios le llevarán preso al calabozo… En fin, lo que suele dar de sí una noche madrileña. No me digas que no te sientes identificado con el pobre Max. Un pasaje de escenarios múltiples de técnica muy cinematográfica (y de compleja representación en teatros de la época) le llevará a un funesto desenlace que pone la guinda a este goyesco cuadro esperpéntico.

Luces de bohemia fue en mi instituto lectura obligada. Y la disfruté. Mucho. Años después, vuelvo a encontrarme con una edición de esas que da gusto tener por sus comentarios de texto, esta vez a cargo de Francisco Caudet, y la soberbia documentación y profesionalidad con la que analizan la obra. Leer un libro en las cuidadas ediciones de Cátedra es una apuesta ganadora segura. Tiene todos los detalles necesarios para la comprensión de la lectura, la trayectoria del autor, el contexto espacio-temporal y un análisis crítico en profundidad y de gran rigor para aprender con cada página. De mis años de estudio en Literatura Española, y que ahora he vuelto a retomar, Bécquer y Valle-Inclán siempre fueron mis favoritos; con quienes más disfrutaba leyendo sus obras, de quienes más me fascinaban sus biografías. Ya solo me queda tener la oportunidad de ver representada esta genial obra de teatro.

[product sku= 9788437635064 ]
Publicado el

Qué haréis con este libro, de José Saramago

que hareis con este libro

que hareis con este libroSoy saramaguiana. Me da igual si no existe el término, yo me defino así desde hace una década, tras leer Ensayo sobre la ceguera. Fue mi segundo libro de José Saramago y el definitivo para que me declarara fan incondicional. Desde entonces, he leído catorce de sus novelas, uno de sus libros de poemas y uno de sus recopilatorios de artículos, y todos ellos ocupan un lugar de honor en mi librería. Solo me faltaba leer alguna de sus obras teatrales, pero gracias a Alfaguara, que ha recogido en Qué haréis con este libro su teatro completo, ya tengo esa cuenta completamente saldada.

Saber que Saramago no escribió teatro por inquietud literaria sino por encargo me hizo recelar. Enterarme de que no fue el tipo de encargo que me imaginaba —uno que quisiera aprovechar el tirón de un nobel— me tranquilizó: la primera propuesta la recibió en los años setenta, mucho antes de ser un autor conocido. Leer las páginas iniciales me bastó para que toda duda desapareciera: la impronta del autor portugués aparece desde la primera línea de diálogo.

Las cinco obras teatrales que componen este volumen recorren varias épocas y lugares: el Portugal del renacimiento, cuando Luís Vaz de Camões, actualmente considerado uno de los poetas portugueses más importantes de la historia, tuvo que ir puerta por puerta para conseguir que publicaran su primer libro (¿Qué haré con este libro?, 1980); el Münster (Alemania) del siglo XVI, durante el enfrentamiento de católicos, luteranos y anaptistas (In Nomine Dei, 1993); la Italia del don Giovanni de Mozart, una versión más del personaje, que se suma a las hechas por Molière, Byron, Espronceda, Zorrilla, Pushkin o Dumas (Don Giovanni o El disoluto absuelto, 2005); la redacción de un periódico a las órdenes del fascismo portugués, la noche en la que se inició la Revolución de los Claveles (La noche, 1979); y la sala de reuniones de una empresa, en un tiempo y lugar indeterminados, el día en el que reaparece su fundador, Francisco de Asís, para mostrar su disconformidad con los cambios de rumbo que ha sufrido su obra (La segunda vida de Francisco de Asís, 1987). En todas ellas encontramos personajes de firmes convicciones que luchan contra la injusticia, aun a expensas de perderlo todo.

Encontrarme con el Saramago al que ya conozco, con el que me siento tan cómoda y al que incluso añoro de vez en cuando, ha sido como volver a casa. Para los saramaguianos es un placer que aún nos queden obras que descubrir de nuestro autor favorito, y más esta, que reúne en un solo tomo todas sus obras de un género determinado. Pero creo que incluso para los detractores de su particular forma de escribir narrativa (en la que prescinde de puntos y de rayas de diálogo) es una oportunidad de redescubrir al autor portugués, sin que la forma desvíe la atención del fondo. Porque su fondo sí que está, el de siempre, con sus temas recurrentes (la dictadura sufrida por su país, las incoherencias religiosas, las convicciones políticas, la lucha por un mundo mejor), sus reflexiones y sus ironías. Su profundidad habitual, pero revestida de la aparente —solo aparente— sencillez del diálogo teatral. En cambio, quienes no soportan su retórica, esos que se atreven a tildarla de pedantería, no apreciarán este libro. Porque Saramago es Saramago, único e inconfundible, ya sea en prosa, en verso o en dramaturgia.

