Las últimas

Reseña del libro “Las últimas”, de Lucía Carballal

Las últimas

De una manera o de otra el teatro ha estado siempre conmigo y ha formado parte de lo que soy, desde que soy adulta. Su presencia en mi vida ha sido diversa; a través de amigos que decidieron dedicar su vida a ello, trabajando como terapeuta impartiendo talleres de teatro y por supuesto disfrutándolo como espectadora. Pero nunca había tenido la oportunidad de aproximarme a través de la literatura y me alegro muchísimo de haberme estrenado con Lucía Carballal.

En Las últimas encontramos las obras: Los temporales, Una vida americana, La resistencia, Las bárbaras y La actriz y la incertidumbre. Es evidente que no conozco a Olivia, ni a Paloma, tampoco conozco a David ni a Susi. Y digo que no los conozco porque todos ellos son personajes ficcionados, y sin embargo los extraño, les guardo rencor, me quedo con las ganas de decirles tantas cosas… Y esto ocurre porque todos ellos los encontramos en marcos cotidianos, viviendo experiencias que nos son cercanas, que nos atraviesan, que nos hacen reflexionar sobre asuntos más elevados. Y este, considero, es el nexo común entre todas las obras de teatro que aparecen compiladas en Las últimas. Las historias, los personajes y los escenarios que aparecen en cada una de ellas son distintos, pero todos ellos te interpelan directamente. No importa de quien sean los ojos del que lee, Carballal escribe un lenguaje universal, que te perfora, seas quien seas.

Mientras leía estas ficciones, he recordado el libro de Desireé de Fez; Reina del grito, en el que habla de los miedos femeninos y su relación con los mismos. Me ha pasado especialmente con Las bárbaras, donde tres mujeres que tienen algo más de 60 años, nos hablan de sus inquietudes y sus inseguridades, y Carballal es capaz de demostrarnos que las experiencias vitales de estas mujeres también son universales. Me parece fundamental resaltar su edad, ya que no es común encontrarnos referentes de personajes que sean mujeres de esta edad, que no sean solo madres o abuelas, sino personajes centrales, que nos muestren todas sus complejidades.
También encontramos el miedo a la incertidumbre; en particular con La resistencia, La actriz y la incertidumbre y Los temporales. En las dos primeras, este miedo se nos presenta con forma de relación amorosa y la autora nos plantea cuestiones, abre debate sobre la necesidad de sentirnos admirados dentro de una relación de pareja. Nos invita a observar desde otro ángulo y esto siempre es enriquecedor, y es uno de los aspectos que más he disfrutado de las obras, que sea capaz de aportar una nueva mirada a un tema cotidiano.
Por otro lado en Los temporales esa incertidumbre se manifiesta en el mundo laboral, el miedo a ser despedido y los conflictos que surgen entre los compañeros en un contexto extremadamente precario, todo ello contado desde la tragicomedia.

Los relatos que aparecen en Las últimas pasan por los personajes, y esto, por desgracia, es cada vez menos habitual. Muchas veces al leer un libro o ver una película me doy cuenta de que los personajes son una excusa para contar una historia y estos pasan a estar en un segundo plano, por eso cuando me encuentro con obras en las que el peso de la historia recae en los personajes la encuentro más interesante. Porque a mí lo que me interesa es precisamente eso, no tanto lo qué ocurre sino cómo los personajes afrontan estas situaciones, cómo se sienten al respecto y que de ellos dependa el rumbo de lo que ocurra.

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Tanto en Los temporales como en Una vida americana, los sujetos que componen cada una de estas obras son muy distintos entres sí; diferentes orígenes, edades, géneros, clases sociales y religiones. Y es en esta contraposición donde nace la esencia de las obras, de lo diferente. Que los personajes sean tan antagónicos promueve hechos, y en estas dos obras en concreto (especialmente en Una vida americana), de un humor muy ácido.


Tanto en estas dos obras como en el resto, podemos apreciar escenarios diferentes, pero todos ellos podrían estar interconectados, como si formaran parte de un todo, pequeñas ramificaciones que convergen en una misma planta, una planta llena de vida en constante cambio.

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