Como cualquier otro escritor, Saramago se planteaba para qué servirían sus libros en el futuro, cuánto tiempo perdurarían en el tiempo. El título escogido para su teatro completo nos lo pregunta directamente: Qué haréis con este libro. Yo, como buena saramaguiana, tengo clara la respuesta: leerlo recreándome en cada frase, recomendarlo a todo aquel que quiera escucharme y colocarlo junto a sus obras hermanas en el estante que tengo reservado solo a ellas, con la ilusión de estar un poco más cerca de tener todos sus libros conmigo y la pena de saber que, a partir de ese momento, no habrá más Saramago que descubrir. ¿Qué haré yo entonces, huérfana lectora a la deriva? Volver a ese estante para reencontrarme con mis viejos conocidos. Ellos siempre estarán ahí para mí cuando necesite una dosis de Saramago, una dosis de lucidez.

[product sku= 9788420419671 ]
Publicado el

Lorca esencial, de Mauro Armiño

Lorca esencial

Lorca esencialEs esencial conocer a Lorca, leer a Lorca, querer a Lorca. Se lo debemos. Le debemos toda la pasión y todo el reconocimiento porque la historia no fue justa con él. Y es, permítanme decirlo, una auténtica mierda que Lorca nos fuese arrebatado tan pronto. Pero, por otra parte, sus obras son el mejor legado, son su carta de presentación, su “aquí sigo, no pudieron conmigo”. Claro que no pudieron con Federico García Lorca. Lorca siempre estará con nosotros. Siempre va a ser esencial, por ello este libro se titula también Lorca esencial.

Tengo varios poetas predilectos y uno de ellos es Lorca. Creo que en mi top ten (qué manía me ha dado últimamente por hacer listas), Federico García Lorca, Miguel Hernández y Ángel González estarían en los tres primeros puestos. Es que, amigos, lo que ellos hacen es POESÍA. Eso es hacer magia con las palabras, retorcer el lenguaje, y exprimir de él toda la belleza. Como lectora me encantan. Como poeta me aterran. ¿Por qué? Pues me pasa que cuando leo sus poemas pienso que yo nunca podré escribir algo tan genial. Y esa, amigos, es otra maldita manía mía. No sé qué hago queriéndome poner a la altura de Miguel Hernández o de Lorca. Tranquilos, no son los humos, son las ganas.

A Lorca lo conocemos todos, lo hemos estudiado, hemos oído o leído algún poema suyo o incluso hemos visto alguna obra suya representada en el teatro. Lorca forma parte de la historia española, de nuestra cultura y tradiciones. Que Lorca fue fusilado en el 1936, justo un mes después de que comenzara la Guerra Civil Española, también lo sabemos. Lo sabemos y nos duele, como nos duelen todos los fusilamientos injustos, todo el dolor que las guerras provocan. La historia es injusta, pero eso también lo sabemos todos.

El poeta estudió en la célebre Residencia de estudiantes de Madrid, un centro donde se concentraba lo más granado de la cultura (presente y futura) española. Algunos de sus compañeros fueron los conocidos Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí. Lo que os decía: lo mejor de cada casa. Lorca empezó a escribir desde muy joven. Entre los años 1920 y 1921 ya había publicado su primer poemario y había estrenado y escrito varias piezas teatrales. Porque sí, Lorca era poeta, pero también era dramaturgo. Uno de los mejores dramaturgos que hemos tenido. Compartía grupo generacional con la denominada Generación del 27, a la que pertenecían autores de la talla de Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis Cernuda o Vicente Aleixandre. Entre sus características comunes, este grupo fundía las normas neopopulares con los movimientos de vanguardia. Lorca es, sin duda, uno de sus máximos representantes, pues en sus obras mezcla como ninguno la tradición con la vanguardia.

Tampoco quiero extenderme demasiado en hablar sobre el autor, pero comprenderéis que es necesario. Lorca esencial es una edición de Mauro Armiño, un premiado y reconocido crítico literario. En su prólogo podéis leer más sobre la vida de Lorca, así como encontrar un montón de fotografías interesantes. El libro recoge la obra fundamental de la lírica de Lorca: Romancero gitano y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías completas y lo esencial de Libro de poemas, Poema del cante jondo, Suites, Canciones, Poeta en Nueva York, Tierra y luna, Seis poemas galegos, Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro. Encuanto a su producción teatral, encontramos Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera y La casa de Bernarda Alba. Como podéis ver, se trata de un libro muy completo, en una edición muy estudiada y cuidada y con un prólogo igual de interesante.

Las obras de un escritor esencial para entender nuestra cultura se encuentran recogidas en este volumen y es una absoluta maravilla poder tener acceso a ellas tan cómodamente. Un libro que consultaré una y otra vez, volviendo siempre a las sabias palabras de Lorca. Para que no se pierdan, para que siempre estén presentes.

[product sku= 9788441436663 ]
Publicado el

Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne

Harry Potter y el legado maldito

Harry Potter y el legado maldito2008 fue para mí un año crucial. Un año de cambios, de vaivenes y de descubrimientos. Fue el año en que me mudé de Madrid a Cantabria. En el que dejé de vivir en una ciudad de tres millones de habitantes, para vivir en un pueblo de cuarenta personas. Deserté de un instituto lleno de amigos para cruzar las puertas de uno donde todos eran extraños. Cambié no ver la nieve más que cuando cruzaba Somosierra, a tener que aprender a ponerle cadenas al coche. Y también conocí el final —o eso pensaba yo por aquel entonces— de Harry Potter. Y diréis, ¿qué tendrá que ver algo tan importante como es mudarse de ciudad con una saga de libros? Pues para mí lo tiene que ver TODO. Harry Potter y la piedra filosofal fue el primer libro “en serio” que leí. Me lo compró mi padre en la estación de Atocha mientras esperábamos un AVE dirección Sevilla. Los dos siguientes —La cámara secreta y El prisionero de Azkaban— fueron mi regalo más preciado de Papá Noel (gracias a mi tía Raquel que se acordó de pedirlos en su carta). Cuando se publicó el cuarto, El cáliz de fuego, esperé durante una hora a que abriera la librería de mi barrio, por miedo a que se agotaran los ejemplares; aunque la verdad es que me lo podría haber ahorrado, porque nadie más vino a comprarlo. Los últimos —La orden del fénixEl misterio del príncipe y Las reliquias de la muerte— me ayudaron a consolidar esa tradición de esperar desde las nueve de la mañana delante de la librería, en la que incluí pasarme por la churrería de vuelta a casa. Y ahí terminó todo. Devoré Las reliquias de la muerte y se acabó. Ya no quedaba más. Fue como mudarme de ciudad, como cambiar de vida. Algo, para siempre, había terminado. Había pasado página y cerrado las tapas de un libro que jamás volvería a abrir.

Así que algo renació en mí cuando hace alrededor de un año y medio escuché que J.K. Rowling iba a continuar la historia. Primero anunciaron que sería una obra de teatro que solo los afortunados con un billete a Londres podrían ver y vivir en sus carnes. Ante la protesta de los fans de todo el mundo —comprensible, ya que todos teníamos el mismo derecho de saber cómo continuaba la historia— decidió, junto con John Tiffany y Jack Thorne publicar la obra en papel, Harry Potter y el legado maldito, convirtiéndose así en el libro más esperado de los últimos ocho años. Tuve la tentación de comprármelo en inglés pero que aguanté como una campeona a que saliera en español; envidiando a todos los intagamers anglosajones que compartían fotos sonrientes en las que sujetaban el ansiado libro dorado.

Pero el día llegó y la que lo tuve en mis manos fui yo. Y me duró, a lo sumo, unas cuatro horas. Me sentí saciada por un momento, pero ese sentimiento dio paso rápidamente a una desolación tremenda. Tenía veinticuatro años y volvía a sentirme como si tuviera dieciséis. Odio decir adiós. Pero ¿tener que decirlo dos veces? El golpe duele todavía más si cabe.

Perdonad que me haya volcado tanto en mi propia historia. Pero comprended que me emocione tanto al hablar de Harry Potter. Es la saga con la que crecí, la que me enseñó a amar la lectura y la que, a día de hoy, me hace viajar por mundos maravillosos como ningún otro libro lo ha hecho. Ahora que ya habéis entrado en situación y que sabéis lo importante que es esta saga para mí, puedo continuar. Y lo voy a hacer hablando del libro.

Como la mayoría de vosotros sabréis, el formato que han utilizado los autores para este libro no es el mismo que para el resto de la saga. Es teatro. Puro y duro. Para la gente que no esté acostumbrada a este género, puede ser un motivo de rechazo. Pues no lo es en absoluto. En las escenas no participan muchos personajes, por lo que no tendréis que estar leyendo todo el tiempo el nombre de la persona que está hablando, ya que se predice bastante bien y hace que la lectura fluya rápidamente y sin tropiezos. Me parecía importante hablar del formato, ya que es la pregunta que más se está oyendo sobre este libro “¿pero de verdad que es teatro?” Sí, lo es. Y es fantástico.

Pero vamos a lo que interesa, el contenido. La incógnita que rondaba por mi cabeza era la de quién iba a ser el malo. Todos sabéis cómo termina Las reliquias de la muerte y, aunque en este libro Harry ya no es el protagonista —lo será Albus Severus, uno de los hijos que tuvo con Ginny Weasly— tenía que haber un malo que estuviera a la altura del Que No Puede Ser Nombrado o, si me permitís, de la odiosa Dolores Umbridge (para mí, la villana por excelencia. Qué horror de mujer). Y vaya si lo hay. No os lo podéis ni imaginar.

Pero… ¿dónde queda la amistad? Uno de los pilares más importantes de la saga es la relación entre Harry, Ron y Hermione, así que en este libro se tenía que demostrar que la amistad sigue siendo uno de los valores fundamentales. Pues bien, nuestro querido (aunque a veces se comporte como un adolescente insufrible) Albus demostrará que el valor de la amistad le viene dado en la sangre y que no tiene ningún tipo de prejuicio, pues su mejor amigo será Scorpius Malfoy, el hijo de Draco Malfoy, aquél Slytherin que tanto odio le tenía a Harry. Ellos dos, como ya lo hiciera su padre con su edad, tendrán que enfrentarse a lo peor a lo que uno podría plantarle cara: los demonios del pasado.

Con estos ingredientes y las páginas pasando más rápido de lo que me gustaría, volví a Hogwarst por unas horas. Pude revivir mis recuerdos más dulces de la infancia, en los que no faltaron sapos de chocolate ni cervezas de mantequilla. Y, aunque confieso que tengo uno, no me ha hecho falta para ello usar mi giratiempo. Aunque, a decir verdad, si este giratiempo funcionara no sé si querría viajar al pasado. Sí, sé que podría volver a vivir esta saga desde cero, pero tendría miedo de cambiar una sola cosa, por minúscula que fuera, que hiciera que todo lo que estos libros me han hecho sentir se fuera al traste. Llamadme nostálgica y loca. Y yo os llamaré muggles.

Publicado el

Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling, Jack Thorne y John Tiffany

harry potter y el legado maldito

harry potter y el legado malditoLondres. Julio de 2016. Es muy posible que sin haber ido este verano y paseado por las calles londinenses, yo no estuviera hoy haciendo esta reseña. Aquel que, antes de la salida a la venta de Harry Potter y el legado maldito en inglés, se paseara por cualquiera de las librerías de la capital podía observar cómo los preparativos para la salida de esta obra de teatro indicaban una cosa: Harry Potter no estaba muerto y los lectores no se habían olvidado de él después de tantos años. Volví de Londres y el mismo día de la publicación corrí a mi librería más cercana para empezar a leer aquello que se había vestido con el traje de “el lanzamiento del año” y hoy puedo decir que la espera ha merecido la pena. Pocas generaciones han crecido tan al abrigo de una serie de libros como lo hicimos nosotros con cada publicación de las aventuras del mago que luchaba contra Voldemort y que nos dejó en cierta forma huérfanos de historias semejantes. Ahí, en ese vacío que se crea entre el término de un libro y nuestras ganas de saber qué sucede después, es donde este nuevo capítulo en la vida de Harry hace mella y nos deja a los lectores con una sonrisa y con los ojos brillantes por tener en nuestras manos, de nuevo, una nueva aventura de uno de nuestros personajes favoritos. Poco importará que sea en teatro, novela o cualquiera que sea el modo elegido. Aquí lo importante es que vuelven a abrirse las puertas de  Hogwarts y la magia vuelve a caminar con nosotros de la mano. ¡Empecemos con el análisis!

El secreto de lo que sucede en Harry Potter y el legado maldito debe permanecer a buen recaudo. No comentaré detalles de su argumento que destrocen las ansias de quien está dispuesto a devorarlo en su lanzamiento. Sólo diré que nos encontramos diecinueve años después de lo que ya pudimos leer en el último libro y Harry se dispone a ver cómo su hijo emprende los mismos pasos hacia Hogwarts que él diera cuando era pequeño. Sin embargo, como si de una maldición eterna se tratase, la vida de los Potter no tendrá descanso ninguno y una sombra se cierne sobre la cabeza de aquellos a los que ha amado siempre.

Para esta reseña necesito cambiar un poco el estilo de cómo lo suelo hacer habitualmente e  ir punto por punto para no dejarme absolutamente nada de lo que quiero contar:

En primer lugar, hablemos de la forma. Se ha criticado mucho que esta nueva historia sea una obra de teatro y no sea fiel a sus formatos anteriores. Si bien es cierto que la forma de leer y los ritmos cambian considerablemente, no he visto en ningún momento un impedimento, un lastre, un escollo, que no me permitiera disfrutar del texto. Diré, además, que para mí ha sido un viaje diferente y podría decir que incluso más liviano que me permitía, cosas de la imaginación, pensar en cómo sería la adaptación al escenario de todo lo que estaba leyendo. Quizá por eso entiendo poco las críticas tan furibundas que he leído en las redes sociales. ¿No se trata de disfrutar de la lectura? ¿Debemos ser siempre tan puristas con todo?

En segundo lugar, hablemos de la historia. Si bien todo parecía indicar que el relevo generacional iba a estar presente – y lo está, eso no hay que ponerlo en duda – termino el libro con la sensación de que, al final, Harry Potter vuelve a ser el eje central de toda la obra. Entendedme cuando digo esto en un tono de cierta decepción. Creo que la trama está muy bien llevada, que las referencias constantes a los otros libros son un acierto y te hacen plantearte volverte a leer todos del tirón, que la esencia de lo que J. K. Rowling sigue intacta, pero aun así esperaba una vuelta de tuerca más a lo que se nos proponía. ¿Significa esto que Harry Potter y el legado maldito no me ha gustado? Nada de eso, por favor. Lo he disfrutado, he babeado – casi literalmente – con la vuelta al mundo de los magos, con la vuelta a escena – nunca mejor dicho – de Harry, Hermione y Ron junto a secundarios de lujo que tenían que aparecer de nuevo. Simplemente es una sensación de un lector que, después de esperar tanto tiempo, esperaba quizás un poco más de riesgo a la hora de poner sobre el papel una nueva historia que nos proporcionara, quizás en un futuro o quizás no, a otro protagonista que manejara la varita mágica de la misma forma en que lo hacía el Potter original.

Para finalizar, el eterno debate entre leerlo sin haber leído los anteriores o, por el contrario, no leerlo sin haberse introducido en toda la saga como deberíamos. Mi opinión: uno puede leer sin complicaciones lo que encontrará en esta nueva historia sin haber leído todo lo anterior. Al fin y al cabo, en muchos de los actos que aparecen nos explican a la perfección qué es lo que ha sucedido para llegar a la situación actual. ¿Se disfrutará menos? Posiblemente. Hay referencias constantes a cuestiones de toda la saga, bromas privadas que entenderán aquellos que hayan devorado las historias de Harry Potter y quizá secretos que se encuentren en un interlineado que va más allá de lo que estamos leyendo. ¿Es entonces posible disfrutar de este libro como punto de partida? Lo creo firmemente. ¿Quién dijo que leer tuviera que tener una cronología determinada? No hay nada más placentero que un libro te descubra un mundo tan impresionante, como lo hace este, para que poco tiempo después sea el propio lector el que decida ampliarlo.

Por tanto, Harry Potter y el legado maldito cumple las expectativas, las retuerce de alguna manera y convierte lo que es una obra de teatro en un auténtico fenómeno que querrá arrasar con todo lo que esté a su paso.

[product sku= 9788498387544 ]
Publicado el

Todos somos belgas

Todos somos belgas, de Miriam Segura

Todos somos belgasTítulo: Todos somos belgas
Autora: Miriam Segura
Editorial: Ediciones irreverentes
Páginas: 75
ISBN: 9788416107001
Año: 2014

Que el año pasado disfrutase de parte de mis vacaciones en Bélgica, es más que probable que haya motivado que la lectura de esta obra de teatro me haya parecido tan divertida.

Conocer lo mejor de sus costumbres, ya saben, fundamentalmente beber cerveza, buenas y potentes cervezas como la Chimay roja o azul, Davel o Carolus V, me motiva, y pensé en ellas y en Brujas, y en el chocolate, y en las patatas fritas, y naturalmente en esa montaña de bicicletas que uno ve, y usa, allá, donde mire, mientras leía esta divertida obra de teatro que casualmente, y por esas cosas del destino, cayó en mis manos.

Me gustó Bélgica y me gustaron los extraños belgas, quizá no tan excéntricos y divertidos como los profesores de este colegio ubicado en España, en el que está izada y ondea al viento la bandera belga.

Sigue leyendo Todos somos belgas

Publicado el

Cuando fuimos dos

cuando fuimos dos

Cuando fuimos dos, de Fernando J. López

cuando fuimos dosEl amor no se queda quieto. Se mueve, camina de un lado a otro, se mete de lleno en las paredes de un hogar, lo impregna todo como el aceite cuando se desborda de la sartén, quemándolo todo, produciendo heridas que tardan en sanar, en curar, pero que deja una cicatriz que es imposible de borrar. Una herida, una conversación, una habitación donde todos los sentimientos se desbordan, recubren un telón que se levanta y baja en una misma noche, en una gira que recorre los corazones de todos aquellos que, en la butaca, suspiran con la atención puesta en las palabras que unos actores pronuncian. Cuando fuimos dos es una historia de amor, y otra del desamor, con todos esos silencios que se esconden tras los cojines, tras las cortinas que nos resguardan de lo que hay ahí fuera, pero permitiendo que lo que sucede dentro nos duela, nos remueva, juegue con nosotros y con la vida que hemos creado. Será entonces esa historia la que sigamos, de la mano de sus protagonistas, de César y Eloy, por los caminos que se bifurcan, que se alejan, que vuelven a acercarse en algún punto, porque una historia de amor nunca acaba por mucho que se intente, porque siempre habrá un hilo que nos una a la persona que nos robó el corazón y nos lo destrozó, por mucho que las piezas se hayan vuelto a poner en su sitios. Será por esas grietas por donde el recuerdo se escurra, una y otra vez.

Una obra de teatro, un amor demasiado grande, dos hombres que se quieren, una historia que se une y se separa como esos recuerdos que vuelven con fuerza, siempre, a cada instante, cuando algo es demasiado grande como para ser olvidado.

Sigue leyendo Cuando fuimos dos

Publicado el

Narrativa completa

Narrativa completa, de Edgar Allan Poe

narrativa completa1020 páginas. 1020 páginas de lo oscuro y lo siniestro, de la sangre y el terror. 1020 páginas de recopilación de relatos, de cuentos, del viaje a lo profundo del alma humana, a sus rincones más siniestros, a la venganza, al amor imposible, a las obsesiones más terroríficas. 1020 páginas que pueden leerse como una sola, 1020 páginas de maestría, de placer, de oscuridad, de Edgar Allan Poe, del autor que es un fetiche, de ese que muchos asesinos tomaron nota, de aquellos que, amantes de la oscuridad, abrazan sus ediciones como si fueran joyas engastadas en oro, pero en un oro melancólico, en un oro que se pierde por los recovecos, por las palabras que matan o mueren en una habitación a la luz de una vela. Un autor, una historia, toda una vida de creaciones. Una muerte, una vida de sufrimientos y melancolías. Es Poe, queridos amigos, y eso debería decirlo todo. O quizá no os lo dice y yo tengo que hacer mi trabajo, como un enterrador en plena tormenta sigue echando tierra a paletadas, mientras la luna se burla de él por su trabajo. 1020 páginas, de ida y no retorno, por el bien de todo nosotros.

  Sigue leyendo Narrativa completa